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Cómo pedir la Unción de los Enfermos

La Unción de los Enfermos es un sacramento instituido por Cristo para fortalecer a quienes padecen una enfermedad grave o afrontan un peligro serio debido a la vejez. Cualquier fiel puede solicitarla directamente a un sacerdote, a la parroquia, al capellán del hospital o a un familiar que contacte con ellos. La Iglesia aconseja pedirla con tiempo, sin esperar a los últimos instantes de la vida.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo pedir la Unción de los Enfermos
CategoríaTérmino
DescripciónRito en el que el sacerdote unge con óleo bendecido, ora y puede acompañarse de confesión y comunión, buscando consuelo y, si Dios lo permite, recuperación. Sacramento instituidо por Cristo que confiere gracia del Espíritu Santo para fortalecer a los enfermos graves o ancianos en peligro de muerte. La Unción se concede a quien padece enfermedad grave o debilidad por la vejez; quien la solicita puede ser el propio enfermo, familiares o personal sanitario, mediante la parroquia o el capellán. El rito incluye saludo, lectura bíblica, imposición de manos, unción y oración por la persona y su familia. Comunica la gracia de Cristo al enfermo, uniéndolo más estrechamente a su pasión y preparándolo para la muerte con esperanza cristiana
ReferenciasSantiago 5,14-15
Contexto HistóricoFormalizado en el Concilio de Trento y desarrollado en el Código de Derecho Canónico; el rito actual se basa en documentos papales como Sacram Unctionem Infirmorum (1972) y orientaciones pastorales posteriores.
DestinatariosEnfermos gravemente enfermos, ancianos frágiles, pacientes en riesgo de muerte y sus familiares que lo soliciten.
Enseñanzas PrincipalesFortalece la confianza en Dios, brinda consuelo, ayuda a afrontar el sufrimiento, puede conceder perdón de pecados y, cuando sea conveniente, recuperación corporal.
Importancia EclesialConsiderado uno de los siete sacramentos, es un deber de caridad del sacerdote y una expresión esencial del cuidado pastoral integral del enfermo.
TipoSacramento
Uso LitúrgicoSe celebra con imposición de manos, unción con óleo bendecido (frente y manos) y oración de la fe; puede acompañarse de confesión y comunión según la capacidad del enfermo.

Tabla de contenido

Qué es la Unción de los Enfermos

La Unción de los Enfermos forma parte de los siete sacramentos de la Iglesia. Su fundamento bíblico aparece especialmente en la Carta de Santiago: los presbíteros oran por el enfermo y lo ungen con aceite en el nombre del Señor; la oración de la fe lo sostiene y Dios concede el perdón de los pecados.1

Este sacramento comunica una gracia particular del Espíritu Santo. Fortalece la confianza en Dios, ayuda a afrontar el sufrimiento, concede consuelo ante la angustia y permite resistir mejor las tentaciones. También puede favorecer la recuperación corporal cuando Dios lo considera conveniente para la salvación de la persona.1

La Unción no constituye únicamente un sacramento para quienes están a punto de morir. El momento apropiado llega cuando una persona comienza a encontrarse en peligro de muerte a causa de una enfermedad grave o de la vejez.2

Quién puede pedirla

El propio enfermo

La forma más directa consiste en comunicar personalmente el deseo de recibir el sacramento. Basta con decir al sacerdote:

«Quiero recibir la Unción de los Enfermos».

También puede pedirse con expresiones como:

  • «Estoy gravemente enfermo y quisiera que viniera un sacerdote».
  • «Necesito recibir la Unción».
  • «¿Podría administrarme la Unción de los Enfermos?».
  • «Quisiera confesarme y recibir la Unción».

La intención de recibir el sacramento resulta necesaria. En un bautizado católico, la petición expresa manifiesta claramente esa disposición; cuando el enfermo todavía conserva sus facultades, conviene que formule su deseo sin esperar a una situación de inconsciencia.3

Los familiares o allegados

Los familiares, amigos, cuidadores y responsables de un centro sanitario pueden llamar al sacerdote cuando el enfermo no logra hacerlo por sí mismo. Conviene preguntar previamente al paciente, siempre que su estado permita responder, y respetar su libertad religiosa.

