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Colegio Apostólico

El Colegio Apostólico designa al conjunto de los Doce Apóstoles, elegidos por Jesucristo y constituidos por Él como una unidad estable, bajo la autoridad de san Pedro, para continuar su misión de anunciar el Reino de Dios, enseñar la verdad revelada, bautizar, santificar y gobernar a la Iglesia. Esta realidad teológica constituye el fundamento de la apostolicidad de la Iglesia y encuentra su continuidad histórica y sacramental en el Colegio Episcopal, formado por el Papa y los obispos en comunión jerárquica con él.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreColegio Apostólico
CategoríaTérmino
DescripciónAsamblea estable de los Doce Apóstoles, cabeza visible del grupo: san Pedro. Conjunto de los Doce Apóstoles elegidos por Jesucristo, organizados como una unidad estable bajo la autoridad de san Pedro para enseñar, santificar y gobernar la Iglesia. El Colegio Apostólico es la comunidad fundacional de la Iglesia, constituida por los Doce elegidos por Cristo, con Pedro como cabeza. Su misión incluye enseñar el Evangelio, santificar mediante los sacramentos y gobernar la comunidad cristiana. La unidad y autoridad del colegio se perpetúan en la sucesión apostólica del Colegio Episcopal (Papa y obispos). Fundamento de la apostolicidad de la Iglesia y base histórica y sacramental de la sucesión episcopal
Contexto HistóricoEstablecido durante el ministerio de Jesús; confirmado en Pentecostés, la elección de Matías, y el Concilio de Jerusalén como primeras expresiones de autoridad colegial.
ImportanciaBase teológica de la autoridad y unidad eclesial; garantiza la transmisión fiel de la enseñanza cristiana a lo largo de los siglos.
Importancia EclesialSostiene la doctrina de la apostolicidad, la sucesión de los obispos y la unión del Pueblo de Dios bajo el Papa.
Importancia HistóricaConstituye el origen visible de la Iglesia y la continuidad del magisterio a través de la sucesión episcopal.
Interpretación TradicionalLa tradición distingue entre el amplio grupo de apóstoles y el Colegio Apostólico estricto, formado solo por los Doce, cuyo testimonio es irrepetible y sirve de modelo para el Colegio Episcopal.
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto y significado

La palabra apóstol procede del griego y significa «enviado». En el Nuevo Testamento, el término adquiere un sentido específico: designa a quienes Cristo eligió y envió con autoridad propia para dar testimonio de Él y anunciar el Evangelio. El apostolado no consistía únicamente en transmitir una enseñanza religiosa, sino en representar a Jesucristo ante el mundo y ejercer una misión recibida directamente de Él.1

El Colegio Apostólico no fue una asociación voluntaria ni una institución académica. Tampoco constituyó una simple agrupación de predicadores independientes. Cristo reunió a los Doce en una unidad orgánica y les confió conjuntamente la misión de edificar y conducir la Iglesia. Los Evangelios emplean repetidamente la expresión «uno de los Doce», que manifiesta la identidad colectiva del grupo y la vinculación de cada apóstol con el conjunto.2

La expresión colegio indica precisamente una misión ejercida por varias personas unidas entre sí y ordenadas bajo una cabeza. En el caso de los Apóstoles, la cabeza visible del colegio era san Pedro, elegido por Cristo de entre los Doce. La autoridad de Pedro no eliminaba la responsabilidad común de los demás Apóstoles, del mismo modo que la misión colectiva no anulaba la responsabilidad personal de cada uno.2

Elección de los Doce

El número doce

Jesucristo eligió a doce discípulos y les otorgó el nombre de Apóstoles. El número posee un significado teológico relacionado con las doce tribus de Israel. Los Doce representan el comienzo del pueblo mesiánico y escatológico convocado por Cristo, en continuidad y cumplimiento de la historia de la alianza.3

