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Codex Washingtonianus (Códice Washingtoniano)

El Codex Washingtonianus, conocido también como Códice Washingtoniano, Códice de Washington o Evangelios de Freer, es un manuscrito griego en pergamino que transmite los cuatro evangelios canónicos. Los especialistas lo designan con la sigla W o con el número 032. Un copista, muy probablemente egipcio, lo escribió entre finales del siglo IV y el siglo V, y hoy lo custodia la Galería de Arte Freer, en Washington D. C. Su fama se apoya en tres rasgos: el orden poco habitual de los evangelios, un texto que cambia de familia según el pasaje y el llamado Logion de Freer, una adición única al final de Marcos que ningún otro manuscrito griego conserva. Este artículo describe el códice, relata cómo llegó a Occidente, analiza su texto y explica el modo en que la Iglesia valora sus lecturas.

Codex Washingtonensis W 032
Ver información de la imagenIlustración en la última página del códice Codex Washingtonianus. Codex Washingtonensis. Recuperado de http://www.csntm.org/Manuscripts/GA%20032/CodexW_194b.jpg, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCodex Washingtonianus (Washingtoniano)
CategoríaLibro
Nombre Completo
  • Codex Washingtonianus
  • Códice Washingtoniano, Códice de Washington, Evangelios de Freer
DescripciónManuscrito griego en pergamino del siglo IV-V que transmite los cuatro evangelios canónicos. Entre finales del siglo IV y el siglo V
Fecha de Fundación1906
AutorCopista egipcio
ContenidoLos cuatro evangelios canónicos, incluyendo el Logion de Freer
CreadorCharles Lang Freer
Escritos RelacionadosEvangelios canónicos, Vulgata, Papiro P45, Códice de Beza
Eventos RelacionadosAdquisición por Charles Lang Freer en 1906
Fecha de Creación400
ImportanciaTestimonio antiguo y continuo de los cuatro evangelios en griego y testigo de la crítica textual
Lugar
  • Galería de Arte Freer, Washington D. C.
  • Washington D. C.
  • Estados Unidos
  • Egipto, Gizeh, Washington D. C., Detroit
Lugar de OrigenEgipto
Personas RelacionadasCharles Lang Freer, Henry A. Sanders, Larry W. Hurtado, Kurt Aland, Barbara Aland, Alí el-Arabi
TipoLibro, Manuscrito griego en pergamino, Manuscrito bíblico, Siglo IV - Siglo V

Tabla de contenido

Nombre y denominaciones

El manuscrito recibe su nombre de la ciudad de Washington, donde reposa desde su adquisición, y del coleccionista que lo compró, Charles Lang Freer. De ahí las denominaciones Codex Washingtonianus, «Códice Washingtoniano» y «Evangelios de Freer».

La nomenclatura científica lo identifica de varias maneras:

  • W, sigla que le asigna el sistema de Gregory y Aland para los grandes códices unciales.
  • 032, Número que ocupa en la lista oficial de manuscritos griegos del Nuevo Testamento.1
  • Ε 014, signatura que le dio Hermann von Soden en su clasificación.

Un mismo códice puede recibir varios nombres, pero las ediciones críticas del Nuevo Testamento lo citan siempre como W.

Descripción del manuscrito

Soporte y formato

El códice consta de 187 hojas de pergamino fino, es decir, 374 páginas, de unos 20,5 centímetros de alto por 14 de ancho. El texto ocupa una sola columna de 30 líneas por página. El copista escribió con tinta de color pardo oscuro y trazó una letra uncial pequeña, algo inclinada y de módulo regular.2

Escritura y abreviaturas

El texto corre en scriptio continua, sin separación entre palabras, según la costumbre de la Antigüedad. El escriba empleó con regularidad los nombres sagrados abreviados (nomina sacra), que marcaba con una raya horizontal sobre las letras: ΘΣ para Theós (Dios), ΚΣ para Kýrios (Señor), ΙΣ para Iesoûs (Jesús), ΧΡΣ para Christós (Cristo), ΠΝΑ para Pneûma (Espíritu), ΥΣ para Huiós (Hijo) y ΠΗΡ para Patér (Padre). Estas abreviaturas expresan la reverencia de los copistas cristianos ante los nombres divinos.

