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Codex Nitriensis

El Codex Nitriensis, designado con la sigla R o 027 en el catálogo de los manuscritos unciales del Nuevo Testamento, es un códice griego de pergamino del siglo VI que transmite fragmentos del Evangelio según san Lucas. Los copistas siríacos lo rasparon varios siglos después para escribir encima un tratado teológico de Severo de Antioquía, de modo que hoy constituye un palimpsesto custodiado en la British Library de Londres con la signatura Add MS 17211. Procede del monasterio de Santa María Deípara, en el desierto de Nitria (Egipto), y los estudiosos del siglo XIX lo recuperaron gracias a las transcripciones de Tregelles y Tischendorf. Su texto ofrece una muestra temprana de la tradición bizantina con numerosas lecturas más antiguas, y su historia material refleja la vida de las comunidades monásticas que conservaron, copiaron y reutilizaron la Palabra de Dios durante siglos.

Codex Nitriensis, Luke 9,23
Ver información de la imagenfragmento del códice con texto de Lucas 9:23. Códice Nitriensis, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Nitriensis
CategoríaLibro
DescripciónCódice griego de pergamino del siglo VI que transmite fragmentos del Evangelio según san Lucas en forma de palimpsesto
AutorCopistas antiguos y copista siríaco Simeón
ContenidoFragmentos del Evangelio según san Lucas, tratado de Severo de Antioquía y fragmentos de los Elementos de Euclides.
Fecha de RedacciónSiglo VI
IdiomaGriego y siríaco
LugarBritish Library de Londres
Lugar de OrigenMonasterio de Santa María Deípara, desierto de Nitria, Egipto
Personas RelacionadasSevero de Antioquía, Tregelles, Tischendorf, Henry Tattam, William Cureton, William Wright, Caspar René Gregory, Johan Ludvig Heiberg
SiglaR o 027
SignaturaAdd MS 17211
TipoCódice griego de pergamino, Manuscrito uncial

Tabla de contenido

Denominación y signatura

El nombre del códice remite a su procedencia: el desierto de Nitria, región monástica del Bajo Egipto, al oeste del delta del Nilo. Los especialistas lo designan de varias maneras:

  • Codex Nitriensis, nombre tradicional por su lugar de origen.
  • R, sigla que le asignó la crítica textual del siglo XIX entre los unciales de los Evangelios.
  • 027, Número de la lista de Gregory-Aland, que ordena los manuscritos griegos del Nuevo Testamento.
  • Ε 22, referencia del sistema de von Soden.
  • Add MS 17211, signatura de la British Library.

No conviene confundirlo con otros códices llamados de forma parecida. El mismo hallazgo de Nitria proporcionó otros palimpsestos, entre ellos un manuscrito de la Ilíada que lleva la signatura Add MS 17210.

Descripción material

Soporte y formato

El códice utiliza pergamino y mide unos 29,5 × 23,5 centímetros. Los 48 folios que contienen el texto de Lucas forman la parte principal de un volumen de 53 hojas, que añade otros cinco folios procedentes de un segundo manuscrito.1 El texto griego original ocupaba dos columnas por página, una disposición habitual en muchos códices unciales de la Antigüedad tardía.

Escritura

El copista escribió con letra uncial (mayúscula redonda), sin acentos ni espíritus. La forma de las letras recuerda a la de otros códices unciales de la misma época, como el Petropolitanus Purpureus (022), el Guelferbytanus A (024) y el Tischendorfianus II (081). Los especialistas sitúan el manuscrito hacia el año 550.

Un palimpsesto de varias capas

La palabra palimpsesto designa un manuscrito cuyo texto original ha sido borrado, normalmente raspando o lavando el pergamino, para escribir otro encima. El pergamino costaba mucho, y los monasterios reaprovechaban con frecuencia códices antiguos que ya no leían o cuya lengua habían dejado de comprender. El Codex Nitriensis ofrece un ejemplo especialmente rico, porque su volumen conserva varias capas de escritura.

