Cualquier bautizado puede rezar este cántico de manera privada. La oración no exige una fórmula complicada, pero conviene dedicarle unos minutos de silencio y atención.
Primer paso: ponerse en presencia de Dios
Busca un lugar tranquilo, especialmente al final de la tarde o antes de acostarte. Haz la señal de la cruz y reconoce que estás ante Dios.
Puedes comenzar con una invocación sencilla:
Señor, aquí estoy en tu presencia. Concédeme reconocer a Jesucristo como mi salvación y descansar en tu paz.
Segundo paso: recordar el día
Repasa brevemente la jornada. Da gracias por los dones recibidos, por las personas encontradas y por las ocasiones en que has percibido la ayuda de Dios. También puedes presentar tus pecados, preocupaciones y asuntos pendientes.
El Nunc dimittis no nace de una vida sin dificultades. Simeón vivía en espera; su oración expresa la confianza de quien ha encontrado en Cristo una esperanza más firme que sus circunstancias.
Tercer paso: proclamar el cántico
Reza lentamente:
Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra:
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Puedes repetir cada frase y dejar unos instantes de silencio después de ella.
Cuarto paso: meditar cada afirmación
«Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz»
Esta frase expresa abandono confiado. Simeón entrega a Dios su vida, su futuro y su muerte. No reclama controlar el tiempo ni las circunstancias. Después de encontrar a Cristo, puede descansar en la fidelidad divina.
La frase también puede adquirir un sentido cotidiano: quien ha cumplido su deber puede terminar el día sin quedar prisionero de la ansiedad. El cristiano no necesita resolverlo todo antes de dormir. Puede entregar a Dios lo que todavía permanece incompleto.
«Según tu palabra»
La paz de Simeón se apoya en la promesa de Dios. No depende de una emoción pasajera. La oración recuerda que la confianza cristiana nace de la palabra divina y no únicamente del estado de ánimo.
«Porque mis ojos han visto a tu Salvador»
El creyente agradece un encuentro. Aunque no contemple a Cristo con los ojos corporales como Simeón, reconoce su presencia mediante la fe, el Evangelio, los sacramentos, la comunidad cristiana y las obras de caridad.
Esta frase invita a preguntarse:
- ¿Dónde he reconocido hoy la acción de Dios?
- ¿Qué gracia recibida merece mi agradecimiento?
- ¿He mirado a Cristo o he vivido únicamente pendiente de mis problemas?
«A quien has presentado ante todos los pueblos»
La salvación no pertenece a un grupo cerrado. Jesucristo viene para todos. La oración puede despertar una actitud misionera: pedir que otras personas conozcan el Evangelio y que la Iglesia anuncie a Cristo con fidelidad y caridad.
«Luz para alumbrar a las naciones»
Cristo ilumina la inteligencia, la conciencia y el camino moral. Rezar esta frase implica pedir luz para discernir, especialmente cuando existen confusión, sufrimiento o decisiones difíciles.
«Y gloria de tu pueblo Israel»
El cántico no rompe la continuidad entre Israel y la Iglesia. Simeón reconoce en Jesús el cumplimiento de las promesas realizadas por Dios a Israel. La salvación universal tiene una historia concreta: Dios actúa en la historia y cumple sus promesas en Jesucristo.
Quinto paso: concluir con una oración breve
Después del cántico, puedes rezar:
Señor Jesús, luz del mundo, recibe mi día y mi vida.
Perdona mis pecados, guarda mi descanso
y ayúdame a vivir mañana en tu paz.
Amén.
Termina con el padrenuestro, un avemaría o la señal de la cruz.