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Cómo hacer un examen de conciencia diario

El examen de conciencia diario es una práctica de oración mediante la cual el cristiano repasa la jornada ante Dios, reconoce sus pecados y omisiones, agradece la gracia recibida y discierne cómo avanzar en la vida cristiana. No consiste únicamente en elaborar una lista de faltas: también ayuda a descubrir la acción providente de Dios, conocer el propio corazón, crecer en libertad y concretar un propósito de conversión.

Exercitia Spiritualia 1ed2
Ver información de la imagenEjercicios espirituales, c. 1548, 1a ed., San Ignacio de Loyola, Dominio Público. 📄
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NombreCómo hacer un examen de conciencia diario
CategoríaObra
DescripciónRevisión diaria de pensamientos, palabras, obras y omisiones a la luz de la voluntad de Dios. Práctica de oración mediante la que el cristiano repasa su jornada ante Dios, reconoce pecados y omisiones, agradece la gracia y formula un propósito de conversión. Consiste en agradecer los dones recibidos, identificar pecados, pedir perdón y establecer un propósito concreto, siguiendo el método de cinco pasos de San Ignacio de Loyola y recomendado por el Papa Francisco
Autoridad EclesiásticaSan Ignacio de Loyola
ContextoTradición espiritual católica, parte de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y de la vida devocional cotidiana.
ImportanciaPromueve autoconocimiento, humildad, gratitud y preparación para el sacramento de la Penitencia.
Papa RelacionadoPapa Francisco
TipoOración, práctica de oración, XVI

Tabla de contenido

Naturaleza del examen de conciencia

El examen de conciencia forma parte de la tradición espiritual católica. Habitualmente tiene lugar por la noche, antes de acostarse, aunque cada persona puede elegir otro momento estable que facilite el recogimiento. La práctica consiste en revisar el día a la luz de la voluntad de Dios, de sus mandamientos y del Evangelio. Este ejercicio permite contemplar tanto la bondad de Dios como la propia fragilidad moral.1

La conciencia no actúa aquí como un simple registro psicológico de acontecimientos. El cristiano entra en diálogo con Dios y procura contemplar su jornada con una mirada veraz, humilde y confiada. El examen transforma los hechos cotidianos -palabras, decisiones, encuentros, reacciones y omisiones- en materia de oración y discernimiento.

El examen diario posee tres dimensiones inseparables:

  • Acción de gracias: reconoce los dones recibidos y el bien realizado con la ayuda de la gracia.
  • Conversión: identifica el pecado, la negligencia, la resistencia a Dios y las ocasiones desaprovechadas para amar.
  • Propósito: formula una respuesta concreta para el día siguiente.

San Ignacio de Loyola organizó el examen general en cinco puntos: agradecer los beneficios de Dios, pedir luz para conocer los pecados, revisar la jornada, pedir perdón y tomar una resolución de enmienda.2,3

Finalidad espiritual

Conocer el propio corazón

El examen diario favorece el autoconocimiento, es decir, la capacidad de reconocer con sinceridad lo que ocurre en los propios pensamientos, palabras, deseos, decisiones y afectos. La persona empieza a advertir inclinaciones y reacciones que normalmente pasan inadvertidas. También aprende a reconocer sus defectos sin justificarlos, pero sin perder la confianza en la misericordia divina.4

El papa Francisco relaciona este ejercicio con la libertad interior. Preguntas como «¿qué ocurrió hoy en mi corazón?», «¿qué me produjo alegría?» o «¿qué me causó tristeza?» permiten descubrir las motivaciones profundas que orientan las decisiones. Esta mirada ayuda a distinguir los deseos auténticos de las influencias pasajeras, las presiones externas y los impulsos que reducen la libertad.5

Reconocer la acción de Dios

La revisión diaria no debe concentrarse exclusivamente en los pecados. Dios actúa también mediante acontecimientos sencillos, personas concretas, tareas ordinarias, palabras recibidas, oportunidades de servicio y momentos de paz. La persona que relee su jornada con calma puede descubrir bienes discretos que, en el momento de vivirlos, no había valorado suficientemente.6

La gratitud ocupa, por tanto, un lugar fundamental. El cristiano reconoce la vida, la fe, la protección, las capacidades, las relaciones humanas, el trabajo y cualquier ayuda recibida como dones que orientan hacia Dios. San Ignacio invita a recordar los beneficios de la creación, la redención y los dones particulares recibidos.7

Evitar la repetición del pecado

El examen ayuda a identificar patrones. Una reacción de ira, una palabra hiriente, una negligencia habitual o una búsqueda desordenada de reconocimiento pueden aparecer repetidamente en circunstancias semejantes. La revisión ordenada de la jornada permite descubrir esas conexiones y preparar una respuesta diferente.

