La enciclopedia católica en español

Codex Angelicus

El Codex Angelicus es un manuscrito uncial griego del siglo IX que transmite los Hechos de los Apóstoles, las epístolas católicas y las epístolas paulinas del Nuevo Testamento, incluida la Carta a los Hebreos. Se conserva en la Biblioteca Angelica de Roma, de la que toma su nombre, y la crítica textual lo designa con el número 020 de la numeración Gregory-Aland y con la sigla Lap. Su texto representa la forma bizantina del Nuevo Testamento y sus notas marginales de lectura muestran un vínculo estrecho con el uso litúrgico de la Sagrada Escritura.1

Uncial 020 (GA) Acts 8,38
Ver información de la imagenfragmento del Codex Angelicus, 020 (Gregory-Aland) con el texto del Libro de los Hechos 8:38. Codex Angelicus, Uncial 020 (Gregory-Aland), autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Angelicus
CategoríaLibro
Nombre CompletoCodex Passionei
DescripciónManuscrito uncial griego del siglo IX que transmite los Hechos y epístolas del Nuevo Testamento
Título020 (Gregory-Aland)
ContenidoHechos de los Apóstoles, epístolas católicas y epístolas paulinas
HistoriaConservado en la Biblioteca Angelica de Roma; estudiado por diversos eruditos desde el siglo XVIII.
Lugar
  • Biblioteca Angelica de Roma
  • Roma
  • Italia
  • Biblioteca Angelica de Roma
TipoLibro, Siglo IX

Tabla de contenido

Nombre y designación

El nombre «Angelicus»

La palabra Angelicus procede de la Biblioteca Angelica de Roma, donde el códice se conserva con la signatura Gr. 39. La biblioteca, a su vez, recibe su nombre del obispo agustino Angelo Rocca, que la fundó. El adjetivo no alude, por tanto, a los ángeles ni al título de «Doctor Angélico» que la tradición atribuye a santo Tomás de Aquino, sino a la institución que custodia el manuscrito.2

El códice se conoció también como Codex Passionei, por el cardenal Domenico Passionei, a cuya biblioteca perteneció.3

La Angelica conserva además otros manuscritos griegos del Nuevo Testamento, como los minúsculos 178, 179, 846, 847, 848 y 853. No deben confundirse con el Codex Angelicus, que es un manuscrito uncial del siglo IX.

Siglas y numeración

La historia de la catalogación de los manuscritos bíblicos explica que un mismo códice reciba designaciones diferentes:

  • 020, En la numeración Gregory-Aland.
  • Lap, sigla actual entre los unciales que contienen Hechos y epístolas.
  • Α 5, en la numeración de von Soden.
  • G, en las ediciones de Wettstein y de Scholz, sigla que Tischendorf empleó al principio y sustituyó por L en la séptima edición de su Novum Testamentum.
  • L2, en la Enciclopedia Católica de 1913.

Todas estas designaciones remiten a un único manuscrito. Actualmente se cita de modo habitual como 020 o como Codex Angelicus.1,4,5

Historia

La Biblioteca Angelica

La Biblioteca Angelica se abrió en 1604 a partir de la colección personal de Angelo Rocca, agustino, obispo titular de Tagaste, sacristán pontificio y responsable de la Tipografía Vaticana durante el pontificado de Sixto V. Rocca confió unos veinte mil volúmenes al convento de San Agustín de Roma y dispuso que la biblioteca se abriera a todos, sin distinción de condición social. Es considerada la primera biblioteca pública de Roma y una de las primeras de Europa.2

Los agustinos la custodiaron hasta 1873, año en que pasó al Estado italiano.2

El cardenal Passionei

En 1762 los agustinos adquirieron la biblioteca del cardenal Domenico Passionei (1682-1761), bibliófilo que había reunido libros y manuscritos durante sus viajes como legado pontificio en países de la Europa protestante. La compra duplicó el patrimonio de la Angelica.2

El códice, que había pertenecido a Passionei, figura hoy entre los fondos griegos de la Angelica.3

Estudio moderno

El Codex Angelicus aparece en la erudición occidental desde comienzos del siglo XVIII. Montfaucon lo cita en su Palaeographia Graeca (1708); Bianchini lo examina en 1749; Birch recoge sus variantes en la Carta de Santiago y en 1 Corintios en 1798; Scholz lo estudia por entero en 1823; Fleck lo revisa en 1833. Tischendorf lo colaciona en 1843 y Tregelles lo hace poco después.4,6

En 1896 G. Mucchio lo examinó y lo recogió en el índice de los códices de la biblioteca. Más tarde, Gregory le asignó el número 020.4,7

Descripción del manuscrito

Soporte y escritura

El códice está escrito en pergamino y consta de 189 folios de 27 por 21,5 centímetros. El texto griego, en letra uncial, ocupa dos columnas por página, con 26 líneas por columna. La paleografía lo sitúa en el siglo IX.1,4

Contenido

El manuscrito contiene:

  • Los Hechos de los Apóstoles, a partir de Hch 8,10.
  • Las epístolas católicas.
  • Las epístolas paulinas, incluida la Carta a los Hebreos, que se interrumpe en Hb 13,10.

