La genuflexión expresa adoración, no un simple saludo ni una muestra convencional de respeto. Por este motivo, la liturgia romana reserva este gesto principalmente al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz durante el período litúrgico establecido para su adoración solemne.1
El gesto corporal manifiesta la fe en la presencia real de Cristo bajo las especies eucarísticas. La Iglesia relaciona la reverencia ante el sagrario, la adoración eucarística y la genuflexión con la fe en que Jesucristo permanece verdaderamente presente en el Sacramento.3,4
La genuflexión no sustituye la fe interior, pero ayuda a expresarla y educa el cuerpo para vivir con mayor conciencia el misterio celebrado. La reverencia exterior debe proceder de una actitud interior de adoración, humildad y gratitud.2,5


