La salmodia ocupa un lugar central en Completas. Los salmos permiten rezar con palabras inspiradas por Dios y expresan situaciones humanas muy diversas: seguridad y peligro, culpa y misericordia, angustia y esperanza, oscuridad y luz.
Salmos de los domingos
La distribución litúrgica reserva salmos concretos para los domingos:
- Después de las primeras Vísperas del domingo: Salmos 4 y 133.
- Después de las segundas Vísperas del domingo: Salmo 90.
En los días laborables aparecen otros salmos, elegidos especialmente por su tono de confianza en Dios. La normativa litúrgica permite utilizar los salmos dominicales durante los días laborables, una posibilidad particularmente útil para quienes desean aprender Completas de memoria.
Cómo rezar los salmos
Cada salmo suele estar acompañado por una antífona. La antífona orienta la interpretación cristiana del salmo y ayuda a relacionarlo con el misterio de Cristo. Una forma sencilla de rezar consiste en:
- Leer la antífona.
- Recitar o cantar el salmo.
- Repetir la antífona.
- Guardar unos instantes de silencio.
En la recitación individual, la persona puede pronunciar los salmos en voz baja o mentalmente. En comunidad, conviene respetar la alternancia entre dos coros o entre quien dirige y la asamblea.
El Salmo 4
El Salmo 4 expresa la confianza de quien se acuesta en paz porque Dios sostiene su vida. Su oración resulta especialmente apropiada cuando el día ha dejado preocupaciones, conflictos o incertidumbre. El salmista no niega las dificultades, pero encuentra seguridad en la presencia divina.
El Salmo 90
El Salmo 90 presenta a Dios como refugio y protector. La tradición cristiana lo ha empleado con frecuencia en la oración nocturna por su lenguaje de confianza ante los peligros. Conviene rezarlo sin superstición: el salmo no funciona como una fórmula mágica, sino como una profesión de fe en la providencia de Dios.
El Salmo 133
El Salmo 133 invita a alabar al Señor durante la noche. Su brevedad permite concluir la salmodia con una actitud de adoración, recordando que la alabanza no depende de la abundancia de palabras ni de la intensidad de los sentimientos.