La enciclopedia católica en español

Cómo ganar el jubileo

Ganar el jubileo significa recibir la indulgencia jubilar, normalmente plenaria, mediante la conversión interior, la recepción de los sacramentos, la oración y el cumplimiento de la peregrinación u obra establecida para el Año Santo. El jubileo no consiste en realizar un trámite externo: invita a volver a Dios, reconciliarse con la Iglesia y practicar la misericordia.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo ganar el jubileo
CategoríaTérmino
DescripciónGuía espiritual para obtener la indulgencia del jubileo cumpliendo requisitos de fe y acción. Indulgencia jubilar plenaria que se obtiene mediante conversión interior, sacramentos, oración y cumplimiento de la obra o peregrinación establecida para el Año Santo. El jubileo es tiempo extraordinario de gracia, conversión y renovación cristiana ofrecido por la Iglesia
Aplicación MoralFomenta el perdón, la reparación de daños, la caridad y la reconciliación con Dios y el prójimo.
Contexto HistóricoBasado en la tradición jubilar de la Iglesia y regulado por documentos papales como Misericordiae Vult (2015), Charitate Christi (1825), Acta Apostolicae Sedis (1999, 2015) y enseñanzas de Juan Pablo II y Benedicto XIV.
Enseñanzas PrincipalesArrepentimiento sincero, confesión sacramental, participación en la Eucaristía, cumplir la peregrinación u obra jubilar, rezar por las intenciones del Papa, desapego total del pecado, ejercer obras de misericordia.
Importancia EclesialPromueve la indulgencia plenaria y la profundización de la misericordia divina en la vida de los fieles.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Significado del jubileo

El jubileo es un tiempo extraordinario de gracia, conversión y renovación cristiana. Durante el Año Santo, la Iglesia ofrece a los fieles medios especiales para profundizar en la misericordia de Dios y recibir una indulgencia conforme a las condiciones determinadas por el Romano Pontífice.

La indulgencia no sustituye el perdón sacramental. En el sacramento de la Reconciliación, Dios perdona los pecados; la indulgencia alcanza las consecuencias temporales que permanecen después del perdón. Por eso, la indulgencia ayuda al cristiano a crecer en la caridad y a apartarse del pecado.1

El jubileo tampoco constituye una autorización para pecar ni una reducción de las exigencias del Evangelio. Juan Pablo II enseñó que la indulgencia no es un «descuento» respecto de la conversión, sino una ayuda para vivirla con prontitud, generosidad y radicalidad.2

Qué es una indulgencia

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a pecados cuya culpa ya ha sido perdonada. La Iglesia concede esta gracia aplicando a los fieles los frutos de la redención de Cristo y la comunión espiritual de la Virgen María y de los santos.

La indulgencia puede ser:

  • Plenaria, cuando remite toda la pena temporal debida por los pecados.
  • Parcial, cuando remite una parte de esa pena.

La indulgencia jubilar posee carácter plenaria cuando el fiel cumple las condiciones establecidas y mantiene las disposiciones espirituales requeridas. La Iglesia concede esta gracia en el marco de su misión de anunciar y comunicar la misericordia de Dios.1

La indulgencia puede aplicarse:

  • Por uno mismo, mientras se vive.
  • Por los fieles difuntos, como sufragio, es decir, mediante la oración y la intercesión de la Iglesia por ellos.

Condiciones fundamentales para ganar el jubileo

Las condiciones concretas cambian según el jubileo y aparecen en los documentos pontificios que convocan o regulan cada Año Santo. Sin embargo, la tradición jubilar reúne normalmente varios elementos esenciales.

Conversión interior

El fiel debe acercarse al jubileo con un corazón arrepentido y con el deseo sincero de cambiar de vida. La indulgencia exige una disposición espiritual auténtica, no una práctica puramente exterior.

La peregrinación, la oración y las obras jubilares expresan el deseo de abandonar el pecado y regresar a Dios. El peregrino cruza la Puerta Santa como signo de su decisión de acoger la misericordia divina y vivir con mayor fidelidad el Evangelio.3

La conversión incluye también:

  • Rechazar el pecado grave y deliberado.
  • Evitar, en la medida posible, las ocasiones próximas de pecado.
  • Reparar el daño causado.
  • Perdonar las ofensas recibidas.
  • Restablecer la justicia cuando exista una obligación pendiente.
  • Rechazar el odio, la venganza y la difamación.