Los allegados no deben esperar a que el enfermo pierda la conciencia. La Iglesia pide que los fieles reciban formación sobre este sacramento y que quienes acompañan a los enfermos les ayuden a solicitarlo en el momento adecuado.4

El personal sanitario

Médicos, enfermeros y otros profesionales pueden facilitar el contacto con el capellán o con la parroquia, especialmente cuando el enfermo carece de familiares presentes. La asistencia religiosa forma parte del cuidado integral de la persona, siempre con respeto a su conciencia, a sus decisiones y a las normas del centro sanitario.

A quién hay que llamar

La parroquia

La primera opción suele ser la parroquia correspondiente al domicilio del enfermo. El contacto puede realizarse:

  1. Llamando al despacho parroquial.
  2. Acudiendo personalmente a la parroquia.
  3. Pidiendo a un familiar o vecino que transmita el aviso.
  4. Dejando un mensaje con el nombre del enfermo, su ubicación y la urgencia de la visita.

Conviene facilitar datos concretos:

  • Nombre y apellidos del enfermo.
  • Dirección exacta o habitación del hospital.
  • Estado de salud.
  • Si conserva la conciencia.
  • Si desea confesarse o recibir la comunión.
  • Nombre y teléfono de la persona que realiza la petición.

El capellán del hospital o de la residencia

En un hospital, residencia o centro sociosanitario, el enfermo o la familia pueden solicitar la visita del capellán en el control de enfermería, en admisión o mediante el servicio de atención espiritual.

La celebración puede prepararse teniendo en cuenta el estado del enfermo, las lecturas bíblicas y las oraciones más adecuadas. El sacerdote puede dialogar con el paciente o con la familia para adaptar la celebración a sus circunstancias.5

En una urgencia

Cuando existe peligro inmediato, la familia debe pedir al hospital que avise al capellán y contactar simultáneamente con la parroquia más cercana. No conviene retrasar la llamada por temor a exagerar la gravedad: el sacerdote puede valorar la situación y actuar con prudencia pastoral.

La Iglesia considera un deber de caridad que el sacerdote administre la Unción cuando corresponde. Además, el sacerdote puede llevar consigo el óleo bendecido para atender casos urgentes.3

Cuándo pedir la Unción

Ante una enfermedad grave

La Unción corresponde a quienes padecen una enfermedad grave que pone en riesgo su vida o debilita considerablemente su salud. No hace falta esperar a que aparezcan signos de agonía.

La valoración de la gravedad puede apoyarse en un juicio médico prudente. Si existe una duda razonable, conviene solicitar el sacramento y dejar que el sacerdote discierna la situación pastoral.6

Antes de una operación

Una intervención quirúrgica, por sí sola, no basta para justificar la Unción. El sacramento puede recibirse antes de la operación cuando la enfermedad que motiva la intervención reviste gravedad. El riesgo propio de la anestesia o de la operación no sustituye la gravedad de la enfermedad como criterio principal.6

Por ello, el enfermo puede hablar con el sacerdote antes de ingresar en el quirófano. Una petición anticipada permite celebrar el sacramento con serenidad y con plena participación del paciente.

Durante una enfermedad prolongada

La Unción puede repetirse si el enfermo, después de recuperarse, vuelve a enfermar gravemente. También puede recibirse de nuevo cuando, dentro de la misma enfermedad, el peligro se agrava notablemente.2

Una enfermedad crónica no implica automáticamente que la persona deba recibir la Unción repetidas veces. El sacerdote valorará si aparece un nuevo peligro grave o un empeoramiento significativo.

En la vejez

La edad avanzada puede constituir motivo suficiente cuando la persona afronta un debilitamiento serio o un peligro de muerte relacionado con la vejez. La Iglesia no reserva el sacramento exclusivamente a los moribundos, sino que lo ofrece también a los ancianos en situación de especial fragilidad.7

Cómo prepararse

Hablar con el sacerdote

Antes de la celebración, el sacerdote puede preguntar al enfermo por su estado, sus preocupaciones y sus deseos. Esta conversación ayuda a escoger las lecturas, las oraciones y la forma más adecuada de celebrar el sacramento.5

El enfermo puede explicar con sencillez:

  • Qué enfermedad padece.
  • Qué teme o qué le preocupa.
  • Si desea confesarse.
  • Si puede participar en la celebración.
  • Si quiere que estén presentes sus familiares.
  • Si necesita recibir también la comunión.