El orden de los evangelios

El códice ofrece los evangelios en el llamado orden occidental: Mateo, Juan, Lucas y Marcos. El Códice de Beza y numerosos testimonios de la antigua versión latina siguen la misma disposición. Este orden coloca primero a los dos evangelistas que fueron apóstoles, Mateo y Juan, y después a los dos varones apostólicos, Lucas y Marcos. La tradición posterior, fijada en la Vulgata de san Jerónimo y en el uso litúrgico, impuso la secuencia que hoy conocemos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Contenido y lagunas

El manuscrito conserva casi por completo los cuatro evangelios, aunque el paso de los siglos le hizo perder algunas hojas. Presenta las siguientes lagunas:

  • Mc 15,13-38, que falta por pérdida de material.
  • Jn 14,26-16,7, que tampoco se ha conservado.
  • Jn 1,1-5,11, cuyas hojas originales desaparecieron y que un copista del siglo VII sustituyó con un texto nuevo, de carácter mixto, con lecturas alejandrinas y occidentales.2

Los demás pasajes corresponden a la mano del copista principal, que trabajó con cuidado y cometió muy pocos errores sin sentido.3

Fecha y origen

La paleografía sitúa el códice entre finales del siglo IV y el siglo V. Henry A. Sanders, su primer editor, lo atribuyó al siglo V; los estudios posteriores aceptan también una fecha más temprana, hacia el año 400.3 Esta antigüedad convierte a W en uno de los códices de pergamino con los evangelios más viejos que han llegado hasta nosotros.

El lugar de origen no admite una prueba directa, pero todos los indicios apuntan a Egipto. Allí apareció, allí lo adquirió Freer y allí lo repararon y encuadernaron en época posterior.

Hallazgo y adquisición

El 19 de diciembre de 1906, el industrial y coleccionista de Detroit Charles Lang Freer (1854-1919) compró el manuscrito en Gizeh, junto a El Cairo, a un comerciante árabe llamado Alí el-Arabi. En el mismo lote adquirió otros manuscritos bíblicos de gran valor, entre ellos un códice griego de Deuteronomio y Josué y otro de los profetas menores.

El vendedor no reveló el lugar exacto del descubrimiento. Los indicios reunidos después señalan un monasterio cercano a las pirámides; una inscripción de oración y otros datos apuntan al monasterio del Viñador, próximo a la tercera pirámide de Gizeh, y a su iglesia dedicada a san Timoteo.3

Freer había decidido legar su colección al pueblo de los Estados Unidos. Murió en 1919 y la galería que lleva su nombre, integrada en la Institución Smithsoniana, abrió sus puertas en 1923. Allí reposa el códice, con el número de inventario 06.274.

Las tapas pintadas

El códice llegó a Occidente con dos tapas de madera pintadas con retratos de evangelistas, atribuidas al siglo VII. Esas tapas atestiguan que una comunidad cristiana de Egipto siguió usando y venerando el libro varios siglos después de su copia. Al mismo periodo pertenece el copista que repuso las hojas perdidas de Jn 1,1-5,11.

Edición y estudio

Sanders, profesor de la Universidad de Míchigan, estudió el manuscrito en 1907 y dio la primera noticia en 1908. En 1912 publicó la edición completa, acompañada de un facsímil fotográfico limitado a 435 ejemplares.3 Aquella obra puso el texto del códice a disposición de los especialistas de todo el mundo.

La investigación posterior ha precisado el carácter de cada sección. Entre los estudios más influyentes destaca el de Larry W. Hurtado, que en 1981 analizó el texto de Marcos y matizó la clasificación tradicional.4 Hoy existen imágenes digitales de alta resolución del manuscrito, accesibles en línea para los investigadores.

El texto del códice

Un texto compuesto

W no transmite un único tipo de texto de principio a fin. Su fisonomía cambia según el evangelio e incluso según la sección dentro de un mismo evangelio. Los especialistas distinguen estas partes:

  • Mateo (todo el evangelio): texto de tipo bizantino.
  • Marcos 1,1-5,30: texto de tipo occidental, emparentado con la antigua versión latina.
  • Marcos 5,31-16,20: texto próximo al del papiro P45 y a la familia llamada cesariense.
  • Lucas 1,1-8,12: texto de tipo alejandrino.
  • Lucas 8,13-24,53: texto de tipo bizantino.
  • Juan 5,12-21,25: texto de tipo alejandrino.
  • Juan 1,1-5,11: texto mixto del suplemento del siglo VII.

