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Codex Freerianus

El Codex Freerianus, conocido también como Códice Washingtonianus, Códice Freer o Evangelios de Freer (sigla W o 032 en el catálogo Gregory-Aland), es un manuscrito griego de pergamino que contiene los cuatro evangelios. Un copista lo escribió en Egipto entre finales del siglo IV y el siglo V, y hoy reposa en la Galería Freer de Arte, integrada en el Instituto Smithsoniano de Washington D. C. Su fama descansa en cuatro rasgos excepcionales: el orden occidental de los evangelios (Mateo, Juan, Lucas y Marcos), un texto que combina secciones de familias textuales muy distintas, las cubiertas de madera con retratos de los evangelistas pintados a la encáustica y, sobre todo, una adición única en el final de Marcos, el llamado Logion de Freer, que ningún otro manuscrito griego conserva.1

016 (GA) Sanders facsimile, Plate VII
Ver información de la imagenPlaca VII de la facsímil de Sanders. (H. A. Sanders: Los manuscritos del Nuevo Testamento en la colección Freer. Nueva York - Londres: The Macmillan Company, 1918, p. 254) A. Hebreos 8:16-18 B. 2 Timoteo 1:10-12. Códice Freerianus, manuscrito del Nuevo Testamento, 016 (Gregory-Aland), Autor desconocido, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Freerianus
CategoríaLibro
Otros nombres
  • Codex Washingtonianus
  • Códice Freer
DescripciónManuscrito griego en pergamino de los cuatro evangelios datado entre los siglos IV y V. Siglo IV - siglo V
AutorCopista anónimo
Autoridad EclesiásticaPontificia Comisión Bíblica
CaracterísticasOrden occidental de los evangelios, mosaico de familias textuales, cubiertas de madera con encáustica y Logion de Freer.
ContenidoLos cuatro evangelios completos con el Logion de Freer al final de Marcos.
Escritos RelacionadosDivino afflante Spiritu, Dei Verbum, Diócesis contra Pelagianos
Lugar
  • Egipto
  • Galería Freer de Arte, Instituto Smithsoniano, Washington D. C.
  • Washington D. C.
  • Estados Unidos
Personas RelacionadasCharles Lang Freer, Henry A. Sanders, San Jerónimo, Burnett Hillman Streeter, Larry W. Hurtado, Kurt Aland, Pío XII
TipoManuscrito griego de pergamino, Siglo IV y siglo V

Tabla de contenido

Nombre y denominaciones

El adjetivo latino Freerianus alude a Charles Lang Freer (1854-1919), el industrial de Detroit que compró el códice y lo incorporó a su colección de arte. Los estudios alternan este nombre con Washingtonianus o Washingtonensis, que remiten a la ciudad donde reposa el manuscrito. Los catálogos científicos lo identifican con la letra W y el número 032 del sistema Gregory-Aland, y con la sigla ε 014 del sistema de Hermann von Soden. Dentro de la colección Freer, los especialistas lo designan además como Manuscrito de Washington III.2

Conviene no confundirlo con los demás códices bíblicos griegos de la misma colección, que también reciben el apelativo Washingtonensis: el de Deuteronomio y Josué, el de los Salmos y el de las epístolas de san Pablo.

Descripción material

Soporte y formato

El códice reúne 187 hojas de pergamino de unos 21 × 14 cm, un formato manejable pensado para la lectura personal o litúrgica. El copista escribió el texto en una sola columna de 30 líneas por página, en griego koiné y con letra uncial de trazo regular. Abrevió los nombres sagrados (nomina sacra) conforme a la costumbre cristiana antigua, lo que lo sitúa en la tradición de los grandes códices bíblicos del Mediterráneo oriental.1

El orden de los evangelios

El manuscrito ordena los evangelios como Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Esta secuencia, llamada occidental, coincide con la del Códice de Beza y con numerosos testigos latinos antiguos. Una explicación tradicional la interpreta como una jerarquía: primero los dos evangelistas apóstoles, Mateo y Juan, y a continuación los dos discípulos de los apóstoles, Lucas y Marcos.

