El texto consonántico
La base del códice es el texto consonántico hebreo. En la escritura hebrea antigua, las consonantes constituían el cuerpo principal de la palabra, mientras que las vocales no aparecían de forma sistemática. Este núcleo consonántico procedía de una tradición textual anterior a la confección del manuscrito.
Los masoretas recibieron ese texto y trabajaron para preservarlo con la máxima exactitud. La tradición masorética desarrolló procedimientos minuciosos: contó palabras y letras, registró formas poco frecuentes y anotó lecturas especiales. También conservó casos en los que la palabra escrita no coincidía exactamente con la palabra que debía pronunciarse.,
El códice, por tanto, no representa el momento inicial de composición de los libros proféticos. Representa una fase medieval de transmisión de un texto cuya historia se remonta a muchos siglos antes.
El aparato masorético
El aparato masorético constituye una capa posterior respecto del texto consonántico. Comprende los signos vocálicos, los acentos y las notas marginales o interlineales que explican la lectura tradicional y registran particularidades del texto.
La tradición masorética utilizó fórmulas como:
- Qere: «lo que debe leerse».
- Ketib: «lo que está escrito».
- Notas sobre letras excepcionales.
- Listas de palabras con grafías singulares.
- Observaciones sobre la frecuencia de determinadas formas.
Estas anotaciones no deben confundirse con el texto consonántico principal. El copista podía reproducir las consonantes recibidas y, posteriormente, añadir los signos de vocalización y acentuación conforme a la tradición de lectura correspondiente. La tradición manuscrita conoció incluso la división de tareas entre escribas: uno copiaba el texto consonántico y otro añadía vocales y acentos.
La distinción resulta esencial para comprender el Codex Petropolitanus: sus consonantes transmiten una tradición textual antigua, mientras que su vocalización y sus notas reflejan una fase medieval de interpretación y conservación de la lectura.