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Codex Boreelianus

El Codex Boreelianus, o Códice Boreeliano, es un manuscrito griego en letra uncial que transmite los cuatro Evangelios sobre pergamino. Los especialistas lo designan con la sigla F, con el número 09 del catálogo de Gregory y Aland y con el símbolo ε 86 de von Soden. Los paleógrafos lo sitúan entre los siglos IX y X, y la Biblioteca de la Universidad de Utrecht, donde se conserva con la signatura Ms. 1, lo fecha hacia el año 1000 y lo atribuye a un taller de Constantinopla. Su texto pertenece a la tradición bizantina, la misma que alimentó durante siglos la lectura y la liturgia de las Iglesias de Oriente. El nombre recuerda a Johannes Boreel, a quien la tradición atribuye la llegada del libro a los Países Bajos.

Codex Boreelianus F+ (09), Mk 1
Ver información de la imagenEl principio del Evangelio de Marcos en Codex_Boreelianus. Codex Boreelianus - Se utilizó aquí: http://www.bts.edu/Trobisch/Presentations/Utrecht%2020070322.pdf, Autor desconocido, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Boreelianus
CategoríaLibro
Otros nombres
  • Codex Boreelianus RhenoTrajectinus
  • Códice Boreeliano
DescripciónManuscrito griego en letra uncial de los cuatro Evangelios. Siglos IX y X / hacia el año 1000
AutorDesconocido (copista anónimo)
ContenidoLos cuatro Evangelios (desde Mt 9,1 hasta Jn 13,34 con lagunas)
Contexto HistóricoÉpoca bizantina y moderna
Escritos RelacionadosDivino afflante Spiritu, Dei Verbum, Orientalium Ecclesiarum
HistoriaOriginario de Constantinopla, llevado a los Países Bajos, redescubierto en el siglo XIX y custodiado en Utrecht
ImportanciaTestimonio del texto bizantino y de la transmisión medieval de los Evangelios
Lugar
  • Biblioteca de la Universidad de Utrecht
  • Utrecht
  • Países Bajos
  • Constantinopla, Utrecht, Países Bajos, Oriente
Lugar de OrigenConstantinopla
Personas RelacionadasJohannes Boreel, Johann Jakob Wettstein, Jodocus Heringa, Izaak Verburg
TemaTexto sagrado de los Evangelios en la tradición bizantina
TipoManuscrito griego en letra uncial, Evangelios, IX-X

Tabla de contenido

Nombre y siglas

El nombre de Boreel

El códice recibe su nombre de Johannes Boreel (1577-1629), jurista y diplomático neerlandés, embajador de las Provincias Unidas ante Jacobo I de Inglaterra. El erudito suizo Johann Jakob Wettstein escribió en el siglo XVIII que el manuscrito había pertenecido a Boreel, y de esa noticia procede la denominación. Ningún signo del propio libro confirma esa propiedad: el vínculo con el diplomático descansa por completo en el testimonio de Wettstein.1,2

La denominación completa, Codex Boreelianus Rheno-Trajectinus, añade el lugar de custodia. Trajectum ad Rhenum, «el vado del Rin», es el nombre latino de Utrecht.

Siglas de catalogación

Los editores del Nuevo Testamento designan este códice de varias maneras:

  • F, la letra con que lo citó Wettstein en su edición del Nuevo Testamento griego de 1751-1752 y que conservó Gregory.
  • 09, El número que le asignó el sistema de Gregory y Aland para los manuscritos unciales.
  • Ε 86, el símbolo del catálogo de von Soden, que reúne los manuscritos de los Evangelios con el prefijo ε.

