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Codex Athous Lavrensis

El Codex Athous Lavrensis es un manuscrito uncial griego del Nuevo Testamento, copiado en pergamino entre los siglos VIII y X y conservado en el monasterio de la Gran Lavra, en el Monte Athos (Grecia). La crítica textual lo designa con la letra griega Ψ (psi) y con el número 044 de la numeración Gregory-Aland. Contenía originalmente todo el Nuevo Testamento excepto el Apocalipsis, aunque hoy han desaparecido el Evangelio según san Mateo, el comienzo del de san Marcos y una hoja de la Carta a los Hebreos. Su interés no procede de una antigüedad excepcional, sino de su texto mixto, de su aparato litúrgico y de su condición de testigo de la transmisión del texto griego en el mundo bizantino. Para la Iglesia católica, un códice de este tipo manifiesta la fidelidad con que la Palabra de Dios, recibida de los Apóstoles, ha sido custodiada y transmitida a lo largo de los siglos.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Athous Lavrensis
CategoríaLibro
DescripciónTestigo de la transmisión del texto griego en el mundo bizantino y de la labor de los copistas monásticos
TítuloCodex Athous Lavrensis
AutorCopistas monásticos
Lugar
SignaturaΨ o 044 (Gregory-Aland), δ 6 (Hermann von Soden), B' 52 (Gran Lavra)
SoportePergamino
TipoManuscrito uncial griego del Nuevo Testamento, Siglos VIII a X

Tabla de contenido

Nombre y designación

El nombre Athous Lavrensis indica el lugar donde se conserva el manuscrito: Athous remite al Monte Athos y Lavrensis al monasterio de la Gran Lavra. Los especialistas lo transcriben también como Athous Laurae o Athous Laurensis. Es práctica habitual de la crítica textual nombrar los códices por el lugar donde se custodian o por quien los poseyó, especialmente cuando se desconoce quién los copió.1

El manuscrito recibe varias designaciones convencionales:

  • Ψ o 044, en la numeración Gregory-Aland de los manuscritos unciales del Nuevo Testamento.
  • Δ 6, en la numeración de Hermann von Soden.
  • B' 52, como signatura de la biblioteca de la Gran Lavra.1,2

Estas siglas son convenciones de los editores modernos que sirven para identificar y citar los testigos del texto. No pertenecen a la tradición del códice ni poseen valor doctrinal.

El Codex Athous Lavrensis no debe confundirse con otros testigos neotestamentarios del Athos que poseen su propia designación, como el Codex Athous Dionysiou, ni con otros manuscritos custodiados también en la Gran Lavra, como el Uncial 049 o el Uncial 0167.3

El monasterio de la Gran Lavra

La Gran Lavra fue fundada en el año 963 por san Atanasio el Atonita, y su fundación marca el comienzo de la vida monástica organizada en el Monte Athos. Es el monasterio más antiguo de la península.3

Su biblioteca conserva varios testigos del Nuevo Testamento, entre ellos el Codex Coislinianus, el Codex Athous Lavrensis, los unciales 049 y 0167 y los minúsculos 1073, 1505, 2524 y 1519.3

La historia más antigua del códice es desconocida. Por esa razón no puede afirmarse que fuera copiado en la propia Lavra: solo consta que hoy se custodia allí.4

La Iglesia católica reconoce en el monacato oriental un patrimonio espiritual de primer orden. El Concilio Vaticano II recuerda que en Oriente se encuentran los tesoros de aquellas tradiciones espirituales que han tenido su expresión principal en el monacato, y declara su estima por las instituciones, los ritos litúrgicos y las tradiciones de las Iglesias orientales.5,6 San Juan Pablo II recordó que la Iglesia debe respirar con sus dos pulmones, el oriental y el occidental.7

Descripción del manuscrito

Soporte y escritura

El códice consta de 261 folios de pergamino de 21 por 15,3 centímetros, con una caja de escritura de 15 por 8,7 centímetros. El texto está escrito en letra uncial pequeña, en una sola columna de 31 líneas por página.1,4

La escritura incluye espíritus y acentos, signos que indican la aspiración de las vocales y la entonación de las palabras griegas.8

Aparato de lectura

Además del texto bíblico, el códice contiene un conjunto de elementos que muestran su uso práctico en la vida eclesial:

  • Una tabla de capítulos (kephalaia) antes de cada libro.
  • Las secciones amonianas, divisiones breves del texto evangélico atribuidas tradicionalmente a Amonio de Alejandría.
  • Los cánones eusebianos, tablas de pasajes paralelos elaboradas por Eusebio de Cesarea.
  • Notas marginales de leccionario, destinadas a la proclamación litúrgica.
  • Notación musical (neumas), por lo que se le considera uno de los manuscritos neotestamentarios más antiguos que la conservan.
  • Subscripciones al final de los libros.8