El Evangelio según san Marcos describe la elección con una doble finalidad: Jesús llamó a los Doce «para que estuvieran con él» y «para enviarlos a predicar». La vida apostólica contiene, por tanto, dos dimensiones inseparables:

  • La comunión con Cristo, mediante la convivencia con Él y la recepción de su enseñanza.
  • El envío misionero, mediante la predicación y el servicio al pueblo de Dios.4

La elección apostólica no procedía de una iniciativa humana. Cristo llamó personalmente a los Apóstoles y los preparó durante su ministerio público. Su autoridad se fundaba en la elección divina y en la misión recibida del Señor, no en una cualificación académica, en una posición social o en una elección popular.

Los Doce y los demás Apóstoles

El Nuevo Testamento utiliza el término apóstoles con un sentido más amplio en algunos pasajes. Además de los Doce, aparecen san Pablo, Bernabé, Santiago, el hermano del Señor, y otras personas vinculadas a una misión apostólica. San Pablo se presenta como apóstol enviado por Jesucristo y no por una autoridad meramente humana.3

Sin embargo, la tradición cristiana distingue entre el grupo más amplio de los apóstoles y el Colegio Apostólico en sentido estricto, formado por los Doce elegidos por Jesús durante su vida pública. Los Doce ocupan un lugar único porque acompañaron a Cristo desde el comienzo de su ministerio y constituyen el testimonio fundacional de su muerte y resurrección. El anuncio apostólico posterior recibe de ellos su referencia originaria.3

San Pablo pertenece verdaderamente al grupo apostólico en virtud de su encuentro con Cristo resucitado y de la misión que recibió. No obstante, su apostolado no borra la función singular de los Doce como fundamento visible de la Iglesia naciente y como garantes del testimonio apostólico originario.

Constitución del Colegio Apostólico

Una comunidad estable bajo Pedro

Cristo constituyó a los Apóstoles «en forma de colegio o asamblea estable», colocando a Pedro como cabeza del grupo. Esta constitución expresa la voluntad de que la Iglesia posea una estructura visible, unida en la fe, en la misión y en la autoridad pastoral.5

Los Apóstoles no recibieron una misión completamente aislada. Jesús los envió como cuerpo unido y, en diversas ocasiones, los envió de dos en dos. La unidad del grupo formaba parte de su testimonio: el Evangelio debía anunciarse desde una comunión visible, no desde una suma de iniciativas particulares.2

La primacía de Pedro pertenece a la estructura del Colegio Apostólico. Cristo le confió una función singular de confirmación de sus hermanos y de presidencia pastoral. Después de la resurrección, el Señor confirmó a Pedro en su oficio pastoral y mantuvo la relación entre la misión de Pedro y la misión común de los Apóstoles.2

La misión recibida de Cristo

La misión del Colegio Apostólico puede resumirse en tres funciones estrechamente relacionadas:

  • Enseñar, transmitiendo íntegramente el Evangelio y todo lo que Cristo había mandado.
  • Santificar, especialmente mediante la predicación, el bautismo y la celebración de los sacramentos.
  • Gobernar, guiando pastoralmente a la comunidad cristiana y tomando decisiones vinculantes para la vida de la Iglesia.

El mandato misionero aparece de forma especialmente clara al final del Evangelio según san Mateo: Cristo envía a los Apóstoles a hacer discípulos de todos los pueblos, bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñarles a cumplir sus mandamientos. La misión abarca a todas las naciones y posee una duración que alcanza hasta el final de los tiempos.6

La autoridad apostólica no tiene su origen en los Apóstoles mismos. Jesucristo, enviado por el Padre, comunica a sus enviados una autoridad derivada de la suya. Por eso la misión apostólica posee una dimensión doctrinal, litúrgica y pastoral: los Apóstoles anuncian la palabra de Cristo, administran los signos de la salvación y conducen a la comunidad fundada por Él.

