El códice consiste en una serie de folios palimpsestos, donde el texto bíblico griego se encuentra debajo de una escritura posterior en latín. El texto inferior (scriptio inferior) preserva porciones fragmentarias de los Evangelios de Mateo y Lucas, escritos en mayúsculas bíblicas (unciales), con características paleográficas típicas de manuscritos orientales tardíos.
El uso del palimpsesto no es inusual en la Antigüedad tardía: la reutilización de pergaminos era común por su elevado costo y escasez. Esta práctica, aunque desafiante para los investigadores, ha permitido la conservación accidental de múltiples testimonios textuales tempranos.
La Iglesia siempre ha valorado la conservación y estudio de los textos sagrados con responsabilidad y rigor, tal como enseña el Concilio Vaticano II:
«La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras como venera también el Cuerpo de Cristo.»1
