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Codex Sangallensis 48

El Codex Sangallensis 48, conocido también como Códice Delta (Δ), 037 en la numeración Gregory-Aland y Cod. Sang. 48 en la Biblioteca Abacial de San Galo (Suiza), es un manuscrito del siglo IX que contiene los cuatro Evangelios en griego con una traducción latina escrita palabra por palabra entre las líneas. Copiado por escribas irlandeses en el ambiente monástico del continente europeo, ilustra cómo los monjes de la Alta Edad Media aprendieron, copiaron y transmitieron la Sagrada Escritura en su lengua original. Su texto griego, mayoritariamente bizantino, conserva en el Evangelio de Marcos una forma alejandrina de gran interés, y su versión latina aporta lecturas de la Vetus Latina junto a la Vulgata de san Jerónimo.

Codex Sangallensis 48 318
Ver información de la imagenel comienzo del Evangelio de Juan. Códice Sangallensis 48, el manuscrito del NT, designado como 037 en la lista Gregory-Aland, monje irlandés, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Sangallensis 48
CategoríaLibro
DescripciónManuscrito del siglo IX que contiene los cuatro Evangelios en griego con traducción latina interlineal
AutorEscribas irlandeses
ContenidoLos cuatro Evangelios en griego con traducción latina escrita palabra por palabra, prólogos, tablas de los cánones eusebianos y tablas de capítulos.
Contexto HistóricoAlta Edad Media, época carolingia, siglo IX.
Escritos RelacionadosCodex Boernerianus, Salterio grecolatino de Basilea
Fecha de Creación850
Fecha de Publicación1836
HistoriaCopiado por escribas irlandeses en el siglo IX, conservado en la Biblioteca Abacial de San Galo y dado a conocer en la época moderna a partir del siglo XVIII.
Importancia HistóricaDocumenta la pervivencia del griego bíblico en el Occidente latino y sirve de eslabón entre la Iglesia oriental y la occidental.
Lugar
  • Biblioteca Abacial de San Galo (Suiza)
  • San Galo
  • Suiza
  • San Galo, Bobbio, Dresde, Basilea
Personas RelacionadasJohann Martin Augustin Scholz, Heinrich C. M. Rettig, J. Rendel Harris, Kurt Aland
TipoManuscrito, Siglo IX

Tabla de contenido

Nombre, siglas y denominaciones

El códice recibe varios nombres según la tradición de estudio:

  • Cod. Sang. 48: signatura del manuscrito en la Biblioteca Abacial de San Galo (Stiftsbibliothek).
  • Δ (Delta): sigla que le dio en 1830 el estudioso Johann Martin Augustin Scholz, quien también lo bautizó con el adjetivo Sangallensis, «de San Galo».1
  • 037: Número que le asigna el sistema Gregory-Aland, hoy el estándar para catalogar los manuscritos griegos del Nuevo Testamento.
  • Ε76: referencia del sistema de Hermann von Soden.
  • Códice Sangalense 48: forma castellana habitual del nombre latino.

No debe confundirse con otros códices que custodia la misma biblioteca, como el célebre Codex Sangallensis 51, un evangeliario irlandés en latín.

Descripción material

Soporte y dimensiones

El códice está escrito sobre pergamino fino, en formato de cuarto, con unas medidas aproximadas de 22,5 × 18,5 cm. Suma 198 folios, que equivalen a unas 395 páginas numeradas.2

Escritura y maquetación

La disposición del texto responde a un propósito didáctico muy claro:

  • El texto griego ocupa una sola columna por página, con entre 17 y 28 líneas, y está trazado en grandes letras semionciales de tinta marrón y negra.
  • La traducción latina corre entre las líneas, sobre cada palabra griega, en letra minúscula de tipo insular.
  • Los copistas separan las palabras mediante puntos a media altura, una ayuda muy poco frecuente en los manuscritos griegos de la época, que normalmente se escribían en continuo.
  • El texto griego carece de espíritus y de acentos.
  • Las iniciales aparecen decoradas en rojo, amarillo, púrpura y verde azulado, con un trazo sencillo, propio de manos poco expertas en el arte de la ilustración.

