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Codex Vaticanus 354 (Vaticano 354)

El Codex Vaticanus 354, catalogado en la Biblioteca Apostólica Vaticana con la signatura Vat. gr. 354 e identificado en el registro de manuscritos griegos del Nuevo Testamento con el número 028 y la sigla S, es un códice de pergamino que transmite los cuatro Evangelios en letra uncial. El monje Miguel lo copió en marzo del año 949 y dejó constancia de ello en un colofón, de modo que el manuscrito pertenece al reducido grupo de testimonios bíblicos griegos con fecha explícita. Además del texto evangélico, el códice conserva la Carta a Carpiano de Eusebio de Cesarea, los cánones de concordancia, lecturas litúrgicas de la Semana Santa y una valiosa colección de escolios marginales, entre ellos un fragmento de las Hipotiposis de Clemente de Alejandría que durante siglos permaneció desconocido.

Codes Vaticanus 354
Ver información de la imagenEvangelio de Lucas 17,34-18,8. Códice Vaticano 354, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Vaticanus 354 (Vaticano 354)
CategoríaLibro
Otros nombres
  • Vat. gr. 354
  • S
DescripciónCódice de pergamino que transmite los cuatro Evangelios en letra uncial, copiado en 949 por el monje Miguel
Año949
AutorMiguel, monje
CaracterísticasEscritura uncial ojival, 235 folios de pergamino, con notas marginales y escolios patrísticos.
ContenidoLos cuatro Evangelios en griego, Carta a Carpiano, cánones eusebianos, lecturas litúrgicas y escolios marginales.
Contexto HistóricoÉpoca bizantina, siglo X
Escritos RelacionadosHipotiposis de Clemente de Alejandría, Evangelios
Fecha de Creación1 de marzo de 949
ImportanciaSirve como punto de referencia seguro para datar la escritura uncial del siglo X y conserva fragmentos patrísticos únicos.
Lugar
Personas RelacionadasEusebio de Cesarea, Clemente de Alejandría, Giovanni Mercati, Nicolás V
TipoCódice de pergamino, Manuscrito uncial del Nuevo Testamento, X

Tabla de contenido

Identificación y nombres del códice

El manuscrito recibe distintos nombres según el sistema de catalogación que se utilice:

  • Signatura de la biblioteca: Vat. gr. 354 (Biblioteca Apostólica Vaticana, Ciudad del Vaticano).
  • Número Gregory-Aland: 028, entre los manuscritos unciales.
  • Sigla tradicional: S.
  • Número de von Soden: ε 1027.
  • Fecha: 949, según el colofón del propio copista.
  • Copista: Miguel, monje.
  • Soporte: pergamino, con 235 folios.
  • Contenido principal: los cuatro Evangelios en griego, con aparato eusebiano y lecturas litúrgicas.

El Codex Vaticanus 354 no debe confundirse con el célebre Codex Vaticanus (sigla B, número 03), un manuscrito bíblico del siglo IV que la misma biblioteca custodia con la signatura Vat. gr. 1209. Ambos códices comparten el adjetivo «vaticano» por su lugar de conservación, pero difieren en época, extensión, escritura y tipo de texto.1

Descripción material

Soporte y formato

El códice consta de 235 folios de pergamino que miden unos 36 por 24 centímetros. El formato es grande y propio de un libro destinado a la lectura solemne y al estudio. El texto bíblico ocupa dos columnas por página, con una caligrafía amplia y regular que deja márgenes generosos. Esos márgenes explican en buena parte la riqueza de anotaciones que el volumen ha acumulado.1,2

La escritura

Miguel utilizó una escritura uncial ojival, ligeramente inclinada, alargada y comprimida, que los estudiosos de la paleografía griega suelen asociar a los códices de lujo de los siglos IX y X. El copista empleó el mismo tipo de letra para el texto evangélico, la carta de Eusebio, los títulos de capítulo, los escolios y gran parte de las notas marginales. El texto lleva espíritus y acentos y recurre a los nomina sacra, las abreviaturas con que la tradición cristiana escribe los nombres de Dios, de Jesucristo, del Espíritu y otras palabras sagradas.1,2