Las cubiertas pintadas

El códice llegó a Occidente con dos tapas de madera decoradas con retratos de los cuatro evangelistas, ejecutados con la técnica de la encáustica, que mezcla los pigmentos con cera caliente. La tapa derecha representa a Marcos y a Lucas; la izquierda, a Mateo y a Juan. Los historiadores del arte las atribuyen probablemente al siglo VII, es decir, a una época muy posterior a la copia del texto, y hoy permanecen separadas del volumen. Constituyen un testimonio valioso de la pintura cristiana egipcia de la Antigüedad tardía.3

Datación y origen

La paleografía sitúa la copia entre finales del siglo IV y el siglo V, y los catálogos de investigación consignan habitualmente la horquilla IV/V. Todos los indicios apuntan a Egipto: el comerciante que lo vendió lo ofreció en la zona de El Cairo y Guiza, la presencia de secciones de texto alejandrino concuerda con ese ambiente, y las cubiertas pintadas pertenecen a la tradición artística egipcia.

El vendedor afirmó que el manuscrito procedía de un monasterio situado cerca de las pirámides de Guiza, conocido como monasterio del Viñador. Esa indicación encaja con el uso habitual de este tipo de códices, copiados y custodiados en comunidades monásticas, donde la lectura continua de la Escritura sostenía la oración y la formación de los monjes.3

Adquisición y edición

La compra de Charles Lang Freer

El 19 de diciembre de 1906, durante una estancia en Egipto, Charles Lang Freer compró al anticuario Ali Arabi cuatro códices bíblicos griegos:

  • Uno con parte de Deuteronomio y Josué.
  • Otro con los Salmos.
  • El de los cuatro evangelios, objeto de este artículo.
  • Y uno con las epístolas de san Pablo.

Nadie conoce el itinerario exacto de los volúmenes antes de esa fecha, aunque el vendedor los vinculaba al monasterio mencionado.3

El estudio de Henry A. Sanders

Freer confió el estudio de los manuscritos a Henry A. Sanders, catedrático de latín de la Universidad de Míchigan. Sanders dio las primeras noticias entre 1907 y 1908 y publicó en 1912 la edición científica del códice de los evangelios, acompañada de un facsímil fotográfico en una tirada limitada de 435 ejemplares. Este trabajo permitió que los especialistas de todo el mundo examinaran el manuscrito y fijó los términos del debate textual que continúa actualmente.1,4

Ingreso en el Instituto Smithsoniano

Freer cedió su colección a la nación estadounidense, y la Galería Freer de Arte abrió sus puertas al público en 1923. El Codex Freerianus forma parte de ese legado con el número de inventario 06.274. Entre 2006 y 2007 formó parte de una exposición sobre las Biblias anteriores al año 1000, dedicada a los grandes testigos manuscritos de los primeros siglos cristianos.3

Contenido y estado de conservación

El códice contiene los cuatro evangelios completos, aunque no todo el texto procede de la misma mano ni de la misma época. Las primeras hojas del evangelio de Juan, que abarcan Juan 1,1-5,11, quedaron perdidas o dañadas en algún momento, y un copista posterior, hacia el siglo VII, las repuso con un suplemento escrito en otra letra. Ese suplemento transmite un texto mixto, con rasgos alejandrinos y occidentales, y no debe confundirse con el texto de la copia original.1

El resto del manuscrito conserva el aspecto de un libro usado y atendido durante siglos: las hojas muestran el desgaste propio de la lectura, y la presencia de las cubiertas pintadas revela que alguien invirtió esfuerzo en proteger y honrar el volumen mucho tiempo después de copiarlo.

Carácter textual

Un mosaico de familias textuales

El Codex Freerianus destaca porque no transmite un único tipo de texto. Cada sección del manuscrito sigue una tradición distinta:

  • Mateo y Lucas 8,13-24,53: texto de tipo bizantino, la familia que acabaría imponiéndose en la tradición griega medieval.
  • Marcos 1,1-5,30: texto de tipo occidental, con afinidades claras con las versiones latinas antiguas.
  • Marcos 5,31-16,20: texto que Burnett Hillman Streeter vinculó con el tipo cesariense, relacionado con la Iglesia de Cesarea de Palestina.
  • Lucas 1,1-8,12 y Juan 5,12-21,25: texto de tipo alejandrino, el más cuidado y apreciado por la crítica moderna.
  • Juan 1,1-5,11: suplemento tardío de texto mixto.5,6

