Cada decena comienza anunciando el misterio correspondiente. Después se reza un padrenuestro, diez avemarías y un gloria. En la primera parte de cada avemaría puede añadirse una invocación relacionada con el misterio, inmediatamente después del nombre de Jesús.
Primera alegría: la Anunciación
Misterio: María recibe el anuncio del ángel y concibe virginalmente al Hijo de Dios.
Puede rezarse:
Jesús, a quien concebiste con alegría.
A continuación se rezan diez avemarías, meditando el consentimiento de María: «Hágase en mí según tu palabra». La primera alegría enseña a acoger la voluntad de Dios con fe, incluso cuando el futuro todavía permanece oculto.
Segunda alegría: la Visitación
Misterio: María visita a su prima Isabel y lleva a la casa de Zacarías la presencia de Cristo.
Invocación tradicional:
Jesús, a quien llevaste con alegría a Isabel.
La meditación contempla a María como mujer de servicio. Después de recibir al Salvador, no permanece encerrada en sí misma, sino que se pone en camino para ayudar a otra persona.
Tercera alegría: el nacimiento de Jesús
Misterio: María da a luz a Jesús en Belén.
Puede utilizarse la invocación:
Jesús, a quien diste a luz con alegría.
La oración recuerda la pobreza del nacimiento del Señor y la alegría de María al contemplar al Hijo de Dios hecho hombre. La corona franciscana invita aquí a adorar a Cristo con humildad, como san Francisco amó de manera particular el misterio de la Encarnación y del nacimiento del Salvador.
Cuarta alegría: la adoración de los Magos
Misterio: Los Magos llegan a Belén, adoran al Niño y ofrecen sus dones.
Invocación:
Jesús, a quien los Magos adoraron con alegría.
La contemplación pone de relieve que Cristo viene para todos los pueblos. Los Magos representan a quienes buscan sinceramente la verdad y ofrecen al Señor lo mejor de su vida.
Quinta alegría: el hallazgo de Jesús en el templo
Misterio: María y José encuentran a Jesús en el templo de Jerusalén después de buscarlo durante tres días.
Puede rezarse:
Jesús, a quien encontraste con alegría en el templo.
Esta decena permite presentar a Dios la experiencia de la incertidumbre, la búsqueda y la preocupación. María enseña a buscar a Cristo con perseverancia y a reconocer que Él debe ocupar el centro de la vida.
Sexta alegría: la resurrección de Jesucristo
Misterio: Jesús resucita gloriosamente de entre los muertos.
Invocación:
Jesús, que resucitaste con alegría.
La alegría de María alcanza aquí una plenitud nueva: el Hijo que padeció y murió vive para siempre. La resurrección funda la esperanza cristiana y orienta la vida hacia la victoria definitiva de Dios sobre el pecado y la muerte.
Séptima alegría: la asunción y coronación de María
Misterio: María es elevada a la gloria del cielo y participa de la realeza de su Hijo.
Puede rezarse:
Jesús, que te llevaste a tu Madre al cielo y la coronaste de gloria.
La última decena contempla el destino definitivo de María y, en ella, la esperanza de todos los fieles. La coronación de la Virgen no la separa de la Iglesia, sino que manifiesta anticipadamente la gloria a la que Dios llama a quienes permanecen unidos a Cristo.