La misión fundamental de los comités para la educación católica se entrelaza con el mandato esencial de la Iglesia de comunicar a Cristo y enseñar todo lo que Él ordenó1. El propósito de la educación católica es ayudar a las personas a alcanzar la plenitud de la vida cristiana, buscando que Cristo se forme plenamente en ellas1.
Los objetivos específicos incluyen:
Formación integral: La escuela católica busca crear una atmósfera animada por el espíritu evangélico de libertad y caridad, ayudando al joven a desarrollar su personalidad en consonancia con la nueva creación que ha llegado a ser por el bautismo. Se esfuerza por relacionar toda la cultura humana con la noticia de la salvación, de modo que la luz de la fe ilumine el conocimiento que los estudiantes adquieren del mundo, de la vida y de la familia humana2.
Defensa de la libertad de enseñanza: Los comités a menudo trabajan para defender la libertad de enseñanza, un derecho humano fundamental de las personas y las familias, asegurando que los padres puedan elegir la escuela (pública o privada) a la que desean confiar a sus hijos3,4.
Promoción de la identidad católica: Es crucial que las instituciones católicas, desde la escuela primaria hasta la universidad, mantengan un compromiso institucional con la palabra de Dios, proclamada por la Iglesia Católica, como expresión de su identidad católica5.
Atención a los más necesitados: La educación católica debe evitar una visión elitista, buscando dar a todos los jóvenes, independientemente de sus convicciones religiosas o raza, las oportunidades necesarias para la construcción de su personalidad, vida moral y espiritual, y su inserción en la sociedad. Aquellos con recursos económicos limitados, privados de asistencia, sin fe o sin familias, deben ser beneficiarios privilegiados de la enseñanza católica4.
Formación de educadores: Es esencial formar docentes que trabajen en equipo para implementar eficazmente el estilo educativo católico en los diversos establecimientos3.
