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Codex Guelferbytanus B

El Codex Guelferbytanus B, llamado también Códice de Wolfenbüttel B o Codex Guelferbytano B, es un manuscrito uncial griego de los Evangelios, designado con la sigla Q o el número 026 en la numeración de Gregory-Aland y ε 4 en la de von Soden.1 Fechado paleográficamente en el siglo V, se conserva en la Herzog August Bibliothek de Wolfenbüttel (Alemania), bajo la signatura Weissenburg 64. Es un palimpsesto: el texto evangélico, hoy parcialmente ilegible, fue raspado en época posterior para reaprovechar el pergamino. A pesar de su estado fragmentario, el códice pertenece al inmenso conjunto de testigos manuscritos que, copiados y recopiados a lo largo de los siglos, han permitido a la Iglesia recibir y transmitir con fidelidad la Buena Nueva confiada por Cristo a los Apóstoles.

Codex Guelferbytanus B 00404
Ver información de la imagenfolio 194 verso del códice; palimpsesto. Codex Guelferbytanus B, 026 en la lista Gregory-Aland, autor desconocido, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Guelferbytanus B (Guelferbytano B)
CategoríaLibro
Otros nombres
  • Codex Guelferbytanus B
  • Códice de Wolfenbüttel B
DescripciónManuscrito uncial griego de los Evangelios del siglo V, conservado como palimpsesto
AutorCopistas antiguos
ContenidoFragmentos discontinuos del Evangelio según san Lucas y el Evangelio según san Juan
DescubridorFranz Anton Knittel
Escritos RelacionadosCodex Guelferbytanus A, Etimologías y cartas de san Isidoro de Sevilla
Fecha de DescubrimientoSiglo XVIII
Lugar
  • Herzog August Bibliothek, Wolfenbüttel (Alemania)
  • Wolfenbüttel
  • Alemania
Personas RelacionadasFranz Anton Knittel, Constantin von Tischendorf, Kurt y Barbara Aland, Frederick Henry Ambrose Scrivener
SiglaQ o 026 (Gregory-Aland); ε 4 (von Soden)
SignaturaWeissenburg 64
TipoManuscrito uncial griego de los Evangelios, Palimpsesto, Siglo V, Categoría V

Tabla de contenido

Nombre y filiación con Guelferbytanus A

El adjetivo latino Guelferbytanus deriva de Guelferbytum (también escrito Guelpherbytum), nombre latino tradicional de la ciudad de Wolfenbüttel. De ahí la forma hispanizada Guelferbytano, empleada junto a la latina en la designación corriente del manuscrito. El calificativo «B» lo distingue de su compañero de biblioteca, el Codex Guelferbytanus A (Gregory-Aland Pe o 024), con el que comparte origen, formato y un destino codicológico común, hasta el punto de que ambos textos griegos, hoy superpuestos por una misma obra latina, se citan conjuntamente como Codex Guelferbytanus 64 Weissenburgensis.2

Identificación y datos codicológicos

  • Designación: Q o 026 (Gregory-Aland); ε 4 (von Soden).1
  • Ubicación actual: Herzog August Bibliothek, Wolfenbüttel, signatura Weissenburg 64.3
  • Extensión: 13 folios de pergamino, de 26,5 por 21,5 centímetros.4
  • Disposición del texto: dos columnas por página, con 28 líneas por columna, en letras unciales de gran tamaño.4

El escaso número de folios conservados basta para situar el manuscrito entre los testigos unciales antiguos del texto evangélico griego, aunque su carácter fragmentario impide reconstruir a partir de él la totalidad de ningún Evangelio.

Datación

Los criterios paleográficos -la forma de las letras y la disposición de la escritura- sitúan la copia del texto griego en el siglo V.2 Su historia posterior queda unida por completo a la del Codex Guelferbytanus A: ambos manuscritos fueron reutilizados como soporte de un mismo volumen latino y ambos acabaron custodiados en la misma biblioteca alemana.

El palimpsesto: un texto sagrado bajo un texto profano

Qué es un palimpsesto

Un palimpsesto es un manuscrito cuyo pergamino fue raspado y vuelto a escribir, de modo que bajo el texto visible subsiste, más o menos borrado, un texto anterior. La escasez y el precio del pergamino en la Antigüedad tardía y en la Alta Edad Media explican esta práctica, que con frecuencia ocultó copias muy antiguas de la Sagrada Escritura bajo escritos de otra naturaleza.