La escritura revela la mano de copistas irlandeses. Las páginas 5 a 18, que reúnen los prólogos y los materiales auxiliares, proceden de un escriba posterior, del siglo X.3

Origen y fecha

Los estudiosos atribuyen el manuscrito a escribas irlandeses de mediados del siglo IX, hacia el año 850, aunque algunos paleógrafos retrasan su copia al siglo X. Los catálogos y estudios han propuesto como lugar de copia tanto el monasterio de San Galo como el de Bobbio, ambos fundados por la tradición monástica irlandesa que había llegado al continente con san Columbano y sus discípulos.2

San Galo, compañero y discípulo de Columbano, dio nombre al monasterio que acabó adoptando la Regla de san Benito y que se convirtió en uno de los mayores centros de cultura de la Europa carolingia. Su biblioteca reunió códices de enorme valor y mantiene hoy, entre sus fondos, los manuscritos más antiguos de numerosos autores cristianos y clásicos.

Los códices hermanos

El Códice Delta pertenece a un pequeño grupo de manuscritos bilingües, griegos y latinos, de la misma procedencia irlandesa:

  • El Códice Boernerianus, con las cartas de san Pablo, hoy en la Biblioteca Estatal de Sajonia, en Dresde.
  • El Salterio grecolatino de Basilea, conservado en la Biblioteca Universitaria de esa ciudad (signatura A VII 3).2

Los tres códices dibujan el entorno de un grupo de eruditos irlandeses del siglo IX, entre los que la investigación sitúa a Móengal (llamado Marcelo), a Sedulio Escoto y a Juan Escoto Eriúgena, que consideraban imprescindible el estudio del griego para comprender la Escritura.4

Contenido

Materiales preliminares

Antes del texto evangélico, el volumen reúne un conjunto de piezas tradicionales:

  • Un fragmento del Carmen de evangelio, poema atribuido de manera espuria a san Hilario de Poitiers.
  • El prefacio de san Jerónimo a los Evangelios, dirigido al papa san Dámaso, y los prólogos jeronimianos a cada evangelista.5
  • Las tablas de los cánones eusebianos, que permiten localizar los pasajes paralelos de los cuatro Evangelios.
  • Las tablas de capítulos (kephalaia) en griego y en latín antes de cada Evangelio, con sus títulos (titloi) en la parte superior de las páginas.

Los cuatro Evangelios

El texto evangélico está dividido en secciones amonianas con la referencia correspondiente a los cánones de Eusebio de Cesarea, un sistema de orientación que facilitaba la lectura comparada de los cuatro relatos. Cada Evangelio termina con una breve suscripción. Al final del volumen, el copista añadió ocho dísticos en griego y latín.

Lagunas y omisiones

El códice conserva un texto casi completo, con algunas particularidades que interesan a la crítica textual:

  • Falta el pasaje de Juan 19,17-35.
  • Omite la perícopa de la mujer adúltera (Jn 7,53-8,11), aunque el copista dejó un espacio en blanco en la página 348, como si esperara completarlo.
  • Omite Marcos 7,16, que una mano posterior añadió.
  • Omite Marcos 11,26, y nadie lo restituyó después.
  • Conserva Mateo 16,2b-3 y Juan 5,4 sin ninguna señal de duda.
  • Marca Lucas 22,43 con asteriscos, el signo con el que los copistas indicaban un pasaje discutido.6

El texto griego

Un testimonio mixto

El texto griego del Códice Delta no responde a una única tradición. Kurt Aland lo situó en la categoría III, la reservada a los manuscritos de carácter mixto, con lecturas antiguas y fuerte influjo bizantino. En concreto:

  • Marcos sigue una forma del texto alejandrino muy próxima a la del Codex Regius (L), uno de los testimonios más apreciados de ese tipo textual.
  • Mateo, Lucas y Juan transmiten un texto bizantino, cercano al del Codex Athous Lavrensis (Ψ).6

Esta mezcla convierte al Códice Delta en un caso singular: un manuscrito tardío, copiado en el Occidente latino, que reproduce en un solo evangelio un modelo griego de gran antigüedad.

