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Codex Mosquensis II

El Codex Mosquensis II es un manuscrito uncial griego de los cuatro Evangelios, fechado paleográficamente en el siglo IX y conservado hoy en el Museo Estatal de Historia de Moscú. Recibe la sigla V o 031 en la numeración de Gregory-Aland y ε 75 en la numeración de von Soden, y constituye uno de los testigos bizantinos del texto evangélico que la erudición cristiana ha cotejado, transmitido y custodiado a lo largo de los siglos. Para la Iglesia católica, manuscritos como este no son simples reliquias de anticuario: forman parte del testimonio material con que la providencia divina ha permitido que la Palabra escrita llegue, intacta, desde las manos de los Apóstoles hasta el momento presente.1

Uncial 031 Mt 1,10-18
Ver información de la imagenCódice Mosquensis II, manuscrito del Nuevo Testamento, V/031 (Gregory-Aland). Códice Mosquensis II, manuscrito del Nuevo Testamento, V/031 (Gregory-Aland), autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Mosquensis II
CategoríaLibro
DescripciónLos cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), Epistula ad Carpianum, cánones eusebianos, fragmento de la Cronología de Hipólito de Tebas y un sinaxario
Referencias113
Características220 folios de pergamino, 15,7 por 11,5 cm, formato octavo, columna única, 28 líneas por columna, letra uncial pequeña y cuidada
Clasificación de AlandCategoría V
ContenidoLos cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), Epistula ad Carpianum, cánones eusebianos, fragmento de la Cronología de Hipólito de Tebas y un sinaxario
Escritos RelacionadosCodex Mosquensis I, Codex Campianus
Fecha de RedacciónSiglo IX
Lugar
  • Museo Estatal de Historia de Moscú
  • Rusia
  • Moscú
Lugar de OrigenMonasterio de Vatopedi, monte Athos
Numeración de von Sodenε 75
Personas RelacionadasCaspar René Gregory, Hermann von Soden, Christian Frederick Matthaei, Arsenio, Nicón, Alejo I Mijáilovich Romanov, Eusebio de Cesarea, Hipólito de Tebas, Johann Jakob Griesbach, Johann Martin Augustin Scholz, Kurt Aland, Frederick Henry Ambrose Scrivener, Constantin von Tischendorf, Kurt Treu
Referencias en el Derecho CanónicoCan. 825
SiglaV o 031
SignaturaV. 9
TipoManuscrito uncial griego, Manuscrito de los cuatro Evangelios
Tipo TextualTipo textual bizantino (familia E)

Tabla de contenido

Identificación y datos codicológicos

Sigla y numeración

El nombre Mosquensis II distingue este códice de otro manuscrito conservado en el mismo depósito, el Codex Mosquensis I (Kap o 018), que transmite las epístolas católicas y paulinas. La sigla V y el número 031 proceden del sistema ideado por Caspar René Gregory, quien examinó personalmente el manuscrito en 1868 y le asignó esta numeración definitiva en 1908. Hermann von Soden, por su parte, lo cataloga como ε 75 dentro de su propio sistema de clasificación.

Descripción material

El códice consta de 220 folios de pergamino de 15,7 por 11,5 centímetros, dispuestos en cuadernillos de ocho hojas (formato octavo). El texto ocupa una sola columna por página, con veintiocho líneas por columna, escritas en letra uncial pequeña y cuidada. Contiene acentos tonales, aunque la puntuación resulta escasa. Según el testimonio del filólogo Christian Frederick Matthaei, la copia fue realizada por un escriba diligente que dispuso el texto en una suerte de estiquiometría o líneas de sentido.

