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Codex Dublinensis

El Codex Dublinensis, catalogado como Z o 035 en el sistema de Gregory-Aland, es un manuscrito griego unical del siglo VI que conserva fragmentos del Evangelio según san Mateo. Es un palimpsesto: un copista posterior borró el texto evangélico y reutilizó el pergamino para transcribir extractos patrísticos, de modo que la escritura original quedó oculta hasta que John Barrett la descubrió en 1787 en la biblioteca de Trinity College de Dublín, donde el códice sigue custodiado. Su texto, de tipo alejandrino con numerosas lecturas ajenas a esa familia, lo convierte en un testigo valioso para estudiar la transmisión del primer Evangelio y para comprender cómo la Iglesia ha recibido, copiado y conservado la Sagrada Escritura.

Codex Dublinensis (Mt 20,33-34)
Ver información de la imagentexto de Mateo 20:33-34 en la facsimilia de Scrivener (1894). Códice Dublinensis, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Dublinensis
CategoríaDesconocido
Nombre CompletoCodex Dublinensis rescriptus
DescripciónManuscrito griego unical del siglo VI que conserva fragmentos del Evangelio según san Mateo como palimpsesto
CiudadDublín
ContenidoFragmentos del Evangelio según san Mateo y extractos patrísticos
DescubridorJohn Barrett
Dimensiones27 por 20 centímetros
Fecha de Descubrimiento1787
Número de Folios32 folios
PaísIrlanda
Personas relacionadasCopista anónimo del siglo VI
SignaturaZ o 035 (Gregory-Aland), ε 26 (Hermann von Soden), MS 32
SoportePergamino delgado
TipoReliquia, Manuscrito griego unical, Palimpsesto, VI
Tipo TextualAlejandrino (Categoría III de Aland)
Ubicación ActualBiblioteca de Trinity College de Dublín

Tabla de contenido

Nombre y designación

Signatura y nomenclatura científica

El adjetivo Dublinensis remite a la ciudad de Dublín, sede del manuscrito. La crítica textual lo identifica con la letra mayúscula Z y con el número 035 del catálogo de Gregory-Aland; en el sistema de Hermann von Soden recibe la sigla ε 26. La biblioteca lo guarda como MS 32 (en una signatura antigua, K.3.4). Los estudiosos del siglo XIX lo llamaron también Codex Dublinensis rescriptus, «códice rescripto de Dublín», expresión que subraya su condición de palimpsesto.1

Otros códices de Dublín

El nombre no debe confundirse con el de otros manuscritos célebres de la misma biblioteca. El Codex Usserianus Primus (MS 55, del siglo VI o VII) transmite los Evangelios en latín antiguo, en el orden occidental (Mateo, Juan, Lucas y Marcos), y la crítica lo menciona con la sigla r. El Libro de Kells, obra maestra de la iluminación insular, contiene los Evangelios en latín. El Codex Dublinensis que aquí se estudia es, en cambio, un testimonio del texto griego del Nuevo Testamento.

Descripción material

Soporte y formato

El códice conserva 32 folios de pergamino delgado, de unos 27 por 20 centímetros, con transparencias y numerosos agujeros. El copista dispuso el texto en una sola columna de 21 líneas por página, con una media de unas 27 letras por línea.1

Una encuadernación posterior a la edición de Barrett recortó los bordes de los folios y cubrió los márgenes con papel o pergamino. Tregelles lamentó esa intervención, porque hizo desaparecer lecturas que el primer editor había alcanzado a transcribir.2

Escritura

La mano que copió el texto utiliza una letra uncial grande y ancha, de trazos cuidados. Sus caracteres superan en tamaño a los del Alejandrino y el Vaticano, pero quedan por debajo de los del Códice Petropolitano Púrpura.2

Entre los rasgos paleográficos más llamativos figuran los siguientes:

  • Ausencia de espíritus y de acentos.
  • Una μ de forma peculiar, semejante a una π invertida.
  • Empleo de los nomina sacra habituales, aunque algunas palabras como μητηρ, ουρανος, ανθρωπος y υιος aparecen a veces escritas por entero.
  • Confusiones itacistas, como αι por ε o ι por ει, que delatan la pronunciación del copista.
  • Pasajes del Antiguo Testamento señaladas al margen con el signo «>“, llamado diple.
  • Presencia de las secciones amonianas, divisiones antiguas del texto evangélico, y ausencia de los cánones eusebianos, las tablas de concordancia entre los cuatro Evangelios.2

El palimpsesto

Escritura inferior y escritura superior

Un palimpsesto es un manuscrito cuyo texto primitivo fue raspado o lavado para aprovechar de nuevo el pergamino. Esta práctica, extendida en los escritorios del cristianismo oriental, ha preservado paradójicamente textos antiguos: la tinta original no desaparecía del todo y, siglos después, los reactivos y la fotografía permiten recuperarla.