La tradición espiritual atribuye a este ejercicio una función preventiva: quien examina sus acciones pasadas adquiere mayor capacidad para evitar faltas semejantes en el futuro.4

Discernir la voluntad de Dios

El examen diario también pertenece al ámbito del discernimiento espiritual. Discernir significa reconocer, con la ayuda de la gracia y de la razón, qué movimientos interiores conducen a Dios y cuáles apartan de él. La Iglesia presenta el discernimiento como una tarea necesaria no sólo ante decisiones extraordinarias, sino también en los pequeños acontecimientos de cada día.8

La experiencia de una jornada puede incluir consuelo y desolación:

  • El consuelo espiritual comprende un crecimiento de la fe, la esperanza y la caridad, una alegría interior orientada hacia Dios y un deseo más sincero de servirle.
  • La desolación espiritual puede incluir oscuridad interior, inquietud, tristeza, pereza espiritual, pérdida de confianza y tendencia hacia bienes inferiores.

San Ignacio emplea estos términos para describir movimientos interiores que conviene observar con prudencia, sin identificar automáticamente cualquier emoción agradable con una inspiración divina ni cualquier sufrimiento con una señal de abandono de Dios.9

Preparación práctica

Elegir un momento fijo

La regularidad importa más que la duración. Un momento apropiado suele ser el final de la jornada, antes de dormir, cuando han terminado las principales ocupaciones. También puede practicarse después de la cena o en cualquier otro momento que permita atención y silencio.

Conviene evitar realizarlo con prisa, mientras se consulta el teléfono o cuando el cansancio impide pensar con claridad. Unos minutos de silencio favorecen una revisión más sincera.

Adoptar una postura de oración

El examen no equivale a una autopsia psicológica ni a una contabilidad obsesiva de errores. La persona permanece ante Dios como criatura necesitada de gracia. Puede comenzar con una señal de la cruz, una breve invocación al Espíritu Santo o una oración sencilla:

«Señor, ayúdame a mirar este día con verdad, gratitud y humildad. Muéstrame cómo he respondido a tu amor y dame fuerza para vivir mejor mañana».

La petición de luz resulta esencial. San Ignacio propone pedir a Dios la gracia de conocer los propios pecados y expulsarlos de la vida mediante la conversión.3

Repasar la jornada

La memoria necesita un orden. El cristiano puede recorrer el día desde que se levantó hasta el momento presente, dividiéndolo en periodos: mañana, mediodía, tarde y noche. También puede recordar los lugares visitados, las personas tratadas, las obligaciones cumplidas y las situaciones extraordinarias.

Esta revisión cronológica evita dos errores opuestos:

  • recordar sólo un acontecimiento especialmente negativo;
  • reducir el examen a impresiones vagas, sin relación con hechos concretos.

San Ignacio recomienda recorrer las horas o los periodos del día y considerar sucesivamente los pensamientos, las palabras y las obras.3

Método de los cinco pasos

Agradecer a Dios

El primer paso consiste en reconocer el bien recibido. La persona puede dar gracias por:

  • el don de la vida;
  • la fe y los sacramentos;
  • la salud o la fortaleza para afrontar una enfermedad;
  • las personas que le han ayudado;
  • el trabajo, el estudio o las responsabilidades cumplidas;
  • una conversación provechosa;
  • una ocasión de servir;
  • una tentación vencida;
  • una alegría sencilla;
  • el perdón recibido o concedido.

La acción de gracias protege el examen contra una mirada pesimista. La jornada no aparece únicamente como una sucesión de fallos, sino como un espacio donde Dios ha concedido bienes y oportunidades de santificación. La tradición espiritual recomienda terminar el día agradeciendo tanto los dones recibidos como el bien realizado.4

Pedir luz y humildad

A continuación, conviene pedir al Señor una mirada limpia. La persona no siempre conoce sus verdaderas motivaciones: puede llamar prudencia al miedo, celo a la irritación, generosidad al deseo de reconocimiento o sinceridad a la falta de caridad.

Una oración breve puede expresar esta disposición:

«Señor, hazme conocer mis pecados, mis omisiones y mis resistencias a la gracia. Líbrame de la autojustificación y de la desesperanza».

