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Codex Koridethi

El Codex Koridethi, designado con la letra griega Θ (theta) y con el número 038 en el catálogo de Gregory-Aland, es un manuscrito uncial en pergamino que contiene los cuatro Evangelios en lengua griega. Copiado en el siglo IX en un ambiente cristiano oriental, permaneció durante siglos en iglesias y monasterios del Cáucaso, y hoy lo custodia el Centro Nacional de Manuscritos de Georgia, en Tiflis. Su fama procede de su texto de san Marcos, que los estudiosos consideran el representante más importante del llamado texto cesariense, una forma textual vinculada a la ciudad de Cesarea de Palestina, a Orígenes y a Eusebio. El códice ofrece además un testimonio valioso de la transmisión del Evangelio en las Iglesias del Oriente cristiano.

Codex Coridethianus Mk 6 19-21
Ver información de la imagenCódice Coridethi, página de Mc 6,19-21, c. 1913. Tomado de "Die Koridethi-Evangeliën", Gustav Beermann y Caspar René Gregory, Leipzig: Hinrichs, 1913 (recopilado de en-wiki), autor desconocido, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Koridethi
CategoríaLibro
Nombre Completo
  • Die Koridethi-Evangelien Θ 038
  • Códice Coridethiano
DescripciónManuscrito uncial en pergamino que contiene los cuatro Evangelios en lengua griega
AutorEscriba de lengua materna distinta del griego
ContenidoLos cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan)
Eventos RelacionadosConcilio de Trento, Concilio Vaticano II
ImportanciaRepresentante principal del llamado texto cesariense en el Evangelio de Marcos y testimonio de la transmisión del Evangelio en las Iglesias del Oriente cristiano.
Lugar
  • Centro Nacional de Manuscritos de Georgia, en Tiflis
  • Tiflis
  • Georgia
  • Koridethi, Kala, Cesarea de Palestina, Tiflis
Lugar de OrigenEntorno de Martirópolis, Oriente cristiano
Personas RelacionadasGustav Beermann, Caspar René Gregory, Kirsopp Lake, Robert P. Blake, Burnett Hillman Streeter, Kurt Aland, Barbara Aland, Hermann von Soden
TipoLibro, Manuscrito uncial en pergamino, Evangelios, Siglo IX

Tabla de contenido

Nombre y denominaciones

El manuscrito recibe el nombre de Koridethi por la localidad georgiana de Koridethi, situada cerca de la costa oriental del mar Negro, donde el libro residió durante varios siglos. La forma latinizada Codex Coridethianus aparece con frecuencia en la literatura científica anterior, y en español también se habla del Códice Coridethiano.1

Los catálogos lo identifican con varias designaciones equivalentes:

  • Θ o 038, en el sistema de Gregory-Aland, que es el de uso general.
  • Ε 050, en el sistema de Hermann von Soden.
  • Gr. 28, signatura que lleva en el Centro Nacional de Manuscritos de Georgia, en Tiflis.2

Descripción material

Soporte y composición

El códice consta de 249 folios de pergamino de unos 29 × 24 centímetros. El texto va dispuesto en dos columnas por página, con unas veinticinco líneas por columna. El volumen se formó con unos treinta y dos cuadernos, en su mayor parte cuaterniones, con irregularidades a partir del cuaderno decimocuarto. Del primer cuaderno solo sobrevive un folio doble.2

Escritura y copista

La escritura es una uncial tosca y poco elegante, trazada con tinta de color marrón oscuro. El copista colocó acentos con regularidad, pero apenas marcó los espíritus. Los paleógrafos coinciden en datar el manuscrito en el siglo IX.1,3

El copista conocía muy poco el griego, o quizá no lo conocía en absoluto. Dibujó las letras con una fidelidad mecánica y cometió errores que un hablante nativo no habría cometido: confundió sonidos, alteró palabras y dejó faltas que solo se explican por la ignorancia de la lengua. Todo apunta a un escriba de lengua materna distinta del griego, que trabajó en un ambiente donde el griego litúrgico seguía vivo, pero ya no se dominaba. Este rasgo importa para la crítica textual, porque un copista que reproduce sin comprender corrige poco y, por tanto, tiende a conservar la forma del modelo que tenía delante.1