Decoración y presentación

Los primeros folios del códice exhiben una presentación cuidada. Marcos arquitectónicos enmarcan los programmata, que son los sumarios de cada Evangelio, y los capitula, que enumeran los capítulos. La escritura a página completa aparece solo al comienzo de los Evangelios, donde la página entera realza el inicio solemne de los libros.1

El colofón y la fecha de 949

El reverso del folio 234 contiene la nota con que Miguel cerró su trabajo. El texto griego comienza así: Ἐγραφει ἡ τιμία δέλτος αὕτη διὰ χειρὸς ἐμοῦ Μιχαὴλ μοναχοῦ ἁμαρτωλοῦ, es decir, «esta preciosa tablilla fue escrita por mano de mí, Miguel, monje pecador». El colofón fecha el trabajo el 1 de marzo del año 6457 del mundo, en la séptima indicción.1

El cómputo bizantino sitúa la creación del mundo en el año 5508 antes de Cristo y hace comenzar el año el 1 de septiembre. Basta restar 5508 a 6457 para obtener el año 949 del calendario cristiano, resultado que concuerda con la séptima indicción, el ciclo fiscal de quince años que la administración bizantina utilizaba para datar los documentos.

Esta precisión cronológica otorga al códice un valor singular. Los manuscritos bíblicos griegos rara vez indican quién los copió y cuándo, de modo que los especialistas datan la mayoría por criterios paleográficos, con márgenes de error de varias décadas. El Vaticanus 354 funciona, por el contrario, como punto de referencia seguro para comparar la escritura uncial del siglo X con la de otros manuscritos sin fecha.3

Contenido del códice

Folios preliminares

Cuatro hojas iniciales, numeradas con cifras romanas, contienen fragmentos de dos homilías de un copista del siglo IX: una de Basilio de Seleucia sobre la Pasión y otra de Epifanio de Salamina de Chipre (llamada Constancia en la Antigüedad tardía) sobre la sepultura de Cristo. Esta mano es anterior a la del copista de los Evangelios.1

La Carta a Carpiano y los cánones eusebianos

Los folios 1 a 13 contienen la carta de Eusebio de Cesarea a Carpiano y las tablas de los cánones eusebianos. Eusebio, obispo de Cesarea de Palestina en el siglo IV, perfeccionó el sistema de secciones ideado por Amonio de Alejandría. Dividió cada Evangelio en pequeñas unidades numeradas y las reunió en diez tablas que indican qué pasajes comparten los cuatro evangelistas, cuáles coinciden en tres, en dos o en uno solo. Gracias a ese procedimiento, el lector localizaba los textos paralelos sin necesidad de recorrer cada libro entero. El manuscrito reproduce las subscripciones de la carta y de los cánones.1

Los folios 14 a 16 reúnen los programmata y los capitula que preceden al texto evangélico.1

Los cuatro Evangelios

Los folios 17 a 224 transmiten los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, en este orden. Cada libro incluye el aparato habitual de los códices bizantinos:

  • Los títulos de capítulo (titloi), situados en la parte superior de las páginas.
  • Los capítulos (kephalaia), numerados en el margen.
  • Las secciones amonianas, con la referencia al canon eusebiano que corresponde.
  • La esticometría, es decir, el cómputo de líneas de cada Evangelio, que el copista anota en las subscripciones finales.
  • Las subscripciones de cierre de cada libro.

El códice marca la perícopa de la mujer adúltera (Jn 7,53-8,11) con óbelos, signos críticos que indican duda sobre su autenticidad en el contexto de la tradición manuscrita griega.1

Lecturas litúrgicas

Los folios 225 a 234 recogen lecturas para la celebración de ciertas fiestas: el Jueves Santo, el Viernes Santo, la Dormición de la Virgen y la veneración de la Cruz. Esta sección confirma que el volumen servía también en el culto y no solo en el estudio privado.1

La hoja latina

El folio 235 es una hoja latina del siglo XV, reaprovechada de otro manuscrito, que contiene un fragmento de la Lectura aurea de Bernardo de Compostela y sirve de hoja de guarda.1

Los escolios marginales

Los márgenes del códice constituyen una de sus mayores riquezas. Una o varias manos, en escritura ojival semejante a la del texto, añadieron a los Evangelios extractos patrísticos y notas exegéticas. El erudito Giovanni Mercati identificó y editó los más importantes a comienzos del siglo XX.4

