El Oficio de Lecturas ofrece un tiempo amplio para meditar la Palabra de Dios y los escritos de los Padres de la Iglesia, los santos, los doctores y otros autores espirituales. Su finalidad no consiste únicamente en leer textos religiosos, sino en convertir la lectura en oración y diálogo con Dios: el cristiano escucha cuando recibe la palabra divina y responde cuando ora.1,2
La celebración ayuda a profundizar en la historia de la salvación y a descubrir la relación entre la Sagrada Escritura, la tradición viva de la Iglesia y la vida cristiana. La lectura bíblica ocupa un lugar fundamental, mientras que la segunda lectura ofrece una interpretación espiritual, doctrinal, pastoral o testimonial del misterio celebrado.1,4
El Oficio de Lecturas no constituye una simple lectura privada de la Biblia ni una colección de textos piadosos. Forma parte de la oración pública de la Iglesia y conserva una estructura litúrgica propia, con salmos, himno, lecturas, respuestas y oración conclusiva.2