La capa superior: Severo de Antioquía

El texto visible procede de un copista siríaco de los siglos VIII-IX y reproduce el tratado de Severo de Antioquía Contra el impío Gramático. El colofón nombra al escriba: un recluso llamado Simeón, del convento de Mar Simeón de Kartamin, que copió la obra para Daniel, periodeuta (visitador eclesiástico) de la región de Amid, la actual Diyarbakır, en la Alta Mesopotamia.1

Severo (hacia 465-538) ocupó la sede patriarcal de Antioquía desde el año 512 hasta su exilio en 518. Rechazó la definición dogmática del concilio de Calcedonia (451), que proclamó que Cristo posee dos naturalezas, divina y humana, unidas sin confusión ni división en una sola Persona. Defendió, en cambio, la fórmula miafisita, la de una sola naturaleza encarnada del Verbo de Dios. El tratado contra el Gramático refuta a Juan de Cesarea, apologista de Calcedonia. La Iglesia católica mantiene la doctrina de Calcedonia como regla de la fe sobre el misterio de Cristo, y un sínodo de Constantinopla condenó a Severo en el año 536. Aun así, sus obras griegas desaparecieron en gran parte, y la traducción siríaca de sus escritos conserva hoy buena parte de su pensamiento, de manera que el texto superior del códice interesa también a los historiadores de las controversias cristológicas del siglo VI.

La capa inferior: el Evangelio de Lucas

Bajo las líneas siríacas permanece el texto griego del Evangelio según san Lucas, que el copista borró de forma incompleta. Los estudiosos del siglo XIX recuperaron el texto mediante una lectura paciente de cada folio. El Nitriensis no conserva el Evangelio completo, sino una selección de fragmentos que va desde el prólogo del tercer evangelista hasta el relato de la Pasión.

Los Elementos de Euclides

El mismo volumen contiene bajo la escritura siríaca restos de los libros X y XIII de los Elementos de Euclides, copiados en los siglos VII-VIII. Johan Ludvig Heiberg estudió este estrato matemático en 1885.2 La presencia de una obra de geometría griega bajo un tratado cristológico siríaco ilustra la variedad de los fondos que atesoraban los monasterios de Nitria.

El manuscrito hermano de la Ilíada

El palimpsesto Add MS 17210, que procede del mismo hallazgo, conserva bajo otro texto siríaco de Severo los libros XII a XXIV de la Ilíada de Homero, en una uncial griega del siglo VI. William Cureton publicó sus fragmentos en 1851. Los manuscritos de Nitria muestran así que los monjes sirios guardaban en sus bibliotecas tanto la literatura bíblica y patrística como los clásicos griegos.

Contenido del Evangelio de Lucas

El manuscrito transmite los siguientes pasajes del tercer evangelio:

  • Lc 1,1-13; 1,69-2,4; 2,16-27.
  • Lc 4,38-5,5; 5,25-6,8; 6,18-36; 6,39; 6,49-7,22.
  • Lc 7,44; 7,46-47; 7,50; 8,1-3; 8,5-15; 8,25-9,1; 9,12-43.
  • Lc 10,3-16; 11,5-27; 12,4-15; 12,40-52.
  • Lc 13,26-14,1; 14,12-15,1; 15,13-16,16.
  • Lc 17,21-18,10; 18,22-20,20; 20,33-47.
  • Lc 21,12-22,6; 22,8-15; 22,42-56; 22,71-23,11; 23,38-51.

El códice contiene, por tanto, el prólogo de Lucas (Lc 1,1-4), en el que el evangelista declara haber investigado «todo con exactitud desde el principio» para escribir «un relato ordenado», y varias páginas de gran densidad espiritual: las bienaventuranzas y el sermón de la llanura (Lc 6), la parábola del hijo pródigo (Lc 15,13-32), la enseñanza sobre la venida del Reino (Lc 17) y partes sustanciales de la Pasión (Lc 22-23).

Procedencia e historia

El monasterio de Santa María Deípara

El códice llegó a Londres desde el monasterio de Santa María Deípara (Deir al-Suryani, «monasterio de los sirios»), en el uadi Natrún, el antiguo desierto de Nitria. Esta comunidad, vinculada a los cristianos siríacos, reunió a lo largo de los siglos una biblioteca extraordinaria de manuscritos siríacos, griegos, coptos y árabes. El desierto de Nitria había sido, desde el siglo IV, uno de los grandes focos del monacato cristiano, el lugar de los primeros ermitaños y cenobitas que dieron origen a la tradición de los Padres del desierto.