El Colegio Apostólico después de la resurrección

Pentecostés

La venida del Espíritu Santo en Pentecostés manifestó públicamente la fuerza y la unidad del Colegio Apostólico. San Pedro, acompañado por los Once, tomó la palabra ante la multitud y anunció la muerte y resurrección de Jesucristo. La primera comunidad cristiana perseveró en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.2

Pentecostés no creó la misión apostólica, porque Cristo ya la había confiado a los Doce. El Espíritu Santo la fortaleció, la iluminó y la hizo eficaz para la expansión universal del Evangelio. La predicación apostólica aparece así como una acción conjunta de Cristo resucitado y del Espíritu Santo.

La elección de Matías

Tras la muerte de Judas Iscariote, los Apóstoles discernieron la necesidad de completar el número de los Doce. La elección de Matías manifiesta que el grupo poseía una configuración estable y que la misión apostólica no dependía exclusivamente de la duración biológica de sus primeros miembros.

La incorporación de Matías también muestra que la Iglesia naciente comprendía el Colegio Apostólico como una realidad destinada a conservar su continuidad histórica. El número doce mantenía su significado simbólico y eclesiológico en la comunidad fundada por Cristo.

El Concilio de Jerusalén

El llamado Concilio de Jerusalén ofrece el primer ejemplo importante del ejercicio colegial de la autoridad apostólica. La comunidad de Antioquía envió a Pablo, Bernabé y otros representantes a Jerusalén para consultar a los Apóstoles y a los presbíteros sobre la obligación de observar determinadas prescripciones de la Ley mosaica.

Los Apóstoles y los presbíteros deliberaron conjuntamente, escucharon las distintas posiciones y formularon una decisión pastoral y doctrinal. El texto de los Hechos de los Apóstoles recoge la fórmula: «Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros». La decisión manifiesta la acción del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, la responsabilidad de los Apóstoles reunidos bajo la guía de Pedro.2

El episodio enseña que la colegialidad apostólica no equivale a una democracia parlamentaria. Los Apóstoles ejercen una autoridad recibida de Cristo, actúan en comunión y reconocen la función de Pedro como principio de unidad y de dirección pastoral.

Testimonio y fundamento de la Iglesia

Testigos de la resurrección

Los Apóstoles fueron testigos cualificados de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. Su testimonio no se reducía a una experiencia interior. Incluía la proclamación pública de hechos salvíficos y la transmisión de una enseñanza recibida del Señor.

Los Doce ocupan un lugar central en la predicación más antigua de la Iglesia. San Pablo transmite la tradición acerca de la muerte, sepultura, resurrección y apariciones de Cristo, y sitúa a Pedro y a los Doce entre los primeros testigos del Resucitado.3

La Iglesia no recibió el Evangelio como una doctrina anónima. Lo recibió mediante testigos concretos, reunidos por Cristo y enviados con autoridad. La sucesión apostólica conserva esta estructura testimonial: la fe católica permanece vinculada al testimonio originario de los Apóstoles.

Fundamento visible de la Iglesia

El Colegio Apostólico constituye el fundamento histórico y visible de la Iglesia. Cristo es la piedra angular y el fundamento último de la Iglesia; los Apóstoles, unidos a Pedro, son los fundamentos ministeriales y testimoniales sobre los que la comunidad eclesial queda edificada. El Apocalipsis representa a la Iglesia celestial como una ciudad cuyos fundamentos llevan los nombres de los Doce Apóstoles del Cordero.3

La función fundacional de los Apóstoles posee un carácter irrepetible. Ningún cristiano posterior puede ocupar exactamente su lugar histórico, porque nadie puede volver a ser elegido para acompañar a Jesús desde el inicio de su ministerio ni recibir de Él la misión en las mismas condiciones. La Iglesia, sin embargo, continúa la misión apostólica mediante la sucesión episcopal.