La absolución no puede separarse del arrepentimiento verdadero. La tradición penitencial de la Iglesia exige dolor por el pecado y voluntad de corregirse, especialmente cuando existen enemistades, escándalos o daños que el penitente puede reparar.4

Confesión sacramental

La persona que desea ganar la indulgencia jubilar debe recibir el sacramento de la Reconciliación. La confesión reconcilia al pecador con Dios y con la Iglesia, y dispone al cristiano para recibir la gracia jubilar.

La confesión puede realizarse antes o después de la obra jubilar, dentro del periodo que permita la disciplina establecida para el Año Santo. Cuando exista alguna duda sobre el plazo o sobre una situación personal concreta, conviene consultar al sacerdote que administra el sacramento.

La confesión requiere:

  1. Examen de conciencia.
  2. Contrición por los pecados.
  3. Confesión íntegra de los pecados graves.
  4. Propósito de enmienda.
  5. Cumplimiento de la penitencia recibida.

La indulgencia no perdona por sí misma los pecados mortales. El sacramento de la Reconciliación resulta necesario para recuperar la gracia santificante cuando el pecado grave ha roto la comunión con Dios. La indulgencia actúa sobre las consecuencias temporales del pecado ya perdonado.1

Recepción de la Eucaristía

El fiel debe participar dignamente en la santa Misa y recibir la sagrada Comunión. La Eucaristía expresa y fortalece la comunión con Cristo y con toda la Iglesia.

La Comunión debe recibirse con fe, reverencia y la debida preparación espiritual. La participación eucarística no constituye un gesto aislado: completa la peregrinación jubilar y orienta la vida cristiana hacia la unión con Cristo.

Oración por las intenciones del Papa

Otra condición habitual consiste en rezar por las intenciones del Romano Pontífice. Esta oración manifiesta la comunión con el Papa y con toda la Iglesia.

El fiel puede emplear una oración espontánea o fórmulas tradicionales, como el padrenuestro, el avemaría y el gloria. La oración debe brotar de una disposición creyente y no de una repetición mecánica.

Los documentos jubilares vinculan la indulgencia con la confesión de la fe y con la oración por el Papa y por sus intenciones para el bien de la Iglesia y del mundo.5

Cumplimiento de la obra jubilar

Cada jubileo determina una obra concreta. Habitualmente incluye una peregrinación a una Puerta Santa, a una basílica, a una catedral, a un santuario o a otro templo designado por la autoridad eclesiástica.

La obra puede consistir también en:

  • Participar devotamente en una celebración litúrgica.
  • Adorar al Santísimo Sacramento.
  • Rezar el vía crucis o el rosario.
  • Meditar ante una imagen sagrada.
  • Realizar una obra de misericordia.
  • Visitar a una persona enferma, anciana, encarcelada o necesitada.
  • Practicar una obra penitencial o caritativa establecida para ese jubileo.

Las condiciones exactas dependen del decreto correspondiente a cada Año Santo. Por ello, el peregrino debe atender a las disposiciones del Papa, de la diócesis y del templo jubilar.

La peregrinación jubilar

La peregrinación ocupa un lugar central en el Año Santo porque representa el camino de toda la vida humana hacia Dios. El cristiano aparece como un peregrino que avanza hacia una meta y acepta el esfuerzo necesario para alcanzarla.3

La Puerta Santa

El paso por la Puerta Santa expresa el deseo de entrar en la misericordia de Dios y comenzar una vida renovada. El gesto exterior adquiere sentido cuando está unido a la fe, al arrepentimiento y a la decisión de practicar la misericordia con los demás.

El fiel puede preparar la entrada con:

  • Una breve lectura del Evangelio.
  • Un examen de conciencia.
  • Una petición de perdón.
  • La recitación del credo.
  • El padrenuestro.
  • Una oración por el Papa y por la Iglesia.