El texto latino superpuesto

En el Codex Guelferbytanus B, el texto griego de los Evangelios fue cubierto por una copia latina de las Etimologías y de cartas de san Isidoro de Sevilla, exactamente como ocurrió con el Codex Guelferbytanus A.2 Gracias a los trabajos de restitución del texto inferior, emprendidos ya en el siglo XVIII, ha sido posible recuperar buena parte de la lectura evangélica primitiva, aunque numerosos versículos siguen siendo ilegibles.2

Contenido evangélico conservado

El texto griego legible corresponde a fragmentos discontinuos de dos Evangelios.

Evangelio según san Lucas

  • Lucas 4,34-5,4.
  • Lucas 6,10-26.
  • Lucas 12,6-43.
  • Lucas 15,14-31.
  • Lucas 17,34-18,15.
  • Lucas 18,34-19,11.
  • Lucas 19,47-20,17.
  • Lucas 20,34-21,8.
  • Lucas 22,27-46.
  • Lucas 23,30-49.4

Evangelio según san Juan

  • Juan 12,3-20.
  • Juan 14,3-22.4

La disposición discontinua de estos pasajes es propia de los códices palimpsestos, en los que solo se conservan aquellos folios que, por azar de la encuadernación posterior, escaparon a una pérdida total.

Rasgos paleográficos y aparato textual

El copista empleó formas de letra ya comprimidas -Θ, Ε, Ο, Σ-, que se apartan de los modelos unciales más antiguos y ayudan a fechar el manuscrito.4 El texto se divide conforme a las secciones amonianas, cuyos números figuran al margen, pero sin las referencias a los cánones eusebianos que normalmente las acompañan; se ha propuesto que estas últimas se escribieron en tinta roja, hoy desaparecida a causa del raspado.4

Los nomina sacra-los nombres sagrados como «Dios», «Señor» o «Jesús»- se transcriben abreviados, según la costumbre general de los manuscritos bíblicos griegos.4 Se documenta también el uso de la ny eufónica o ephelkystikon, como en τηρησεν de Juan 12,7.4

El texto griego: filiación y crítica textual

Un testigo bizantino con lecturas alejandrinas

El texto griego del Codex Guelferbytanus B pertenece, en su mayor parte, al tipo textual bizantino, la forma de texto más difundida en el mundo griego medieval. Aproximadamente una quinta parte de sus lecturas, sin embargo, se aparta de ese tipo y coincide con testigos de tradición alejandrina más tardíos, como el Códice Regio (L), el minúsculo 33 y el minúsculo 579.2 Kurt y Barbara Aland precisaron esta filiación mixta: el códice concuerda cinco veces con el texto bizantino frente al texto original, no respalda ni una sola vez el texto original frente al bizantino, coincide con ambos en cinco lugares y ofrece dos lecturas propias o independientes.2

Clasificación en la Categoría V

Conforme al sistema de categorías establecido por Kurt y Barbara Aland para valorar críticamente los manuscritos del Nuevo Testamento, el Codex Guelferbytanus B fue situado en la Categoría V, reservada a los testigos de texto predominantemente bizantino y de escasa relevancia para la reconstrucción del texto más antiguo.2 Según el método de perfiles de Claremont, el texto de Lucas 20 presenta en este códice una fisonomía mixta.2

El erudito Frederick Henry Ambrose Scrivener cotejó además el manuscrito con los dos grandes unciales del Alejandrino (A) y el Vaticano (B): el Codex Guelferbytanus B concuerda con ambos a la vez en cincuenta lugares, se inclina por el Vaticano frente al Alejandrino en treinta y ocho y por el Alejandrino frente al Vaticano en setenta y cinco.5

Variantes textuales representativas

Entre las lecturas propias registradas en el Evangelio de san Juan figuran las siguientes:

  • Juan 12,5: πτωχοις en lugar de τοις πτωχοις.
  • Juan 12,6: omite ειπεν δε τουτο ουχ οτι.
  • Juan 12,6: εβαωζεν en lugar de εβασταζεν.
  • Juan 12,7: τηρησεν en lugar de τηρηση.
  • Juan 12,9: εγνω ουν οχλος πολυς en lugar de εγνω ουν ο οχλος πολυς.
  • Juan 12,12: omite el artículo ο.
  • Juan 12,13: añade λεγοντες.
  • Juan 12,16: οι μαθηται αυτου en lugar de αυτου οι μαθηται.
  • Juan 12,19: ειπον en lugar de ειπαν.
  • Juan 12,19: ο κοσμος ολος en lugar de ο κοσμος.3

Este tipo de variantes, mínimas en su mayoría, ilustra el trabajo paciente que exige la crítica textual del Nuevo Testamento: cotejar palabra por palabra centenares de testigos para restituir, con la mayor probabilidad posible, la forma original del texto sagrado.

