Una explicación sencilla puede reunir la preparación en cinco pasos:
- Examinar la conciencia.
- Sentir dolor por los pecados.
- Proponerse no volver a pecar.
- Confesar los pecados al sacerdote.
- Aceptar la penitencia.
Esta formulación catequética resume los actos necesarios para recibir dignamente el sacramento.
Examen de conciencia
El niño recuerda las faltas cometidas desde la última confesión o, en el caso de la primera, aquellas acciones que reconoce como pecaminosas. Conviene que nombre los hechos con claridad, sin relatos demasiado largos ni acusaciones contra otras personas.
Contrición
La contrición es el dolor sincero por haber pecado. No exige que el niño experimente una emoción intensa. Basta con que comprenda que actuó mal, lamente su conducta y desee reconciliarse con Dios.
Puede explicarse así:
Estar arrepentido no significa sentirse miserable, sino reconocer el mal cometido y querer vivir de otra manera.
Propósito de la enmienda
El propósito consiste en desear sinceramente mejorar. No exige prometer que nunca volverá a caer, porque el niño todavía está aprendiendo y puede reincidir. Conviene formular un propósito concreto y realista:
- Hablar con respeto a los hermanos.
- Decir la verdad.
- Devolver lo que ha tomado.
- Pedir perdón.
- Compartir un juguete.
- Obedecer la primera vez.
- Apartarse de una situación que suele llevarle a actuar mal.
El rito para niños propone expresar el arrepentimiento y un propósito concreto de mejora, unido al deseo de caminar en la luz de Dios.
Confesión de los pecados
El niño debe aprender a decir sus pecados al sacerdote de manera clara, breve y sincera. No necesita utilizar palabras complicadas ni ofrecer una explicación extensa.
Puede comenzar con una fórmula sencilla:
Padre, bendígame, porque he pecado. Es mi primera confesión.
Después puede añadir:
Me acuso de haber mentido, de haber tratado mal a mi hermano y de no haber ayudado en casa.
La fórmula tradicional incluye la señal de la cruz y una petición de bendición al sacerdote antes de confesar los pecados.
Penitencia
La penitencia es una oración o acción que el sacerdote propone como respuesta a la gracia recibida. El niño debe cumplirla con atención y gratitud, no como un castigo humillante.
La penitencia puede consistir en:
- Rezar una oración.
- Dar gracias a Dios.
- Pedir perdón a alguien.
- Devolver un objeto.
- Realizar una obra de servicio.
- Reparar, dentro de sus posibilidades, el daño causado.
La penitencia no compra el perdón de Dios. Expresa el deseo de colaborar con la gracia y comenzar una vida renovada.