Contenido y lagunas

El manuscrito presenta el siguiente estado de conservación:

Historia y estudio

Primeros estudios

El primer estudioso moderno que dejó constancia del códice fue Caspar René Gregory, que lo vio el 26 de agosto de 1886. En 1892, J. Rendel Harris no lo examinó durante su visita al Athos, porque solo se ocupaba de los manuscritos de la Septuaginta.8,4

Von Goltz y Georg Wobbermin cotejaron para Hermann von Soden el texto de los Hechos de los Apóstoles, de las Epístolas católicas y de las paulinas. Von Soden catalogó el manuscrito con la sigla δ 6 en su edición de 1910.2

La aportación de Kirsopp Lake

Kirsopp Lake examinó el códice en 1899. Estudió a fondo el Evangelio según san Marcos y cotejó los de san Lucas y san Juan. No analizó los Hechos ni las epístolas porque, según von Soden, su texto era ordinario. En 1900 publicó en el Journal of Theological Studies un estudio sobre el texto de Ψ en san Marcos. En 1903 editó el texto de Mc 9,5-16,20 y la colación de Lucas, Juan y la Carta a los Colosenses.4,9

Datación

Aland y Aland fechan el manuscrito en los siglos VIII o IX. El Instituto para la Investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster lo data actualmente en los siglos IX o X.1,10 La divergencia es habitual en la paleografía de los unciales tardíos y no afecta a su valor como testigo.

Carácter textual

Un texto mixto

El texto griego de Ψ es de tipo mixto. Predomina el tipo bizantino, pero incorpora una proporción considerable de lecturas alejandrinas y algunas lecturas occidentales.9

Von Soden lo consideró básicamente alejandrino, porque el Evangelio según san Marcos y las Epístolas católicas se aproximan a ese tipo textual. En Lucas y Juan predomina el elemento bizantino, aunque con más lecturas alejandrinas que en el Codex Sangallensis 48. El texto de las Epístolas católicas parece pertenecer a la misma familia que el del Codex Alexandrinus y los minúsculos 33, 81 y 436.11

Clasificación de Aland

Kurt Aland clasificó el texto de Ψ en la categoría III para los Evangelios, los Hechos y las epístolas paulinas, y en la categoría II para las Epístolas católicas. La categoría III reúne manuscritos con una proporción pequeña, pero no despreciable, de lecturas antiguas, con fuerte influencia bizantina y otras lecturas de procedencia no identificada. La categoría II corresponde a manuscritos de calidad especial, con una proporción considerable de texto antiguo mezclado con influencias ajenas.1,12

Lecturas de interés

Entre las variantes que ofrece el manuscrito destacan las siguientes:

  • Final de Marcos. Ψ contiene el final largo (Mc 16,9-20) precedido por el llamado final breve, como ocurre en otros códices, por ejemplo el Codex Regius (L).9
  • Omisiones. Según Gregory, el códice omite Mc 11,26, Mc 15,28 y la perícopa de la mujer adúltera (Jn 7,53-8,11).8
  • Doxología de Romanos. Sitúa la doxología final de la carta (Rom 16,25-27) después de Rom 14,23, como otros testigos de la tradición bizantina.13
  • 1 Co 7,5. Lee «a la oración», con los testimonios más antiguos, en lugar de «al ayuno y a la oración», lectura del texto mayoritario.13
  • Hch 20,28. Lee «de la Iglesia del Señor» con A, D y E, mientras que otros testigos importantes, como el Sinaítico y el Vaticano, y también la Vulgata, leen «de Dios».13
  • 1 Tm 3,16. Lee «Dios fue manifestado», lectura de la mayoría de los manuscritos bizantinos; otros testigos antiguos leen «el cual fue manifestado».8,13

Ninguna de estas variantes compromete una verdad de fe. La divinidad de Cristo, por ejemplo, no depende de una sola lectura de 1 Tm 3,16: se apoya en el conjunto de la Escritura y de la Tradición.14

Crítica textual y Magisterio de la Iglesia

La Iglesia y el estudio de los códices

Pío XII señaló en Divino afflante Spiritu que en su tiempo se habían hallado y editado con rigor antiguos códices de los libros sagrados, y lo presentó como una invitación providencial a penetrar más hondamente en la Palabra de Dios.15

