Un testimonio bizantino
El texto del códice pertenece al tipo bizantino, el más difundido en la tradición manuscrita griega, y no al alejandrino, representado por los grandes códices unciales anteriores. Kurt Aland lo clasificó en la categoría V, reservada a los manuscritos de texto puro o predominantemente bizantino. En los pasajes de prueba que utilizó para su análisis, el manuscrito coincide con el texto bizantino en doscientos dos casos, concuerda con el texto original frente al bizantino en siete y ofrece doce lecturas propias.
Pese a esa clasificación, el códice no repite sin matices el texto mayoritario. Tischendorf advirtió que su texto se parece al del Codex Cyprius (sigla K), otro evangeliario del siglo IX. Von Soden lo vinculó con la recensión de Panfilo de Cesarea, y varios críticos han reconocido en él algunas lecturas de tipo cesariense. Con el método de perfiles, Frederik Wisse lo agrupó con los minúsculos 27, 71, 692 y 1194 en la familia 1424.
Lecturas características
Algunas variantes del manuscrito ilustran su carácter. En Mateo 1,11, el códice añade el nombre de Joaquim en la genealogía de Jesús, lectura que comparte con el Codex Koridethi, el Codex Rossanensis y varios minúsculos. El añadido restablece el nombre de un rey de Judá y permite entender mejor el cómputo de las generaciones que recoge el evangelista.
El códice incluye, sin signo alguno de duda, Mateo 16,2-3 (las señales del tiempo), Lucas 22,43-44 (el ángel que conforta a Jesús en Getsemaní y el sudor de sangre) y Juan 5,4 (el ángel que agitaba las aguas de la piscina de Betesda). Estos pasajes forman parte del texto bizantino y de la tradición litúrgica griega, aunque algunos testimonios antiguos los omiten.
La perícopa de la mujer adúltera
El manuscrito transmite la perícopa de la mujer adúltera (Juan 7,53-8,11), pero la rodea de asteriscos. Esos signos recuerdan que los copistas conocían la duda sobre la posición y sobre la transmisión del relato, ausente de algunos testimonios antiguos, y que, a pesar de ello, lo consideraban digno de conservarse. La Iglesia católica reconoce el pasaje como parte de las Escrituras canónicas e inspiradas, y la liturgia latina lo proclama. El Codex Campianus documenta, por tanto, la presencia del relato en la tradición manuscrita bizantina del siglo IX, y las marcas del copista permiten reconstruir cómo se leía el pasaje en ella.