Contenido y lagunas

El códice transmite los cuatro Evangelios en el orden habitual: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Cada Evangelio va precedido de su lista de capítulos (kephalaia). El manuscrito está incompleto al comienzo: faltan los primeros versículos de Mateo y varios pasajes de sus capítulos 1 a 5, de modo que el texto continuo de ese Evangelio solo arranca hacia el comienzo del capítulo quinto. El resto de la obra llega casi íntegro hasta nuestros días.2

El códice no contiene la perícopa de la adúltera (Jn 7,53-8,11), y sí incluye el final largo de Marcos (Mc 16,9-20).3

Elementos de organización del texto

El manuscrito incorpora las secciones amonianas, aunque no siempre los cánones eusebianos que las acompañan. También lleva señales de lectura litúrgica, con las marcas de comienzo (arché) y de fin (télos) de cada lectura, e indica en el margen los pasajes del Antiguo Testamento. Tras el Evangelio de Juan, el copista añadió una breve anotación final.2,3

Historia del códice

Origen

Las notas añadidas al manuscrito en griego y en georgiano permiten reconstruir su recorrido. Los estudiosos sitúan su origen en el Oriente cristiano, en el entorno de Martirópolis, en el siglo IX. Una inscripción griega menciona Tefrice, plaza fuerte de la frontera oriental del Imperio bizantino que acabó destruida. Gustav Beermann dedujo de esa mención que el códice es anterior a la ruina de la ciudad.1,2

Koridethi y Kala

Hacia el año 965, el códice estaba en la iglesia de los santos Quirico y Julita de Koridethi, y allí permaneció hasta alrededor del año 1300. Algunas notas de esa época dan cuenta de una reencuadernación. Después pasó a Kala, en la región montañosa de Svaneti, y permaneció en ese lugar hasta 1869.1,2

Quirico y Julita son los dos mártires de Tarso que la tradición cristiana venera desde la Antigüedad. La advocación de la iglesia muestra que el libro vivió en un entorno plenamente cristiano, enraizado en el culto a los mártires y en la liturgia de las Iglesias del Cáucaso.

Hallazgo y llegada a Tiflis

En 1853, un hombre llamado Bartolomé localizó el manuscrito en el monasterio abandonado de Kala, una pequeña aldea de las montañas del Cáucaso próxima a la frontera entre Georgia y Rusia. En 1869, el códice dejó Kala y llegó a Tiflis, donde quedó integrado en las colecciones que más tarde pasaron al actual Centro Nacional de Manuscritos de Georgia.1

Edición y estudio

La primera edición completa corrió a cargo de Gustav Beermann y Caspar René Gregory, quienes publicaron en 1913 Die Koridethi-Evangelien Θ 038. Esa edición sigue siendo la referencia básica para el estudio del manuscrito.1

El texto atrajo pronto la atención de la crítica. Kirsopp Lake y Robert P. Blake publicaron en 1923 un estudio decisivo sobre su texto, y Burnett Hillman Streeter lo convirtió en 1924 en la pieza central de su teoría sobre el texto cesariense.4,5

El texto del códice

Mateo, Lucas y Juan

En los Evangelios de Mateo, Lucas y Juan, el texto de Θ se acerca en conjunto a la tradición bizantina, la más extendida en los manuscritos griegos medievales. En Mateo aparecen además lecturas de procedencia más antigua, que lo emparentan con testigos de tipo alejandrino. En Juan, los estudios recientes lo sitúan en el límite de la tradición bizantina.3,6

Marcos

El Evangelio de Marcos presenta un panorama distinto. Los cinco primeros capítulos son de carácter bizantino, pero a partir de Mc 5,31, aproximadamente, el texto cambia de naturaleza y coincide con el que los estudiosos llaman cesariense. En esa parte del Evangelio, el Codex Koridethi destaca como el representante principal del tipo textual.4,6

Clasificación

Los especialistas han clasificado el manuscrito de varias maneras:

