El Codex Mosquensis II se clasifica como un manuscrito uncial, es decir, escrito en mayúsculas griegas sin espacios entre palabras, típico de los códices bíblicos antiguos. Fue identificado y catalogado en el siglo XIX por eruditos como Constantin von Tischendorf, quien lo designó con la sigla K² para distinguirlo de otros manuscritos similares.1 Su datación en el siglo IX lo sitúa en un período de transición en la historia de la paleografía cristiana, cuando los scriptoria monásticos del Imperio Bizantino producían copias meticulosas de los textos sagrados para su uso litúrgico y estudio teológico.
Este códice mide aproximadamente dimensiones estándar para manuscritos de la época, aunque detalles precisos sobre su formato físico —como el número de folios o el tipo de pergamino— no se detallan exhaustivamente en las fuentes disponibles. Lo que sí se sabe es que su caligrafía es clara y representa el estilo minúsculo uncial tardío, con posibles iluminaciones o marcas de división textual que facilitaban la lectura en contextos eclesiales. En el marco de la tradición católica, este tipo de manuscritos subraya la continuidad de la transmisión de la Escritura, alineándose con el énfasis de la Iglesia en la fidelidad a los textos apostólicos.

