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Codex Seidelianus II

El Codex Seidelianus II, catalogado como He o 013 en la numeración Gregory-Aland, es un manuscrito griego en letra uncial que transmite el texto de los cuatro Evangelios. Los paleógrafos lo datan en el siglo IX. Copiado en pergamino y mutilado en varios pasajes, pertenece a la tradición del texto bizantino, la más numerosa en la transmisión de los Evangelios griegos. Debe su nombre al erudito alemán Andreas Erasmus Seidel, quien lo adquirió y lo trajo de Oriente junto con el Codex Seidelianus I. Hoy reposa en la Biblioteca Estatal y Universitaria de Hamburgo, mientras que un folio suelto pertenece al Trinity College de Cambridge. Este artículo describe su aspecto material y su contenido, recorre su historia, valora su testimonio textual y explica el lugar que ocupan los códices como este en la vida de la Iglesia, custodia y transmisora de la Palabra de Dios escrita.

Codex Seidelianus II (John 1,38-40)
Ver información de la imagenCodex Seidelianus II, manuscrito del Nuevo Testamento, H/013 (Gregory-Aland), facsímil de los escribas con el texto de Juan 1:38-40. Codex Seidelianus II, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Seidelianus II
CategoríaLibro
DescripciónManuscrito griego en letra uncial del siglo IX que transmite los cuatro Evangelios. Siglo IX
AutorCopista anónimo
ContenidoLos cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) con algunas lagunas.
Escritos RelacionadosCodex Seidelianus I, Providentissimus Deus, Divino afflante Spiritu, Dei Verbum
HistoriaAdquirido en Oriente en 1692 por Andreas Erasmus Seidel, pasó por varios propietarios y hoy se encuentra en la Biblioteca Estatal y Universitaria de Hamburgo.
ImportanciaDocumenta con precisión la forma de los Evangelios de la tradición bizantina.
Lugar
  • Biblioteca Estatal y Universitaria de Hamburgo
  • Hamburgo
  • Alemania
Personas RelacionadasAndreas Erasmus Seidel, Caspar René Gregory, Kurt Aland, Frederick Henry Ambrose Scrivener, Johann Christoph Wolf, Mathurin Veyssière de La Croze
TemaTexto bizantino de los Evangelios
TipoManuscrito en letra uncial, Manuscrito del Nuevo Testamento, Siglo IX

Tabla de contenido

Nombre y designaciones

El apelativo Seidelianus recuerda a su antiguo propietario, Andreas Erasmus Seidel (1650-1718). El numeral II distingue este códice de su compañero, el Codex Seidelianus I, con el que viajó desde Oriente y con el que comparte el mismo origen erudito, aunque hoy ambos descansan en bibliotecas distintas y no se confunden entre sí.

El manuscrito recibe varias designaciones convencionales:

  • He: siglas que le asignó Gregory, formadas por la letra H con el exponente e, para distinguirlo de otros unciales de la serie.
  • 013: Número que le corresponde en la lista actual de manuscritos unciales del Nuevo Testamento, cuyo registro mantiene el Instituto de Investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster.
  • Ε 88: clave del sistema de von Soden, que reservó la serie ε (de euangelion) a los códices que contienen los Evangelios.
  • Cod. 91 in scrin.: signatura de la biblioteca hamburguesa que lo custodia.1

El Seidelianus I corresponde a Ge o 011, lleva también los nombres de Codex Wolfii A y Codex Harleianus, y descansa en la Biblioteca Británica de Londres (Harley 5684). La confusión entre ambos códices resulta frecuente en la antigüedad, y por eso conviene retener que el Seidelianus II es el manuscrito de Hamburgo.2

Descripción material

Soporte, formato y escritura

El códice consta de 194 folios de pergamino de 22 por 18 centímetros. Cada página contiene una sola columna de 23 líneas.3 Frente al Seidelianus I, que suma 252 folios de 25,7 por 21,5 centímetros y reparte el texto en dos columnas, el Seidelianus II ofrece un formato más reducido y manejable.3