Lecturas características

Entre sus variantes figuran las siguientes:

  • En Mateo 1,12 escribe Zorombabel con la forma Ζορομβαβαβελ, distinta de la habitual Ζοροβαβελ.
  • En Mateo 27,35 incluye la cláusula que remite al Salmo 22,19 sobre el reparto de las vestiduras, característica del texto bizantino.
  • En Marcos 9,49 ofrece la lectura breve, sin la adición referida al Levítico.
  • En Lucas 22,43 transmite la aparición del ángel en Getsemaní, pero la marca como pasaje dudoso.

Estas lecturas no rebajan la autoridad del Evangelio, sino que ayudan a reconstruir el itinerario que siguió el texto sagrado a lo largo de los siglos.

El texto latino interlineal

La traducción latina no reproduce de manera íntegra la Vulgata de san Jerónimo. Combina lecturas de la Vulgata con otras de la Vetus Latina, la antigua versión latina anterior a Jerónimo, y las ajusta palabra por palabra al griego que tiene debajo. En muchos versículos ofrece dos opciones de traducción unidas por la conjunción vel («o»). Un ejemplo claro aparece en Mateo 1,20, donde el griego γυναῖκα recibe el doble equivalente uxorem vel coniugem, «esposa o consorte».

El estudioso John Rendel Harris dedicó en 1891 una monografía a este aspecto del manuscrito, porque la versión latina del Códice Delta conserva huellas valiosas de la tradición latina anterior a la Vulgata.7 Su valor para fijar el texto latino es menor que el de otros testimonios, ya que el traductor adaptó el latín al griego, pero su interés para la historia de las versiones bíblicas es notable.

Una herramienta para aprender griego

La combinación de griego, traducción interlineal, separación de palabras y tablas auxiliares sugiere que el códice sirvió para enseñar la lengua griega a lectores latinos. Una investigación reciente sobre los tres manuscritos bilingües irlandeses los describe como un recurso extenso e innovador para aprender griego en el siglo IX.4

La separación de las palabras mediante puntos medios, la ausencia de acentos y la traducción palabra por palabra apuntan al mismo objetivo: que el monje pudiera reconocer cada vocablo griego, relacionarlo con su equivalente latino y avanzar así en la comprensión del texto evangélico. El scriptorium de un monasterio irlandés del siglo IX aparece, por tanto, como una auténtica escuela de lenguas bíblicas.

Historia del manuscrito

La historia anterior al siglo XVIII permanece sin documentar, pero el códice formó parte de los fondos de San Galo desde fecha muy antigua. Su recorrido moderno comprende estos hitos:

  • 1756: Dom Augustin Calmet da la primera noticia pública del manuscrito en su Diarium.3
  • 1760: El bibliotecario P. Hauser, de Ettenheimmünster, lo coteja, sin llegar a publicar el resultado.
  • 1773: Martin Gerbert lo examina.
  • 1830: Johann Martin Augustin Scholz le da el nombre de Sangallensis y la sigla Δ; ese mismo año Johann Caspar von Orelli ofrece una descripción más amplia.
  • 1836: Heinrich C. M. Rettig publica en Zúrich una edición facsimilar con una extensa introducción.8
  • 1875: Gustav Scherrer lo describe en su catálogo de los manuscritos de la biblioteca de San Galo, descripción que sigue siendo de referencia.3
  • 1891: Rendel Harris estudia su texto latino.7
  • 1939: William H. P. Hatch lo incluye entre los principales manuscritos unciales del Nuevo Testamento.
  • 2008: La biblioteca virtual de manuscritos de Suiza publica sus imágenes en línea.2

Relación con el Códice Boernerianus

Rettig sostuvo que el Códice Delta y el Códice Boernerianus formaron en su origen un único volumen: los Evangelios en el primero y las cartas paulinas en el segundo. Ambos comparten la maquetación (griego con traducción latina interlineal), el tipo de letra y el ambiente de producción, y algunos estudiosos dieron la razón a Rettig. Hoy los dos códices se conservan en lugares distintos, el Boernerianus en Dresde y el Delta en San Galo, y el catálogo los trata como manuscritos independientes. Con todo, su parentesco refuerza la imagen de un proyecto coherente de formación bíblica bilingüe entre los monjes irlandeses del continente.8

Importancia para la crítica textual y para la Iglesia

Valor textual

Por su fecha, el Códice Delta no figura entre los testimonios más antiguos del Nuevo Testamento. Su aportación consiste en otra cosa: documenta la pervivencia del griego bíblico en el Occidente latino durante la época carolingia y conserva, en Marcos, una forma textual de gran calidad. Para quien estudia la transmisión del texto evangélico, es un eslabón entre la Iglesia oriental, que escribía en griego, y la occidental, que leía en latín.

