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Codex Campianus

El Codex Campianus es un manuscrito griego en pergamino de los cuatro Evangelios, copiado en letra uncial hacia el siglo IX y conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, con la signatura Grec 48. Los especialistas lo designan con el número 021 del catálogo de Gregory-Aland y con la sigla M. Su nombre recuerda al abad François de Camps, que lo regaló a Luis XIV a comienzos del siglo XVIII. El códice transmite el texto de los Evangelios acompañado de los cánones eusebianos, de la carta de Eusebio a Carpiano, de una armonía evangélica y de abundante material litúrgico, con notación musical en los márgenes. Su texto pertenece al tipo bizantino, aunque conserva lecturas de interés que justifican su presencia en el aparato de las grandes ediciones críticas.

Codex Campianus (GA 021) f. 91 r
Ver información de la imagenfolio 91 recto con el comienzo del Evangelio de Marcos. Codex Campianus, Bibliothèque nationale de France, Gr. 48, Autor desconocido, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Campianus
CategoríaLibro
Nombre CompletoCodex DesCamps
DescripciónManuscrito griego de los cuatro Evangelios del siglo IX
ReferenciasMateo, Marcos, Lucas, Juan
AutorCopista anónimo
ContenidoTexto de los cuatro Evangelios, cánones eusebianos, carta de Eusebio a Carpiano, armonía evangélica y material litúrgico con notación musical.
Escritos RelacionadosDivino afflante Spiritu
ImportanciaTestimonio de la tradición bizantina, del uso litúrgico y de la exégesis antigua.
Lugar
  • Biblioteca Nacional de Francia
  • París
  • Francia
  • Oriente cristiano, Francia
Personas RelacionadasFrançois de Camps, Luis XIV, Bernard de Montfaucon, Johann Jakob Wettstein, Caspar René Gregory
TemaTransmisión de los Evangelios y tradición bizantina
TipoManuscrito griego en pergamino, Siglo IX

Tabla de contenido

Nombre y designaciones

El nombre «Campianus»

El adjetivo latino Campianus procede del apellido de su donante, François de Camps (en latín, Campianus), abad de Signy y erudito aficionado a la numismática y a las antigüedades. Por esa razón, los escritos antiguos franceses también llaman al manuscrito Codex Des-Camps. El nombre nada tiene que ver con el lugar de origen del códice, que permanece desconocido, sino con el último eslabón conocido de su transmisión antes de entrar en la biblioteca real.

Siglas y signaturas

Los estudiosos han catalogado el manuscrito bajo varias designaciones, que conviene distinguir para no confundirlo con otros códices:

  • M, la sigla que le asignó Johann Jakob Wettstein en su edición del Nuevo Testamento griego de 1751-1752.
  • 021, Número que recibió en 1908 en el catálogo de manuscritos unciales de Caspar René Gregory, vigente actualmente.
  • Ε 72, la notación del sistema de Hermann von Soden para los manuscritos de los Evangelios.
  • Grec 48, su signatura actual en la Biblioteca Nacional de Francia.

Hoy los especialistas citan de preferencia el número de Gregory-Aland, 021, porque identifica el manuscrito sin ambigüedad.

Descripción del manuscrito

Contenido

El códice contiene el texto completo de los cuatro Evangelios en griego, en el orden habitual: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Junto al texto bíblico, el copista reunió un conjunto de elementos que facilitan su lectura y su uso en la liturgia:

  • Una cronología de los Evangelios.
  • La carta de Eusebio de Cesarea a Carpiano, que explica el manejo del aparato eusebiano.
  • Las tablas de los cánones eusebianos.
  • Una armonía evangélica escrita al pie de las páginas.
  • Los titloi, rótulos que encabezan las páginas.
  • El sinaxario y el menologio, es decir, los calendarios de lecturas litúrgicas.
  • Retratos de los evangelistas antes de cada Evangelio.
  • Anotaciones litúrgicas marginales, con signos de notación musical.

En la última hoja figura una nota en árabe, de la que solo resulta legible la palabra «Jerusalén», y una anotación en eslavo que nadie ha traducido. Ambas apuntan a que el libro pasó por regiones del Oriente cristiano antes de llegar a Francia.