El mismo Papa recordó que la crítica textual se emplea con razón en los libros sagrados, por la reverencia debida a los oráculos divinos. Citó a san Agustín, que situaba entre las primeras obligaciones del estudioso de la Escritura el cuidado de poseer un texto corregido. La finalidad de esta disciplina consiste en restituir el texto sagrado con la mayor perfección posible, purificándolo de las corrupciones debidas a la negligencia de los copistas.16

Pío XII añadió que la crítica textual había alcanzado reglas firmes y seguras, y que la Iglesia había honrado estos estudios desde los primeros siglos. Encomendó a los biblistas católicos la tarea de procurar ediciones de los libros sagrados que unieran la máxima reverencia al texto con la observancia de todas las reglas de la crítica.17

La Pontificia Comisión Bíblica considera la crítica textual el primer paso del método histórico-crítico.18

Texto original y traducciones

Pío XII enseñó que el texto original, escrito por el autor inspirado, posee más autoridad y peso que cualquier traducción, antigua o moderna, por excelente que sea.19

Explicó también que el decreto del Concilio de Trento sobre la Vulgata no disminuye el valor de los textos originales. La autenticidad de la Vulgata no se afirmó por razones críticas, sino por su uso legítimo en la Iglesia durante muchos siglos, y es de naturaleza jurídica más que crítica.20,21

El Concilio Vaticano II afirma que la Iglesia ha conservado siempre con honor las traducciones orientales y latinas de la Escritura, sobre todo la Vulgata.22 La Nova Vulgata, promulgada por san Juan Pablo II en 1979, continúa esta solicitud por ofrecer un texto latino fiel.23

Una transmisión humana de una Palabra inspirada

La Iglesia enseña que Dios es el autor de los libros sagrados, que fueron escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, y que enseñan firmemente, con fidelidad y sin error la verdad que Dios quiso consignar para nuestra salvación.24,25,26

La existencia de variantes entre los manuscritos pertenece al orden de la transmisión humana del texto, y no contradice la inspiración ni la veracidad de la Escritura. El Catecismo recuerda además que la fe cristiana no es una religión del libro, sino del Verbo encarnado y vivo.26

El canon recibido por la Iglesia

El Concilio de Trento definió que los libros sagrados deben recibirse «enteros, con todas sus partes», tal como se han leído en la Iglesia católica.27,28 La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos componen el canon, y es en la Tradición donde los libros sagrados se comprenden más a fondo.29,30

Esta doctrina permite distinguir dos cuestiones diferentes. Una es la historia textual de un pasaje, es decir, en qué manuscritos aparece y desde cuándo. Otra es su canonicidad, que depende de la recepción de la Iglesia. Que Ψ omita, según Gregory, la perícopa de la mujer adúltera no cuestiona la canonicidad de Jn 7,53-8,11, que la Iglesia recibe como Escritura inspirada y proclama en su liturgia. Lo mismo vale para los pasajes de Marcos que el códice omite o presenta con un final doble.

Escritura y liturgia

Las notas de leccionario y los neumas de Ψ muestran que el códice se usó en la oración de la Iglesia y no solo en el estudio. El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia ha venerado siempre las Escrituras como venera el Cuerpo del Señor, y que se alimenta de la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo.31 También afirma la máxima importancia de la Sagrada Escritura en la celebración litúrgica.32 El Catecismo exhorta a la lectura frecuente de la Escritura y recuerda que su estudio debe ser como el alma de la teología.33

Tradición griega y comunión eclesial

El Concilio Vaticano II recuerda que la Iglesia fomenta el estudio de los Santos Padres, tanto orientales como occidentales.34 Ψ pertenece a esa tradición griega que transmitió el Nuevo Testamento y sostuvo la vida litúrgica de las Iglesias de Oriente.

El decreto sobre el ecumenismo recuerda que las Iglesias de Oriente poseen un origen apostólico y un patrimonio litúrgico y espiritual que la Iglesia católica aprecia.35,5 Aunque el manuscrito se custodia en un monasterio ortodoxo, la Sagrada Escritura que contiene es patrimonio común de los cristianos, y su estudio constituye un terreno de encuentro entre estudiosos de distintas confesiones.

Importancia y límites del testimonio

Ψ no se cuenta entre los grandes unciales antiguos, y los críticos no lo consideran un testigo de primer orden para reconstruir el texto más primitivo. Su valor reside en otros aspectos:

  • Documenta el proceso de mezcla entre tipos textuales en la tradición manuscrita bizantina.
  • Ofrece, en las Epístolas católicas, un texto de categoría II próximo a testigos como el Alejandrino y los minúsculos 33, 81 y 436.
  • Conserva un aparato de capítulos, secciones y cánones que muestra cómo se leía y se usaba el texto.
  • Reúne notas de leccionario y notación musical, útiles para la historia de la liturgia y de la música sacra.
  • Ilustra la labor de los copistas monásticos que transmitieron la Escritura.1,8,11

El estudio científico de este códice depende además de la colaboración de la comunidad monástica que lo custodia, que ha conservado durante siglos un tesoro de la Iglesia universal.

