A la luz de los mandamientos
Los Diez Mandamientos ofrecen un marco seguro para revisar la vida cristiana. Conviene considerar tanto las acciones externas como las intenciones, pensamientos y decisiones interiores.
Relación con Dios
La persona puede preguntarse si ha abandonado la oración, tratado con indiferencia la fe, practicado supersticiones, recurrido al ocultismo, recibido la Comunión conscientemente en pecado mortal o mentido deliberadamente en una Confesión anterior.
También conviene examinar el lugar que ocupan el dinero, la seguridad, el poder, el prestigio, el trabajo o las relaciones personales. Cualquier realidad creada puede convertirse en un ídolo cuando desplaza a Dios del centro de la existencia.
Respeto del nombre de Dios y de lo sagrado
Hay que revisar el uso irreverente del nombre de Dios, las blasfemias, las burlas contra la fe, la profanación de objetos sagrados y cualquier actitud que trate lo santo con desprecio.
Santificación del domingo
La preparación debe incluir la participación consciente en la Misa dominical y en los días de precepto, además del modo en que la persona vive el descanso, la familia y la caridad. La ausencia deliberada de la Misa sin una causa proporcionada constituye una materia grave.
Vida familiar y social
El examen debe abarcar el respeto a los padres, la fidelidad matrimonial, el cuidado de los hijos, la atención a los familiares enfermos o ancianos y la responsabilidad en el hogar. También debe considerar la manera de tratar a compañeros de trabajo, empleados, clientes, vecinos y personas vulnerables.
Defensa de la vida y de la dignidad humana
Conviene revisar la violencia física o verbal, el aborto, la colaboración con acciones gravemente contrarias a la vida, la eutanasia, el abuso de sustancias, la conducción temeraria y cualquier conducta que exponga injustamente a otros a un peligro serio.
Castidad y pureza
La castidad exige respetar el propio cuerpo y el de los demás. El examen puede incluir la masturbación, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la infidelidad, el consumo deliberado de pornografía, las fantasías consentidas, el uso de otras personas como objetos y las conductas que dañan la dignidad propia o ajena.
No todo pensamiento o tentación constituye pecado. La tentación aparece sin que la persona la haya elegido; el pecado surge cuando existe consentimiento deliberado.
Justicia y bienes materiales
Hay que considerar los robos, fraudes, engaños, deudas injustamente ignoradas, abusos laborales, daños a bienes ajenos, gastos irresponsables y falta de restitución. Cuando alguien ha perjudicado injustamente a otra persona, el arrepentimiento exige reparar el daño en la medida posible.
Veracidad y reputación
La mentira, la calumnia, la difamación y la murmuración pueden causar graves daños. También conviene revisar la difusión de rumores, la revelación de secretos, las acusaciones sin fundamento y el uso de las redes sociales para humillar o perjudicar.
Envidia, avaricia y egoísmo
El examen debe alcanzar los deseos desordenados: la envidia de los bienes ajenos, la ambición excesiva, la codicia, el resentimiento ante el éxito de otros y la búsqueda de posesiones como finalidad principal de la vida.
A la luz de las bienaventuranzas
Los mandamientos ayudan a reconocer el pecado, mientras que las bienaventuranzas muestran el estilo positivo de la vida cristiana. Conviene preguntarse si se vive con pobreza de espíritu, misericordia, mansedumbre, pureza de corazón, hambre de justicia y disposición para trabajar por la paz.
La Confesión no mira solo al pasado. También orienta hacia una vida nueva, más conforme con el Evangelio.