Historia del manuscrito

El Codex Guelferbytanus B fue descubierto en el siglo XVIII por Franz Anton Knittel (1721-1792) en la Biblioteca Ducal de Wolfenbüttel, la misma institución que hoy conserva el manuscrito bajo el nombre de Herzog August Bibliothek.6 Constantin von Tischendorf examinó, cotejó y editó posteriormente el texto griego, publicándolo en el tercer volumen de sus Monumenta sacra inedita.7 Su historia queda así estrechamente vinculada a la del Codex Guelferbytanus A, con el que comparte biblioteca, palimpsesto y destino editorial.2

Valor eclesial y doctrinal del testimonio manuscrito

La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera el Cuerpo mismo del Señor, y no cesa de presentar a los fieles el pan de la Palabra de Dios en la mesa de su enseñanza.8 Esta veneración explica por qué un fragmento tan modesto como el Codex Guelferbytanus B -trece folios, dos Evangelios incompletos, un texto en buena parte bizantino y de valor crítico limitado- merece, sin embargo, la atención paciente de generaciones de estudiosos: cada testigo manuscrito, por humilde que sea su aportación, forma parte de la cadena material por la que el texto de los Evangelios ha llegado hasta nosotros.

El concilio Vaticano II enseñó que la Santa Madre Iglesia ha sostenido y sostiene con firmeza que los cuatro Evangelios transmiten fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de los hombres, hasta el día de su ascensión.9 La labor de la crítica textual no contradice esa fidelidad, sino que la sirve: como enseñó Pío XII, el exegeta católico debe explicar el texto original, escrito por el autor inspirado, con más autoridad y peso que cualquier traducción, antigua o moderna, recurriendo para ello a la crítica literaria del propio texto.10 La finalidad de esta disciplina consiste precisamente en restituir el texto sagrado lo más perfectamente posible, purificándolo de las corrupciones introducidas por el descuido de los copistas a lo largo de los siglos.10

Manuscritos como el Codex Guelferbytanus B, pese a su condición fragmentaria y a su modesta categoría crítica, se integran así en ese vasto esfuerzo de conservación textual que la Iglesia, lejos de temer, ha alentado y sostenido desde antiguo.

Conclusión

El Codex Guelferbytanus B representa, en su brevedad, un testimonio elocuente de la historia material del texto evangélico: un pergamino raspado y reescrito, recuperado siglos después gracias a la erudición de estudiosos como Knittel y Tischendorf, y hoy custodiado en Wolfenbüttel junto a su compañero, el Codex Guelferbytanus A. Su valor no reside en la novedad de sus lecturas, en su mayoría bizantinas, sino en su condición de eslabón más de la larga cadena de copias por la que la Iglesia ha recibido, guardado y transmitido, folio a folio, la Palabra que da la vida eterna.

Citas y referencias

  1. Gregory, Caspar René. Die griechischen Handschriften des Neuen Testaments, 34 (1908). 2
  2. Aland, Kurt y Aland, Barbara. The Text of the New Testament, 113 (1995). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Instituto para la Investigación Textual del Nuevo Testamento (Münster). Liste Handschriften, 026 (2013). 2
  4. Gregory, Caspar René. Textkritik des Neuen Testaments, 63 (1900). 2 3 4 5 6 7 8
  5. Scrivener, Frederick Henry Ambrose. A Plain Introduction to the Criticism of the New Testament, 144 (1894).
  6. Scrivener, Frederick Henry Ambrose. A Plain Introduction to the Criticism of the New Testament, 143 (1894).
  7. Tischendorf, Constantin von. Monumenta sacra inedita III, 263 (1860).
  8. Catecismo de la Iglesia Católica, 103 (1992).
  9. Concilio Vaticano II. Dei Verbum, 19 (1965).
  10. Pío XII. Divino Afflante Spiritu, 17 (1943). 2
Modificado el 29 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.38 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/6rs2vtm18

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