Hipólito de Tebas

En el margen izquierdo del folio 18v, junto al comienzo de Mateo, figura un pasaje del Syntagma chronologicum de Hipólito de Tebas, escritor bizantino. El texto arranca con una lista genealógica («Matán, el sacerdote...») y acompaña la genealogía de Jesucristo con que comienza el primer Evangelio.5

Clemente de Alejandría y la curación del leproso

La nota más célebre aparece en el margen del folio 30, junto al relato de la curación del leproso (Mt 8,2-4). Lleva la indicación de que procede de las Hipotiposis de Clemente de Alejandría, una obra del siglo II-III que se ha perdido casi por completo. El fragmento comienza con las palabras «Y curó también al leproso...».5

Mercati descubrió y publicó el fragmento en 1904. El texto transmite una tradición, que Clemente llama paradosis, según la cual los sacerdotes del templo curaban a los leprosos en días fijos por poder de Dios. Tras repetidos intentos fallidos con un enfermo, los sacerdotes concluyeron que solo el Mesías podía sanarlo y le pidieron que esperase. Cristo lo curó entonces y le ordenó mostrarse a los sacerdotes «como testimonio». Fuera de una alusión implícita en Ambrosio, ningún otro escrito antiguo conserva esta tradición, de modo que la nota del Vaticanus 354 constituye un hallazgo excepcional. Mercati advirtió, además, que el fragmento aporta un testimonio para el llamado texto occidental de los Evangelios.4

Anastasio de Antioquía y Barrabás

Un escolio del folio 74, atribuido a san Anastasio de Antioquía ( 599), comienza con la fórmula «habiendo encontrado ejemplares muy antiguos...». La nota trata del nombre de Barrabás en el relato de la Pasión (Mt 27,16-17) y recuerda que algunos ejemplares antiguos llamaban al preso «Jesús Barrabás». Los críticos textuales citan este escolio en sus discusiones sobre el nombre completo de Barrabás, pues da testimonio de que la variante circulaba ya en la Antigüedad cristiana.6

Isidoro de Pelusio y el sábado «segundo-primero»

En el folio 131 aparece un extracto de las cartas de san Isidoro de Pelusio ( hacia 440), que explica el adjetivo griego deuteroprôton, «segundo-primero», con el que san Lucas califica un sábado en Lc 6,1. La expresión es única en el Nuevo Testamento y los comentaristas antiguos propusieron diversas explicaciones, entre ellas la de este autor monástico egipcio.5

Otros escolios

En el folio 182, al comienzo del Evangelio de Juan, un escolio anónimo comenta la figura de Juan Bautista y su misión de bautizar. Otras notas marginales, escritas por manos posteriores, corrigen el texto o añaden observaciones críticas.5

El texto evangélico

Tipo textual

El Codex Vaticanus 354 transmite el texto bizantino, la forma del Nuevo Testamento griego que predominó en el Imperio de Oriente desde el siglo VI y que sirvió de base para las ediciones impresas de la Biblia griega hasta el siglo XIX. Los especialistas lo incluyen en la familia K¹, un subgrupo bizantino al que pertenece también el Codex Mosquensis II (sigla V, número 031). Kurt Aland lo clasifica en la categoría V, reservada a los manuscritos de texto bizantino.7

Este perfil textual no resta valor al códice. Los manuscritos bizantinos documentan cómo leyeron, copiaron y celebraron los Evangelios los cristianos de Oriente durante un milenio, y sirven para reconstruir la historia de la transmisión del texto sagrado.

Pasajes con señales críticas

El copista y los lectores posteriores marcaron con asteriscos y óbelos varios pasajes que la tradición manuscrita griega transmitía de manera desigual:

  • Lc 22,43-44, el ángel que conforta a Jesús en Getsemaní y el sudor de sangre.
  • Jn 5,4, el ángel que agitaba las aguas de la piscina de Betesda.
  • Jn 7,53-8,11, la perícopa de la mujer adúltera.