Presenta, por tanto, dos grandes lagunas: Hch 1,1-8,10 y Hb 13,10-25.4

Prolegómenos, notas y subscripciones

El códice incluye prolegómenos, notas de lectura en el margen, subscripciones al final de cada libro y estiquios, es decir, indicaciones del número de líneas que señalan la extensión de cada escrito. Las notas marginales corresponden al uso litúrgico del manuscrito y ordenan la lectura de los pasajes.4

Las subscripciones no pertenecen al texto inspirado, sino a la tradición de los copistas, y no siempre son históricamente exactas. Un ejemplo es la que atribuye las cartas a los Tesalonicenses a una redacción desde Atenas, presente en este códice y en otros grandes unciales. La Enciclopedia Católica sostiene, en cambio, que ambas cartas se escribieron durante la primera estancia de san Pablo en Corinto.8

Carácter textual

Texto bizantino

El texto griego del Codex Angelicus es un representante del tipo textual bizantino, con algunas lecturas no bizantinas. Se le considera uno de los testimonios unciales más antiguos de ese tipo de texto, que se transmitió y se leyó durante siglos en el ámbito de la Iglesia bizantina. Kurt Aland lo situó en la categoría V, que agrupa los manuscritos de texto bizantino.1,9

Lecturas destacadas

Entre las lecturas propias del códice destacan dos:

  • En Rom 16,25-27, la doxología final aparece después de Rom 14,23, disposición que comparten otros testigos bizantinos.10
  • En 1 Tm 3,16 lee «Dios (theós) se manifestó en la carne», lectura compartida por gran parte de la tradición bizantina y por otros unciales, frente a la lectura «el cual» (hós) que ofrecen otros testigos.11

Las variantes de este tipo no ponen en peligro la fe de la Iglesia. La discusión sobre la lectura original de 1 Tm 3,16 pertenece a la crítica textual y no al dogma: la Iglesia confiesa que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre por el conjunto de la Escritura y de la Tradición, y no por una lectura aislada.12

Valor del códice para la Iglesia

Canon, Tradición y transmisión

La constitución Dei Verbum enseña que la Iglesia conoce por la Tradición el canon íntegro de los libros sagrados y que la misma Escritura se comprende en ella más a fondo.13 El Catecismo de la Iglesia Católica añade que fue la Tradición apostólica la que permitió discernir qué escritos forman parte de la lista de los libros sagrados.12

Un códice como el Angelicus es un testimonio material de esa transmisión: presupone copistas, bibliotecas y comunidades que conservaron el texto sagrado y lo pusieron al servicio de la lectura de la Iglesia.

Escritura y liturgia

La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera el Cuerpo del Señor, y ofrece a los fieles el pan de vida desde la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo.13 Las notas de lectura litúrgica del Codex Angelicus recuerdan esa relación entre la Escritura y la celebración de la Iglesia.

Crítica textual y magisterio

Pío XII reconoció en Divino afflante Spiritu que en los tiempos recientes se habían hallado y publicado, según las exigencias de la crítica, antiguos manuscritos de los libros santos, y vio en ello una ayuda providencial para los intérpretes de la Escritura.14

La encíclica enseña que la crítica textual se aplica con razón a los libros sagrados por la reverencia debida a la palabra de Dios. Su fin consiste en reconstruir el texto sagrado con la mayor perfección posible y liberarlo de las alteraciones que los copistas introdujeron en su transmisión. Recuerda además el consejo de san Agustín de atender ante todo a la enmienda de los códices, y considera un deber de honor de los especialistas preparar ediciones católicas de los libros santos que unan la reverencia al texto con la observancia de las leyes de la crítica.14

El mismo documento recoge la enseñanza de León XIII: no se puede imputar error al escritor sagrado por las inexactitudes que los copistas hayan introducido en la transcripción de los códices.14 La inerrancia se predica del texto inspirado y no de cada variante de copista; por eso el estudio de manuscritos como el Angelicus exige rigor y no representa una amenaza para la fe.