En la clasificación de Kurt Aland el códice figura en la categoría V, la que corresponde a los testimonios con un texto puramente bizantino o casi puramente bizantino.2,3,4

Descripción del manuscrito

Soporte y formato

El códice está escrito sobre pergamino y mide unos 28 × 22 cm. El texto ocupa dos columnas por página, con unas diecinueve líneas por columna en la mayor parte de los folios. El número de folios conservados varía según el recuento: las descripciones cuentan entre 204 y 219, porque los cuadernos están hoy sueltos y los folios sufrieron cortes y pérdidas.5,6

Los cuadernos llevan numeración en griego y también en caracteres árabes, y el volumen contiene una nota en árabe. Esos rastros indican que el libro estuvo largo tiempo en un ambiente cristiano oriental antes de llegar a Occidente.5

Escritura

El copista trabajó con una uncial tardía, de módulo grande, cuidada y elegante. Las letras Η, Μ, Ν y Π adoptan formas cuadradas; Ε, Θ, Ο, Σ y Φ son redondas; la Ψ tiene forma de cruz. El estilo gráfico se aproxima al del Codex Seidelianus I (G, 011), otro de los grandes manuscritos de los Evangelios de época bizantina.3

El copista consignó espíritus y acentos de manera completa y, en general, correcta, y mantuvo la ν final efelcística. Los nombres sagrados (nomina sacra) aparecen abreviados según la costumbre cristiana, con una línea sobre las letras contraídas: Theós (Dios), Iesoús (Jesús), Christós (Cristo), Kýrios (Señor), Hyiós (Hijo), Pneûma (Espíritu) y otros. Estas abreviaturas, presentes en los papiros más antiguos, expresan la reverencia de los copistas ante los nombres divinos.3,4

Decoración y aparato de lectura

Los encabezamientos de cada Evangelio y los títulos van en tinta dorada y roja, y las iniciales aparecen decoradas. El volumen conserva además miniaturas en los folios 71 vuelto, 128 recto y 179 recto, que acompañan la decoración de los comienzos de los Evangelios.5

El texto lleva en el margen izquierdo, en rojo, la numeración de las secciones amonianas, la división del texto evangélico que la tradición atribuye a Amonio de Alejandría y que Eusebio de Cesarea aprovechó para sus concordancias. El manuscrito no contiene la división en capítulos mayores (kephálaia), aunque sí títulos en la parte superior de las páginas y tablas de contenido antes de cada Evangelio.3

Uso litúrgico

Los márgenes contienen indicaciones de lectura litúrgica: varias manos anotaron las perícopas que se proclamaban en determinadas fiestas del año. El libro sirvió, por tanto, en la celebración, y no solo como ejemplar de estudio.5

Datación y origen

Los investigadores no coinciden en la fecha exacta. Tischendorf y Gregory lo consideraron del siglo IX; Tregelles y otros eruditos lo atribuyeron al siglo X; la Biblioteca Universitaria de Utrecht lo sitúa hacia el año 1000 y lo vincula con Constantinopla, donde la uncial de este tipo seguía en uso para los libros de lujo. El centro de la Iglesia oriental, la capital del Imperio bizantino, ofrece un marco coherente con la calidad de la escritura, el oro de los encabezamientos y las miniaturas.3,4,5,6

El códice no nombra al copista, y la historia de sus primeros siglos permanece desconocida.

Contenido y lagunas

El manuscrito contiene los cuatro Evangelios en el orden habitual: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Hoy el texto conservado comienza en Mt 9,1 y se interrumpe hacia Jn 13,34, de modo que falta el comienzo de Mateo, incluida la genealogía y el relato de la infancia, y el final de Juan.3

Dentro de ese espacio faltan además numerosos pasajes. Entre las lagunas de Mateo figuran Mt 12,1-44, 13,55-14,9 y 20,18-21,5; en Marcos, 1,43-2,8, 11,6-26 y 15,39-16,19, entre otras. Lucas es el Evangelio peor conservado, con más de veinte lagunas, y también Juan presenta varios huecos. Para el estudio del texto de esos pasajes, los editores acuden a otros testimonios.3,4

Unos veinte folios aparecen recortados con tijeras o cuchillo, y la descripción de Wettstein indica que ya entonces faltaban algunas partes; después se perdieron otros cuadernos y folios. Se ignora quién causó los cortes.5

Historia del códice

De Oriente a los Países Bajos

La tradición sitúa el origen del códice en el Oriente cristiano y su traslado a los Países Bajos a comienzos del siglo XVII, quizá en relación con los viajes de Boreel. El libro no ofrece pruebas de ese trayecto. Lo único seguro es que, en el siglo XVIII, el manuscrito circulaba entre los eruditos neerlandeses.1,5