La escritura es una uncial, es decir, una letra mayúscula redondeada propia de los códices griegos de los siglos anteriores a la generalización de la minúscula. Los paleógrafos coinciden en fechar el manuscrito en el siglo IX.3 El copista añadió espíritus y acentos, signos que ayudan a leer con exactitud el texto griego y que reflejan las costumbres de copia de la época bizantina.4

Contenido y lagunas

El códice transmite los cuatro Evangelios en el orden tradicional: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. El paso del tiempo ha dejado lagunas en estos pasajes:

  • Mateo 1,1-15,30.
  • Mateo 25,33-26,3.
  • Marcos 1,32-2,4.
  • Marcos 15,44-16,14.
  • Lucas 5,18-32.
  • Lucas 6,8-22.
  • Lucas 10,2-19.
  • Juan 9,30-10,25.
  • Juan 18,2-18.
  • Juan 20,12-25.5

La primera laguna es la más extensa. Como falta casi la mitad de Mateo, el texto de este Evangelio arranca en el versículo 31 del capítulo 15, de modo que el códice no conserva el relato de la infancia de Jesús ni el Sermón de la Montaña. Las demás pérdidas afectan a escenas de gran peso espiritual, entre ellas el discurso del Buen Pastor en Juan 10 y varias apariciones del Resucitado en Juan 20. Estas ausencias no empobrecen el testimonio de la Iglesia sobre esos pasajes, porque la fe cristiana no descansa en un solo manuscrito, sino en la transmisión viva de la Escritura dentro de la comunidad eclesial y en la inmensa riqueza de testigos que la respaldan.

Aparato de lectura

El Seidelianus II no ofrece un texto desnudo. Su copista lo organizó con las ayudas de lectura habituales en los Evangelios bizantinos:

  • Las listas de los κεφάλαια (kephalaia), que funcionan como índices de capítulos al comienzo de cada Evangelio.
  • Los números de los κεφάλαια anotados en el margen.
  • Los τίτλοι (titloi), epígrafes colocados en la parte superior de la página que resumen el contenido de cada sección.
  • Las secciones amonianas, una división del texto en pequeños fragmentos numerados atribuida a Amonio de Alejandría.3

El códice carece de los cánones eusebianos, las tablas de concordancia que Eusebio de Cesarea ideó para localizar los pasajes paralelos entre los Evangelios.3 Esta combinación de recursos revela un libro pensado para la lectura atenta y el estudio, en el que el lector podía orientarse con facilidad entre los capítulos y las secciones.

Historia del manuscrito

Los propietarios orientales y Seidel

Antes de llegar a Occidente, el códice perteneció a un propietario griego del siglo XVII, Demetrio, hijo de Juan Moriates, fallecido hacia 1678.1 Después pasó a manos de Andreas Erasmus Seidel, quien lo adquirió en 1692 y lo trajo de Oriente junto con el Seidelianus I.1 Seidel estudió el manuscrito con atención y marcó de su puño y letra las lagunas del texto.1

De La Croze a Wolf

Tras la muerte de Seidel en 1718, el códice y su compañero cambiaron de dueño. Mathurin Veyssière de La Croze (1661-1739), antiguo monje benedictino de la Congregación de San Mauro, adquirió ambos manuscritos. Su biografía llama la atención: abandonó la vida religiosa católica, se instaló en Berlín y llegó a ser bibliotecario real, sin perder nunca su pasión de sabio por las lenguas antiguas y los textos sagrados.1

De La Croze el Seidelianus II pasó a Johann Christoph Wolf (1683-1739), teólogo y orientalista de Hamburgo, célebre por sus trabajos de erudición bíblica y hebraica.1 Wolf estudió los códices Seidel y los puso al alcance de los críticos textuales de su tiempo.2

Hamburgo y Cambridge

Desde 1838 el códice está en la Biblioteca Estatal y Universitaria de Hamburgo, con la signatura Cod. 91 in scrin.5 Un folio suelto del manuscrito está en el Trinity College de Cambridge, donde figura con la signatura B XVII 20.21.5 La separación de ese folio explica que muchas fichas académicas mencionen ambas instituciones al describir el códice.

