Un testigo de la transmisión fiel de la Palabra
La Iglesia enseña que los cuatro Evangelios, de origen apostólico, transmiten fielmente lo que Jesús hizo y enseñó, y afirma sin vacilar su historicidad. El prólogo de Lucas, que el Codex Zacynthius conserva en su parte inicial, expone el propósito del evangelista de dar a conocer la solidez de las enseñanzas recibidas.
La transmisión manuscrita es una realidad humana, sujeta a los errores de los copistas. Pío XII recordó, recogiendo la doctrina de León XIII, que no cabe atribuir error al autor sagrado por las faltas de los copistas.
Por eso la Iglesia estima la crítica textual, cuya finalidad es restaurar el texto sagrado con la mayor perfección posible, purificarlo de las corrupciones debidas al descuido de los copistas y librarlo de glosas y omisiones. Pío XII invocó el ejemplo de san Agustín, que puso entre los primeros cuidados del estudioso de la Escritura la corrección de los códices. Pidió también que los católicos publicaran cuanto antes ediciones de los libros sagrados y de las versiones antiguas conforme a esas reglas, y consideró un designio de la divina Providencia que la época hubiera descubierto y editado códices antiguos y estudiado con más amplitud la exégesis de los Padres.,
La Pontificia Comisión Bíblica enumera la crítica textual como la primera de las operaciones del método histórico-crítico y señala entre los testimonios en que se apoya los manuscritos más antiguos y mejores, las versiones antiguas y la patrística.
El texto original y la Vulgata
Pío XII enseñó que el texto original, escrito por el autor inspirado, tiene más autoridad y peso que cualquier traducción, por buena que sea. Precisó que el uso de los textos originales y de la crítica no menoscaba los decretos de Trento sobre la Vulgata: su autenticidad es principalmente jurídica y no crítica, y por eso la autoridad de la Vulgata en materia de doctrina no impide, sino que casi exige, recurrir a los textos originales para confirmar y aclarar el sentido de las Sagradas Letras.,
Un testigo griego como el Codex Zacynthius se sitúa, por tanto, plenamente dentro de la enseñanza de la Iglesia. Sus lecturas ayudan a fijar el texto del tercer Evangelio sin poner en cuestión la doctrina que la Iglesia ha recibido.
La lectura de la Escritura con los Padres
El concilio de Trento estableció que nadie, apoyado en su propia prudencia, se atreva a interpretar la Escritura en materia de fe y costumbres contra el sentir unánime de los Padres, y el concilio Vaticano I lo reiteró.,
El concilio Vaticano II enseña que la Escritura debe leerse e interpretarse con el mismo Espíritu con que fue escrita, y que para descubrir su sentido hay que atender al contenido y a la unidad de toda la Escritura, a la Tradición viva de toda la Iglesia y a la analogía de la fe. Añade que la Iglesia fomenta el estudio de los santos Padres de Oriente y de Occidente para lograr una comprensión cada vez más profunda de las Sagradas Letras.
El Catecismo de la Iglesia Católica recoge estos criterios y recuerda que los dichos de los santos Padres son testimonio de la presencia vivificante de la Tradición.,
Pío XII pidió al exegeta católico que tuviera en cuenta la interpretación de los Padres y la analogía de la fe, y le recomendó el estudio asiduo de las obras en que los Padres explicaron los libros sagrados. Lamentó que estos tesoros de la antigüedad cristiana fueran casi desconocidos para muchos escritores de su tiempo.,
Una catena como la del Codex Zacynthius pertenece a esta tradición de lectura eclesial de la Escritura. Su valor exegético no implica, sin embargo, que la Iglesia haya recibido como norma toda la obra de cada autor citado. Pío XII recordó que son pocos los textos cuyo sentido ha sido definido por la Iglesia y menos aún aquellos sobre los que la enseñanza de los Padres es unánime. El caso de Severo de Antioquía lo ilustra. La catena conserva extractos de un autor que se opuso a la definición del concilio de Calcedonia, definición que la Iglesia católica mantiene sobre las dos naturalezas, divina y humana, en la única persona del Hijo.
La Escritura en la liturgia
El concilio Vaticano II enseña que Cristo está presente en su palabra, pues es él quien habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, y que la Escritura tiene una importancia máxima en la celebración litúrgica., La Iglesia venera las Escrituras divinas como venera el Cuerpo del Señor, y en ellas el Padre que está en los cielos sale al encuentro de sus hijos.
La reutilización del pergamino puede leerse a esta luz. Las hojas que habían sostenido un comentario a Lucas pasaron a sostener las lecturas del Evangelio proclamadas en la asamblea litúrgica.