  • Kurt y Barbara Aland lo incluyen en la Categoría II, la de los manuscritos que conservan una proporción notable de texto antiguo, pero muestran influencias ajenas, como las lecturas más suaves y la infiltración bizantina.
  • Hermann von Soden lo incorporó al grupo Iα de su recensión «I», junto con el Codex Bezae y otros manuscritos, y lo describió como un paralelo muy valioso del códice de Beza.3,6

El texto cesariense

La hipótesis de Streeter

Burnett Hillman Streeter observó que un grupo de manuscritos comparte en el Evangelio de Marcos un conjunto de lecturas que coinciden con los textos de Orígenes en sus obras compuestas en Cesarea, y con las de Eusebio de Cesarea. Streeter reunió en torno a Θ la familia 1, la familia 13 y los manuscritos minúsculos 28, 565 y 700, y los designó primero como «familia Θ».5

Lake, Blake y Silva New desarrollaron la propuesta en un amplio estudio sobre Marcos, y designaron la forma textual como texto cesariense, con Θ como testigo principal.7

Origen y difusión

Según Streeter, esta forma textual nació en Egipto y llegó a Cesarea de Palestina con Orígenes, que se estableció en esa ciudad hacia el año 231. En la rica biblioteca cesariense, ese texto habría influido en los copistas de la región y desde allí habría llegado al Oriente cristiano, de ahí que los vestigios de este tipo aparezcan en las antiguas versiones armenia y georgiana. Esta circunstancia explica el interés particular de un códice griego conservado precisamente en Georgia.5

Balance de la investigación

La tesis de un tipo cesariense unitario ha perdido gran parte de su fuerza. Kurt y Barbara Aland pusieron en duda que los testigos reunidos bajo ese nombre formen un tipo textual compacto, y los trabajos posteriores sobre la familia 13, como los de Didier Lafleur, han mostrado una realidad más matizada.6,8

Sin embargo, Θ conserva su condición de testigo importante. Aunque la etiqueta de «cesariense» ya no goce de aceptación general, la afinidad real que existe entre Θ, la familia 1, la familia 13 y los manuscritos 28, 565 y 700 en el Evangelio de Marcos sigue siendo una realidad reconocida, y el códice continúa siendo el principal punto de referencia de ese grupo.

Lecturas notables

Algunas lecturas de Θ han despertado particular interés:

  • En Mc 1,1, el manuscrito omite las palabras «Hijo de Dios», con otros testigos de calidad, entre ellos el Codex Sinaiticus en su primera mano. La omisión no altera la cristología de Marcos, que confiesa la filiación divina de Jesús en el bautismo, en la transfiguración y en la voz del centurión al pie de la cruz (Mc 1,11; 9,7; 15,39).
  • En Mt 27,16-17, Θ lee «Jesús Barrabás», con otros testigos antiguos. Orígenes conocía esa lectura en algunos ejemplares y reflexionó sobre ella, lo que prueba que ya circulaba en el siglo III.9
  • En Mc 16,9-20, ofrece el final largo, que la Iglesia recibe como inspirado y canónico.
  • En Jn 7,53-8,11, no contiene la perícopa de la adúltera, igual que otros manuscritos antiguos de importancia, pese a que la Iglesia la reconoce como parte de la Escritura inspirada.3,10

Valor para la Iglesia

La crítica textual y la fe de la Iglesia

La Iglesia ha reconocido el valor de los manuscritos antiguos y de la crítica textual que los estudia. Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu, recordó que el exegeta debe volver a los textos originales y que la crítica textual, aplicada con rigor, sirve para restituir el texto sagrado con la mayor fidelidad posible y para corregir los errores de los copistas. El mismo Papa pidió que se prepararan ediciones críticas de los libros sagrados.11

El Concilio Vaticano II confirmó esta orientación en la constitución Dei Verbum, donde pide que las traducciones de la Escritura se hagan a partir de los textos originales. Ese trabajo exige un conocimiento exacto de los testimonios manuscritos, y códices como el Koridethi, con sus lecturas propias y su afinidad con grupos antiguos, forman parte del material que permite alcanzarlo.12