En el Jubileo de la Misericordia, la Santa Sede vinculó la indulgencia con una breve peregrinación a una Puerta Santa abierta en las catedrales, en las iglesias designadas por el obispo diocesano, en las basílicas papales de Roma y en otros santuarios o iglesias jubilares.5

La peregrinación como camino de misericordia

El peregrino no debe limitarse a visitar un templo. La peregrinación reclama una transformación de la conducta. Jesús une la misericordia con la renuncia a juzgar y condenar, el perdón y la generosidad hacia los demás.3

Por eso, ganar el jubileo implica procurar:

  • No difamar ni destruir la reputación ajena.
  • No juzgar temerariamente.
  • Perdonar las ofensas.
  • Ayudar con generosidad.
  • Acoger a quien sufre.
  • Practicar la paciencia y la compasión.
  • Reconciliarse con quienes exista una enemistad.

La peregrinación exterior pierde su sentido si el peregrino mantiene deliberadamente el odio, la injusticia o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.

Cómo ganar el jubileo paso a paso

Prepararse espiritualmente

Antes de iniciar la peregrinación, conviene dedicar un tiempo a la oración y al examen de conciencia. La preparación ayuda a comprender que el jubileo no es una visita turística ni una formalidad religiosa.

El fiel puede preguntarse:

  • ¿Qué pecados necesitan reconciliación?
  • ¿Qué personas necesitan mi perdón?
  • ¿Qué daño debo reparar?
  • ¿Qué hábitos me alejan de Dios?
  • ¿Qué obra de misericordia debo practicar?
  • ¿Cómo puedo vivir con mayor fidelidad la caridad cristiana?

Recibir el sacramento de la Reconciliación

La confesión debe realizarse con sinceridad, arrepentimiento y propósito de enmienda. El penitente recibe la absolución y cumple la penitencia indicada por el sacerdote.

Participar en la Eucaristía

La participación en la Misa y la recepción de la Comunión deben ocupar un lugar central en la celebración jubilar. La Eucaristía une al fiel con Cristo y con la comunión de los santos.1

Cumplir la peregrinación u obra prescrita

El fiel realiza la visita o la obra establecida para ese Año Santo. Durante ella puede participar en la Misa, rezar el rosario, adorar al Santísimo Sacramento, meditar la Palabra de Dios o realizar otra práctica aprobada.

Rezar por el Papa

Después o durante la obra jubilar, el fiel reza por las intenciones del Romano Pontífice y por las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Mantener el desapego del pecado

La indulgencia plenaria exige un desapego completo de cualquier pecado, incluso venial. Este requisito no significa que el cristiano nunca experimente tentaciones o debilidades, sino que no conserve deliberadamente apego a ningún pecado.

La falta de este desapego puede impedir que la indulgencia sea plenaria. En tal caso, la persona no pierde el valor espiritual de la oración, la confesión, la Comunión o la peregrinación, pero no alcanza la remisión plenaria si falta alguna condición requerida.

Personas que no pueden peregrinar

La Iglesia contempla la situación de los enfermos, las personas mayores, quienes viven solos y quienes no pueden salir de casa por una causa legítima.

Estas personas pueden unirse espiritualmente a la celebración jubilar mediante:

  • La oración desde el propio domicilio.
  • La aceptación cristiana de la enfermedad y del sufrimiento.
  • La participación espiritual en las peregrinaciones de otros fieles.
  • La unión con la Misa y con las oraciones del pueblo cristiano.
  • La ofrenda a Dios de las limitaciones, dolores e incomodidades.
  • La recepción de los sacramentos cuando resulte posible.

Las disposiciones jubilares han previsto que quienes no pueden visitar un templo puedan sustituir la visita por una práctica espiritual adecuada, determinada según su situación y, cuando proceda, por el confesor o la autoridad eclesiástica.6

Francisco pidió una atención particular a los enfermos y a las personas ancianas o solas, invitándolos a vivir la enfermedad y la soledad unidos a la pasión, muerte y resurrección de Cristo.5

El jubileo y las obras de misericordia

El Año Santo impulsa las obras de misericordia corporales y espirituales. La indulgencia no puede separarse de la caridad, porque la conversión auténtica transforma la relación con Dios y con el prójimo.