Apostolicidad de la Iglesia

La Iglesia profesa en el Credo que es una, santa, católica y apostólica. Su apostolicidad posee varios aspectos complementarios:

  • Está fundada sobre los Apóstoles.
  • Conserva y transmite su enseñanza.
  • Mantiene la sucesión apostólica mediante los obispos.
  • Permanece unida a Pedro en la persona de su sucesor, el Romano Pontífice.
  • Continúa la misión evangelizadora recibida de Cristo.

La apostolicidad no significa únicamente que la Iglesia pueda demostrar una continuidad histórica externa. Implica también la fidelidad doctrinal, sacramental y pastoral a la comunidad fundada por Cristo. La Iglesia conserva la fe recibida de los Apóstoles y la proclama con unidad en todas las épocas y culturas.4

La misión apostólica alcanza a toda la Iglesia. Los obispos, presbíteros y diáconos participan en el servicio jerárquico; los religiosos y los fieles laicos contribuyen, cada uno según su vocación y estado de vida, a la evangelización y a la santificación del mundo.4

Colegio Apostólico y Colegio Episcopal

Diferencia fundamental

El Colegio Apostólico y el Colegio Episcopal guardan una relación de continuidad, pero no son idénticos en sentido absoluto.

Colegio ApostólicoColegio Episcopal
Está formado originariamente por los Doce Apóstoles elegidos por Cristo.Está formado por el Papa y los obispos, sucesores de los Apóstoles.
Sus miembros recibieron directamente de Jesucristo la misión apostólica.Sus miembros reciben el sacramento del Orden en el grado del episcopado.
Sus integrantes fueron testigos fundacionales de la vida, muerte y resurrección de Cristo.Sus integrantes conservan y ejercen la misión apostólica en la historia de la Iglesia.
Posee un carácter fundacional e irrepetible.Posee un carácter permanente y sucesorio.
Incluía a Pedro como cabeza elegida por Cristo.Incluye al Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del colegio.

La doctrina católica enseña que Pedro y los demás Apóstoles forman un único Colegio Apostólico y que, de manera análoga, el Romano Pontífice y los obispos constituyen un único Colegio Episcopal. El vínculo entre ambos colegios no consiste en una identidad personal, sino en la sucesión de una misión y de un ministerio instituidos por Cristo.5

Continuidad entre ambos colegios

El Concilio Vaticano II enseña que el Colegio Episcopal sucede al Colegio Apostólico en el magisterio y en el gobierno pastoral. De este modo, el cuerpo apostólico permanece en la Iglesia mediante el cuerpo episcopal. La sucesión apostólica posee, por tanto, una dimensión colegial: el obispo no recibe su misión únicamente como vínculo individual con un Apóstol concreto, sino como miembro del Colegio Episcopal que continúa al Colegio Apostólico.7

La continuidad no elimina las diferencias entre Apóstoles y obispos. Los Apóstoles fueron personalmente elegidos y formados por Cristo; los obispos reciben el episcopado mediante el sacramento del Orden y ejercen su ministerio dentro de la comunión jerárquica de la Iglesia. Los obispos participan de la misión apostólica, pero no reproducen todas las prerrogativas personales de los Doce ni de san Pablo.8

La incorporación al Colegio Episcopal acontece mediante la consagración episcopal y la comunión jerárquica con la cabeza y los demás miembros del colegio. La consagración comunica la plenitud del sacramento del Orden; la comunión jerárquica ordena el ejercicio legítimo del ministerio dentro de la unidad de la Iglesia.8

El Papa y el Colegio Episcopal

El Papa no sucede al conjunto de los Apóstoles como si ocupase individualmente el lugar de todos ellos. Su sucesión específica corresponde a san Pedro y procede de su condición de obispo de Roma. Por esta razón, el Romano Pontífice es cabeza del Colegio Episcopal de un modo análogo a como Pedro era cabeza del Colegio Apostólico.9

El Colegio Episcopal no existe nunca separado de su cabeza. La colegialidad episcopal incluye necesariamente la comunión con el Papa. Esta doctrina evita dos reducciones opuestas:

  • Una interpretación que transformase el episcopado en una suma de autoridades independientes.
  • Una interpretación que entendiese al Papa como una autoridad ajena al colegio episcopal.

