La oración y la petición de «no nos metas en tentación»
El Credo y el Padrenuestro expresan la confianza de que Dios no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas y que, a través de la oración, nos concede la gracia necesaria para resistir (cf. Our Father). Esta petición se fundamenta en la promesa de 1 Cor 10, 13 y en la enseñanza patrística de que la oración es prueba de gracia divina1.
La naturaleza de la tentación
Según la Enciclopedia Católica, la tentación es «un incitamento al pecado, ya sea externo o interno, que puede proceder de la propensión al mal heredada del pecado original o de la intervención directa del Diablo»2. No es pecado en sí misma; el pecado surge sólo cuando el individuo consiente la tentación con voluntad deliberada2.

