Visitar devotamente un cementerio
La persona debe acudir a un cementerio con actitud de fe, recogimiento y respeto. La visita puede realizarse en un cementerio católico o en otro lugar donde reposen difuntos, siempre que la finalidad sea rezar por ellos y no limitarse a una visita meramente social o turística.
La visita puede hacerse a una tumba concreta, a varias sepulturas o al conjunto del cementerio. No resulta necesario visitar la tumba de un familiar. La concesión pide una visita devota y una oración por los difuntos.
Rezar por los difuntos
Durante la visita hay que orar por las almas de los difuntos. La oración puede ser vocal o interior: basta con dirigirse a Dios mentalmente con esa intención. El Enchiridion indulgentiarum admite expresamente que la súplica por los difuntos se haga incluso sólo con la mente.
Pueden emplearse, entre otras, estas oraciones:
- Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Descansen en paz. Amén.
- El Padrenuestro.
- El Credo.
- El salmo De profundis-Salmo 129-.
- Una decena o el rosario completo.
- Una oración espontánea por todos los fieles difuntos.
La piedad popular recomienda especialmente el De profundis y la invocación Requiem aeternam, que también puede acompañar el rezo del Ángelus, del rosario o de las oraciones cotidianas.
Cumplir las condiciones generales de la indulgencia plenaria
Además de realizar la obra indulgenciada, la persona debe cumplir las condiciones generales establecidas para las indulgencias plenarias:
- Confesión sacramental.
- Recepción de la sagrada Comunión.
- Oración por las intenciones del Romano Pontífice.
- Desapego completo de cualquier pecado, incluso venial.
La normativa tradicional exige también encontrarse en estado de gracia al terminar las obras prescritas y tener, al menos, una intención general de ganar la indulgencia.
La oración por las intenciones del Papa puede cumplirse con un Padrenuestro y un Avemaría, aunque cualquier oración adecuada resulta válida. La confesión y la Comunión pueden realizarse en días próximos a la visita, conforme a la disciplina habitual de la Iglesia; la Comunión conviene recibirla el mismo día de la obra indulgenciada.
El desapego completo del pecado constituye la condición más exigente. Si falta, la indulgencia plenaria no alcanza su efecto pleno, aunque la obra realizada conserva su valor espiritual y puede obtenerse una indulgencia parcial.