Estudio y edición crítica

El Seidelianus II despertó el interés de grandes nombres de la crítica textual moderna. Wolf, Richard Bentley, Johann Jakob Wettstein, Samuel Prideaux Tregelles y Constantin von Tischendorf examinaron el manuscrito y recogieron sus variantes para sus ediciones y estudios.5 Frederick Henry Ambrose Scrivener publicó un facsímil del códice con el pasaje de Juan 1,38-40, donde Jesús pregunta a los primeros discípulos qué buscan.2

Caspar René Gregory lo inscribió en su registro sistemático de unciales con la sigla He y lo describió en su obra sobre la crítica textual del Nuevo Testamento.6 Kurt Aland lo situó en la Categoría V de su clasificación, reservada a los manuscritos de texto bizantino.3 Robert Waltz, por su parte, recogió sus datos básicos en la Enciclopedia de la crítica textual.4

Texto bizantino y valor crítico

Un testigo del texto bizantino

El texto bizantino, también llamado texto mayoritario o texto eclesiástico, es la forma del texto griego del Nuevo Testamento que dominó la copia de manuscritos en el mundo de lengua griega desde la Edad Media. Los centros de copia del Imperio bizantino reprodujeron este texto durante siglos, y la Iglesia lo leyó en su liturgia. Los primeros impresores del Nuevo Testamento griego, entre ellos Erasmo de Róterdam, lo tomaron como base para sus ediciones, y de ahí procede la tradición del llamado Textus Receptus.

El Seidelianus II es un representante fiel de este texto. Su perfil textual, calculado por Aland, confirma que sigue en la gran mayoría de los pasajes variantes la lectura característica del bizantino.3 Por esa razón, su valor no reside en conservar lecturas arcaicas excepcionales, sino en documentar con precisión la forma de los Evangelios que la comunidad cristiana oriental proclamó y meditó a lo largo de la Edad Media.

Su lugar entre los unciales evangélicos

El códice se une a un amplio grupo de manuscritos unciales evangélicos de los siglos VIII al X que transmiten el mismo tipo de texto. Entre ellos destacan el Codex Basiliensis (E, 07), el Codex Boreelianus (F, 09) y el Codex Cyprius (K, 017). La concordancia sustancial entre estos testigos, copiados en lugares y épocas diferentes, ilustra la estabilidad de la transmisión evangélica: los copistas reprodujeron los Evangelios con un respeto notable por la letra recibida, de modo que las diferencias entre los manuscritos afectan en su mayoría a detalles de ortografía, orden de palabras o pequeñas variantes sin consecuencias doctrinales.

El método de la crítica textual

La crítica textual no se limita a seguir el manuscrito más antiguo ni el más numeroso. Evalúa cada variante a la luz de toda la evidencia: los papiros y los grandes códices antiguos, los manuscritos bizantinos, las versiones antiguas y los textos de los Padres de la Iglesia. Dentro de ese conjunto, el Seidelianus II aporta un testimonio coherente de la tradición bizantina y permite medir con exactitud hasta qué punto una lectura se difundió entre los copistas y los lectores de Oriente.

El códice y la fe de la Iglesia

La Iglesia y la crítica textual

La Iglesia católica ha acogido con interés los trabajos de la crítica textual. León XIII, en la encíclica Providentissimus Deus, reconoció la necesidad de cuidar la exactitud de los textos bíblicos y valoró el recurso a manuscritos antiguos para restablecerlos.7 Pío XII fue más lejos en la encíclica Divino afflante Spiritu: declaró que la crítica textual, practicada con rigor, presta un servicio legítimo y necesario a quienes interpretan la Escritura, y animó a los exegetas a estudiar los textos en sus lenguas originales.8

Esta apertura no contradice el decreto del Concilio de Trento, que declaró auténtica la antigua versión latina llamada Vulgata para el uso público de la Iglesia.9 Pío XII aclaró que esa autenticidad posee un sentido sobre todo jurídico, pues garantiza la ausencia de error en materia de fe y costumbres, y no impide ni limita el estudio de los textos originales.8 Los manuscritos griegos como el Seidelianus II forman parte de ese patrimonio que los estudiosos católicos consultan para comprender mejor la Palabra revelada.