En el Codex Dublinensis, la escritura inferior corresponde al Evangelio de Mateo, copiado en el siglo VI. La escritura superior, en letra minúscula, recoge extractos de autores patrísticos, sobre todo de san Juan Crisóstomo, y también de san Basilio, Anastasio, san Epifanio y Teodoro Abucara. Esa segunda mano carece de elegancia y el manuscrito se encuentra muy deteriorado.1

La combinación resulta singular: sobre un testimonio antiguo de la Palabra escrita, la tradición cristiana de los siglos posteriores superpuso la voz de los Padres, que comentaron y predicaron esa misma Palabra.

Contenido

Pasajes conservados

El manuscrito no contiene el Evangelio completo. Sus folios conservan fragmentos de Mateo repartidos entre el capítulo 1 y el 26, con numerosas lagunas. Entre los pasajes legibles figuran:

  • Mt 1,17-2,6 y 2,13-20, con el final de la genealogía, el nacimiento de Jesús, la visita de los magos y la huida a Egipto.
  • Mt 4,4-13, con las tentaciones en el desierto.
  • Mt 5,45-6,15, que incluye el Padrenuestro dentro del Sermón de la Montaña.
  • Mt 7,16-8,6 y 10,40-11,18.
  • Mt 12,43-13,11 y 13,57-14,19.
  • Mt 15,13-23, 17,9-17 y 17,26-18,6.
  • Mt 19,4-12, con la enseñanza de Jesús sobre el matrimonio.
  • Mt 20,7-21,8 y 21,23-30.
  • Mt 22,16-25 y 22,37-23,3, con el mandamiento principal del amor a Dios y al prójimo.
  • Mt 23,15-23, 24,15-25 y 25,1-11, que recoge el comienzo de la parábola de las diez vírgenes.
  • Mt 26,21-29, con el anuncio de la traición y la institución de la Eucaristía.
  • Mt 26,62-71, con el interrogatorio ante el sumo sacerdote.1

Valor doctrinal de los pasajes

La selección que el azar de la conservación ha dejado en estos folios toca asuntos centrales de la fe católica: la infancia de Cristo, su victoria sobre la tentación, la oración que enseñó a sus discípulos, la indisolubilidad del matrimonio, la primacía de la caridad, la vigilancia escatológica y el don eucarístico de su Cuerpo y su Sangre. El códice permite así leer, en una copia anterior a la época de las grandes revisiones bizantinas, el texto griego sobre el que se apoyan esas enseñanzas.

Historia del manuscrito

El descubrimiento de Barrett

El erudito John Barrett, miembro del claustro de Trinity College, descubrió en 1787 el texto de Mateo oculto bajo la escritura posterior del códice. Publicó su transcripción en 1801, pero la edición contenía errores, consecuencia de la dificultad de leer una escritura tan desvaída.3

Tregelles y el tratamiento químico

En 1853 Samuel Prideaux Tregelles, uno de los grandes críticos textuales del siglo XIX, examinó el códice y aplicó reactivos químicos a las páginas. Gracias a ese procedimiento descifró unas doscientas letras más que Barrett y corrigió numerosas lecturas de la primera edición. En 1863 publicó un suplemento con los resultados de su trabajo.2

La edición de Abbott

En 1880 Thomas Kingsmill Abbott dio a la imprenta una edición revisada y ampliada del palimpsesto, que reunió con otro manuscrito rescripto de la misma biblioteca bajo el título Par Palimpsestorum Dublinensium.4 Esta obra se convirtió en la referencia clásica para consultar el texto de Z. Abbott dedicó además a los palimpsestos de Dublín un artículo en la revista Hermathena en 1884,5 y J. G. Smyly añadió observaciones sobre los manuscritos griegos de la biblioteca en 1933.6

Estudios posteriores

Kurt y Barbara Aland incluyeron el códice en su clasificación de los manuscritos del Nuevo Testamento.7 Los investigadores disponen hoy de descripciones modernas y de imágenes digitales del manuscrito, que facilitan comparar la lectura de Z con las de los demás testigos antiguos.

