El Códice Washingtonianus surgió en un contexto de intensa actividad copista en el mundo mediterráneo oriental durante la era patrística, cuando los monjes y eruditos cristianos preservaban y copiaban las Escrituras para su uso litúrgico y doctrinal. Este manuscrito, escrito en uncial griego sobre papiro, refleja las prácticas de los scriptoria egipcios, centros clave para la producción de textos sagrados en la Antigüedad tardía.
Se cree que fue hallado en Egipto a finales del siglo XIX o principios del XX, en una época en que exploradores y coleccionistas occidentales redescubrían tesoros arqueológicos del mundo antiguo. El documento fue adquirido por Charles Lang Freer, un empresario estadounidense y apasionado por el arte y los manuscritos antiguos, quien formó una colección notable que donó a la nación. Freer compró este códice como parte de un lote de papiros bíblicos, que incluía otros fragmentos valiosos. Su adquisición se enmarca en el renacimiento del interés por los manuscritos bíblicos en el siglo XIX, impulsado por avances en la arqueología y la crítica textual, que permitieron a la Iglesia Católica y a los eruditos profundizar en la autenticidad de las Escrituras.1
La llegada del códice a Estados Unidos marcó un hito en la preservación de patrimonios cristianos fuera de Europa. En 1906, Freer donó su colección a la Institución Smithsonian, donde el manuscrito se integra en el Freer Gallery of Art. Este traslado no solo salvó el documento de posibles deterioros en Oriente Medio, sino que también facilitó su estudio por parte de expertos católicos y protestantes, contribuyendo al diálogo ecuménico sobre la Biblia.

