Prepararse para la oración
Busca, en la medida de lo posible, un lugar tranquilo. Puedes permanecer de pie, sentado o arrodillado. La postura exterior ayuda, pero lo esencial consiste en dirigir la mente y el corazón a Dios.
Haz la señal de la cruz si comienzas un momento de oración:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
A continuación, guarda unos instantes de silencio. Puedes ofrecer la oración por una intención concreta: una persona enferma, una necesidad familiar, la conversión, el descanso de un difunto o una acción de gracias.
Primer paso: «Dios te salve, María»
Pronuncia:
Dios te salve, María.
Estas palabras expresan el saludo cristiano a la Virgen. El arcángel Gabriel fue enviado por Dios para anunciarle el misterio de la Encarnación y comenzó con un saludo lleno de respeto. La tradición cristiana tomó ese saludo como inicio de la oración mariana.,
Al decir «Dios te salve», no se adora a María como si fuera Dios. La adoración corresponde únicamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. El creyente honra a María como criatura elegida por Dios y como madre de Jesucristo.
Segundo paso: «Llena eres de gracia, el Señor es contigo»
Continúa:
Llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Esta frase procede del saludo del ángel. María está llena de gracia porque Dios habita en ella de un modo singular y la prepara para ser la madre de su Hijo. El saludo también recuerda que toda grandeza de María procede de Dios y está orientada a su designio de salvación.,
Mientras pronuncias estas palabras, puedes meditar en la presencia de Dios. El Ave María comienza contemplando lo que Dios ha realizado en María, no presentando inmediatamente una petición personal.
Tercer paso: «Bendita tú eres entre todas las mujeres»
Reza:
Bendita tú eres entre todas las mujeres.
Santa Isabel pronunció estas palabras cuando recibió la visita de María. Llena del Espíritu Santo, reconoció en ella a la mujer bendecida por Dios y vinculó su grandeza con la fe que había mostrado al creer en la palabra divina.
La bendición de María no la separa de la humanidad. Al contrario, la convierte en signo de la misericordia de Dios y en madre de quienes creen. Cuando el cristiano la llama «bendita», se une a la alabanza de Isabel y de las generaciones que proclaman bienaventurada a María.
Cuarto paso: «Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús»
Pronuncia lentamente:
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
El nombre de Jesús constituye el centro del Ave María. La oración no termina en María, sino que lleva al creyente hacia su Hijo. El papa san Juan Pablo II observó que el nombre de Jesús forma el punto central de la oración y que una recitación apresurada puede hacer olvidar su relación con el misterio de Cristo.
Conviene detenerse brevemente en este nombre. Puedes contemplar a Jesús niño en Belén, enseñando en Galilea, entregándose en la cruz o resucitado. En el Rosario, la Iglesia contempla distintos episodios de la vida de Cristo mientras repite el Ave María. Por eso el Rosario posee un carácter mariano, pero también un corazón cristológico y eucarístico.
Quinto paso: «Santa María, Madre de Dios»
Continúa:
Santa María, Madre de Dios.
Con estas palabras, la Iglesia reconoce la santidad de María y su verdadera maternidad respecto de Jesucristo. María es Madre de Dios porque el Hijo que nació de ella es verdaderamente Dios hecho hombre. Esta expresión no significa que María sea anterior a Dios ni origen de la divinidad; proclama la unidad de la persona de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Al decir «Santa María», puedes pedir la gracia de imitar su fe, su humildad y su disponibilidad ante Dios. María recibió el saludo del ángel con una actitud de entrega y permaneció unida a su Hijo durante toda su vida.
Sexto paso: «Ruega por nosotros, pecadores»
Reza:
Ruega por nosotros, pecadores.
Esta petición reconoce con humildad la necesidad de la gracia y de la misericordia de Dios. El orante no se presenta como justo por sus propios méritos, sino como pecador necesitado de conversión.
Pedir a María que ruegue por nosotros significa solicitar su intercesión. La intercesión de María depende completamente de Jesucristo y participa de la única mediación salvadora de Cristo. El cristiano acude a ella como a una madre que presenta sus hijos ante Dios.
Puedes incluir en este momento una intención concreta:
- «Ruega por mi familia».
- «Ruega por quienes sufren».
- «Ruega por mi conversión».
- «Ruega por los enfermos».
- «Ruega por quienes han muerto».
Séptimo paso: «Ahora y en la hora de nuestra muerte»
Termina la petición con estas palabras:
Ahora y en la hora de nuestra muerte.
La expresión abarca toda la existencia. «Ahora» recuerda las necesidades presentes: decisiones, tentaciones, sufrimientos, responsabilidades y alegrías. «En la hora de nuestra muerte» confía a María el momento definitivo de la vida y pide su compañía maternal en el tránsito hacia Dios.
Esta parte del Ave María ayuda a vivir con esperanza cristiana. La oración no niega la realidad de la muerte, pero la sitúa ante Cristo, vencedor del pecado y de la muerte.
Octavo paso: «Amén»
Concluye:
Amén.
Amén significa «así sea» y expresa la adhesión confiada del orante. No constituye una palabra automática, sino una respuesta de fe a todo lo que acaba de proclamar y pedir.
Después del Amén, puedes guardar silencio unos instantes. También puedes repetir la oración, continuar con otra oración cristiana o concluir con la señal de la cruz.