El Codex Bezae representa un testimonio invaluable de la transmisión manuscrita de la Biblia en los primeros siglos del cristianismo. Se trata de un volumen en formato cuarto, elaborado sobre pergamino de alta calidad, con dimensiones aproximadas de 25×20 centímetros. Cada página contiene una sola columna de texto, donde el griego ocupa la página izquierda —considerada de mayor honor en la tradición manuscrita— y el latín paralelo se encuentra en la página derecha. Esta disposición bilingüe no solo facilita la comparación entre las dos lenguas, sino que también evidencia la evolución de las traducciones latinas en el ámbito eclesial.
Contenido del manuscrito
El códice incluye los Cuatro Evangelios en un orden inusual para la tradición occidental posterior: Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Esta secuencia, común en algunas comunidades primitivas, sugiere influencias litúrgicas o regionales en su compilación. Además, contiene los Hechos de los Apóstoles y un fragmento de la Tercera Epístola de San Juan (versículos 11-15), disponible únicamente en latín. No abarca el resto del Nuevo Testamento, lo que lo distingue de códices más completos como el Sinaítico o el Vaticano. Esta selección parcial resalta su probable uso en contextos pastorales o litúrgicos, donde los evangelios y los Hechos eran centrales para la proclamación de la Palabra.
Características físicas y paleográficas
El manuscrito está escrito en caracteres unciales, un estilo scriptorio típico de la Antigüedad Tardía, con una caligrafía clara y espaciosa que facilita la lectura. Se estima que fue copiado por un escriba hábil, posiblemente en un scriptorium monástico. Incluye correcciones realizadas por varias manos, algunas contemporáneas al original, así como anotaciones litúrgicas posteriores y fórmulas devocionales conocidas como sortes sanctorum, usadas para discernir la voluntad divina. Estas adiciones subrayan su integración en la vida devota de la Iglesia, donde los textos sagrados no eran meros documentos, sino herramientas para la oración y la enseñanza. El estado de conservación es notable, gracias a la reproducción facsímil fotográfica publicada en 1899 por la Universidad de Cambridge, que permite un acceso moderno sin dañar el original.1
