Canon, Tradición y transmisión
La constitución Dei Verbum enseña que la Iglesia conoce por la Tradición el canon íntegro de los libros sagrados y que la misma Escritura se comprende en ella más a fondo. El Catecismo de la Iglesia Católica añade que fue la Tradición apostólica la que permitió discernir qué escritos forman parte de la lista de los libros sagrados.
Un códice como el Angelicus es un testimonio material de esa transmisión: presupone copistas, bibliotecas y comunidades que conservaron el texto sagrado y lo pusieron al servicio de la lectura de la Iglesia.
Escritura y liturgia
La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera el Cuerpo del Señor, y ofrece a los fieles el pan de vida desde la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. Las notas de lectura litúrgica del Codex Angelicus recuerdan esa relación entre la Escritura y la celebración de la Iglesia.
Crítica textual y magisterio
Pío XII reconoció en Divino afflante Spiritu que en los tiempos recientes se habían hallado y publicado, según las exigencias de la crítica, antiguos manuscritos de los libros santos, y vio en ello una ayuda providencial para los intérpretes de la Escritura.
La encíclica enseña que la crítica textual se aplica con razón a los libros sagrados por la reverencia debida a la palabra de Dios. Su fin consiste en reconstruir el texto sagrado con la mayor perfección posible y liberarlo de las alteraciones que los copistas introdujeron en su transmisión. Recuerda además el consejo de san Agustín de atender ante todo a la enmienda de los códices, y considera un deber de honor de los especialistas preparar ediciones católicas de los libros santos que unan la reverencia al texto con la observancia de las leyes de la crítica.
El mismo documento recoge la enseñanza de León XIII: no se puede imputar error al escritor sagrado por las inexactitudes que los copistas hayan introducido en la transcripción de los códices. La inerrancia se predica del texto inspirado y no de cada variante de copista; por eso el estudio de manuscritos como el Angelicus exige rigor y no representa una amenaza para la fe.
Texto original y Vulgata
Divino afflante Spiritu afirma que el texto original, por haber sido escrito por el autor sagrado, posee mayor autoridad y peso que cualquier traducción antigua o moderna.
La encíclica aclara también el alcance del decreto del Concilio de Trento sobre la Vulgata. Trento declaró auténtica la versión latina por su largo uso en la Iglesia, y esa autenticidad es de orden jurídico, no crítico. Por eso no impide recurrir a los textos originales para probar y explicar la doctrina.,
Dei Verbum añade que la Iglesia procura que se hagan traducciones aptas y fieles, sobre todo a partir de los textos originales de los libros sagrados. El estudio de un códice griego como el Codex Angelicus se sitúa dentro de esta enseñanza y no contradice el decreto tridentino.