Cómo explicar el mosaico

La explicación más probable es que el copista, o quienes prepararon el modelo, dispusieran de ejemplares diferentes para cada parte y los fueran reuniendo a medida que avanzaba la copia. Streeter llevó el análisis más lejos y propuso que la sección cesariense de Marcos reflejaba la tradición textual que Orígenes y Eusebio de Cesarea habían manejado en Palestina. Larry W. Hurtado matizó años después esa tesis: sostuvo que la primera parte de Marcos se aproxima a los testigos latinos antiguos y que el resto no responde con claridad al tipo cesariense, sino a una mezcla donde pesan también las lecturas alejandrinas.6,7

Valor para la crítica textual

Kurt Aland incluyó el manuscrito en la categoría III, reservada a los testigos de carácter independiente, con abundantes lecturas peculiares y de utilidad variable según el pasaje. Su texto de Mateo ocupa un lugar especial: es uno de los testimonios griegos más antiguos de un texto de tipo bizantino y atestigua que ese tipo de texto circulaba ya en el siglo V.8

El Logion de Freer

El pasaje

La singularidad más célebre del códice aparece en el final de Marcos. Tras el versículo 14 del capítulo 16, que narra la aparición de Jesús resucitado a los Once mientras estaban a la mesa y el reproche por su incredulidad, el manuscrito intercala un diálogo breve que ningún otro testigo griego recoge. Los discípulos se excusan: el tiempo presente, dicen, es un siglo de iniquidad e incredulidad sometido a Satanás, que impide a los espíritus impuros comprender el poder de Dios, y piden por eso a Cristo que manifieste ya su justicia. Cristo responde que ha terminado el plazo de años del poder de Satanás, aunque otras pruebas terribles están próximas, y que él fue entregado a la muerte por los pecadores para que regresaran a la verdad, dejaran de pecar y heredaran la gloria espiritual e incorruptible de la justicia que está en el cielo.1

El testimonio de Jerónimo

San Jerónimo conocía el pasaje. En su Diálogo contra los pelagianos, redactado hacia el año 415, refiere que en algunos ejemplares, sobre todo griegos, aparecía al final de Marcos, después del versículo 14, la queja de los discípulos, y cita en latín sus palabras sobre el siglo de iniquidad e incredulidad. Hasta la aparición del códice de Freer, el fragmento de Jerónimo era el único rastro de esta adición; el manuscrito de Washington aportó por primera vez el texto griego completo y confirmó que el santo doctor hablaba de una lectura real, circulante en Oriente.9

Valoración

Los estudiosos coinciden en que el Logion no pertenece al texto original de Marcos. Ningún otro manuscrito griego lo recoge y su lenguaje, de tono apocalíptico y con una visión dramática del poder de Satanás en el mundo, difiere del estilo de Marcos. Probablemente nació como una glosa piadosa que pretendía suavizar el reproche del versículo 14 y explicar la incredulidad de los apóstoles. La Iglesia no lo incluye en el canon de las Escrituras ni lo emplea en la liturgia.10

El final largo de Marcos en el códice

El Codex Freerianus transmite el final largo de Marcos (16,9-20), que muchos manuscritos importantes omiten y que otros sustituyen por conclusiones breves. Su testimonio, escrito en el siglo V, prueba que ese pasaje circulaba en Egipto con plena aceptación cuando se copió el volumen.

La Iglesia católica recibe este final como parte de la Escritura inspirada. El concilio de Trento declaró sagrados y canónicos los libros con todas sus partes, tal como la Iglesia acostumbraba leerlos y como figuraban en la antigua edición latina Vulgata, y la liturgia romana proclama Marcos 16,15-20 en la solemnidad de la Ascensión del Señor del ciclo B y en la fiesta de san Marcos evangelista. La presencia del Logion en el mismo códice no altera esa valoración: la inspiración reconocida por la Iglesia alcanza al texto transmitido por la tradición apostólica y eclesial, no a cada glosa que un copista añadió a un manuscrito concreto.11,12

Importancia para la Iglesia

La crítica textual al servicio de la Palabra

Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu (1943), alentó a los exegetas católicos a servirse de la crítica textual para acercarse al texto original de los libros sagrados y valoró expresamente el estudio de los manuscritos antiguos. El Concilio Vaticano II pidió que los fieles tengan amplio acceso a la Sagrada Escritura y que las traducciones se hagan a partir de los textos originales de los libros sagrados. La Pontificia Comisión Bíblica recuerda, por su parte, que el estudio de los testimonios textuales constituye el primer paso de todo trabajo exegético serio.13,14,15