La humildad no consiste en despreciarse. Consiste en aceptar la verdad sobre uno mismo ante Dios: reconocer el bien como don y el mal como responsabilidad, sin atribuirse méritos absolutos ni negar las propias faltas.

Examinar pensamientos, palabras, obras y omisiones

El tercer paso revisa la jornada desde cuatro perspectivas.

Pensamientos y deseos

Conviene preguntar:

  • ¿He alimentado voluntariamente pensamientos contrarios a la caridad, la pureza, la justicia o la verdad?
  • ¿He cultivado resentimiento, envidia, orgullo o desprecio?
  • ¿He juzgado temerariamente a otras personas?
  • ¿He consentido fantasías o deseos desordenados?
  • ¿He rechazado una inspiración buena por comodidad o egoísmo?
  • ¿He permitido que una preocupación ocupe el lugar de la confianza en Dios?

La mera aparición involuntaria de una tentación no constituye pecado. La responsabilidad moral depende del consentimiento deliberado y de la materia concreta. Por este motivo, el examen debe distinguir entre una tentación sufrida y una decisión interior aceptada.

Palabras

Las palabras pueden edificar o destruir. Conviene revisar:

  • ¿He mentido o exagerado?
  • ¿He difundido rumores?
  • ¿He dañado la reputación de alguien?
  • ¿He hablado con dureza innecesaria?
  • ¿He utilizado la ironía para humillar?
  • ¿He incumplido una promesa?
  • ¿He guardado silencio ante una injusticia que podía y debía evitar?
  • ¿He hablado sin necesidad, por vanidad o deseo de llamar la atención?

San Ignacio considera ociosa la palabra que no busca un beneficio legítimo para quien habla o para otra persona. También advierte contra las palabras que perjudican injustamente la fama ajena.3

Obras

Las acciones concretas muestran la orientación real de la vida. Puede resultar útil preguntar:

  • ¿He cumplido mis obligaciones con responsabilidad?
  • ¿He tratado a cada persona con respeto?
  • ¿He actuado con justicia en el trabajo, en los estudios o en los negocios?
  • ¿He ayudado a quien necesitaba apoyo?
  • ¿He actuado movido por el orgullo, la pereza, la avaricia, la ira o la vanidad?
  • ¿He utilizado bien el tiempo?
  • ¿He cuidado la salud y los bienes que Dios me ha confiado?
  • ¿He buscado deliberadamente una ocasión de hacer el bien?

El examen no debe aislar los actos de sus circunstancias. La importancia moral de una acción depende de su objeto, de la intención y de las circunstancias. Cuando una situación plantea dudas graves, el discernimiento prudente requiere consejo espiritual y, cuando corresponde, orientación del confesor.

Omisiones

Una persona puede pecar no sólo por hacer el mal, sino también por dejar de realizar un bien que tenía obligación o capacidad razonable de realizar. Conviene preguntarse:

  • ¿He omitido una obligación importante por pereza?
  • ¿He dejado de prestar una ayuda que podía ofrecer?
  • ¿He evitado una reconciliación por orgullo?
  • ¿He descuidado la oración o la participación en la vida cristiana?
  • ¿He ignorado a una persona vulnerable?
  • ¿He dejado pasar una oportunidad clara de actuar con justicia o caridad?

La tradición ascética incluye expresamente las omisiones voluntarias o involuntarias dentro de la materia de la revisión diaria.4

Pedir perdón

Después de reconocer las faltas, el cristiano pide perdón a Dios con contrición. La contrición implica pesar por el pecado y rechazo de la ofensa cometida contra Dios, junto con el deseo de no volver a pecar.

Puede ayudar una oración espontánea o una fórmula como esta:

«Padre misericordioso, reconozco el mal que he cometido y el bien que he omitido. Perdóname, sana mi corazón y ayúdame a reparar el daño causado».

El examen diario no sustituye al sacramento de la Penitencia. La confesión sacramental ofrece el perdón de los pecados mediante el ministerio de la Iglesia y proporciona una ocasión específica para recibir consejo, reparar el daño y avanzar en la conversión. El descuido habitual del examen puede favorecer también el descuido de la confesión, que la tradición cristiana presenta como ayuda para la debilidad humana.10

Cuando una persona tiene conciencia de pecado mortal, necesita acudir al sacramento de la Reconciliación antes de recibir la comunión, salvo la excepción prevista por la disciplina de la Iglesia. El examen prepara la confesión, pero no la reemplaza.