Entre las obras corporales figuran:

Entre las obras espirituales figuran:

La misericordia exige evitar la condena y el juicio temerario, pero también actuar positivamente mediante el perdón, la generosidad y la ayuda concreta al necesitado.3

Aplicación de la indulgencia a los difuntos

El fiel puede ofrecer la indulgencia por las almas de los difuntos. Esta práctica expresa la comunión de los santos: la unión espiritual entre los fieles de la tierra, los santos del cielo y quienes esperan la purificación definitiva.

La aplicación por los difuntos no reemplaza la oración, la Misa ni la caridad cristiana, sino que participa de la intercesión de toda la Iglesia. La enseñanza tradicional distingue entre la indulgencia aplicada a los vivos y la ofrecida por los difuntos como sufragio.4

Errores frecuentes

Confundir indulgencia y perdón de los pecados

La indulgencia no absuelve los pecados cuya culpa permanece. El perdón sacramental corresponde a la Reconciliación. La indulgencia remite la pena temporal de los pecados ya perdonados.1

Reducir el jubileo a una visita

Visitar una Puerta Santa sin fe, arrepentimiento, oración ni deseo de conversión no expresa plenamente el sentido jubilar. El gesto exterior necesita una respuesta interior.

Pensar que basta cumplir una lista

La confesión, la Comunión, la oración y la peregrinación no funcionan como actos mágicos o automáticos. La Iglesia pide una disposición espiritual coherente con la gracia que el fiel solicita.

Mantener voluntariamente el odio

El penitente que no quiere perdonar, reparar un daño posible o abandonar una situación pecaminosa contradice el sentido de la indulgencia. La conversión exige una voluntad real de cambiar, aunque el proceso pueda requerir tiempo y ayuda pastoral.4

Ignorar las condiciones propias de cada jubileo

Cada Año Santo puede establecer lugares, fechas, oraciones y obras particulares. El fiel debe cumplir las normas promulgadas para el jubileo concreto, especialmente cuando regulan la posibilidad de ganar la indulgencia más de una vez o la forma de sustituir la peregrinación.

Sentido espiritual del jubileo

Ganar el jubileo significa acoger la misericordia de Dios y dejar que transforme la vida. El peregrino recibe la gracia de Cristo por medio de la Iglesia y, fortalecido por ella, procura vivir con mayor caridad.

La indulgencia muestra que la misericordia divina no se limita a borrar la culpa. También sana las consecuencias del pecado y capacita al creyente para crecer en el amor.1

El fruto más auténtico del jubileo aparece después de la peregrinación: una vida reconciliada, una conciencia más limpia, una relación renovada con la Eucaristía, una mayor disponibilidad para servir y una práctica más generosa de la misericordia.

En síntesis, el camino habitual para ganar el jubileo comprende:

  1. Arrepentirse sinceramente y desear la conversión.
  2. Recibir el sacramento de la Reconciliación.
  3. Participar en la Eucaristía y recibir la Comunión.
  4. Cumplir la peregrinación u obra establecida.
  5. Rezar por las intenciones del Papa.
  6. Mantener un desapego completo de todo pecado.
  7. Vivir la caridad mediante obras concretas de misericordia.

El jubileo alcanza su plenitud cuando la indulgencia recibida se convierte en una vida nueva: reconciliada con Dios, unida a la Iglesia y misericordiosa con el prójimo.

Citas y referencias

  1. Papa Francisco. Misericordiae Vultus - Bula de indición del Jubileo Extraordinario de la Misericordia (11 de abril de 2015), 22 (2015). 2 3 4 5 6
  2. Papa Juan Pablo II. A Su Eminencia el Cardenal William W. Baum (1 de abril de 2000) - Discurso, 6 (2000).
  3. Papa Francisco. Misericordiae Vultus - Bula de indición del Jubileo Extraordinario de la Misericordia (11 de abril de 2015), 14 (2015). 2 3 4
  4. Papa León XII. Charitate Christi, 1 (1825). 2 3
  5. II, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 9, 2015, 130 (2015). 2 3
  6. Santísima Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 2, febrero de 1999, 19 (1999).
Modificado el 5 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.89Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/9mwwfx1cx

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →