Fidelidad a la fe católica
El director debe enseñar en armonía con la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. La dirección espiritual nunca puede contradecir la doctrina católica ni presentar como voluntad de Dios aquello que se opone a la moral cristiana o a la disciplina legítima de la Iglesia.
La autoridad del director es siempre subordinada a Cristo y a la Iglesia. La historia de la espiritualidad muestra el peligro de presentar al director como una autoridad autónoma, independiente de los pastores de la Iglesia o situada por encima de la conciencia del fiel.
Vida de oración y coherencia
La formación intelectual resulta necesaria, pero no basta. El director necesita una relación viva con Dios y una vida coherente con lo que aconseja. La experiencia espiritual personal permite reconocer con mayor prudencia la acción de la gracia y proponer medios concretos de crecimiento.
La coherencia no significa ausencia total de debilidades. Nadie acompaña desde una perfección humana absoluta. Significa vivir con sinceridad la conversión, buscar consejo, reconocer los propios límites y evitar utilizar el acompañamiento para alimentar el prestigio personal.
Formación teológica y espiritual
El director debería conocer la doctrina católica, la moral, la oración cristiana, el discernimiento y las principales tradiciones espirituales. La persona con experiencias místicas, trastornos psicológicos o situaciones humanas especialmente complejas necesita un acompañante prudente y bien formado, capaz de distinguir los fenómenos espirituales de las dificultades que requieren atención especializada.
La formación psicológica puede prestar una ayuda valiosa, pero no sustituye la dirección espiritual. La Iglesia distingue ambos ámbitos: la psicología estudia y trata determinadas realidades humanas; la dirección espiritual ayuda a vivir ante Dios y a discernir la vocación y la respuesta cristiana.
Capacidad de escuchar
Un buen director escucha antes de hablar. Atiende a la historia personal, formula preguntas prudentes y evita imponer inmediatamente una explicación o una solución. La escucha paciente permite percibir aspectos que no aparecen en una descripción superficial de los problemas.
También debe saber guardar silencio. La persona acompañada necesita espacios para expresar lo que vive sin sentirse interrogada, juzgada o apresurada. La dirección espiritual no consiste en llenar cada encuentro de consejos.
Prudencia y equilibrio
La prudencia permite aplicar la verdad cristiana a la situación concreta de cada persona. El director debe evitar tanto el rigorismo como la permisividad, tanto las recetas idénticas para todos como la búsqueda constante de novedades espirituales.
La tradición católica ha advertido contra prácticas que alejan innecesariamente de los sacramentos, exigen una perfección irreal o presentan la oración como una suspensión de la razón y de toda actividad humana.
Respeto por la libertad
El director orienta, pero no gobierna la vida del dirigido. Puede aconsejar, advertir, ayudar a valorar las consecuencias y proponer ejercicios; la decisión corresponde normalmente a la persona, que debe actuar responsablemente ante Dios.
La elección del director debe ser libre. La persona cristiana escoge a quien la acompañará en el camino común de la salvación dentro de un clima de amistad espiritual y confianza.
Discreción y respeto de la intimidad
La confidencialidad constituye una exigencia esencial. La persona comunica aspectos íntimos de su conciencia y tiene derecho al respeto de su privacidad. La Iglesia reconoce una obligación especial de secreto en la dirección espiritual, aunque esta confidencialidad no sea idéntica al sello sacramental de la confesión.
El dirigido debe conocer la diferencia entre la dirección espiritual y otros diálogos institucionales. En la vida religiosa, por ejemplo, el superior desempeña una función de gobierno distinta de la del director espiritual, que debe ser elegido libremente. La dirección espiritual no puede convertirse en un instrumento de control por parte de una autoridad externa.