Origen en el monte Athos y traslado a Moscú

El manuscrito perteneció originalmente al monasterio de Vatopedi, en el monte Athos, uno de los grandes centros monásticos donde generaciones de copistas dedicaron su vida a multiplicar y conservar los textos sagrados. Esta labor silenciosa y paciente se inscribe en la misma solicitud con que, desde los primeros siglos, la Iglesia ha recibido el tesoro de las Escrituras y lo ha custodiado con todo cuidado frente a cualquier interpretación falsa o pérdida material.2

En 1655, por sugerencia del patriarca Nicón, el monje Arsenio trasladó el códice a Moscú, durante el reinado de Alejo I Mijáilovich Romanov. Desde entonces permanece en suelo ruso, aunque su origen atestigua la vitalidad de los scriptoria del monte Athos como custodios de la tradición evangélica bizantina.

Contenido: los cuatro Evangelios

Extensión y lagunas

El Codex Mosquensis II transmite el texto de los cuatro Evangelios:

  • Mateo 1,1-5,43; 6,13-9,17; 10,2-22,33; 23,36-28,20.
  • Marcos 1,1-16,20, de forma completa.
  • Lucas 1,1-24,53, de forma completa.
  • Juan 1,1-21,9.

Presenta lagunas en Mateo 5,44-6,12; 9,18-10,1 y 22,44-23,35, así como en el tramo final de Juan (21,10 hasta el fin), pasajes que ya faltaban cuando Matthaei coleccionó el manuscrito en 1783.

Epístola a Carpiano y cánones eusebianos

El códice incluye la Epistula ad Carpianum, la carta en que Eusebio de Cesarea explica el sistema de secciones y cánones que ideó para poner en paralelo los cuatro relatos evangélicos, junto con las tablas de los cánones eusebianos correspondientes. Este aparato, heredado por buena parte de la tradición manuscrita griega y latina, sirvió durante siglos para mostrar la armonía profunda entre los cuatro testimonios evangélicos, a los que la Iglesia siempre ha reconocido una preeminencia especial como testigo principal de la vida y la doctrina del Verbo encarnado.3,4 En el Mosquensis II, las tablas de contenido (κεφάλαια) preceden a cada Evangelio, mientras que el cuerpo del texto se divide solo según las secciones amonianas, anotadas al margen con su referencia a los cánones eusebianos.

Otros elementos del manuscrito

El manuscrito conserva también un fragmento de la Cronología de Hipólito de Tebas y un sinaxario, es decir, un calendario con las fiestas y conmemoraciones de los santos según el uso litúrgico bizantino. La presencia de marcas de lectura confirma que el códice no se limitaba a la conservación erudita del texto, sino que estaba destinado al servicio litúrgico de la comunidad monástica, dentro de la cual la proclamación del Evangelio ocupa un lugar central.

Paleografía: la doble mano del códice

La escritura uncial del manuscrito se extiende hasta Juan 8,39, punto en el que el texto se interrumpe y es continuado, en diez folios de pergamino, por una mano minúscula del siglo XIII. Esta segunda mano fue catalogada de forma independiente por Johann Jakob Griesbach con el número 87, y por Johann Martin Augustin Scholz con el número 250. La convivencia de ambas escrituras dentro de un mismo volumen ilustra el modo en que las comunidades monásticas restauraban y completaban sus libros litúrgicos y bíblicos cuando el deterioro material lo exigía, antes que dejar interrumpida la lectura continua del Evangelio.

Crítica textual: tipo bizantino y familia E

El texto griego del Codex Mosquensis II es representativo del tipo textual bizantino, la forma de texto que predominó en el uso litúrgico del Oriente cristiano durante buena parte de la Edad Media. Kurt Aland lo situó en la Categoría V de su sistema de clasificación de manuscritos neotestamentarios, reservada a los testigos «de texto puramente o predominantemente bizantino». Según el método de perfiles de Claremont, el manuscrito pertenece a la familia textual E, y guarda cierta semejanza con el Codex Campianus (M). Carece del pasaje de Mateo 16,2b-3, conocido como «los signos de los tiempos», una de las variantes más estudiadas por la crítica textual neotestamentaria.

