El Codex Claromontanus debe su nombre a una evolución en su designación histórica. Inicialmente, en el siglo XVI, el humanista y reformador Teodoro de Beza lo llamó Lugdunensis, en referencia a su supuesta procedencia de la región de Lyon, en Francia. Sin embargo, más adelante, Beza lo renombró como Claromontanus, posiblemente aludiendo a Clermont, una localidad cerca de Beauvais, lo que ha generado debates sobre su verdadero origen geográfico.1 Esta confusión en la nomenclatura refleja las complejidades en la trazabilidad de manuscritos antiguos durante la época de la Reforma y el Renacimiento.
Se estima que el manuscrito fue producido en el sur de Francia alrededor del inicio del siglo VI, basándose en el estilo de su caligrafía uncial, que es característica de esa era. No se sitúa en una fecha posterior, lo que lo convierte en uno de los testimonios más antiguos de las Epístolas paulinas en formato bilingüe.1 Su historia posterior incluye un período de aparente abandono en monasterios, hasta que fue redescubierto y utilizado en contextos eclesiásticos clave.
Una de las menciones más destacadas de este códice en la historia eclesiástica católica se remonta al Concilio de Trento en 1546. Durante esta asamblea, el obispo Guillermo Dupré, de Clermont en Auvergne, empleó el Claromontanus para corroborar una lectura latina específica en el Evangelio de Juan (21:22), que coincide con una variante griega única presente en este manuscrito.1 Este episodio subraya su relevancia en la defensa de la integridad de la Escritura Sagrada frente a las controversias de la época, contribuyendo a la fijación del canon bíblico en la tradición católica.
En el siglo XVI, el códice fue parte de colecciones que circularon en Italia, donde amigos del editor Robert Estienne lo consultaron para su edición del Nuevo Testamento griego en 1546. Esta conexión italiana contradice la afirmación inicial de Beza sobre su origen en Lyon durante el saqueo hugonote de 1562, lo que ha llevado a los eruditos modernos a cuestionar esa narrativa y a favorecer una procedencia más sureña y temprana.1

