Todo fiel conserva el derecho a recibir la sagrada comunión en la boca. La comunión en la mano también puede practicarse en aquellos territorios donde la conferencia episcopal ha obtenido para ello la aprobación de la Santa Sede.1,2
La forma de recibir la comunión no altera la fe católica en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Tanto quien comulga en la boca como quien lo hace en la mano debe manifestar la misma adoración y reverencia ante el Sacramento.3,4
La elección corresponde al fiel cuando la comunión en la mano está autorizada. Nadie puede imponer la comunión en la mano a quien desea recibirla en la boca; asimismo, la Iglesia pide que la opción autorizada de recibir en la mano se respete con reverencia.1,2