Aspecto material y escritura

El manuscrito consta de 257 folios de pergamino, de 22 cm de alto por 16,3 cm de ancho. El texto ocupa dos columnas por página, de veinticuatro líneas cada una, escritas en tinta parda. La letra uncial es muy elegante y de tamaño reducido, y combina con signos de puntuación sencillos, entre ellos un punto a media altura que marca las pausas del discurso. Los espíritus y los acentos, así como parte de la notación musical, aparecen en tinta roja. Las anotaciones litúrgicas de los márgenes están en minúscula.

El Evangelio de Marcos comienza en el folio 91 recto. La disposición de las páginas muestra que el escriba planificó el libro como una edición de estudio y de uso eclesial, no solo como un ejemplar de lectura privada.

Datación y origen

La paleografía sitúa el Codex Campianus en el siglo IX, y esa es la datación que recoge el Instituto de Investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster. Los editores del siglo XIX ofrecieron fechas algo distintas. Constantin von Tischendorf lo atribuyó a la segunda mitad del siglo IX; Samuel Prideaux Tregelles lo retrasó hasta finales del IX o principios del X; Bernard de Montfaucon, que lo describió el primero, pensaba en los siglos X o XI. Algunos paleógrafos posteriores han llegado a proponer el siglo VIII.

La letra y el formato guardan semejanza con el Codex Mosquensis II (sigla V), otro evangeliario uncial de la misma época. La mano que escribió las notas marginales en minúscula recuerda a la de un códice platónico de la Biblioteca Bodleiana de Oxford, fechado en el año 895. Estos paralelos sitúan el códice en el ambiente cultural bizantino del siglo IX, aunque el lugar exacto de copia sigue sin determinarse.

Historia del manuscrito

De Oriente a la biblioteca del rey

La historia del códice anterior a su paso por las manos del abad François de Camps permanece oculta. Las anotaciones árabe y eslava sugieren una estancia en el Próximo Oriente o en regiones de tradición bizantina eslava. Camps lo obsequió a Luis XIV. Los autores antiguos discrepan en la fecha de la donación: Tischendorf, Gregory y Tregelles la sitúan en 1706, y Scrivener en 1707. La fecha de 1607, que figura en algunas obras, es imposible, pues el monarca nació en 1638.

El manuscrito pasó así a la Biblioteca Real, de la que desciende la actual Biblioteca Nacional de Francia, donde se guarda con la signatura Grec 48.

Los primeros estudios

La primera descripción del códice y un facsímil de su escritura se deben al benedictino Bernard de Montfaucon, que los publicó en su Palaeographia Graeca en 1708.1 Poco después, Ludolf Küster utilizó el manuscrito para la edición del Nuevo Testamento de John Mill, que reimprimió en Ámsterdam en 1710.2 El estudioso italiano Giuseppe Bianchini lo colacionó para su Evangeliarium quadruplex, aparecido en 1749.3

En 1751-1752 Wettstein lo incorporó a su Nuevo Testamento griego con la sigla M.4 Johann Martin Augustin Scholz lo cotejó de nuevo para su edición de 1830 y publicó el sinaxario y el menologio del códice, aunque Tischendorf juzgó defectuosa esa transcripción de los calendarios.5 Tischendorf y Tregelles lo utilizaron en sus ediciones críticas, y este último elogió sus numerosas buenas lecturas.6 Frederick Scrivener coincidió en que sus variantes son de gran calidad. Ya en el siglo XX, Gregory le asignó el número 0217 y Russell Champlin estudió su texto de Mateo en relación con la llamada familia E.8

El aparato eusebiano y las ayudas de lectura

Secciones amonianas y cánones

El texto de los cuatro Evangelios está dividido en las secciones amonianas, unidades breves de texto numeradas dentro de cada Evangelio, que la tradición atribuye a Amonio de Alejandría. A cada sección acompaña, en el margen, un segundo número que remite a uno de los diez cánones de Eusebio de Cesarea. Estos cánones son tablas de concordancia: el primero recoge los pasajes comunes a los cuatro evangelistas; los siguientes, los que comparten tres o dos de ellos; el último, los que pertenecen a uno solo. El sistema permite localizar a la vez los pasajes paralelos de los Evangelios y comparar los relatos sin necesidad de una armonía continua.