Este tipo de divergencias entre testigos manuscritos no debe alarmar al lector católico. La Iglesia ha reconocido siempre que la labor paciente de cotejar, corregir y purificar los códices -lo que se conoce técnicamente como crítica textual- constituye un servicio necesario y legítimo a la integridad del texto sagrado, orientado a restaurar la lectura original y no a poner en duda la verdad revelada que ese texto transmite.5

Estudio y transmisión erudita

El manuscrito fue cotejado por Christian Frederick Matthaei en 1779 y de nuevo en 1783; en esta segunda ocasión, el códice solo carecía ya de los pasajes de Mateo 22,44-23,35 y de Juan 21,10 hasta el final, lagunas que se produjeron por tanto en algún momento posterior. El biblista Frederick Henry Ambrose Scrivener lo consideró uno de los mejores manuscritos cotejados por Matthaei. Constantin von Tischendorf empleó esa misma colación para su edición del Novum Testamentum, mientras que Caspar René Gregory examinó personalmente el códice en 1868 antes de asignarle en 1908 la sigla definitiva V/031. Ya en el siglo XX, el filólogo Kurt Treu volvió a estudiarlo dentro de su catálogo de manuscritos griegos neotestamentarios conservados en la antigua URSS.

Esta cadena ininterrumpida de colaciones y estudios, sostenida durante más de dos siglos, forma parte de la tarea -honrosa, aunque no siempre fácil- que corresponde a quienes se dedican al estudio de la Biblia: procurar ediciones del texto sagrado fieles a la mayor reverencia posible hacia las Escrituras y al más exacto cumplimiento de las reglas de la crítica.6

Valor eclesial del testimonio manuscrito

Ningún manuscrito bíblico, por antiguo o bien conservado que sea, sustituye a la autoridad viva de la Iglesia en la interpretación de la Escritura. Sin embargo, la existencia de testigos como el Codex Mosquensis II recuerda que la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición brotan de una misma fuente divina y tienden hacia el mismo fin, de modo que el cuidado material del texto bíblico forma parte del cuidado más amplio con que la Iglesia custodia el depósito de la fe.7 El Catecismo recuerda además que la Escritura debe leerse e interpretarse siempre con el mismo Espíritu con que fue escrita, dentro de la Tradición viva de toda la Iglesia.8

Por eso, la disciplina eclesiástica actual sigue reservando a la autoridad competente la aprobación de las ediciones y traducciones de la Sagrada Escritura, exigiendo que se realicen a partir de los textos originales y con las anotaciones necesarias y suficientes.9 Códices como el Mosquensis II, al aportar un testimonio antiguo del texto griego de los Evangelios, se suman precisamente a ese conjunto de códices antiguos hallados y editados con esmero que tanto han ayudado a los intérpretes a penetrar más hondamente en los Evangelios.10

Ubicación actual

El Codex Mosquensis II se conserva en el Museo Estatal de Historia de Moscú, con la signatura V. 9, donde continúa a disposición de la investigación bíblica como testimonio material de la transmisión del texto evangélico en el mundo bizantino.

Citas y referencias

  1. Pío XII. Divino Afflante Spiritu, 1 (1943).
  2. Manuscritos de la Biblia. Enciclopedia Católica, Manuscritos de la Biblia (1913).
  3. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 18 (1965).
  4. Eusebio de Cesarea. Enciclopedia Católica, Eusebio de Cesarea (1913).
  5. Pío XII. Divino Afflante Spiritu, 17 (1943).
  6. Pío XII. Divino Afflante Spiritu, 19 (1943).
  7. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 9 (1965).
  8. Catecismo de la Iglesia Católica, 113 (1997).
  9. Can. 825. Código de Derecho Canónico, 825 (1983).
  10. Pío XII. Divino Afflante Spiritu, 12 (1943).
Modificado el 29 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.99 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/mfznst8vs

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