Soporte y composición
El códice consta de 249 folios de pergamino de unos 29 × 24 centímetros. El texto va dispuesto en dos columnas por página, con unas veinticinco líneas por columna. El volumen se formó con unos treinta y dos cuadernos, en su mayor parte cuaterniones, con irregularidades a partir del cuaderno decimocuarto. Del primer cuaderno solo sobrevive un folio doble.
Escritura y copista
La escritura es una uncial tosca y poco elegante, trazada con tinta de color marrón oscuro. El copista colocó acentos con regularidad, pero apenas marcó los espíritus. Los paleógrafos coinciden en datar el manuscrito en el siglo IX.,
El copista conocía muy poco el griego, o quizá no lo conocía en absoluto. Dibujó las letras con una fidelidad mecánica y cometió errores que un hablante nativo no habría cometido: confundió sonidos, alteró palabras y dejó faltas que solo se explican por la ignorancia de la lengua. Todo apunta a un escriba de lengua materna distinta del griego, que trabajó en un ambiente donde el griego litúrgico seguía vivo, pero ya no se dominaba. Este rasgo importa para la crítica textual, porque un copista que reproduce sin comprender corrige poco y, por tanto, tiende a conservar la forma del modelo que tenía delante.
Contenido y lagunas
El códice transmite los cuatro Evangelios en el orden habitual: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Cada Evangelio va precedido de su lista de capítulos (kephalaia). El manuscrito está incompleto al comienzo: faltan los primeros versículos de Mateo y varios pasajes de sus capítulos 1 a 5, de modo que el texto continuo de ese Evangelio solo arranca hacia el comienzo del capítulo quinto. El resto de la obra llega casi íntegro hasta nuestros días.
El códice no contiene la perícopa de la adúltera (Jn 7,53-8,11), y sí incluye el final largo de Marcos (Mc 16,9-20).
Elementos de organización del texto
El manuscrito incorpora las secciones amonianas, aunque no siempre los cánones eusebianos que las acompañan. También lleva señales de lectura litúrgica, con las marcas de comienzo (arché) y de fin (télos) de cada lectura, e indica en el margen los pasajes del Antiguo Testamento. Tras el Evangelio de Juan, el copista añadió una breve anotación final.,