La carta a Carpiano

El códice incluye la carta de Eusebio a Carpiano, en la que el obispo de Cesarea describe el procedimiento y explica cómo manejar las tablas.9 Ese texto, junto con las propias tablas, aparece en la mayoría de los evangeliarios bizantinos importantes, y convierte el códice en un instrumento de estudio, además de un libro de lectura.

La armonía evangélica

Al pie de cada página figura una armonía de los Evangelios, un texto continuo que ordena los relatos paralelos de los evangelistas. Este tipo de armonía coincide con la del Codex Basilensis (sigla E), según observó John William Burgon. La presencia de un complemento de esta naturaleza revela que el copista y los usuarios del códice se interesaban por la unidad de la narración evangélica, una cuestión que acompañó a los Padres desde el Diatessaron de Taciano.

El uso litúrgico del códice

El Codex Campianus funcionó como libro de lectura de la Iglesia griega, no solo como libro de estudio. Tres elementos lo muestran:

  • El sinaxario, que enumera las lecturas evangélicas del ciclo móvil, desde la Pascua, a lo largo del año litúrgico.
  • El menologio, que ordena las lecturas de las fiestas del calendario fijo, en especial las de los santos.
  • Las anotaciones marginales, que indican los comienzos y finales de las lecturas, por ejemplo la que señala el domingo anterior a las Luces, es decir, anterior a la fiesta de la Epifanía.

Los anagnosmata (lecturas) y la notación musical de algunas partes del texto, en tinta roja, remiten a la proclamación cantada del Evangelio en la liturgia bizantina. El manuscrito conserva así un testimonio concreto de cómo los cristianos orientales escuchaban la Palabra de Dios en la celebración.

Valor textual

Un testimonio bizantino

El texto del códice pertenece al tipo bizantino, el más difundido en la tradición manuscrita griega, y no al alejandrino, representado por los grandes códices unciales anteriores. Kurt Aland lo clasificó en la categoría V, reservada a los manuscritos de texto puro o predominantemente bizantino.10 En los pasajes de prueba que utilizó para su análisis, el manuscrito coincide con el texto bizantino en doscientos dos casos, concuerda con el texto original frente al bizantino en siete y ofrece doce lecturas propias.

Pese a esa clasificación, el códice no repite sin matices el texto mayoritario. Tischendorf advirtió que su texto se parece al del Codex Cyprius (sigla K), otro evangeliario del siglo IX. Von Soden lo vinculó con la recensión de Panfilo de Cesarea, y varios críticos han reconocido en él algunas lecturas de tipo cesariense. Con el método de perfiles, Frederik Wisse lo agrupó con los minúsculos 27, 71, 692 y 1194 en la familia 1424.11

Lecturas características

Algunas variantes del manuscrito ilustran su carácter. En Mateo 1,11, el códice añade el nombre de Joaquim en la genealogía de Jesús, lectura que comparte con el Codex Koridethi, el Codex Rossanensis y varios minúsculos. El añadido restablece el nombre de un rey de Judá y permite entender mejor el cómputo de las generaciones que recoge el evangelista.

El códice incluye, sin signo alguno de duda, Mateo 16,2-3 (las señales del tiempo), Lucas 22,43-44 (el ángel que conforta a Jesús en Getsemaní y el sudor de sangre) y Juan 5,4 (el ángel que agitaba las aguas de la piscina de Betesda). Estos pasajes forman parte del texto bizantino y de la tradición litúrgica griega, aunque algunos testimonios antiguos los omiten.

La perícopa de la mujer adúltera

El manuscrito transmite la perícopa de la mujer adúltera (Juan 7,53-8,11), pero la rodea de asteriscos. Esos signos recuerdan que los copistas conocían la duda sobre la posición y sobre la transmisión del relato, ausente de algunos testimonios antiguos, y que, a pesar de ello, lo consideraban digno de conservarse. La Iglesia católica reconoce el pasaje como parte de las Escrituras canónicas e inspiradas, y la liturgia latina lo proclama. El Codex Campianus documenta, por tanto, la presencia del relato en la tradición manuscrita bizantina del siglo IX, y las marcas del copista permiten reconstruir cómo se leía el pasaje en ella.