La estructura querida por Cristo posee simultáneamente una dimensión colegial y una dimensión primacial. La diversidad de obispos expresa la universalidad de la Iglesia; la unidad con el Romano Pontífice expresa la unidad del rebaño de Cristo.10

Autoridad doctrinal y pastoral

Cristo confió al Colegio Apostólico la tarea de enseñar «todo» lo que había mandado. La misión apostólica incluye, por tanto, la custodia íntegra de la Revelación y su transmisión auténtica a todas las generaciones. Los Apóstoles no podían alterar el contenido del Evangelio; debían conservarlo, explicarlo y aplicarlo a las circunstancias de las comunidades cristianas.

La autoridad apostólica también incluía decisiones disciplinares y pastorales. El Concilio de Jerusalén demuestra que la Iglesia apostólica resolvía cuestiones concretas con autoridad vinculante para las comunidades. La enseñanza y el gobierno no aparecían separados: ambos estaban al servicio de la comunión y de la salvación.

En el Colegio Episcopal, esta misión continúa mediante el magisterio y el gobierno pastoral de los obispos en comunión con el Papa. La autoridad episcopal no procede de una delegación puramente administrativa, sino del sacramento del Orden; su ejercicio legítimo requiere la comunión jerárquica y la misión canónica correspondiente.8,9

Dimensión sacramental

El Colegio Apostólico no fue simplemente un organismo de dirección. Los Apóstoles recibieron también una misión santificadora. Cristo los envió a bautizar y les confió la celebración y administración de los signos mediante los cuales la gracia llega a los hombres.

La continuidad apostólica posee una dimensión sacramental porque el episcopado transmite mediante la ordenación la plenitud del sacramento del Orden. El obispo participa así en el ministerio apostólico de enseñar, santificar y regir. El carácter sacramental del episcopado distingue la sucesión apostólica católica de una mera sucesión histórica de cargos o de una continuidad institucional externa.

La potestad sacramental recibida en la consagración episcopal y la misión canónica necesaria para ejercer determinados oficios dentro de la Iglesia forman realidades relacionadas, pero distintas. La consagración comunica el don sacramental; la comunión jerárquica garantiza su ejercicio ordenado dentro de la estructura visible de la Iglesia.9

Unidad y comunión apostólicas

El Colegio Apostólico manifiesta que la Iglesia nace como una comunión visible. La unidad no consiste únicamente en compartir sentimientos religiosos o una inspiración espiritual común. Incluye la misma fe, la participación en los sacramentos y la adhesión a una autoridad pastoral legítima.

La vida de la primera comunidad cristiana giraba en torno a la enseñanza de los Apóstoles. La resolución de las controversias doctrinales y disciplinares exigía la comunión con ellos. San Pablo acudió a Jerusalén para garantizar su comunión con los Apóstoles y evitar que su misión quedase desvinculada del testimonio recibido por la Iglesia fundacional.2

Esta comunión continúa en la relación entre el Papa y los obispos, entre los obispos y sus Iglesias particulares, y entre todos los fieles unidos en la misma fe y en los mismos sacramentos. La Iglesia mantiene su identidad apostólica cuando conserva la comunión doctrinal, sacramental y jerárquica que procede de Cristo y de los Apóstoles.

Alcance para la vida de la Iglesia

La existencia del Colegio Apostólico tiene consecuencias directas para la comprensión católica de la Iglesia:

  • La Iglesia no nace de una iniciativa posterior de sus miembros, sino de una fundación realizada por Jesucristo.
  • La misión evangelizadora posee un origen divino y una estructura visible.
  • La verdad cristiana se transmite dentro de la sucesión apostólica.
  • La autoridad doctrinal y pastoral exige comunión con el sucesor de Pedro y con el Colegio Episcopal.
  • Todos los fieles participan en la misión apostólica, aunque no todos desempeñan el ministerio jerárquico.

