La celebración puede seguir este esquema sencillo.
Reunión ante la puerta
La familia puede comenzar junto a la entrada de la casa. Una persona dirige la oración y otra lleva la tiza. Todos pueden hacer la señal de la cruz:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
A continuación, quien dirige puede decir:
En esta solemnidad de la Epifanía, recordamos que Jesucristo se manifestó como luz para todos los pueblos. Como los Magos llegaron hasta la casa donde estaba el Niño y lo adoraron, también nosotros queremos recibir al Señor en nuestro hogar y pedir su bendición para nuestra familia.
Proclamación de la Palabra de Dios
Conviene leer un breve pasaje del Evangelio según san Mateo:
«Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron».
(Mateo 2, 11)
Después de la lectura puede guardarse un breve silencio. La familia contempla a los Magos como peregrinos que buscan a Cristo y como testigos de que Jesús viene para todos los pueblos.
Peticiones
La familia puede responder: Señor, bendice nuestro hogar.
Por la Iglesia, para que anuncie a Jesucristo a todos los pueblos.
Roguemos al Señor.
Por quienes viven en esta casa, para que crezcan en la fe, la esperanza y la caridad.
Roguemos al Señor.
Por los enfermos, los ancianos y quienes sufren soledad.
Roguemos al Señor.
Por las personas que han tenido que abandonar su tierra y buscan acogida.
Roguemos al Señor.
Por los difuntos de nuestras familias, para que descansen en la paz de Cristo.
Roguemos al Señor.
La Epifanía posee una dimensión misionera y solidaria: la tradición cristiana vincula esta solemnidad con la ayuda a las misiones y con la acogida de quienes proceden de lugares lejanos.,
Oración del Señor
Todos rezan el padrenuestro:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.