El códice está escrito sobre pergamino, en uncial griego de trazo redondeado, característica habitual de los manuscritos bizantinos tardíos. Consta de más de 300 folios, dispuestos en una columna por página, con unas 25 líneas por columna.
Incluye secciones litúrgicas, cánones de Eusebio, numeración de perícopas y múltiples anotaciones marginales, que reflejan el uso eclesial del texto. El tesoro que representan manuscritos como éste se comprende en la luz del amor constante con el que la Iglesia ha recibido y custodiado las Escrituras: «La Iglesia siempre ha venerado la divina Escritura como lo ha hecho con el mismo Cuerpo del Señor»1.

