El término clericalismo describe una actitud o estructura en la que el clero asume una autoridad indebida o exclusiva en áreas que legítimamente pertenecen a la esfera de los laicos o a la colaboración entre ambos estados de vida en la Iglesia1. No debe confundirse con la legítima autoridad pastoral de los obispos y sacerdotes, que es esencial para la estructura jerárquica de la Iglesia, tal como fue establecida por Cristo2,3. Más bien, el clericalismo implica una desviación de esta autoridad legítima, transformándola en una forma de dominio o exclusivismo que socava la dignidad y la misión de todos los bautizados.
El clericalismo puede manifestarse como una mentalidad en la que los clérigos se ven a sí mismos como una clase superior, distanciados de los problemas cotidianos de los laicos, o donde los laicos esperan que el clero resuelva todos los problemas de la Iglesia sin su propia participación activa4. También puede reflejarse en estructuras que impiden la corresponsabilidad y el diálogo, relegando a los laicos a un papel pasivo o meramente consultivo, incluso en asuntos donde su experiencia y discernimiento son vitales4.