La confesión

La confesión sacramental puede preceder a la Unción cuando el enfermo tiene capacidad para confesarse y existen motivos pastorales para hacerlo. El sacerdote puede escuchar la confesión antes de la celebración o al comienzo del rito.5

La imposibilidad física de confesarse no debe convertirse en un motivo para retrasar la Unción. Cuando el enfermo no puede hablar o no conserva plenamente sus facultades, el sacerdote valorará la situación y actuará conforme a la disciplina de la Iglesia.

La Eucaristía y el Viático

Cuando la muerte parece próxima, el enfermo puede recibir el Viático, es decir, la Eucaristía recibida como alimento espiritual para el tránsito de esta vida a la vida eterna. La atención pastoral procura integrar, según las circunstancias, la confesión, la Unción y el Viático.

La familia debe comunicar al sacerdote si el enfermo desea recibir la comunión y si puede tragar con normalidad. Cuando no puede recibirla, el sacerdote ofrecerá otras formas de oración y acompañamiento espiritual.

Preparar el lugar

En una casa, conviene disponer un espacio tranquilo y limpio junto a la cama o al sillón. Puede colocarse una mesa con un paño digno, una cruz, una vela y un recipiente pequeño con agua. Estos elementos ayudan a crear un ambiente de oración, aunque la ausencia de alguno de ellos nunca debe retrasar el sacramento. Una celebración comunitaria permite que familiares y amigos acompañen al enfermo con su oración.8

En un hospital, la familia debe respetar las normas del centro y evitar molestias a otros pacientes. El sacerdote adaptará el rito al espacio disponible y al estado del enfermo.

Cómo se celebra

El sacerdote saluda al enfermo y a los presentes, dialoga con él, proclama la Palabra de Dios y formula las oraciones propias del rito. Después impone las manos y unge al enfermo con óleo bendecido, normalmente en la frente y en las manos, mientras pronuncia la fórmula sacramental.2

La celebración puede incluir:

  • Un saludo y un acto penitencial.
  • La proclamación de un texto bíblico.
  • La oración de la fe.
  • La imposición de manos.
  • La bendición del óleo, cuando resulta necesaria.
  • La unción del enfermo.
  • La oración por el enfermo, la familia y la Iglesia.
  • La confesión y la comunión, si procede.

La Iglesia permite celebrar la Unción a varios enfermos juntos, siempre que el sacerdote imponga las manos y unja individualmente a cada persona con la fórmula correspondiente.5

Qué efectos produce

La Unción de los Enfermos concede una gracia particular que:

  • Une al enfermo más profundamente con la pasión de Cristo.
  • Fortalece su confianza en Dios.
  • Le concede consuelo y paz.
  • Le ayuda a afrontar el sufrimiento.
  • Le da fuerza ante la angustia y las tentaciones.
  • Puede otorgar el perdón de los pecados cuando la persona no puede recibir la confesión y posee la disposición necesaria.
  • Puede producir la recuperación corporal si resulta conveniente para la salvación.
  • Prepara al enfermo para afrontar cristianamente la muerte.

El sacramento atiende a la persona entera, cuerpo y alma. Su finalidad no consiste únicamente en obtener la curación física, sino en comunicar la gracia de Cristo en la enfermedad y sostener al enfermo en la esperanza cristiana.7

Qué hacer si el enfermo está inconsciente

Los familiares deben comunicar al sacerdote cualquier indicio de que el enfermo había deseado recibir la Unción. Una petición previa, una conversación familiar, una práctica habitual de fe o la solicitud realizada antes de perder la conciencia pueden ayudar al sacerdote a valorar la intención del enfermo.

