La paleografía estudia la forma de la escritura y permite datar y comparar manuscritos por rasgos gráficos. En la tradición del griego antiguo y tardoantiguo, las unciales constituyen el gran tipo de escritura sobre pergamino desde los siglos tempranos hasta la consolidación de la minúscula en siglos posteriores.
Rasgos generales: cuándo dominan las unciales y cuándo avanza la minúscula
La evolución de la escritura griega en la Edad Media mantiene un hilo común: hasta el siglo IX predominan las unciales, mientras que en el siglo IX surge en el ámbito oriental (como en el carolingio en Occidente) una minúscula que se vuelve habitual.
Además, la paleografía distingue el paso hacia estilos «nuevos» dentro de la escritura capital en torno al final del siglo VII y durante el siglo VIII, con transformaciones formales (caracteres más alargados y terminaciones puntiagudas).
Paleografía aplicada al Coisliniano del Nuevo Testamento (043, siglo VI)
Al datar el códice en el siglo VI, el examen paleográfico se orienta hacia el mundo de la uncial sobre pergamino. En esa fase, la escritura mantiene formas cercanas al estilo de letras unciales antiguas, antes de que la minúscula se imponga como guion principal.
Esta datación no convierte la paleografía en una simple etiqueta: obliga a comparar la textura gráfica (continuidad de trazo, configuración de letras, proporciones) con la práctica de copistas del periodo, especialmente porque el códice del Nuevo Testamento no llega completo y su valor reside también en cómo integró la unidad textual con sus divisiones internas (en conexión con Eutalio).
Paleografía aplicada al Coisliniano del Antiguo Testamento (siglo VII)
El Coisliniano del Antiguo Testamento, de siglo VII, sitúa el manuscrito en un momento en que el campo paleográfico empieza a mostrar rasgos del cambio entre grandes formas de escritura. La historia de la caligrafía griega explica que el «nuevo» estilo uncial aparece al final del siglo VII y durante el siglo VIII, con letras más alargadas y geometría distinta.
Ese marco cronológico resulta decisivo para estudiar la Septuaginta: la escritura refleja condiciones de producción, redes de copia y hábitos de lectura propios de centros que transmitieron el texto griego con tradiciones internas diversas.