Wettstein y Verburg

En 1730, Izaak Verburg, rector del gimnasio de Ámsterdam, realizó una colación parcial del manuscrito, que abarcaba desde Mt 7,2 hasta Lc 11. Wettstein recibió ese trabajo y lo utilizó en su monumental edición del Nuevo Testamento griego (Ámsterdam, 1751-1752), donde citó el códice como F y le dio el nombre de Boreel. Wettstein no sabía dónde se encontraba el original.2,5

Una nota fechada en 1756 en el folio 168 recto y algunas anotaciones en neerlandés en otros folios completan los escasos datos de esa etapa.5

El redescubrimiento de Heringa

El manuscrito desapareció de la vista de los estudiosos durante decenios. En 1823, Jodocus Heringa, profesor de teología en la Universidad de Utrecht, lo identificó. Su amigo Hendrik Herman Donker Curtius le había enseñado un fragmento y le había informado de que el libro entero pertenecía a Johannes Michaelis Roukens, concejal de Arnhem. Heringa comprobó que se trataba del códice F de Wettstein, lo estudió y realizó una colación completa.7,5

La familia Roukens conservaba el libro en estado deficiente: las hojas estaban desordenadas y algunas se habían perdido. Se desconoce cómo había llegado a sus manos.

Ingreso en la biblioteca universitaria

Tras la muerte de Heringa, su sucesor H. E. Vinke publicó los materiales del maestro con el título Disputatio de codice Boreeliano, nunc Rheno-Trajectino (Utrecht, 1843), y el códice pasó a la Biblioteca Universitaria de Utrecht, que lo custodia desde el siglo XIX con la signatura Ms. 1. La biblioteca ofrece hoy imágenes digitales del manuscrito.7,5

Estudio y ediciones

Los grandes editores del Nuevo Testamento griego trataron el códice con cierta dificultad de acceso. Tischendorf lo buscó en 1841 y solo pudo consultar los papeles de Heringa. Tregelles lo examinó en 1850. Scrivener, Gregory y los editores posteriores completaron la descripción y fijaron la numeración actual.3,4

Los aparatos críticos modernos siguen citando el códice como testimonio del texto bizantino a partir de Mt 9,1, y las bases de datos de manuscritos lo mantienen en su catálogo con imágenes accesibles.6

El texto del códice

Un testigo del tipo bizantino

El texto del códice F pertenece al tipo bizantino, la forma que predominó en los manuscritos griegos de la Edad Media y que sirvió de base a la lectura litúrgica de las Iglesias orientales. Los análisis estadísticos de Aland confirman que el códice coincide casi siempre con el texto bizantino estándar y que, en los pasajes de prueba, nunca respalda la lectura más antigua frente a la bizantina.4

Lecturas propias

El códice presenta, sin embargo, algunas lecturas particulares que lo distinguen de otros representantes del mismo tipo. En varios pasajes añade el nombre de Jesús donde otros testimonios lo omiten (Mt 9,1; Lc 8,22; Jn 9,1), lo que concuerda con el uso litúrgico del libro.7,4

Correcciones

Varias manos revisaron el texto, aunque con pocas correcciones. La mayor parte pertenece a la mano primera, y casi todas rectifican errores de ortografía del copista.3

Valor para la crítica textual

El Códice Boreeliano no pertenece al grupo de los grandes unciales que modificaron la edición del Nuevo Testamento, como el Vaticano o el Sinaítico. Schaff lo juzgó «poco importante», y Kenyon le reconoció una autoridad relativamente escasa. Metzger lo describió como un ejemplar típico del texto bizantino.

Su valor reside en otra parte. El códice permite estudiar cómo se transmitió el texto evangélico en el Oriente cristiano durante la época medieval, y cómo los copistas adaptaron el libro a la liturgia. Un editor que desee reconstruir la historia de las lecturas necesita testigos de toda la tradición, no solo de los manuscritos más antiguos. En ese marco, el Boreeliano ilustra la forma que el Evangelio adoptó en la lectura diaria de millones de fieles.