Si el sacerdote duda de que el enfermo haya muerto, debe administrarle el sacramento. Si tiene certeza de la muerte, no administra la Unción, pero puede rezar por el difunto y pedir a Dios que lo reciba misericordiosamente.9

Por este motivo, la familia debe llamar al sacerdote antes de que llegue la muerte, aunque no tenga certeza sobre el momento exacto. Una llamada temprana evita retrasos y permite acompañar al enfermo con mayor serenidad.

Errores frecuentes

Esperar a la agonía

La idea de que la Unción anuncia necesariamente una muerte inmediata provoca que algunas personas la retrasen. La Iglesia aconseja pedirla cuando comienza el peligro grave, no cuando el enfermo ya ha perdido toda capacidad de participar.4

Pensar que únicamente pueden recibirla los moribundos

La Unción también corresponde a quienes afrontan una enfermedad grave, una operación motivada por una enfermedad peligrosa o un debilitamiento serio causado por la vejez.1

Confundirla con una curación automática

El sacramento no garantiza la recuperación física. Dios puede concederla cuando resulta conveniente, pero la gracia propia de la Unción consiste sobre todo en fortalecer al enfermo, unirlo a Cristo y prepararlo para afrontar su situación con fe y esperanza.1

Pedirla sin informar al enfermo

La familia no debe tratar la Unción como una decisión secreta ni presentarla como una amenaza. Conviene explicar al enfermo que la Iglesia ofrece este sacramento para acompañarlo, fortalecerlo y sostenerlo en la enfermedad.

Retrasar la llamada por vergüenza

El enfermo no necesita presentar una petición perfecta ni conocer fórmulas especiales. Una llamada sencilla a la parroquia o al capellán basta para iniciar la atención pastoral.

Fórmula práctica para solicitarla

Una petición completa puede expresarse así:

«Buenos días. Mi nombre es [nombre]. Mi [parentesco] está gravemente enfermo y se encuentra en [domicilio, hospital o residencia]. Conserva la conciencia y desea recibir la Unción de los Enfermos. También quisiera confesarse y, si es posible, recibir la comunión. ¿Podría venir un sacerdote?»

Si existe urgencia:

«Necesitamos un sacerdote con urgencia. El enfermo está en peligro de muerte y desea recibir la Unción de los Enfermos. Está en [lugar exacto].»

La petición debe realizarse cuanto antes. La Unción no exige esperar al último momento y puede celebrarse con serenidad, fe y participación del enfermo y de sus seres queridos.

Citas y referencias

  1. Papa Pablo VI. Sacram Unctionem Infirmorum, 1 (1972). 2 3 4
  2. Sacram unctionem infirmorum (30 de noviembre de 1972), Papa Pablo VI. Sacram Unctionem Infirmorum: Sobre el sacramento de la Unción de los enfermos (30 de noviembre de 1972), 1 (1972). 2 3
  3. J. Ferrer-Serrate. El sujeto de la Unción de Enfermos. Reflexiones pastorales, 13 (1984). 2
  4. I. Administración de la unción a enfermos en pleno uso de la razón, J. Ferrer-Serrate. El sujeto de la Unción de Enfermos. Reflexiones pastorales, 2 (1984). 2
  5. Caput II ordo unctionis infirmi, Congregación Sagrada para el Culto Divino. Ordo Unctionis Infirmorum Eorumque Pastoralis Curae (Cuidado pastoral de los enfermos: ritos de la unción y viático), 27 (1975). 2 3 4
  6. Administración previa a una intervención quirúrgica, J. Ferrer-Serrate. El sujeto de la Unción de Enfermos. Reflexiones pastorales, 3 (1984). 2
  7. Papa Juan Pablo II. A los enfermos, ancianos y personas con discapacidad en Wellington (23 de noviembre de 1986) - Discurso, 5 (1986). 2
  8. Preparación para la muerte. Enciclopedia Católica, Preparación para la muerte (1913).
  9. B1. El momento de la muerte, J. Ferrer-Serrate. El sujeto de la Unción de Enfermos. Reflexiones pastorales, 6 (1984).
Modificado el 6 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.41Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/jpc3h2dmb

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