El Codex Freerianus encarna bien esa tarea. Sus variantes, incluido el mosaico de tradiciones que contiene, no ponen en cuestión ninguna verdad de fe, porque la inmensa mayoría afecta a detalles de redacción, y las lecturas que sí influyen en el sentido los críticos las resuelven mediante la comparación con los demás testigos. La crítica textual, lejos de debilitar la autoridad de la Escritura, la confirma: cuantos más manuscritos antiguos estudian y cotejan los críticos, más sólido resulta el texto que la Iglesia proclama.

Un testimonio de la Iglesia antigua

El códice ofrece, además, una imagen concreta de la Iglesia egipcia de los siglos IV y V. Cada hoja de pergamino supuso el trabajo paciente de un copista que reproducía el Evangelio para una comunidad, y la reunión de lecturas de tradiciones diversas muestra que los cristianos de la época se preocupaban por contar con un texto completo y autorizado. Las cubiertas pintadas, añadidas siglos después, atestiguan la veneración que los monjes y los fieles seguían profesando al libro de los evangelios.

Valor del Codex Freerianus

El Codex Freerianus reúne en un solo volumen la historia de la transmisión de los evangelios en Oriente: una copia antigua, un texto compuesto con ayuda de varios ejemplares, un suplemento medieval, unas cubiertas que honran la Palabra y un pasaje, el Logion de Freer, que la Iglesia no recibe como Escritura pero que ilumina la piedad y las inquietudes de los primeros siglos. Para los católicos, su interés no se agota en la erudición: permite contemplar cómo la Iglesia de los primeros siglos custodió, copió y veneró el Evangelio que hoy sigue proclamando en la liturgia.

Citas y referencias

  1. Henry A. Sanders. The New Testament Manuscripts in the Freer Collection, Parte I: The Washington Manuscript of the Four Gospels, Nueva York, Macmillan, 1912 (University of Michigan Studies, Humanistic Series, IX). 2 3 4 5
  2. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testamentes, Leipzig, J. C. Hinrichs, 1900-1909; y Kurt Aland. Kurzgefasste Liste der griechischen Handschriften des Neuen Testaments, Berlín, De Gruyter, 2.ª ed., 1994.
  3. Freer Purchases Ancient Biblical Manuscripts. Smithsonian Institution Archives, 19 de diciembre de 1906; Right cover of The Washington Manuscript of the Gospels, Freer Gallery of Art, n.º F1906.298. 2 3 4
  4. Henry A. Sanders. Facsimile of the Washington Manuscript of the Four Gospels in the Freer Collection, Ann Arbor, University of Michigan, 1912.
  5. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments, Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft, 1982.
  6. Burnett Hillman Streeter. The Four Gospels: A Study of Origins, Londres, Macmillan, 1924. 2
  7. Larry W. Hurtado. Text-Critical Methodology and the Pre-Caesarean Text: Codex W in the Gospel of Mark, Grand Rapids, Eerdmans, 1981 (Studies and Documents, 43).
  8. Bruce M. Metzger y Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption, and Restoration, Oxford, Oxford University Press, 4.ª ed., 2005.
  9. Jerónimo de Estridón. Dialogus contra Pelagianos, II, 15 (hacia 415).
  10. Bruce M. Metzger. A Textual Commentary on the Greek New Testament, Stuttgart, Deutsche Bibelgesellschaft, 2.ª ed., 1994, comentario a Marcos 16,9-20.
  11. Concilio de Trento. Sesión IV, Decreto sobre los libros sagrados y las tradiciones que han de recibirse (8 de abril de 1546).
  12. Misal Romano. Solemnidad de la Ascensión del Señor, ciclo B (Mc 16,15-20); fiesta de san Marcos evangelista, 25 de abril.
  13. Pío XII. Carta encíclica Divino afflante Spiritu, 30 de septiembre de 1943, nn. 16-18.
  14. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 18 de noviembre de 1965, nn. 11 y 22.
  15. Pontificia Comisión Bíblica. La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1993, I.A.1.
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.67 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/cr9d9tpn2

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