Formular un propósito concreto

El último paso consiste en elegir una respuesta práctica. Un propósito eficaz debe ser:

  • concreto, no una promesa vaga de «ser mejor»;
  • realista, de acuerdo con las circunstancias personales;
  • proporcionado, sin pretensiones imposibles;
  • relacionado con el defecto descubierto;
  • abierto a la gracia, porque la conversión cristiana no depende sólo del esfuerzo humano.

Ejemplos:

  • «Mañana escucharé sin interrumpir durante una conversación concreta».
  • «Antes de responder con irritación, guardaré unos segundos de silencio».
  • «Llamaré a la persona a la que he tratado con frialdad».
  • «Dedicaré diez minutos a la oración antes de comenzar el trabajo».
  • «Evitaré consultar el teléfono durante el tiempo reservado para mi familia».
  • «Realizaré con diligencia la tarea que hoy he aplazado por pereza».

San Ignacio resume este propósito como una decisión de enmienda tomada con la gracia de Dios.3

El examen particular

El examen general considera la jornada completa. El examen particular, en cambio, concentra la atención durante un periodo determinado en un defecto concreto que la persona desea corregir o en una virtud que pretende adquirir.2

Algunos objetivos posibles son:

  • controlar la ira;
  • evitar la crítica destructiva;
  • vencer la impuntualidad;
  • combatir la pereza;
  • hablar con mayor caridad;
  • cumplir mejor una obligación;
  • practicar la paciencia;
  • crecer en la generosidad;
  • cuidar la pureza de los pensamientos;
  • fortalecer la humildad.

La práctica tradicional propone formular por la mañana el propósito, revisar a mediodía la fidelidad a esa decisión y examinar de nuevo por la noche. La persona puede anotar las caídas o los actos de virtud para observar la evolución sin convertir el registro en una fuente de ansiedad.3

El examen particular funciona mejor cuando aborda un solo punto durante varias semanas. Un objetivo demasiado amplio dificulta la atención y hace imposible comprobar el progreso.

Preguntas organizadas por los mandamientos

El cristiano puede emplear los Diez Mandamientos como marco de revisión. Estas preguntas no pretenden crear una lista rígida, sino facilitar una mirada completa.

Relación con Dios

  • ¿He reservado un tiempo real para la oración?
  • ¿He tratado a Dios con confianza y reverencia?
  • ¿He utilizado su nombre sin respeto?
  • ¿He participado en la misa dominical y en las solemnidades de precepto?
  • ¿He convertido el trabajo, el dinero o la propia imagen en ídolos?
  • ¿He buscado la voluntad de Dios o sólo mi comodidad?

Relación con los demás

  • ¿He honrado a mis padres y he cuidado a quienes dependen de mí?
  • ¿He respetado la vida, la dignidad y la integridad de los demás?
  • ¿He tratado a las personas con castidad y respeto?
  • ¿He tomado algo que no me pertenecía?
  • ¿He cumplido mis compromisos laborales y económicos?
  • ¿He mentido o perjudicado injustamente la reputación de alguien?
  • ¿He alimentado la envidia o el deseo de poseer lo ajeno?

Relación con uno mismo

  • ¿He gobernado mis sentidos y mis deseos?
  • ¿He cuidado responsablemente mi cuerpo y mi salud?
  • ¿He aceptado mis límites con humildad?
  • ¿He buscado sólo la aprobación de los demás?
  • ¿He utilizado bien el tiempo?
  • ¿He permitido que una costumbre desordenada domine mi libertad?

La tradición también propone revisar los preceptos de la Iglesia, los pecados capitales, las obligaciones propias del estado de vida y la responsabilidad que puede existir al cooperar en el pecado de otras personas.2

El examen como lectura de los afectos

El examen diario adquiere mayor profundidad cuando presta atención a los afectos. No basta con preguntar «¿qué hice?». También conviene preguntar:

  • ¿Qué me alegró verdaderamente?
  • ¿Qué me dejó intranquilo?
  • ¿Qué situación provocó mi enfado?
  • ¿Qué persona despertó en mí gratitud o rechazo?
  • ¿Qué deseo apareció con más fuerza?
  • ¿Qué decisión me acercó a Dios?
  • ¿Qué conducta redujo mi libertad?
  • ¿Qué bien pequeño produjo paz después de realizarlo?