La Iglesia y los códices de la Escritura

La Iglesia ha cuidado desde siempre la transmisión fiel de la Palabra de Dios. El concilio Vaticano II recuerda que la Iglesia procura con solicitud que se hagan traducciones aptas y fieles en diversas lenguas, sobre todo a partir de los textos primitivos de los libros sagrados, y que conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas, sobre todo la que llaman Vulgata.9 Un manuscrito como el Códice Delta, que alinea el texto primitivo griego y la traducción latina en una misma página, encarna esa doble fidelidad.

Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu, valoró la crítica textual como un arte que restituye el texto sagrado a su pureza original, de modo que «se purifique de las depravaciones introducidas en él por la deficiencia de los amanuenses», y recordó que la autenticidad de la Vulgata declarada por el concilio de Trento no disminuye la autoridad de los textos griegos y hebreos.10 Los códices como el de San Galo proporcionan el material sobre el que trabaja esa disciplina.

El monacato como custodio de la Escritura

El Códice Delta recuerda también el papel de los monasterios en la historia de la Biblia. Los monjes copiaban, corregían y estudiaban los libros sagrados como parte de su vida de oración y de trabajo, bajo la guía de su abad, responsable de que la comunidad se alimentara de la Palabra de Dios. Gracias a esa labor paciente llegaron hasta nosotros no solo los textos bíblicos, sino también los instrumentos para leerlos: tablas, prólogos, glosas y traducciones.

Conservación y acceso

El manuscrito se custodia en la Biblioteca Abacial de San Galo (Suiza), institución que forma parte del conjunto monástico declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1983. Sus imágenes completas pueden consultarse en la biblioteca virtual e-codices y en el catálogo digital del Centro para el Estudio de los Manuscritos del Nuevo Testamento.2

Valor espiritual

El Codex Sangallensis 48 refleja el esfuerzo de unos monjes que quisieron leer los Evangelios en la misma lengua en que los escribieron los evangelistas. Cada palabra griega acompañada de su traducción latina muestra un deseo humilde y perseverante: acercarse a Cristo a través de su Palabra, con la inteligencia y con el trabajo de las manos. En ese sentido, el códice permanece como un testimonio de la fe de la Iglesia en la inspiración de las Escrituras y de su compromiso por transmitirlas fielmente de generación en generación.

Citas y referencias

  1. Johann Martin Augustin Scholz. Novum Testamentum Graece, Leipzig, 1830.
  2. Stiftsbibliothek St. Gallen. Cod. Sang. 48: «Codex Delta». Los Evangelios en griego con traducción latina interlineal. e-codices, Biblioteca virtual de manuscritos de Suiza (2008). 2 3 4 5
  3. Gustav Scherrer. Verzeichniss der Handschriften der Stiftsbibliothek von St. Gallen, Halle, 1875, págs. 20-21. 2 3
  4. Universidad de Galway. Learning Greek in the ninth century: the origins of three Irish bilingual manuscripts. Repositorio de investigación. 2
  5. Jerónimo de Estridón. Prefacio a los Evangelios (Novum opus), dirigido al papa Dámaso (383).
  6. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments. Einführung in die wissenschaftlichen Ausgaben sowie in Theorie und Praxis der modernen Textkritik, Stuttgart, 1981. 2
  7. J. Rendel Harris. The Codex Sangallensis (Δ). A Study in the Text of the Old Latin Gospels, Londres, 1891. 2
  8. Heinrich C. M. Rettig. Antiquissimus quattuor evangeliorum canonicorum Codex Sangallensis, Zúrich, 1836. 2
  9. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 22 (1965).
  10. Pío XII. Carta encíclica Divino afflante Spiritu, 13-14 (1943).
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.58 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/gz3bkh8qv

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