El texto del códice

Tipo textual y clasificación

El texto de Z pertenece a la tradición alejandrina, la misma que representan el Sinaítico y el Vaticano, pero incorpora numerosas lecturas ajenas a esa familia. Kurt Aland lo clasificó en la categoría III: manuscritos que ofrecen una proporción pequeña, aunque no despreciable, de lecturas antiguas, con una notable influencia del texto estándar y con lecturas cuyo origen no está identificado.7

Lecturas notables

Dos variantes ilustran el interés del códice:

  • Mt 6,13. Z omite la doxología final del Padrenuestro («porque tuyo es el reino, el poder y la gloria»), de modo que la oración termina con la petición «líbranos del mal». Coincide en ello con el Sinaítico, el Vaticano y el Códice de Beza.
  • Mt 20,23. Z no contiene la cláusula sobre el bautismo («y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado»), que sí transmiten otros testigos tardíos. Los códices alejandrinos más antiguos tampoco la leen.1

Importancia para la Iglesia

Crítica textual y Magisterio

La Iglesia ha animado el estudio de los manuscritos antiguos. Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu, alentó a los exegetas a servirse de las lenguas originales y de la crítica textual para acercarse lo más posible al texto sagrado tal como salió de la pluma de los autores inspirados.8 El concilio Vaticano II recordó que el acceso a la Sagrada Escritura debe quedar abierto a todos los fieles y que las traducciones deben apoyarse en los textos originales.9 El Codex Dublinensis ofrece materia concreta para ese trabajo: un testimonio griego del siglo VI cuyas lecturas contribuyen a reconstruir el texto primitivo de Mateo.

La doxología del Padrenuestro

La omisión de la doxología en Mt 6,13 no disminuye el uso litúrgico de esa fórmula. La Didajé ya recomendaba rezar el Padrenuestro añadiendo «porque tuya es la potencia y la gloria por siempre».10 La liturgia romana conserva esa tradición: tras el embolismo del Padrenuestro en la Misa, la asamblea responde «Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor». El Catecismo de la Iglesia Católica explica que esa doxología final retoma, por inclusión, las tres primeras peticiones de la oración.11 La variante de Z y de los grandes códices alejandrinos distingue, por tanto, entre lo que pertenece al texto evangélico primitivo de Mateo y lo que la oración de la Iglesia añadió muy pronto, sin contradicción alguna con el Evangelio.

Testimonio de la Tradición

La Vulgata, que el concilio de Trento declaró auténtica para el uso público, tampoco transmite la doxología en Mt 6,13. La coincidencia entre un códice griego del siglo VI y la versión latina de san Jerónimo ilustra la continuidad de la transmisión del texto en Oriente y Occidente, y muestra que el estudio de los manuscritos griegos no se opone a la tradición eclesial, sino que la ilumina.

Conservación actual

El Codex Dublinensis se conserva en la biblioteca de Trinity College de Dublín, con la signatura MS 32. Sus folios, de pergamino delgado y agujereado, requieren una custodia cuidadosa. Las reproducciones digitales permiten hoy estudiarlo sin exponer el pergamino a nuevos daños.1

Valor del códice para la fe y la ciencia bíblica

El Codex Dublinensis reúne dos virtudes que rara vez coinciden: la antigüedad de su texto evangélico y la riqueza de su historia material. Bajo la escritura de los extractos patrísticos permanece la voz de un copista del siglo VI que transmitió con esmero el Evangelio de Mateo; sobre ella, la mano de un escriba medieval recogió la enseñanza de los Padres. En una misma hoja de pergamino conviven así la Escritura y la Tradición.

Para el creyente, el códice recuerda que la Palabra de Dios ha llegado hasta hoy gracias al trabajo paciente de generaciones de copistas, bibliotecarios y eruditos. Para el estudioso, ofrece un testimonio alejandrino con rasgos propios, útil para comparar las familias textuales del Nuevo Testamento. Para la Iglesia, confirma que el texto de los Evangelios, estudiado con rigor crítico, permanece sustancialmente fiel a lo que los cristianos recibieron desde los primeros siglos.

Citas y referencias

  1. Gregory-Aland 035 (Codex Dublinensis). Centro para el Estudio de los Manuscritos del Nuevo Testamento, ficha del manuscrito Ms. 32, Trinity College, Dublín. 2 3 4 5 6
  2. Samuel Prideaux Tregelles. El códice rescripto de Dublín. Suplemento, Londres (1863). 2 3 4
  3. John Barrett. Edición del texto de Mateo del códice rescripto de Dublín (1801).
  4. Thomas Kingsmill Abbott. Par Palimpsestorum Dublinensium, Londres (1880).
  5. Thomas Kingsmill Abbott. Artículo sobre un evangelistario unical palimpsesto, Hermathena, X (1884).
  6. J. G. Smyly. Notas sobre los manuscritos griegos de la biblioteca de Trinity College, Hermathena, XLVIII (1933).
  7. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments (1981). 2
  8. Pío XII. Divino afflante Spiritu (1943).
  9. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 22 (1965).
  10. Didajé, VIII.
  11. Catecismo de la Iglesia Católica, 2760 (1992).
Modificado el 14 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.60 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/sq53nq080

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