La Escritura, Palabra de Dios en palabras humanas

El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera el Cuerpo del Señor, y que desea que los fieles tengan amplio acceso a ellas.10 El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que Dios es el autor de la Sagrada Escritura y que los libros sagrados enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar para nuestra salvación.11 Un códice como el de Hamburgo ilustra el cauce humano concreto de esa transmisión: manos de copistas, talleres de escritura y bibliotecas que trasladaron los Evangelios de generación en generación con paciente cuidado.

San Jerónimo sintetizó el valor de este esfuerzo con una frase que el Concilio Vaticano II hizo suya: desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.10 Todo manuscrito evangélico, también este, es un humilde instrumento al servicio de ese conocimiento.

Una historia que cruza confesiones

El itinerario del códice refleja la dimensión universal de la Palabra de Dios. Un propietario griego lo custodió en Oriente; un erudito alemán lo trajo a Europa; un antiguo benedictino convertido en bibliotecario lo conservó en Berlín; un sabio hamburgués lo estudió; y hoy lo cuidan bibliotecas universitarias que lo ponen a disposición de investigadores de todas las confesiones. Este recorrido confirma que los Evangelios pertenecen a la humanidad entera y que su transmisión ha requerido la colaboración de personas muy diversas, guiadas, para el creyente, por la Providencia divina.

Valor del Seidelianus II para el estudio actual

Aunque el Seidelianus II no figura entre los grandes testigos que inspiran las ediciones críticas modernas, conserva un valor real. Sirve a la historia de la transmisión del texto, ayuda a estudiar la difusión del texto bizantino y permite observar de cerca las prácticas de los copistas del siglo IX: la disposición del texto en una sola columna, el uso de los κεφάλαια y de las secciones amonianas, y la ausencia de los cánones eusebianos.

Para el lector católico, el códice ofrece algo más que datos técnicos. Cada página que sobrevive recoge palabras de Cristo y relatos de su vida, copiados por manos creyentes que quisieron entregar a la posteridad lo que ellas mismas habían recibido. La muestra de Juan 1,38-40 que Scrivener hizo célebre contiene la primera pregunta de Jesús en el Evangelio de Juan, y esa pregunta sigue interpelando a todo creyente: qué busca realmente su corazón cuando se pone a seguir al Maestro.

Citas y referencias

  1. Pinakes. Textos y manuscritos griegos, Hamburgo, Biblioteca Estatal y Universitaria, In scrin. 091 (Diktyon 32376) (2024). 2 3 4 5 6
  2. Frederick Henry Ambrose Scrivener. Una introducción sencilla a la crítica del Nuevo Testamento, Manuscritos unciales de los Evangelios (1894). 2 3
  3. Kurt Aland y Barbara Aland. El texto del Nuevo Testamento. Introducción a las ediciones críticas y a la teoría y práctica de la crítica textual moderna, 1995, p. 110, Manuscritos unciales (1995). 2 3 4 5 6 7
  4. Robert Waltz. Enciclopedia de la crítica textual, Codex Seidelianus II He (013) (2007). 2
  5. Instituto de Investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster. Lista de manuscritos griegos del Nuevo Testamento, 013 (He) (2024). 2 3 4
  6. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testamentes, I, Unciales de los Evangelios, p. 51 (1900).
  7. León XIII. Carta encíclica Providentissimus Deus, Sobre la crítica de los textos (1893).
  8. Pío XII. Carta encíclica Divino afflante Spiritu, 16-22 (1943). 2
  9. Concilio de Trento. Decreto sobre la edición y el uso de los libros sagrados, sesión IV (1546).
  10. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 22 y 25 (1965). 2
  11. Catecismo de la Iglesia Católica, 105-108 (1992).
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