Es frecuente oír que la clonación llamada «terapéutica» no buscaría un nacimiento, sino la obtención de células para tratar enfermedades. Sin embargo, la enseñanza católica rechaza esta distinción cuando implica crear embriones con la intención de destruirlos.
Creación de embriones para destruirlos
La Instrucción Dignitatis personae afirma que crear embriones con la intención de destruirlos, incluso alegando ayudar a los enfermos, es incompatible con la dignidad humana: hace que la existencia de un ser humano en fase embrionaria se reduzca a un mero medio que se usa y se destruye, y es gravemente inmoral sacrificar una vida humana para fines terapéuticos.
«El embrión es puesto como medio» y no se atenúa la gravedad
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia desarrolla el mismo punto: el juicio moral sobre la clonación propiamente dicha se considera contrario a la dignidad de la procreación porque se realiza en ausencia de un acto personal de amor entre cónyuges, y además representa una forma de dominio total del que «reproduce» sobre el individuo reproducido.
Además, se añade expresamente que el uso para obtener células para terapia no reduce la gravedad, porque para extraerlas el embrión debe crearse y destruirse.
«Dudas» sobre técnicas alternativas que pretenden evitar la destrucción
Algunos investigadores han propuesto técnicas para producir células de tipo embrionario sin destruir embriones «verdaderos», mencionando, por ejemplo, formas de transferencia nuclear alterada o reprogramación asistida del ovocito. El magisterio reconoce que se presentan como alternativas, pero indica que permanecen dudas sobre el estatuto ontológico del «producto» obtenido.
En términos sencillos: aunque se discuta la manera de obtener material biológico, la Iglesia pide evaluar con rigor si el resultado que se obtiene sigue siendo realmente un ser humano en sentido moral y personal, y qué implica en el orden de la justicia hacia el concebido.