Las variantes de los manuscritos no ponen en peligro la fe. León XIII ya había advertido que no cabe atribuir error al autor sagrado cuando los copistas introducen inexactitudes al transcribir los códices. La inmensa mayoría de las variantes afecta a la ortografía, al orden de las palabras o a detalles menores, y ninguna compromete una verdad de fe.13

El canon y los pasajes discutidos

El Concilio de Trento declaró sagrados y canónicos los libros de la Escritura «con todas sus partes», tal como la Iglesia los ha leído y los contiene la antigua edición latina Vulgata. Por esa razón, la ausencia de un pasaje en un manuscrito determinado, como la perícopa de la adúltera en Θ, no disminuye su autoridad. La Iglesia valora el testimonio de los códices, pero reconoce el canon a partir de su Tradición viva.10

Un testimonio del cristianismo caucásico

El Codex Koridethi muestra también la vitalidad de las Iglesias del Cáucaso. Copiado por una mano poco versada en griego, conservado en una iglesia dedicada a dos mártires, anotado en griego y en georgiano y custodiado durante siglos en monasterios de montaña, el manuscrito ilustra el esfuerzo de comunidades cristianas lejanas por guardar, leer y transmitir los Evangelios en medio de circunstancias difíciles. Su historia atestigua la universalidad de la Palabra de Dios y la fidelidad con que generaciones de cristianos la han recibido y entregado.

Conservación y lugar actual

El Centro Nacional de Manuscritos de Georgia, en Tiflis, custodia el códice con la signatura Gr. 28. La institución, antes vinculada al Instituto Kekelidze de la Academia de Ciencias de Georgia, conserva entre sus fondos uno de los mayores tesoros de la tradición manuscrita cristiana del Cáucaso.2

Importancia del códice

El Codex Koridethi reúne tres cualidades que le dan un puesto singular entre los manuscritos de los Evangelios. Es un testigo antiguo de una forma textual vinculada a Cesarea de Palestina, a Orígenes y a Eusebio. Ofrece lecturas propias que ayudan a reconstruir la historia de la transmisión de Marcos. Y encarna la vida de las comunidades cristianas del Oriente que conservaron la Escritura durante siglos.

Para la Iglesia, el valor del códice no se limita al interés erudito. Cada manuscrito antiguo contribuye a que el texto de los Evangelios llegue a los fieles con la mayor fidelidad posible, y la ciencia que lo estudia, practicada con rigor y con espíritu de fe, está al servicio de la Palabra que la Iglesia proclama.

Citas y referencias

  1. Gustav Beermann y Caspar René Gregory. Die Koridethi-Evangelien Θ 038. Leipzig: J. C. Hinrichs, 1913. 2 3 4 5 6 7
  2. Pinakes. Textes et manuscrits grecs. Notificación del manuscrito Θ.038, Tiflis, Centro Nacional de Manuscritos, Gr. 28 (Diktyon 63022). 2 3 4 5 6 7
  3. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 1982, Handschriften der Kategorie II. 2 3 4 5 6
  4. Kirsopp Lake y Robert P. Blake. The Text of the Gospels and the Koridethi Codex. Harvard Theological Review 16 (1923). 2
  5. Burnett Hillman Streeter. The Four Gospels. Londres: Macmillan, 1924, El texto cesariense. 2 3
  6. Bruce M. Metzger y Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament. Nueva York: Oxford University Press, 2005, Códices unciales. 2 3 4
  7. Kirsopp Lake, Robert P. Blake y Silva New. The Caesarean Text of the Gospel of Mark. Harvard Theological Review 21 (1928).
  8. Didier Lafleur. La famille 13 dans l’évangile de Marc. Leiden: Brill, 2013.
  9. Orígenes. Comentario al Evangelio de Mateo, serie 121, Mt 27,16-17 (siglo III).
  10. Concilio de Trento. Sesión IV, Decreto sobre las Escrituras canónicas, Canon de los libros sagrados (1546). 2
  11. Pío XII. Carta encíclica Divino afflante Spiritu, nn. 12-13 (1943).
  12. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, n. 22 (1965).
  13. León XIII. Carta encíclica Providentissimus Deus (1893), citada en Pío XII, Divino afflante Spiritu, n. 3 (1943).
Modificado el 8 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.81 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/2cf029mgk

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