Texto original y Vulgata

Divino afflante Spiritu afirma que el texto original, por haber sido escrito por el autor sagrado, posee mayor autoridad y peso que cualquier traducción antigua o moderna.14

La encíclica aclara también el alcance del decreto del Concilio de Trento sobre la Vulgata. Trento declaró auténtica la versión latina por su largo uso en la Iglesia, y esa autenticidad es de orden jurídico, no crítico. Por eso no impide recurrir a los textos originales para probar y explicar la doctrina.14,15

Dei Verbum añade que la Iglesia procura que se hagan traducciones aptas y fieles, sobre todo a partir de los textos originales de los libros sagrados.13 El estudio de un códice griego como el Codex Angelicus se sitúa dentro de esta enseñanza y no contradice el decreto tridentino.

Conservación y acceso

El Codex Angelicus se conserva en la Biblioteca Angelica de Roma, hoy biblioteca estatal. Existen reproducciones digitales del manuscrito en la plataforma Internet Culturale y en el Center for the Study of New Testament Manuscripts, y el Institut für neutestamentliche Textforschung de Münster lo incluye en su catálogo de manuscritos.16

Estos medios permiten aplicar hoy las normas de crítica textual que el magisterio ha recomendado y facilitan que estudiosos de distintos países comparen sus lecturas con las de otros testigos.

Valor eclesial y espiritual del códice

El Catecismo recuerda que la fe cristiana no es una «religión del Libro», sino la religión de la Palabra de Dios, que es el Verbo encarnado y vivo.12 El valor del Codex Angelicus no reside, por tanto, en su antigüedad como objeto, sino en el servicio que presta a la Palabra que transmite.

El estudio de un manuscrito como este recuerda varias actitudes propias de quien recibe y transmite la Escritura:

  • Fidelidad, para copiar el texto recibido sin alterarlo.
  • Custodia, ejercida por monasterios, órdenes religiosas y bibliotecas.
  • Discernimiento, para distinguir en la crítica textual lo original de lo añadido.
  • Reverencia, debida al texto sagrado por ser palabra de Dios.
  • Servicio, porque el estudio del texto se ordena a la lectura, la predicación y la vida de la Iglesia.

En la Iglesia, el Codex Angelicus no es solo una pieza de biblioteca ni un dato del aparato crítico. Es un testimonio de la transmisión de la Sagrada Escritura, conservado hoy en una biblioteca fundada por un obispo agustino y estudiado a la luz de las normas que la Iglesia ha dado para la crítica del texto sagrado. Su valor alcanza plenitud cuando el estudio del manuscrito conduce a la lectura reverente de la Palabra de Dios que contiene.

Citas y referencias

  1. Kurt Aland; Barbara Aland. The Text of the New Testament: An Introduction to the Critical Editions and to the Theory and Practice of Modern Textual Criticism, 1995, pág. 113, 020 (1995). 2 3 4
  2. Ministero della Cultura. Biblioteca Angelica: storia, Storia, consultado en septiembre de 2026. 2 3 4
  3. John McClintock; James Strong. Cyclopaedia of Biblical, Theological and Ecclesiastical Literature, Angelicus Codex (1867-1887). 2
  4. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testamentes, Vol. 1, 1900, pág. 102, 020 (1900). 2 3 4 5 6
  5. Manuscritos de la Biblia. Enciclopedia Católica, Manuscritos de la Biblia (1913).
  6. Samuel P. Tregelles. An Introduction to the Critical Study and Knowledge of the Holy Scriptures, 1856, pág. 205, Codex Angelicus (1856).
  7. G. Mucchio. Studi italiani di filologia classica, 4, págs. 7-184, Index codicum bibliothecae Angelicae (1896).
  8. Epístolas a los Tesalonicenses. Enciclopedia Católica, Epístolas a los Tesalonicenses (1913).
  9. Bruce M. Metzger; Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption and Restoration, 2005, pág. 77 (2005).
  10. Sociedades Bíblicas Unidas. The Greek New Testament, 3.a ed., aparato crítico, Rom 16,25-27 (1975).
  11. Bruce M. Metzger. A Textual Commentary on the Greek New Testament, 1 Tm 3,16 (2001).
  12. Catecismo de la Iglesia Católica, 108, 120 y 464 (1992). 2 3
  13. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 8, 21 y 22 (1965). 2 3
  14. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Pío XII, Divino afflante Spiritu, vol. 35, Número 10, págs. 297-325, 3 y 11-14 (1943). 2 3 4 5
  15. Concilio de Trento. Sesión IV, Decreto sobre la edición y el uso de los libros sagrados (1546).
  16. Institut für neutestamentliche Textforschung. Liste der Handschriften, GA 020, consultado en septiembre de 2026; Center for the Study of New Testament Manuscripts, GA 020; Internet Culturale, Biblioteca Angelica.
Modificado el 28 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.59 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/j1vf34jsj

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →