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Comisión para la evangelización

La comisión para la evangelización es un organismo pastoral constituido para promover, coordinar y sostener la misión evangelizadora de la Iglesia. Su finalidad no consiste principalmente en organizar actividades, sino en ayudar a que la Iglesia anuncie a Jesucristo, forme discípulos, acompañe a las comunidades cristianas y lleve el Evangelio a quienes todavía no lo conocen o han perdido el sentido de la fe.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreComisión para la evangelización
CategoríaDesconocido
DescripciónEstructura al servicio del obispo que facilita la planificación, coordinación y acompañamiento de la evangelización en la diócesis. Organismo pastoral constituido para promover, coordinar y sostener la misión evangelizadora de la Iglesia. La comisión para la evangelización actúa como instrumento de comunión al servicio del obispo, la diócesis y las parroquias, promoviendo que la Iglesia anuncie a Jesucristo, forme discípulos, acompañe a las comunidades cristianas y lleve el Evangelio a los que no lo conocen o han perdido el sentido de la fe. Sus competencias habituales incluyen reflexión y discernimiento pastoral, coordinación de iniciativas evangelizadoras, formación de agentes evangelizadores, integración de la catequesis dentro del proceso evangelizador y atención a la comunicación y la inculturación. La comisión evita reducir la evangelización a meras actividades sociales o a una enseñanza doctrinal sin conversión, y se orienta a la centralidad de Cristo, la conversión personal y la comunión eclesial
Autoridad EclesiásticaObispo diocesano
ContextoRespuesta a la secularización, la pluralidad religiosa y la transformación digital de la sociedad contemporánea, siguiendo los lineamientos de la constitución apostólica Praedicate Evangelium y el decreto Ad gentes.
TipoComisión pastoral, Diocesana

Tabla de contenido

Concepto y finalidad

La evangelización pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia. Jesucristo envió a los apóstoles a anunciar el Evangelio a todos los pueblos, y la Iglesia continúa este mandato a través de sus obispos, presbíteros, personas consagradas y fieles laicos. La evangelización constituye, por tanto, una misión recibida de Cristo y no una actividad opcional de carácter sociológico o administrativo.1

Pablo VI describió la evangelización como «la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda», porque la Iglesia existe para evangelizar.1 Una comisión para la evangelización participa de esta misión mediante la reflexión pastoral, la planificación, la coordinación de iniciativas y el acompañamiento de quienes anuncian la fe.

La comisión no sustituye a la Iglesia ni concentra en sí toda la acción evangelizadora. Actúa como un instrumento de comunión al servicio del obispo, de la diócesis, de las parroquias y de las diversas realidades eclesiales. La evangelización pertenece a todo el Pueblo de Dios, aunque cada miembro participa en ella según su vocación, sus carismas y las responsabilidades recibidas.2

Fundamento teológico

La misión nace de la Trinidad

La misión de la Iglesia hunde sus raíces en el designio salvador de Dios Padre, que quiere que todos los hombres alcancen la salvación y lleguen al conocimiento de la verdad. Este designio se realiza por medio de Jesucristo y alcanza históricamente a la humanidad mediante la Iglesia.3

El decreto Ad gentes del Concilio Vaticano II vinculó estrechamente la doctrina sobre la Iglesia con la doctrina sobre su misión. La misión no constituye un añadido externo a la identidad eclesial: manifiesta el misterio de la Iglesia y ayuda a comprenderlo.4

Una comisión para la evangelización debe actuar, por ello, desde una comprensión teológica de la misión. La planificación pastoral necesita partir de la iniciativa de Dios, del envío de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin esta perspectiva, la comisión correría el riesgo de reducir la evangelización a campañas, estadísticas, comunicación institucional o mantenimiento de estructuras.

El centro es Jesucristo

La evangelización tiene como contenido esencial a Jesucristo, muerto y resucitado, único Salvador y mediador entre Dios y los hombres. El anuncio cristiano no consiste simplemente en transmitir valores humanos, promover una cultura religiosa o defender una identidad social. Su centro es la proclamación del kerygma, es decir, el anuncio fundamental de la salvación realizada por Cristo.1

La comisión debe cuidar que todas las actividades pastorales conserven este centro. La catequesis, la liturgia, la acción caritativa, la formación, la comunicación y el diálogo cultural encuentran su unidad cuando conducen al encuentro con Cristo y a la incorporación plena a la vida de la Iglesia.

Palabra, sacramentos y caridad

La evangelización integra el anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos, la conversión personal, la vida comunitaria y el servicio de la caridad. La Iglesia anuncia el Evangelio no sólo con discursos, sino también mediante la vida santa, la liturgia, la atención a los pobres y el acompañamiento de quienes sufren. Praedicate Evangelium presenta la evangelización como un testimonio de la misericordia recibida de Dios y como una presencia cercana ante las personas vulnerables, enfermas y necesitadas.5

La comisión debe evitar dos reducciones opuestas:

  • Reducir la evangelización a la asistencia social, olvidando el anuncio explícito de Cristo.
  • Reducirla a la enseñanza doctrinal, sin conversión, comunión eclesial, celebración sacramental y servicio a los demás.

La acción evangelizadora alcanza su plenitud cuando la fe transforma la vida personal, la comunidad y la cultura.

Misión ad gentes y nueva evangelización

Misión ad gentes

La misión ad gentes-literalmente, «a las gentes»- dirige el anuncio de Jesucristo hacia quienes no lo conocen o no han recibido todavía el Evangelio. Incluye la primera proclamación de la fe, el diálogo con las religiones y culturas, la formación de nuevas comunidades cristianas y el acompañamiento de Iglesias particulares jóvenes.

La Iglesia conserva una responsabilidad universal respecto de los pueblos que aún no conocen el nombre de Jesús. La presencia de religiones no cristianas, de pueblos no evangelizados y de grupos humanos alejados de la tradición cristiana mantiene plenamente vigente esta dimensión misionera.6

Una comisión diocesana puede colaborar con esta misión mediante:

  • La animación misionera de las parroquias.
  • La cooperación con institutos misioneros.
  • La promoción de la oración y del apoyo económico a las misiones.
  • La preparación de voluntarios y agentes pastorales.
  • La atención pastoral a inmigrantes procedentes de contextos no cristianos.
  • La formación para el diálogo interreligioso.
  • El acompañamiento de comunidades nacientes.

La misión ad gentes no equivale a una imposición religiosa. La proclamación cristiana debe respetar plenamente la libertad religiosa y la conciencia de cada persona. Proponer el Evangelio con claridad y respeto no constituye violencia contra la libertad, mientras que imponerlo mediante coacción contradice la dignidad humana y la naturaleza misma de la fe.1

Nueva evangelización

La nueva evangelización se dirige especialmente a personas, pueblos y ambientes que recibieron en algún momento la fe cristiana, pero han perdido el sentido vivo de Dios, la práctica religiosa o la relación personal con Jesucristo. También alcanza a quienes conservan elementos culturales cristianos sin una adhesión consciente y transformadora al Evangelio.

La novedad no consiste en un Evangelio distinto ni en una segunda revelación. Consiste principalmente en una renovación del ardor, de los métodos y de las expresiones, para responder a contextos culturales marcados por la secularización, la indiferencia religiosa y la ruptura de la transmisión de la fe.7

La nueva evangelización afronta una situación distinta de la primera evangelización. La primera proclamación se dirige a un mundo que todavía no conoce a Cristo; la nueva evangelización entra en ambientes que conservan huellas cristianas, pero viven con frecuencia como si Dios no existiera. La cultura secularizada puede producir una ruptura entre la tradición religiosa recibida y las convicciones personales de las nuevas generaciones.8

Una comisión para la evangelización debe distinguir ambas tareas sin separarlas artificialmente. Una diócesis puede necesitar al mismo tiempo:

  • Anunciar a Cristo a personas que nunca han oído hablar de Él.
  • Reavivar la fe de bautizados alejados.
  • Acompañar a practicantes cuya fe permanece rutinaria.
  • Formar comunidades capaces de evangelizar en una sociedad plural.
  • Inculturar el Evangelio en nuevos contextos sociales y culturales.

Competencias habituales

Las competencias concretas dependen del derecho particular y de las decisiones del obispo o de la autoridad eclesial correspondiente. En términos generales, una comisión para la evangelización puede desempeñar las funciones siguientes.

Reflexión y discernimiento pastoral

La comisión estudia la situación religiosa, cultural y social del territorio. Analiza los obstáculos para la transmisión de la fe, identifica oportunidades misioneras y propone prioridades pastorales.

La reflexión no debe limitarse a recopilar datos. La secularización, el nihilismo antropológico, la fragmentación cultural y la pérdida de esperanza plantean cuestiones espirituales y teológicas que requieren una respuesta pastoral profunda.8

Coordinación de iniciativas

La comisión facilita la colaboración entre parroquias, asociaciones, movimientos, comunidades religiosas, colegios, capellanías y organismos diocesanos. La evangelización no constituye una suma de acciones aisladas, sino una tarea eclesial que necesita complementariedad y comunión.2

La coordinación puede incluir:

  • Calendarios comunes.
  • Campañas de anuncio misionero.
  • Itinerarios de formación.
  • Proyectos para jóvenes y familias.
  • Misiones populares.
  • Iniciativas de primer anuncio.
  • Encuentros de oración y discernimiento.
  • Materiales de apoyo pastoral.
  • Evaluación de los programas evangelizadores.

Formación de agentes evangelizadores

La comisión impulsa la formación bíblica, teológica, espiritual y pastoral de sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos. También ayuda a discernir los carismas y a preparar equipos capaces de acompañar procesos de conversión y maduración cristiana.

La formación debe transmitir fielmente la fe apostólica. La Iglesia tiene la responsabilidad de conservar y comunicar el mensaje revelado por Cristo y confiado a los apóstoles.9

Catequesis y acompañamiento

La comisión puede colaborar con el secretariado de catequesis, aunque no siempre coincide institucionalmente con él. Su tarea consiste en integrar la catequesis dentro de un proceso evangelizador más amplio, que incluya el primer anuncio, la conversión, la incorporación a la comunidad, la vida sacramental y la misión.

La catequesis no debe limitarse a preparar para recibir un sacramento. Debe conducir a una relación viva con Cristo, a la profesión de la fe, a la participación en la liturgia y al compromiso apostólico.

Comunicación y cultura

La comisión presta atención a los lenguajes contemporáneos y a los ambientes donde las personas forman sus criterios. La evangelización necesita expresiones comprensibles, fieles al contenido de la fe y adecuadas a las diversas culturas.

La inculturación no consiste en modificar el Evangelio para adaptarlo a cualquier mentalidad. Consiste en presentar la fe de modo que pueda arraigar en una cultura concreta, purificando cuanto contradice la Palabra de Dios y acogiendo cuanto posee auténtico valor humano. El fenómeno del sincretismo exige un discernimiento paciente que respete la historia y el ritmo de las personas sin confundir la fe cristiana con elementos incompatibles con ella.10

Organismos universales y estructuras diocesanas

El Dicasterio para la Evangelización

En la Curia Romana, el organismo actualmente dedicado de modo específico a la evangelización es el Dicasterio para la Evangelización. La constitución apostólica Praedicate Evangelium le atribuye el servicio a la obra evangelizadora para que Cristo sea conocido y testimoniado con palabras y obras, y para que se edifique la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo.11

El Dicasterio posee competencia sobre las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo y sobre la creación, el acompañamiento y el sostenimiento de nuevas Iglesias particulares, sin perjuicio de las competencias propias del Dicasterio para las Iglesias Orientales. Está organizado en dos secciones:

  1. Sección para las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo.
  2. Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares.11

La primera sección estudia, en colaboración con las Iglesias particulares, las conferencias episcopales, los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, las cuestiones fundamentales de la evangelización. También busca formas, instrumentos y lenguajes adecuados para el anuncio del Evangelio y pone en común experiencias pastorales significativas.11

Diferencia entre coordinación universal y ejecución local

El Dicasterio para la Evangelización ejerce una función universal de orientación, coordinación, estudio y apoyo. No dirige ordinariamente cada parroquia ni sustituye la responsabilidad pastoral de los obispos diocesanos.

La ejecución concreta de la evangelización corresponde principalmente a las Iglesias particulares. El obispo gobierna su diócesis, discierne las necesidades del territorio, establece organismos pastorales y coordina la acción de parroquias, asociaciones y comunidades. La comisión diocesana actúa bajo su autoridad y dentro del plan pastoral de la diócesis.

La antigua normativa curial ya atribuía al organismo misionero romano la dirección y coordinación universal de la propagación del Evangelio y de la cooperación misionera, respetando las competencias propias de otros organismos.12 Esta función universal no debe confundirse con la responsabilidad inmediata de cada obispo sobre su Iglesia particular.

La comisión diocesana

Naturaleza

Una comisión diocesana para la evangelización es una estructura de participación y coordinación creada por el obispo. Puede adoptar la forma de comisión episcopal, secretariado, delegación, consejo o equipo pastoral, de acuerdo con las necesidades y la organización de cada diócesis.

Su autoridad procede de la misión confiada al obispo y su servicio alcanza a toda la comunidad diocesana. La comisión no constituye una autoridad paralela al obispo ni un órgano autónomo frente a las parroquias.

Composición

La composición puede incluir:

  • Un sacerdote responsable.
  • Diáconos.
  • Religiosos y religiosas.
  • Catequistas.
  • Teólogos y especialistas en pastoral.
  • Representantes de parroquias.
  • Miembros de movimientos y asociaciones.
  • Jóvenes y familias.
  • Profesionales de la comunicación y la cultura.
  • Responsables de la acción caritativa.

La participación de los laicos manifiesta su responsabilidad propia en la misión de la Iglesia. Los consejos pastorales y presbiterales favorecen una colaboración ordenada entre sacerdotes y fieles, siempre bajo la responsabilidad del obispo.13

Relación con parroquias y movimientos

La comisión debe respetar la identidad y los carismas de las distintas realidades eclesiales, evitando tanto la dispersión como la uniformidad excesiva. Los movimientos y asociaciones pueden participar responsablemente en la misión de la Iglesia, pero necesitan mantener una comunión sólida con sus pastores. Ningún carisma dispensa de la referencia a la autoridad eclesial ni del discernimiento del obispo.14

La comisión ofrece criterios comunes, facilita recursos y promueve la colaboración, pero no debe absorber las iniciativas legítimas de las parroquias o de los carismas reconocidos por la Iglesia.

Principios de actuación

Centralidad de la conversión

La comisión debe orientar sus proyectos hacia el encuentro personal con Jesucristo, la conversión, la incorporación a la Iglesia y la perseverancia en la vida cristiana. La mera asistencia a actividades no equivale a evangelización.

Comunión eclesial

La evangelización pertenece a la Iglesia entera. Las acciones individuales, parroquiales o asociativas alcanzan su fecundidad plena cuando viven en comunión con el obispo, con las demás comunidades y con la Iglesia universal.2

Respeto a la libertad

La misión exige claridad doctrinal y respeto absoluto por la conciencia. El evangelizador propone la verdad de Cristo, pero no fuerza la respuesta de nadie. La fe sólo puede nacer de una adhesión libre.

Atención a los pobres y alejados

Una comunidad evangelizadora sale al encuentro de quienes viven en las periferias humanas y espirituales. La misericordia, la cercanía a los enfermos, la atención a los migrantes, la presencia en las cárceles y el acompañamiento de personas marginadas forman parte de una evangelización auténtica.13

Inculturación

La comisión debe conocer la realidad concreta de las personas y de los pueblos. El anuncio necesita expresarse en lenguajes accesibles y arraigarse en las culturas, sin diluir el contenido de la fe ni aceptar formas de sincretismo incompatibles con el cristianismo.

Evaluación misionera

La evaluación no debe medir únicamente el número de actividades, participantes o recursos empleados. Conviene valorar también:

  • El crecimiento de la fe.
  • La incorporación a la vida sacramental.
  • La creación de comunidades vivas.
  • La participación de los laicos.
  • La atención a los alejados.
  • La vocación misionera de los bautizados.
  • La unidad entre anuncio, liturgia y caridad.
  • La capacidad de acompañar procesos duraderos.

El objetivo principal de los procesos participativos no consiste en perfeccionar la organización eclesial, sino en alcanzar a todas las personas con el Evangelio.15

Riesgos y desviaciones

Una comisión para la evangelización puede perder su finalidad cuando:

  • Convierte la misión en burocracia.
  • Identifica evangelizar con organizar eventos.
  • Sustituye el anuncio de Cristo por un discurso meramente social.
  • Reduce la pastoral a estadísticas.
  • Confunde nueva evangelización con una simple campaña publicitaria.
  • Actúa al margen del obispo y de la comunidad diocesana.
  • Fragmenta la acción pastoral en iniciativas sin coordinación.
  • Adopta métodos incompatibles con la dignidad humana.
  • Confunde diálogo cultural con relativismo doctrinal.
  • Presenta la fe sin testimonio de caridad y santidad.

La renovación misionera exige estructuras flexibles, capaces de servir a la misión y de modificarse cuando dejan de cumplir esa finalidad. La cooperación entre diócesis, parroquias, sacerdotes y laicos puede proporcionar recursos y competencias que una sola comunidad no siempre posee.13

Importancia para la Iglesia contemporánea

La comisión para la evangelización adquiere especial relevancia en sociedades marcadas por la secularización, la movilidad humana, la pluralidad religiosa, la comunicación digital y la ruptura de la transmisión familiar de la fe. Estos fenómenos no permiten respuestas improvisadas, pero tampoco admiten una pastoral encerrada en sus propias estructuras.

La Iglesia necesita comunidades espiritualmente vivas, contemplativas, caritativas y capaces de anunciar el Evangelio con alegría. La renovación de la fe de los propios cristianos constituye una condición decisiva para el testimonio misionero, porque una fe rutinaria difícilmente puede comunicar la novedad de Cristo.6

La comisión presta un servicio valioso cuando ayuda a pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera. Su criterio último no consiste en conservar instituciones, sino en favorecer que cada bautizado descubra su responsabilidad evangelizadora y que cada comunidad se convierta en hogar abierto para quienes buscan a Dios.

Conclusión

La comisión para la evangelización es una estructura pastoral al servicio de la misión permanente de la Iglesia. Su razón de ser no reside en la administración de proyectos, sino en promover el anuncio de Jesucristo, la conversión, la vida sacramental, la comunión eclesial, la caridad y la misión.

Debe distinguir con claridad la misión ad gentes, dirigida a quienes todavía no conocen a Cristo, y la nueva evangelización, orientada hacia quienes han perdido el sentido vivo de la fe. También debe respetar la diferencia entre el servicio universal del Dicasterio para la Evangelización y la responsabilidad inmediata de las diócesis y parroquias.

Cuando actúa bajo la autoridad del obispo, en colaboración con sacerdotes, consagrados, laicos, parroquias y movimientos, la comisión se convierte en un instrumento eficaz para que la Iglesia viva su identidad más profunda: anunciar el Evangelio y llevar la misericordia de Cristo a todos los pueblos.

Citas y referencias

  1. Papa Juan Pablo II. 20 de octubre de 1979: Día Mundial de la Misión - Homilía, 1 (1979). 2 3 4
  2. A) La, Scripta Theologica. Recensiones, 1, 23 (1993). 2 3
  3. E. Borda. Reflexiones sobre la teología de la misión en el XXV aniversario del decreto «Ad Gentes», 6 (1990).
  4. E. Borda. Reflexiones sobre la teología de la misión en el XXV aniversario del decreto «Ad Gentes», 15 (1990).
  5. I. Preámbulo, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, I.1 (2022).
  6. La misión «Ad Gentes», Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, agosto de 1999, 77 (1999). 2
  7. F. Miguens. Latinoamérica ante la nueva evangelización, 6 (1992).
  8. ¿Dónde está tu dios? Respondiendo al desafío del descrédito y la indiferencia religiosa hoy - Introducción, Consejo Pontificio para la Cultura. ¿Dónde está tu Dios? Respondiendo al desafío del descrédito y la indiferencia religiosa hoy, INTRODUCCIÓN. 1 (2004). 2
  9. A. García-Bañón. Necesidad de la fe para la enseñanza de la teología católica, 21 (1973).
  10. Carlos Manuel de Céspedes. Desafíos de la Evangelización frente al Sincretismo, 10 (1992).
  11. V. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, abril de 2022, 29 (2022). 2 3
  12. III - Congregaciones - Congregación para la evangelización de los pueblos, Papa Juan Pablo II. Pastor Bonus, Art. 85 (1988).
  13. Papa Juan Pablo II. A los obispos de la Conferencia Episcopal de Francia en su visita ad limina (7 de febrero de 1992) - Discurso, 3 (1992). 2 3
  14. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 3, marzo de 2003, 35 (2003).
  15. Capítulo uno: La transformación misionera de la Iglesia - II. Actividad pastoral y conversión - Una renovación eclesial que no puede posponerse, Papa Francisco. Evangelii Gaudium, 31 (2013).
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