La explicación más aceptada sostiene que el copista, o el taller en que trabajó, utilizó varios ejemplares distintos y reprodujo en cada tramo el modelo que tenía a mano. Kurt y Barbara Aland clasifican el manuscrito en la categoría III, que agrupa los testimonios con un número apreciable de lecturas antiguas y con influencia bizantina considerable.5

El texto bizantino de Mateo y Lucas

El texto bizantino de W en Mateo y en la segunda parte de Lucas llama la atención. Los críticos habían pensado durante mucho tiempo que ese tipo de texto surgió y se impuso después del siglo V, con la hegemonía del Imperio bizantino. El códice demuestra que lecturas de ese tipo circulaban en Egipto mucho antes y que no son meras creaciones tardías. Por esa razón, ningún editor serio puede descartar sin examen un testimonio por el simple hecho de que su texto coincida con el bizantino.

El texto de Marcos

La sección de Marcos 5,31-16,20 concentra el interés de los estudiosos. Los primeros estudiosos reconocieron allí el llamado texto cesariense, que conservarían también el papiro P45, el códice Theta y las familias 1 y 13. Hurtado, tras un estudio minucioso, cuestionó la etiqueta y prefirió hablar de un texto precesariense: una forma antigua y bastante independiente, anterior a la consolidación de esa familia.4

La primera parte de Marcos (Mc 1,1-5,30) tiene un carácter distinto, pues sigue lecturas occidentales que coinciden a menudo con las del Códice de Beza y con las versiones latinas antiguas. Dentro del mismo evangelio, el copista pasó de un modelo a otro en Mc 5,30.

El final de Marcos y el Logion de Freer

Mc 16,9-20

W transmite el final largo de Marcos (Mc 16,9-20), los versículos que narran las apariciones del Resucitado, el envío de los apóstoles y la ascensión. Entre los grandes códices unciales, comparte este testimonio con el Alejandrino y el de Beza, mientras que el Sinaítico y el Vaticano, del siglo IV, terminan el evangelio en Mc 16,8.

La Iglesia católica acepta esos doce versículos como parte de la Escritura inspirada y canónica. El Concilio de Trento declaró que los libros sagrados deben recibirse «con todas sus partes», tal como los lee la Iglesia y como figuran en la antigua edición latina Vulgata.6 La Comisión Bíblica Pontificia confirmó en 1912 que las dudas de los críticos no probaban que Mc 16,9-20 fuera ajeno al canon inspirado.7

El Logion de Freer

Tras Mc 16,14, donde el Señor reprocha a los Once su incredulidad y su dureza de corazón, W intercala un pasaje adicional que ningún otro manuscrito griego recoge. Los especialistas lo llaman Logion de Freer. Esta es su traducción:

«Ellos se excusaron diciendo: Este siglo de iniquidad y de incredulidad está bajo el dominio de Satanás, que no permite que la verdad y el poder de Dios triunfen sobre las cosas impuras de los espíritus. Por eso, revela ya tu justicia. Así hablaban a Cristo. Y Cristo les respondió: Se ha cumplido el plazo de los años del poder de Satanás, pero se acercan otras cosas terribles. Y yo fui entregado a la muerte por los que pecaron, para que se conviertan a la verdad y no pequen más, y hereden la gloria espiritual e incorruptible de la justicia que está en el cielo.»

San Jerónimo conocía una adición de este tipo. En su Diálogo contra los pelagianos escribió que algunos ejemplares, sobre todo los códices griegos, añadían al final de Marcos unas palabras que comenzaban con la expresión Postea cum accubuissent undecim («Después, cuando los Once estaban a la mesa») y que contenían la excusa de los discípulos.8 El testimonio de Jerónimo prueba que el texto circulaba en el siglo IV y que el copista de W no lo inventó. Los demás manuscritos no lo recogen, por lo que el pasaje nunca formó parte del texto aceptado por la Iglesia.