La apostolicidad también orienta la misión de cada cristiano. Los fieles no sustituyen al Colegio Episcopal, pero colaboran en la difusión del Evangelio mediante la santidad de vida, la catequesis, la caridad, el testimonio público y las diversas responsabilidades temporales. La misión de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios, aunque sus funciones se distribuyen según los dones y ministerios recibidos.

Importancia teológica

El Colegio Apostólico une cuatro elementos esenciales de la eclesiología católica:

  1. Cristología: los Apóstoles reciben su misión de Jesucristo, enviado por el Padre.
  2. Eclesiología: Cristo funda la Iglesia sobre los Apóstoles y sobre Pedro, su cabeza visible.
  3. Sacramentología: la sucesión apostólica continúa mediante el sacramento del Orden.
  4. Misionología: la Iglesia existe para anunciar el Evangelio a todos los pueblos.

La Iglesia es apostólica porque permanece fundada en el testimonio de los Doce, conserva su enseñanza, celebra los sacramentos que ellos transmitieron y continúa su misión mediante el Papa, los obispos y todos los fieles. La continuidad apostólica no consiste en una repetición arqueológica de la comunidad del siglo I, sino en la presencia viva de la misma misión de Cristo dentro de la Iglesia que peregrina en la historia.

Conclusión

El Colegio Apostólico es la asamblea estable de los Doce Apóstoles, elegidos y enviados por Jesucristo para enseñar, santificar y gobernar a la Iglesia, con san Pedro como cabeza. Su carácter fundacional y testimonial resulta irrepetible, pero su misión permanece mediante el Colegio Episcopal, formado por el Papa y los obispos en comunión jerárquica con él.

La relación entre ambos colegios expresa la continuidad de la Iglesia a través de los siglos: el Colegio Episcopal sucede al Colegio Apostólico en el magisterio y en el gobierno pastoral, sin confundirse plenamente con él. Por esta continuidad, la Iglesia conserva la fe recibida de los Apóstoles, permanece unida a Pedro y anuncia el Evangelio hasta el final de los tiempos.

Citas y referencias

  1. Primera parte - La profesión de fe. Capítulo III - Creo en el Espíritu Santo. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica, promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 175 (2005).
  2. Sobre la naturaleza teológica y jurídica de las conferencias episcopales (1) - I. Introducción, Papa Juan Pablo II. Apostolos Suos, 1 (1998). 2 3 4 5 6 7
  3. Jean-Miguel Garrigues, O.P. La judaicidad de los apóstoles y sus implicaciones para la Iglesia apostólica, 5 (2014). 2 3 4 5
  4. Primera parte - La fe de la Iglesia - III. Creemos en Dios Padre, creador del cielo y la tierra, y en nuestro Salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, dador de vida - C. La Iglesia-un ícono de la más santa trinidad - II. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica - D. La Iglesia es apostólica, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 294 (2016). 2 3
  5. Capítulo III I. Creo en el Espíritu Santo, Catecismo de la Iglesia Católica, 880 (1992). 2
  6. Colegio apostólico, Enciclopedia Católica, Colegio Apostólico (1913).
  7. A. Bandera. La raíz sacerdotal de la colegialidad de los obispos, 14 (1982).
  8. A. Bandera. La raíz sacerdotal de la colegialidad de los obispos, 15 (1982). 2 3
  9. A. Bandera. La raíz sacerdotal de la colegialidad de los obispos, 19 (1982). 2 3
  10. Gianfranco Ghirlanda. De episcoporum conferentiis, 1990, Número 4, pp. 625-661, 2 (1990).
Modificado el 20 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.68Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/bg9692nrp

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