El Codex Beratinus se data en el siglo VI, un período clave en la historia de la transmisión de los textos bíblicos en el mundo cristiano oriental. Durante esta época, los manuscritos unciales en griego eran el medio principal para copiar las Escrituras, y muchos de ellos surgieron en centros como Constantinopla, donde la Iglesia primitiva florecía bajo la influencia del Imperio bizantino. Este códice forma parte de un grupo de manuscritos afines, incluyendo el Codex Rossanensis (Λ) y el Codex Sinopensis (Σ), que probablemente derivan de un ancestro común producido en Constantinopla.1
Su descubrimiento y ubicación actual se vinculan con la región de Berat, en Albania, donde se guarda en la catedral de San Demetrio. Aunque no hay registros precisos de su hallazgo inicial, se sabe que estos códices antiguos a menudo permanecieron en iglesias locales durante siglos, protegidos por la tradición eclesial. En el contexto católico, manuscritos como este subrayan la continuidad de la Sagrada Escritura desde los apóstoles hasta la Edad Media, sirviendo como puente entre la liturgia primitiva y la doctrina de la Iglesia. Estudios posteriores, impulsados por la crítica textual católica del siglo XIX y XX, han resaltado su valor para verificar la fidelidad de las copias bíblicas.

