El Códice Sinaítico fue hallado en el Monasterio de Santa Catalina, ubicado en el Monte Sinaí, un sitio de gran significado bíblico y espiritual en la tradición católica, asociado con la entrega de la Ley a Moisés. Su descubrimiento se debe al erudito alemán Constantino Tischendorf, quien realizó varias expediciones al monasterio bajo el patrocinio de figuras reales y eclesiásticas.
Las visitas de Tischendorf
En 1844, Tischendorf, respaldado por el rey Federico Augusto de Sajonia, visitó por primera vez el monasterio. Allí, en una cesta de basura, encontró cuarenta y tres hojas de la Septuaginta que incluían porciones de los libros de I Crónicas, Jeremías, Nehemías y Ester. Los monjes le permitieron llevarse estos fragmentos, que más tarde publicó como Códice Friderico-Augusto, en honor a su patrono, y que hoy se conservan en la Universidad de Leipzig. Durante esta estancia, Tischendorf vio también libros de Isaías y I y IV Macabeos, pertenecientes al mismo códice, pero no pudo obtenerlos, aunque advirtió a los monjes de su valor incalculable.
En 1853, Tischendorf regresó, pero solo halló dos fragmentos breves de Génesis, que imprimió al volver a Europa. No obtuvo más información sobre el resto del manuscrito. Fue en 1859, bajo el patrocinio del zar Alejandro II de Rusia, cuando el hallazgo resultó decisivo. A punto de partir, en una conversación casual con el mayordomo del monasterio, Tischendorf se enteró de la existencia de un manuscrito antiguo. Al examinarlo, descubrió que contenía una gran parte del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento íntegro, la Epístola de Bernabé y parte del Pastor de Hermas, textos de los que no se conocían copias griegas originales hasta entonces.1
Tischendorf pasó la noche transcribiendo la Epístola de Bernabé, considerando un «delito dormir» ante tal tesoro. Aunque inicialmente no convenció a los monjes de entregárselo, en El Cairo, en un monasterio afiliado, logró que se lo enviaran para copia. Finalmente, los monjes lo donaron al zar como regalo, reconociendo su protección a la Iglesia Ortodoxa Griega. En 1869, el zar recompensó a los monasterios con sumas de dinero y condecoraciones. El manuscrito se guardó en la Biblioteca Imperial de San Petersburgo hasta su traslado posterior a la Biblioteca Británica en 1933.2
Adquisición y controversias
La adquisición del códice generó debates éticos y eclesiásticos, ya que algunos cuestionaron si Tischendorf actuó con total transparencia. Sin embargo el Sinaítico se valora por su contribución al conocimiento de las Escrituras, alineándose con el énfasis de la Iglesia en la fidelidad textual de la Biblia. El monasterio, fundado por el emperador Justino I en el siglo VI y dedicado a Santa Catalina de Alejandría, ha sido un refugio para manuscritos cristianos desde la antigüedad, atrayendo a eremitas y peregrinos.3