Importancia para la Iglesia

La Iglesia católica enseña que los cuatro Evangelios ocupan un lugar central entre todas las Escrituras, pues constituyen el testimonio principal de la vida y la doctrina del Verbo encarnado, y afirma su origen apostólico y su carácter histórico.12 Esa convicción da su razón de ser al trabajo de quienes copiaron, corrigieron y transmitieron el texto durante siglos, y a la crítica textual moderna, que la Iglesia ha alentado de manera explícita. Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu, recomendó el estudio de las lenguas originales y de los manuscritos para acercarse más al texto que escribieron los autores sagrados.13

En ese marco, un códice como el Campianus ofrece tres aportaciones:

  • Testimonio de la tradición bizantina: documenta con precisión el texto que leyó y proclamó durante siglos buena parte de la Iglesia oriental.
  • Testimonio litúrgico: conserva sinaxario, menologio y notación musical, y muestra cómo los fieles escuchaban el Evangelio en la celebración.
  • Testimonio de la exégesis antigua: su aparato eusebiano y su armonía reflejan el modo en que los antiguos leían los cuatro Evangelios como una unidad.

Presencia en las ediciones críticas

El Codex Campianus apareció de forma regular en los aparatos críticos de los siglos XVIII y XIX. Actualmente, su uso es más selectivo, porque los editores prefieren dar prioridad a los manuscritos más antiguos. La tercera edición del Nuevo Testamento griego de las Sociedades Bíblicas Unidas lo cita, pero la cuarta lo omite. La edición vigésimo sexta del Novum Testamentum Graece de Nestle-Aland no lo cita de manera sistemática, la vigésimo séptima lo incluye solo de forma ocasional y la vigésimo octava no lo enumera entre sus testigos.

La ausencia de un manuscrito en el aparato de una edición crítica no equivale a una pérdida de valor histórico. Su importancia como ejemplar de la transmisión bizantina de los Evangelios sigue vigente, y los estudiosos de la liturgia, de la paleografía y de la tradición textual continúan recurriendo a él.

Valor del códice

El Codex Campianus reúne en un solo volumen el texto de los cuatro Evangelios, las ayudas de lectura creadas por Eusebio de Cesarea, una armonía evangélica y los libros litúrgicos que regulaban su proclamación. Su letra cuidada, sus miniaturas y su notación musical muestran el esmero con que la Iglesia bizantina copiaba el libro que contenía la Palabra de Cristo. Su paso por manos orientales, hasta llegar a la biblioteca de Luis XIV, ilustra además cómo viajaron los manuscritos entre Oriente y Occidente. Para el estudioso católico, el códice es un testimonio de la fidelidad con que las comunidades cristianas custodiaron el texto evangélico, y de la unidad de una tradición que, pese a la diversidad de sus formas, transmite una misma fe.

Citas y referencias

  1. Bernard de Montfaucon. Palaeographia Graeca, París, 1708, pág. 260.
  2. Ludolf Küster (ed.). Novum Testamentum Graecum cum lectionibus variantibus, a partir de la edición de John Mill, Ámsterdam, 1710.
  3. Giuseppe Bianchini. Evangeliarium quadruplex, Roma, 1749.
  4. Johann Jakob Wettstein. Novum Testamentum Graecum, Ámsterdam, 1751-1752.
  5. Johann Martin Augustin Scholz. Novum Testamentum Graece, Leipzig, 1830.
  6. Constantin von Tischendorf. Novum Testamentum Graece, 7.ª ed., Leipzig, 1859; Samuel Prideaux Tregelles, estudio introductorio sobre la crítica textual del Nuevo Testamento, Londres, 1856.
  7. Caspar René Gregory. Die griechischen Handschriften des Neuen Testaments, Leipzig, 1908.
  8. Russell Champlin. Estudio de la familia E y sus afines en el Evangelio de Mateo, 1966, págs. 163-169.
  9. Eusebio de Cesarea. Carta a Carpiano, prefacio a los cánones evangélicos.
  10. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments, Stuttgart, 1981 (trad. esp.: El texto del Nuevo Testamento).
  11. Frederik Wisse. Estudio del método de perfiles para la clasificación de los manuscritos del Evangelio de Lucas, 1982.
  12. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, nn. 18-19 (1965).
  13. Pío XII. Encíclica Divino afflante Spiritu, nn. 16-18 (1943).
Modificado el 12 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.70 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/g9wzhh6s4

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