Valor espiritual y eclesial

El Codex Athous Lavrensis es un testimonio sencillo, de letra pequeña y formato manejable, pensado para ser leído y proclamado. Su modestia recuerda que la Palabra de Dios no se transmite solo mediante manuscritos suntuosos, sino mediante el trabajo paciente y anónimo de quienes copiaron, corrigieron y anotaron el texto sagrado para el servicio de la Iglesia.

La Iglesia no venera un códice por sí mismo, sino la Palabra viva que contiene. Los manuscritos son instrumentos al servicio de la Tradición, que custodia el canon, interpreta la Escritura y la hace operante en la vida de los fieles. Su estudio, realizado con rigor científico y con fidelidad a la fe, forma parte del servicio que la Iglesia presta a la Palabra de Dios.

Citas y referencias

  1. Kurt Aland, Barbara Aland. The Text of the New Testament: An Introduction to the Critical Editions and to the Theory and Practice of Modern Textual Criticism, p. 118 (1995). 2 3 4 5 6
  2. Hermann von Soden. Die Schriften des Neuen Testaments in ihrer ältesten erreichbaren Textgestalt, I y III (1910). 2
  3. Great Lavra. Wikipedia, Great Lavra (2026). 2 3
  4. Kirsopp Lake. Texts from Mount Athos, Studia Biblica et Ecclesiastica 5, 2, p. 94 (1903). 2 3 4
  5. Unitatis Redintegratio. Concilio Vaticano II, 15 (1964). 2
  6. Orientalium Ecclesiarum. Concilio Vaticano II, 1 (1964).
  7. Ut Unum Sint. Juan Pablo II, 54 (1995).
  8. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testaments, vol. 1, p. 94 (1900). 2 3 4 5 6
  9. Kirsopp Lake. The Text of Codex Ψ in St. Mark, Journal of Theological Studies 1, 1, p. 290 (1900). 2 3 4
  10. Instituto para la Investigación Textual del Nuevo Testamento (INTF). Liste Handschriften: Codex Athous Lavrensis, 044 (Münster).
  11. Bruce M. Metzger, Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption and Restoration, 4.ª ed., pp. 84-85 (2005). 2
  12. Kurt Aland, Barbara Aland. The Text of the New Testament, p. 335 (1995).
  13. Kurt Aland et al. Nestle-Aland Novum Testamentum Graece, 26.ª ed. (1981); The Greek New Testament, 3.ª ed. (1983). 2 3 4
  14. Catecismo de la Iglesia Católica, 464-469 (1992).
  15. Divino afflante Spiritu. Pío XII, 12 (1943).
  16. Divino afflante Spiritu. Pío XII, 17 (1943).
  17. Divino afflante Spiritu. Pío XII, 18-19 (1943).
  18. La interpretación de la Biblia en la Iglesia. Pontificia Comisión Bíblica, I.A.1 (1993).
  19. Divino afflante Spiritu. Pío XII, 16 (1943).
  20. Divino afflante Spiritu. Pío XII, 20-22 (1943).
  21. Sesión IV, Decreto sobre la edición y el uso de los libros sagrados. Concilio de Trento, DH 1506 (1546).
  22. Dei Verbum. Concilio Vaticano II, 22 (1965).
  23. Scripturarum Thesaurus. Juan Pablo II, Constitución apostólica (1979).
  24. Dei Verbum. Concilio Vaticano II, 11 (1965).
  25. Dei Filius, cap. 2. Concilio Vaticano I, DH 3006 (1870).
  26. Catecismo de la Iglesia Católica, 105-108 (1992). 2
  27. Sesión IV, Decreto sobre las Escrituras canónicas. Concilio de Trento, DH 1501-1504 (1546).
  28. Divino afflante Spiritu. Pío XII, 1 (1943).
  29. Catecismo de la Iglesia Católica, 120 (1992).
  30. Dei Verbum. Concilio Vaticano II, 8 (1965).
  31. Dei Verbum. Concilio Vaticano II, 21 (1965).
  32. Sacrosanctum Concilium. Concilio Vaticano II, 24 (1963).
  33. Catecismo de la Iglesia Católica, 131-133 (1992).
  34. Dei Verbum. Concilio Vaticano II, 23 (1965).
  35. Unitatis Redintegratio. Concilio Vaticano II, 14 (1964).
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