Henry Tattam y la llegada a Inglaterra

El archidiácono anglicano Henry Tattam visitó los monasterios de Nitria y adquirió gran número de manuscritos siríacos. En 1847 el Museo Británico incorporó el Codex Nitriensis a sus fondos, dentro de un conjunto de unos quinientos cincuenta manuscritos del mismo origen, mediante una compra fechada el 30 de octubre de ese año.1 La colección forma hoy parte de los fondos de la British Library.

Estudio y edición

La investigación científica del manuscrito comenzó pocos años después de su llegada a Londres:

  • William Cureton publicó en 1851 los fragmentos de la Ilíada hallados en el palimpsesto hermano.3
  • Samuel Prideaux Tregelles, uno de los grandes críticos textuales británicos, transcribió los fragmentos de Lucas en 1854 y comunicó sus resultados en su obra sobre el estudio crítico de las Sagradas Escrituras.
  • Constantin von Tischendorf, descubridor del Códice Sinaítico, realizó su propia transcripción en 1855 y revisó después los pasajes en que su lectura difería de la de Tregelles.
  • Tischendorf editó el texto en 1857 en el segundo volumen de su colección Monumenta sacra inedita, con una introducción y un facsímil.4
  • William Wright describió el manuscrito en su catálogo de los códices siríacos del Museo Británico (1871).5
  • Caspar René Gregory recogió el códice en su gran obra de crítica textual del Nuevo Testamento (1900).6

Desde entonces los críticos textuales designan el códice con la sigla R. La edición de 1857 sigue siendo la referencia básica para consultar los pasajes recuperados.

Valor textual

Tipo de texto

El Codex Nitriensis representa la tradición textual bizantina en una fase muy temprana, aunque presenta una proporción notable de lecturas no bizantinas. Kurt Aland lo sitúa en la categoría V de su clasificación, que reúne los testigos de texto bizantino. El método del perfil de Claremont lo agrupa con la familia Kx en Lucas 1 y 10, y detecta un texto mixto en Lucas 20.7,8

Esa doble naturaleza otorga al manuscrito un interés particular. No pertenece al grupo de los grandes códices alejandrinos, como el Vaticano o el Sinaítico, pero conserva lecturas antiguas en un entorno que se encamina hacia el texto bizantino, el que dominó después en la Iglesia griega.

Lucas 6,2

En Lc 6,2, los fariseos preguntan a los discípulos por qué hacen lo que no es lícito en sábado. El Nitriensis omite el verbo «hacer» (poiein) tras «no es lícito», una lectura que comparte con el papiro 4, el Códice Vaticano, el Códice de Beza y la minúscula 700. Esta coincidencia con testigos muy antiguos demuestra que el manuscrito recoge tradiciones anteriores a su propia fecha.9

Lucas 22,43-44

El Nitriensis no incluye el pasaje de la agonía de Cristo en Getsemaní (Lc 22,43-44), que describe al ángel que fortalece a Jesús y el sudor «como gruesas gotas de sangre». Algunos testigos antiguos omiten estos versículos, pero otros muchos los transmiten, y escritores cristianos del siglo II, entre ellos san Justino y san Ireneo de Lyon, los citan ya como parte del Evangelio. La Iglesia católica los recibe como Escritura inspirada: el concilio de Trento definió que los libros sagrados deben aceptarse «íntegros, con todas sus partes, tal como se han leído en la Iglesia católica y se contienen en la antigua edición Vulgata latina».10 La variante del Nitriensis ilustra, por tanto, el trabajo de la crítica textual sin poner en cuestión la fe de la Iglesia en la integridad del texto recibido.

Significado para la Iglesia

La crítica textual al servicio de la Palabra

El papa Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu (1943), reconoció la importancia de la crítica textual, el arte que busca «que se restituya a su ser el sagrado texto lo más perfectamente posible», y recordó que a los copistas, en la transcripción de los códices, se les escapó a veces algo menos exacto.11 El estudio de un manuscrito como el Nitriensis responde precisamente a esa tarea: comparar los testimonios antiguos para acercarse cada vez más a la forma en que los autores sagrados escribieron.