Estas señales reflejan dudas antiguas de los copistas sobre la presencia de esos versículos en los ejemplares más viejos. La Iglesia católica, sin embargo, recibe estos pasajes como parte de la Escritura inspirada: el Concilio de Trento declaró sagrados y canónicos los libros enteros, «con todas sus partes, tal como se habían leído en la Iglesia católica y se contienen en la antigua edición latina Vulgata», y esa Vulgata incluye los tres textos.7

Historia del manuscrito

El códice formó parte de la biblioteca griega que el papa Nicolás V (1447-1455) reunió en Roma y que constituyó el núcleo de los fondos griegos de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Nicolás V, humanista y mecenas de los estudios clásicos y patrísticos, impulsó la copia y la adquisición de manuscritos griegos para enriquecer la biblioteca pontificia.8

Los primeros estudios eruditos del códice llegaron en el siglo XVIII. Giuseppe Bianchini lo examinó y lo describió en su Evangeliarium quadruplex (1749), aunque su facsímil resultó tosco.9 El erudito danés Andreas Birch colacionó el texto entre 1781 y 1783 y publicó los resultados en sus Variae lectiones (1801), con algunos errores.10 Constantin von Tischendorf corrigió la colación de Birch en 1866 y elaboró un facsímil propio.7

En el siglo XX, Caspar René Gregory incluyó el manuscrito en su catálogo de unciales evangélicos,11 Giovanni Mercati publicó en 1904 el fragmento de Clemente,4 y Robert Devreesse redactó la descripción codicológica definitiva en su catálogo de los códices griegos vaticanos del 330 al 603.2 La Biblioteca Apostólica Vaticana ha digitalizado el códice, de manera que cualquier lector puede consultar hoy las imágenes en color a través de su portal de manuscritos digitales.

Importancia del códice

El Vaticanus 354 reúne méritos en varios campos del saber eclesiástico:

  • Paleografía. Su fecha segura de 949 lo convierte en patrón para datar otros manuscritos unciales del siglo X.
  • Crítica textual. Documenta con fidelidad el texto bizantino de los Evangelios y las señales críticas con que los copistas medievales valoraban ciertos pasajes.
  • Patrística. Conserva un fragmento singular de las Hipotiposis de Clemente sobre la curación del leproso y escolios de autores como Hipólito de Tebas, Anastasio de Antioquía e Isidoro de Pelusio.
  • Liturgia. Los folios finales muestran el uso del Evangelio en las celebraciones de la Pasión y de las fiestas marianas y de la Cruz en la Iglesia bizantina.
  • Historia de la cultura. El paso del manuscrito por la biblioteca de Nicolás V ilustra el esfuerzo del papado renacentista por acoger la herencia griega de la Iglesia.

Como testimonio de la lectura de los Evangelios por parte de un monje bizantino del siglo X, el códice recuerda también que la Iglesia de Oriente y la de Occidente comparten una misma Palabra transmitida con paciencia, mano a mano, por generaciones de copistas anónimos. El colofón de Miguel, que se define como «monje pecador», conserva así la memoria de una de esas manos.

Citas y referencias

  1. Vat. gr. 354. Pinakes. Institut de recherche et d’histoire des textes (CNRS), notice 66985. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. Robert Devreesse. Codices Vaticani graeci. Tomus II: Codices 330-603, 1937, págs. 38-39. 2 3
  3. Giuseppe Follieri. Codices graeci Bibliothecae Vaticanae selecti temporum locorumque ordine digesti, 1969.
  4. Giovanni Mercati. Un frammento delle Ipotiposi di Clemente Alessandrino, 1904. 2 3
  5. Vat. gr. 354, ff. 18v, 30, 131 y 182 (escolios marginales). Pinakes. Institut de recherche et d’histoire des textes (CNRS), notice 73296. 2 3 4
  6. Bruce M. Metzger. Un comentario textual al Nuevo Testamento griego, 2001, comentario a Mt 27,16-17.
  7. Kurt Aland y Barbara Aland. El texto del Nuevo Testamento, 1995; Concilio de Trento, sesión IV, Decreto sobre las Escrituras canónicas (1546). 2 3
  8. Paola Manfredi y Annaclara Potenza. I codici greci di Niccolò V, 2022.
  9. Giuseppe Bianchini. Evangeliarium quadruplex latinae versionis antiquae seu veteris italicae, 1749.
  10. Andreas Birch. Variae lectiones, 1801.
  11. Caspar René Gregory. Textkritik des Neuen Testamentes, 1900.
Modificado el 13 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.80 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/f9jw379vb

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