La preparación de adultos debe ofrecer una formación suficiente y adaptada a su historia personal. No consiste únicamente en memorizar respuestas para una ceremonia. Busca que la persona comprenda la fe católica, profundice en la vida cristiana y pueda participar conscientemente en el sacramento.
Los contenidos suelen incluir:
El Bautismo y la iniciación cristiana
El candidato revisa el significado de su Bautismo y comprende la relación entre Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La iniciación cristiana no termina en el Bautismo: la Confirmación prolonga y fortalece la vida bautismal, mientras que la Eucaristía culmina la incorporación sacramental a la Iglesia.
El Espíritu Santo
La catequesis presenta al Espíritu Santo como la Persona divina que actúa en la Iglesia y en la vida del cristiano. La Confirmación no constituye una simple declaración pública de madurez humana, sino un don gratuito de Dios que fortalece al bautizado para vivir y anunciar el Evangelio. La respuesta personal del candidato resulta necesaria, pero no reemplaza la iniciativa de la gracia divina.
La profesión de fe
El candidato debe conocer los contenidos fundamentales del Credo y estar dispuesto a profesar la fe de la Iglesia. La preparación debe ayudarle a comprender aquello que afirma y a relacionarlo con su vida cotidiana.
La vida moral
La formación aborda la conversión, el seguimiento de Cristo, la conciencia moral, la caridad, el perdón y la responsabilidad cristiana. La persona confirmada recibe el encargo de vivir como testigo de Cristo tanto en la comunidad eclesial como en sus responsabilidades familiares, profesionales y sociales.
La oración y los sacramentos
La preparación incluye la oración personal y comunitaria, la participación en la Misa y una aproximación al sacramento de la Penitencia. La oración permite que la relación con Dios no quede reducida a una preparación intelectual. La formación adulta debe conducir a una relación personal más profunda con el Señor y a una práctica sacramental constante.
La Iglesia y la misión
La Confirmación incorpora más plenamente al bautizado a la misión de la Iglesia. La persona confirmada está llamada a colaborar en la evangelización, servir a los demás y dar testimonio coherente de su fe. La comunidad cristiana acompaña al candidato mediante la catequesis, la oración y el testimonio de vida.