Importancia católica y eclesial

Los Evangelios en la vida de la Iglesia

El concilio Vaticano II enseña que los Evangelios ocupan el lugar central entre todas las Escrituras, porque constituyen el testimonio principal de la vida y la doctrina del Verbo encarnado, nuestro Salvador.8 La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera el Cuerpo del Señor, porque de la mesa de la Palabra y de la mesa del Cuerpo de Cristo recibe sin cesar el pan de vida y lo ofrece a los fieles.9 Un libro como el Boreeliano, preparado con oro, colores y reverencia para la proclamación litúrgica, expresa de forma material esa veneración.

La crítica textual y el magisterio

La Iglesia no mira con recelo el estudio de los manuscritos antiguos. Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu (1943), exhortó a los exegetas a servirse de las lenguas originales y de la crítica textual para llegar al texto sagrado en su forma más segura.10 El Concilio Vaticano II dispuso que las traducciones se hicieran a partir de los textos originales y que los fieles tuvieran fácil acceso a la Sagrada Escritura.11 El trabajo paciente de colacionar y editar códices como el Boreeliano sirve a ese fin.

Tradición oriental y Vulgata

El texto bizantino del códice representa la vida de las Iglesias de Oriente, que forman con la Iglesia latina la única Iglesia católica y apostólica y que el concilio Vaticano II reconoció en la variedad de sus ritos y tradiciones.12 La Iglesia de rito latino, por su parte, recibe la Escritura en la traducción latina de la Vulgata, que el concilio de Trento declaró auténtica para la lectura pública y la predicación.13 Esa declaración jurídica no impide estudiar los textos griegos; al contrario, la edición crítica de los códices permite comprender mejor el original del que parte toda traducción.

Valor del códice hoy

El Códice Boreeliano combina belleza material, uso litúrgico y fidelidad a una tradición textual que atravesó siglos y continentes. Procede, según la datación de Utrecht, de la capital bizantina, pasó por el Oriente cristiano, llegó a los Países Bajos, sufrió mutilaciones y olvido, y volvió a la luz gracias a la curiosidad de un profesor de teología. Hoy descansa en la Biblioteca Universitaria de Utrecht, a disposición de los estudiosos y accesible mediante imágenes digitales.

Para el creyente, el códice recuerda que la Palabra de Dios llegó a cada generación a través de manos concretas: las de los copistas que cuidaron letra por letra el texto de los Evangelios, y las de los eruditos que lo estudiaron con rigor. Cada folio del manuscrito prolonga la cadena de transmisión que enlaza a los fieles de hoy con los apóstoles.

Citas y referencias

  1. Jan Krans. Codex Boreelianus: de omzwervingen van een evangelieboek (2009). 2
  2. Johann Jakob Wettstein. Novum Testamentum Graecum, Ámsterdam (1751-1752). 2 3
  3. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testamentes, Leipzig (1900-1909). 2 3 4 5 6 7 8 9
  4. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments (1981). 2 3 4 5 6 7
  5. Universidad de Utrecht. Codex Boreelianus, Biblioteca Universitaria de Utrecht, Ms. 1, ficha de Bart Jaski (2011). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  6. Centro para el Estudio de los Manuscritos del Nuevo Testamento (CSNTM). GA 09 (Codex Boreelianus), Universidad de Utrecht, Ms. 1. 2 3
  7. Jodocus Heringa (ed. H. E. Vinke). Disputatio de codice Boreeliano, nunc Rheno-Trajectino, Utrecht (1843). 2 3
  8. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, n. 18 (1965).
  9. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, n. 21 (1965).
  10. Pío XII. Encíclica Divino afflante Spiritu, nn. 16-18 (1943).
  11. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, n. 22 (1965).
  12. Concilio Vaticano II. Decreto Orientalium Ecclesiarum, n. 2 (1964).
  13. Concilio de Trento. Sesión IV, decreto sobre la edición y el uso de los libros sagrados (1546).
Modificado el 9 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.65 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/2jp32m4j3

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