Valoración católica

El Logion de Freer no pertenece al canon. La Iglesia reconoce como inspirados los libros que enumera el Concilio de Trento y que la Vulgata transmitió, y el pasaje no figura entre ellos.6 Su valor es histórico y teológico: muestra cómo los primeros cristianos intentaron explicar la incredulidad de los apóstoles tras la Resurrección y cómo vincularon la pasión del Señor con la derrota del poder del Maligno y con la conversión de los pecadores. Tales ideas armonizan con la doctrina de la Redención, pero la autoridad del pasaje no iguala la de la Escritura.

La perícopa de la adúltera

W omite la historia de la mujer sorprendida en adulterio (Jn 7,53-8,11). El Sinaítico y el Vaticano coinciden con esa omisión, y gran parte de la tradición griega antigua la ignora o la sitúa en otro lugar. La Iglesia, sin embargo, la recibe como parte de las Escrituras inspiradas y canónicas, con la misma autoridad que el resto del Evangelio de Juan.6 La ausencia en un manuscrito concreto prueba que la transmisión del texto fue compleja, pero no altera el canon definido por la Iglesia.

Las correcciones

El propio copista rectificó numerosos errores a lo largo del códice. A finales del siglo V o en el VI, otra mano revisó el texto y añadió correcciones que lo acercaban a otros modelos. Este trabajo posterior confirma que el libro se utilizó y se contrastó con otros ejemplares durante generaciones.

Importancia para la crítica textual

El Códice Washingtoniano ocupa un lugar propio entre los grandes unciales por varias razones:

  • Ofrece un testimonio antiguo y continuo de los cuatro evangelios en griego.
  • Permite estudiar la convivencia de tipos de texto en una misma época y en una misma región.
  • Aporta un caso excepcional de texto bizantino temprano en Mateo y Lucas.
  • Conserva, en Marcos, una forma textual cercana a la del P45.
  • Transmite una variante única, el Logion de Freer, de enorme interés histórico.

Las ediciones críticas modernas del Nuevo Testamento griego citan W de forma sistemática en el aparato de variantes. En la lista oficial de los manuscritos griegos del Nuevo Testamento que publicó Kurt Aland, el códice lleva el número 032.1

Significado para la Iglesia

La Iglesia católica ha animado siempre el estudio de los manuscritos antiguos. Pío XII, en la encíclica Divino afflante Spiritu, pidió a los exegetas que recurrieran a la crítica textual para restablecer, con los medios científicos disponibles, el texto original de los libros sagrados.9 El Concilio Vaticano II exigió que las traducciones de la Escritura se hagan a partir de los textos originales, lo cual presupone el trabajo paciente sobre los manuscritos.10

El Códice Washingtoniano ilustra bien esa tarea. Los monjes egipcios que lo copiaron, repararon y veneraron cuidaron el depósito de la fe con esmero. Sus lecturas diversas muestran que la transmisión humana de la Escritura pasó por manos distintas, pero la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, custodió el mensaje de los evangelios y reconoció el canon que hoy recibimos. El códice, hoy en Washington, es un testigo silencioso de esa fidelidad.

Citas y referencias

  1. Kurt Aland. Kurzgefasste Liste der griechischen Handschriften des Neuen Testaments, 032 (1963). 2
  2. Henry A. Sanders. Los manuscritos del Nuevo Testamento de la colección Freer, primera parte: el manuscrito de Washington de los cuatro evangelios, Descripción del manuscrito (1912). 2
  3. Henry A. Sanders. Los manuscritos del Nuevo Testamento de la colección Freer, primera parte: el manuscrito de Washington de los cuatro evangelios, Introducción (1912). 2 3 4
  4. Larry W. Hurtado. Metodología de la crítica textual y el texto precesariense: el códice W en el Evangelio de Marcos, 1981 (1981). 2
  5. Kurt Aland y Barbara Aland. Der Text des Neuen Testaments, Categoría III (1981).
  6. Concilio de Trento. Sesión IV: decreto sobre los libros sagrados y las tradiciones, Canon de las Escrituras (1546). 2 3
  7. Comisión Bíblica Pontificia. Decreto sobre los últimos versículos del Evangelio de Marcos (26 de junio de 1912).
  8. Jerónimo de Estridón. Diálogo contra los pelagianos, II, 15 (415).
  9. Pío XII. Divino afflante Spiritu, Crítica textual (1943).
  10. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum, 22 (1965).
Modificado el 7 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.71 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/wnp68t5kb

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