Una tradición viva

El Concilio Vaticano II, en la constitución dogmática Dei Verbum, pidió que los fieles tengan amplio acceso a la Sagrada Escritura y que la Iglesia procure, «con solicitud materna», traducciones aptas y fieles en varias lenguas.12 El Nitriensis muestra la historia concreta de ese esfuerzo: un monje sirio reaprovecha un pergamino griego de Lucas para copiar a un Padre de la Iglesia, y el volumen acaba en la biblioteca de un monasterio egipcio. Ese recorrido, con todas sus pérdidas, indica que los cristianos de Oriente apreciaban los textos sagrados lo bastante como para copiarlos, traducirlos y guardarlos durante siglos.

Memoria de un cristianismo dividido

La capa siríaca recuerda también las divisiones cristológicas posteriores a Calcedonia. Las Iglesias orientales que no aceptaron el concilio conservaron buena parte de la herencia literaria y espiritual del cristianismo antiguo. Hoy el diálogo ecuménico con esas Iglesias aprovecha ese patrimonio, y un códice en el que se superponen el Evangelio de Lucas y la polémica de Severo sirve de testimonio de una historia que la Iglesia católica recuerda con deseo de reconciliación.

Conservación y consulta

La British Library de Londres custodia el Codex Nitriensis con la signatura Add MS 17211, y los investigadores deben consultarlo en su sala de lectura mediante la acreditación previa que exige la institución. Como en todo palimpsesto, la tinta de la capa inferior apenas resulta legible a simple vista, y por eso la edición de Tischendorf, con su facsímil, conserva todavía un valor considerable para el estudio.

Importancia del códice

El Codex Nitriensis ocupa un lugar modesto entre los grandes unciales por la extensión de su texto, pero reúne cuatro cualidades que lo hacen valioso: transmite un testimonio griego del siglo VI del Evangelio de Lucas; refleja la fase inicial del texto bizantino; ofrece un ejemplo notable de reutilización monástica del pergamino; y conserva, en una misma encuadernación, huellas de Lucas, Euclides y Severo de Antioquía, tres voces de la herencia cultural que las comunidades del desierto de Nitria custodiaron con perseverancia. Para la Iglesia, el códice recuerda que la transmisión del Evangelio atravesó los siglos gracias al trabajo humilde de copistas, traductores y bibliotecarios, y que la Palabra de Dios, aun raspada del pergamino, volvió a la luz.

Citas y referencias

  1. British Library. Add MS 17211, «Codex Nitriensis», registro del catálogo de manuscritos (siglo XXI). 2 3
  2. Johan Ludvig Heiberg. Ein Palimpsest der Elemente Euklids. Philologus, Número 45, págs. 353-366 (1885).
  3. William Cureton. Fragments of the Iliad of Homer from a Syriac palimpsest, Londres, The Trustees of the British Museum (1851).
  4. Constantin von Tischendorf. Monumenta sacra inedita. Nova collectio, vol. II, Leipzig, págs. XIV-XXII y 1-92 (1857).
  5. William Wright. Catalogue of the Syriac manuscripts in the British Museum, vol. II, Londres, págs. 548-550 (1871).
  6. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testaments, vol. I, Leipzig, pág. 64 (1900).
  7. Kurt Aland y Barbara Aland. The Text of the New Testament, Grand Rapids, Eerdmans, pág. 113 (1995).
  8. Frederik Wisse. The Profile Method for the Classification and Evaluation of Manuscript Evidence, as Applied to the Continuous Greek Text of the Gospel of Luke, Grand Rapids, Eerdmans, pág. 52 (1982).
  9. Bruce M. Metzger y Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption and Restoration, Oxford, págs. 79-80 (2005).
  10. Concilio de Trento. Sesión IV, Decreto sobre las Escrituras canónicas (1546).
  11. Pío XII. Carta encíclica Divino afflante Spiritu, nn. 3 y 13 (1943).
  12. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, n. 22 (1965).
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