El papa Francisco invita a releer la propia vida como un libro. Esta relectura permite descubrir detalles que revelan caminos de paz, alegría y servicio, así como tendencias que conducen a repetir los mismos errores.6

La paz interior no debe confundirse con la ausencia de toda dificultad. Una decisión exigente puede producir cansancio y, al mismo tiempo, una profunda alegría espiritual. Del mismo modo, una satisfacción inmediata puede ocultar un movimiento interior que conduce al egoísmo o a la tristeza.

Errores frecuentes

Convertirlo en una lista mecánica

Una enumeración rápida de fallos puede perder el carácter orante del examen. La práctica necesita diálogo con Dios, atención a la jornada y deseo sincero de conversión.

Centrarse sólo en los pecados

La persona que sólo busca faltas puede olvidar la acción de gracias, la ayuda recibida y el bien realizado. La revisión cristiana contempla la misericordia de Dios tanto en las caídas como en las victorias pequeñas.

Justificarse continuamente

Expresiones como «no podía hacer otra cosa», «todos actúan así» o «la culpa fue enteramente de los demás» pueden impedir el reconocimiento de la propia responsabilidad. La humildad permite admitir la parte personal sin negar las circunstancias atenuantes.

Confundir tentación con pecado

Una imagen, un pensamiento o una emoción pueden aparecer sin consentimiento. El examen debe distinguir entre lo que la persona padece y lo que acepta deliberadamente.

Practicar una introspección angustiosa

El examen no busca producir desesperanza. La misericordia de Dios constituye su horizonte. El papa Francisco recuerda que ningún pecado supera la misericordia infinita del Padre y que Cristo acompaña al pecador para levantarlo.11

Cuando aparecen dudas constantes, miedo desproporcionado, necesidad compulsiva de repetir el examen o incapacidad para aceptar el perdón, conviene hablar con un sacerdote prudente y, si resulta necesario, buscar ayuda profesional. La vida espiritual no exige alimentar la angustia.

Imponerse penitencias imprudentes

El propósito de enmienda puede incluir una renuncia sencilla y prudente, pero la persona no debe imponerse castigos físicos ni prácticas que dañen la salud. Las penitencias requieren prudencia, especialmente cuando existen enfermedades, trastornos psicológicos o fragilidad física.

Relación con la confesión sacramental

El examen diario prepara la confesión porque ayuda a recordar los pecados con mayor claridad, reconocer sus raíces y formular propósitos concretos. También permite descubrir faltas repetidas y ocasiones próximas de pecado.

Sin embargo, ambas prácticas poseen finalidades distintas:

Examen de conciencia diarioSacramento de la Penitencia
Práctica personal de oraciónSacramento administrado por la Iglesia
Revisa principalmente la jornadaCelebra sacramentalmente el perdón de los pecados
Ayuda a crecer en autoconocimientoConcede la reconciliación sacramental
Puede realizarse cada díaTiene la frecuencia que aconsejan la conciencia y la vida cristiana
Orienta los propósitos cotidianosIncluye confesión, absolución, penitencia y reparación

El examen debe llevar a una mayor confianza en la gracia, no a la autosuficiencia. La persona reconoce su pecado, pero también acepta que la conversión alcanza su plenitud mediante la acción misericordiosa de Dios.

Un método breve para cada noche

Una forma sencilla de practicarlo en cinco minutos puede seguir este orden:

Recogimiento

Adoptar una postura tranquila, hacer la señal de la cruz y reconocer la presencia de Dios.

Gratitud

Recordar tres dones concretos recibidos durante la jornada.

Revisión

Repasar los principales momentos del día y observar pensamientos, palabras, obras, omisiones y afectos.

Contrición

Reconocer ante Dios la falta principal, pedir perdón y, cuando corresponda, considerar una reparación.

Propósito

Elegir una sola acción concreta para el día siguiente y concluir con el padrenuestro o una breve oración.

El papa Francisco ha indicado que una revisión diaria puede durar apenas unos minutos y, aun así, producir un fruto espiritual considerable cuando ayuda a comprender la raíz de las propias reacciones y decisiones.12

Frutos del examen diario

La perseverancia puede producir diversos frutos:

  • mayor conocimiento de uno mismo;
  • sensibilidad ante el pecado;
  • crecimiento en la humildad;
  • gratitud por los dones recibidos;
  • capacidad para pedir perdón;
  • disposición para reparar el daño;
  • vigilancia ante las tentaciones;
  • reconocimiento de las ocasiones de gracia;
  • mayor libertad interior;
  • claridad para tomar decisiones;
  • crecimiento en la caridad;
  • paz fundada en la misericordia de Dios.

La práctica frecuente fortalece el rechazo del mal y el deseo del bien. La tradición espiritual compara este ejercicio con la revisión cuidadosa de una administración: quien controla sus pérdidas y sus ganancias puede corregir el rumbo; del mismo modo, quien observa su vida espiritual descubre dónde necesita conversión y dónde Dios ya está concediendo fruto.10,10

Oración final

El examen puede concluir con una oración semejante a la siguiente:

Señor Dios,

gracias por los dones que he recibido hoy,

por las personas que has puesto en mi camino

y por el bien que me has permitido realizar.

Perdóname por mis pecados,

por mis palabras hirientes, mis pensamientos desordenados,

mis acciones egoístas y mis omisiones.

Dame luz para conocerme con verdad,

confianza para acoger tu misericordia

y fortaleza para reparar el mal y hacer el bien.

Con tu gracia, mañana procuraré vivir con mayor caridad,

paciencia y fidelidad.

En tus manos pongo mi descanso. Amén.

La tradición oriental propone concluir el examen recordando que Dios sostiene al creyente incluso durante el sueño: «Me acuesto y duermo; me despierto, porque el Señor me sostiene» (Sal 3,6).13

Resumen

El examen de conciencia diario es una oración breve y constante que permite agradecer, reconocer el pecado, discernir los movimientos del corazón, pedir perdón y formular un propósito concreto. La práctica madura no alimenta la culpabilidad estéril ni sustituye la confesión sacramental; conduce a la verdad, a la reparación, a la libertad interior y a una confianza más profunda en la misericordia de Dios.

Citas y referencias

  1. Parte dos - La oración de la Iglesia - IV. La oración personal del cristiano - D. La práctica de la oración - 7. El examen de conciencia, Sínodo de la Iglesia Católica Griega Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 696 (2016).
  2. Examen de conciencia. Enciclopedia Católica, Examen de Conciencia (1913). 2 3
  3. Primera semana - Examen particular y diario, Íñigo López de Oña y Loyola (Ignacio de Loyola). Ejercicios Espirituales, Primera semana (1548). 2 3 4 5 6
  4. Parte dos - La oración de la Iglesia - IV. La oración personal del cristiano - D. La práctica de la oración - 7. El examen de conciencia, Sínodo de la Iglesia Católica Griega Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 697 (2016). 2 3 4
  5. Catequesis sobre el discernimiento: 4. Los elementos del discernimiento. Autoconocimiento, Papa Francisco. Audiencia General del 5 de octubre de 2022 - Catequesis sobre el discernimiento: 4. Los elementos del discernimiento. Autoconocimiento, 1 (2022).
  6. Catequesis sobre el discernimiento: 6. Los elementos del discernimiento. «El libro de la propia vida», Papa Francisco. Audiencia General del 19 de octubre de 2022 - Catequesis sobre el discernimiento: 6. Los elementos del discernimiento. «El libro de la propia vida», 1 (2022). 2
  7. Cuarta semana - Contemplación para ganar amor, Íñigo López de Oña y Loyola (Ignacio de Loyola). Ejercicios Espirituales, Cuarta semana (1548).
  8. Capítulo cinco - Discernimiento - Siempre a la luz del Señor, Papa Francisco. Gaudete et exsultate, 169 (2018).
  9. Reglas - Para percibir y conocer de alguna manera los diferentes movimientos que se producen en el alma - Lo bueno, para recibirlo, y lo malo, para rechazarlo. Y son más apropiadas para la primera semana, Íñigo López de Oña y Loyola (Ignacio de Loyola). Ejercicios Espirituales, Reglas (1548).
  10. Medios para adquirir la santidad sacerdotal - 1. Oración, condición esencial de la santidad, Papa Pío X. Haerent Animo, III (1908). 2 3
  11. Ciclo de catequesis. Vicios y virtudes. 2. El esfuerzo espiritual, Papa Francisco. Audiencia General del 3 de enero de 2024, 1 (2024).
  12. Catequesis sobre el discernimiento. 10. La verdadera consolación, Papa Francisco. Audiencia General del 30 de noviembre de 2022 - Catequesis sobre el discernimiento. 10. La verdadera consolación, 1 (2022).
  13. Parte dos - La oración de la Iglesia - IV. La oración personal del cristiano - D. La práctica de la oración - 7. El examen de conciencia, Sínodo de la Iglesia Católica Griega Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 698 (2016).
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