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Cómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia

La Coronilla de la Divina Misericordia es una oración cristocéntrica de intercesión y reparación, difundida por santa María Faustina Kowalska. Se reza normalmente con un rosario y dirige al Padre eterno una súplica fundada en la Pasión de Jesucristo: «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero». La oración comprende una introducción, cinco decenas y una conclusión, y puede ofrecerse por las propias necesidades, por otras personas, por los moribundos y por toda la humanidad.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia
CategoríaObra
DescripciónOración cristocéntrica de intercesión y reparación centrada en la Pasión de Jesucristo. Petición de misericordia para uno mismo y para el mundo entero, con carácter reparador y penitencial, basada en los méritos de la Pasión de Cristo
Aplicación MoralFomenta la confianza en Dios, el arrepentimiento, la conversión del corazón y la práctica activa de obras de misericordia hacia los demás
AutorSanta María Faustina Kowalska
CongregaciónCongregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia
Contexto HistóricoComunicación de la oración a Santa Faustina en septiembre de 1935, basada en sus revelaciones registradas en el Diario (números 474-476)
Fecha de Creación1935
Texto CompletoEn el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Padre nuestro. Avemaría. Credo. En cada cuenta grande: Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero. En cada una de las diez cuentas pequeñas: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Repetir esta secuencia durante las cinco decenas. Al terminar: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. (Repetir tres veces) Conclusión: Oh, Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de la compasión inagotable, vuelve a nosotros tu mirada bondadosa y aumenta tu misericordia en nosotros, para que nunca desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.
TipoOración, Coronilla
Uso LitúrgicoDevoción privada; se reza con rosario, a veces a las tres de la tarde, puede realizarse solo o en comunidad

Tabla de contenido

Origen de la Coronilla

Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, recogió en su Diario las oraciones que recibió en su experiencia espiritual. La forma de la Coronilla aparece especialmente vinculada a las revelaciones consignadas en los números 474-476 del Diario.

La oración fue comunicada a santa Faustina en septiembre de 1935 como una súplica de reparación y de confianza en la misericordia de Dios. La fórmula central ofrece al Padre el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, y pide misericordia por los pecados propios y por los del mundo entero.1

La Coronilla no constituye una repetición independiente del sacrificio de Cristo, ni añade nada a la eficacia de la cruz. La oración participa espiritualmente en la única entrega redentora de Jesucristo y presenta ante el Padre los méritos de su Pasión con actitud de humildad, arrepentimiento y confianza.

Finalidad espiritual

Adoración de la misericordia de Dios

La Coronilla dirige la oración hacia Dios Padre por medio de Jesucristo. El creyente reconoce que la misericordia divina brota del misterio de la Trinidad y alcanza su manifestación plena en la Encarnación, la Pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

La oración no presenta a Dios como una fuerza impersonal ni como una mera fuente de favores. Dios concede su misericordia porque ama al ser humano y porque Jesucristo, el Hijo amado, ha ofrecido su vida por la salvación del mundo. El Diario relaciona expresamente la Coronilla con la ofrenda del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo al Padre.2

Intercesión por el mundo entero

La expresión «por nosotros y por el mundo entero» amplía el horizonte de la oración. El término nosotros incluye a quien reza, a las personas por las que desea interceder y a la comunidad cristiana. El mundo entero comprende a todos los seres humanos, especialmente a quienes sufren, a los pecadores, a los moribundos y a quienes viven alejados de Dios.

La Coronilla permite presentar ante Cristo las necesidades concretas de la humanidad sin reducir la oración a una petición individual. Santa Faustina la relaciona con el deseo de acercar a toda la humanidad a Jesús y con la confianza en la misericordia divina durante la vida y, de modo particular, en la hora de la muerte.2

Reparación por el pecado

La Coronilla contiene un carácter penitencial y reparador. El orante reconoce que el pecado hiere la relación con Dios y con los demás, y pide que la Pasión de Cristo alcance a los pecadores con su poder salvador.

La reparación cristiana no consiste en intentar comprar el perdón ni en atribuir a la oración una eficacia mágica. Consiste en unir el propio arrepentimiento a la entrega amorosa de Jesucristo y pedir la conversión del corazón. Por ello, la Coronilla alcanza su sentido más profundo cuando conduce a la fe, a la conversión, al sacramento de la Reconciliación, a la Eucaristía y a las obras de misericordia.

Confianza y amor al prójimo

La espiritualidad de la Divina Misericordia exige dos actitudes inseparables: confianza en Dios y misericordia activa hacia el prójimo. Santa Faustina presenta la confianza como una respuesta esencial a la bondad divina, pero también insiste en que el discípulo de Cristo debe practicar la misericordia mediante las obras, las palabras y la oración.2,3

Una persona no vive auténticamente la Coronilla si pide misericordia para sí mientras desprecia, calumnia o abandona deliberadamente al prójimo. La oración reclama una transformación de la vida: perdonar, ayudar, escuchar, corregir con caridad, visitar al enfermo, acompañar al que sufre y orar por quien necesita la gracia de Dios.

Qué hace falta para rezarla

La Coronilla puede rezarse con un rosario tradicional de cinco decenas. También puede utilizarse una aplicación o una cuenta de oración, aunque ningún objeto resulta indispensable. La estructura depende de las oraciones, no del instrumento.

Conviene buscar un lugar tranquilo, adoptar una postura reverente y dedicar unos minutos a la oración consciente. Una persona puede rezarla sola o en grupo, en casa, en una iglesia, ante el Santísimo Sacramento o junto a un enfermo o moribundo, siempre con respeto y prudencia.

Antes de comenzar, ayuda formular una intención concreta:

  • pedir perdón por los propios pecados;
  • interceder por un familiar o amigo;
  • pedir la conversión de una persona;
  • encomendar a los enfermos;
  • orar por los moribundos;
  • ofrecer la oración por las víctimas de la violencia, la pobreza o la injusticia;
  • pedir fortaleza para cumplir la voluntad de Dios.

La intención no debe convertir la Coronilla en un mecanismo para obtener cualquier resultado. La oración cristiana pide bienes verdaderos y somete la petición a la voluntad de Dios. El Diario vincula las promesas de la Coronilla con aquello que resulta conforme a la voluntad divina y al bien eterno de la persona.2

Orden completo de la oración

La Coronilla comienza con las oraciones habituales del cristiano y continúa con cinco decenas. Cada decena incluye una oración dirigida al Padre eterno y diez invocaciones a la misericordia divina.

Señal de la cruz

La oración comienza haciendo la señal de la cruz:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Este gesto sitúa la oración en el misterio de la Santísima Trinidad y recuerda que el cristiano ha recibido la vida nueva en Cristo.

Oraciones iniciales

Aunque la forma esencial de la Coronilla comienza con el Padrenuestro, el Avemaría y el Credo, muchas personas añaden una breve invocación de confianza, como:

Jesús, en ti confío.

Después, en la cuenta grande situada antes de las cinco decenas, se reza:

**Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén.**

En la primera cuenta pequeña se reza:

**Dios te salve, María,

llena eres de gracia, el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.**

A continuación, se reza el Credo:

**Creo en Dios, Padre todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna. Amén.**

Estas oraciones iniciales expresan la fe en Dios, en la obra salvadora de Jesucristo, en la Iglesia, en el perdón de los pecados y en la vida eterna.

Las cinco decenas de la Coronilla

La Coronilla contiene cinco decenas. Cada una se reza del modo siguiente:

  1. En la cuenta grande, correspondiente al Padrenuestro, se dice la oración de ofrenda.
  2. En cada una de las diez cuentas pequeñas, correspondientes a las Avemarías, se repite la invocación de misericordia.

En la cuenta grande

En cada cuenta grande se reza:

**Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre,

el Alma y la Divinidad

de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo,

como propiciación de nuestros pecados

y los del mundo entero.**

La palabra propiciación expresa aquí una súplica de reconciliación y reparación. El creyente no ofrece algo separado de Cristo, sino que presenta ante el Padre a Jesucristo mismo y se une a su sacrificio redentor.

La fórmula procede de la oración consignada por santa Faustina en su Diario.1

En las diez cuentas pequeñas

En cada una de las diez cuentas pequeñas se reza:

**Por su dolorosa Pasión,

ten misericordia de nosotros

y del mundo entero.**

La invocación centra la atención en la Pasión de Cristo. El orante no contempla el sufrimiento de Jesús de forma aislada, sino como la expresión suprema de su amor obediente al Padre y de su entrega por la salvación de la humanidad.

La fórmula también invita a pedir misericordia en plural. El cristiano no se presenta ante Dios como un individuo indiferente al destino de los demás, sino como miembro de una humanidad necesitada de redención.

Repetición de las cinco decenas

El mismo esquema se repite cinco veces:

Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

La repetición favorece la perseverancia y permite que la mente y el corazón permanezcan orientados hacia el misterio de Cristo. No conviene pronunciar las palabras con precipitación. Cada decena puede ofrecerse por una intención distinta, aunque la Coronilla conserva siempre su dimensión universal.

Oración final

Al terminar las cinco decenas, la forma tradicional incluye tres veces:

**Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,

ten misericordia de nosotros

y del mundo entero.**

Esta invocación proclama la santidad, la fortaleza y la eternidad de Dios. La triple repetición recuerda la confesión cristiana de la Trinidad y concluye la Coronilla con una súplica solemne por toda la humanidad. Santa Faustina recibió esta conclusión junto con las instrucciones sobre el Padrenuestro, el Avemaría, el Credo y las cinco decenas.1

Después puede añadirse:

Oh, Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de la compasión inagotable, vuelve a nosotros tu mirada bondadosa y aumenta tu misericordia en nosotros, para que nunca desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.

Esta oración expresa una petición de confianza en las pruebas y de abandono en la voluntad de Dios. No pide únicamente el alivio de las dificultades, sino la gracia de vivirlas sin desesperación y con una confianza fundada en el amor divino.4

También puede terminarse con una invocación breve:

Jesús, en ti confío.

Cómo rezar la Coronilla paso a paso

El procedimiento completo puede resumirse así:

  1. Hacer la señal de la cruz.
  2. Formular, si conviene, una intención de oración.
  3. Rezar un Padrenuestro.
  4. Rezar un Avemaría.
  5. Rezar el Credo.
  6. En la primera cuenta grande, decir:

    «Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero».

  7. En las diez cuentas pequeñas, repetir diez veces:

    «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero».

  8. Repetir los pasos sexto y séptimo en las otras cuatro decenas.
  9. Rezar tres veces:

    «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero».

  10. Guardar unos instantes de silencio y concluir con una acción de gracias.

La Coronilla a las tres de la tarde

La tradición de la Divina Misericordia concede un lugar particular a las tres de la tarde, hora que recuerda la muerte de Jesucristo en la cruz. Santa Faustina recibió la recomendación de honrar la hora de la Pasión y de invocar la misericordia de Cristo para el mundo entero.3

La oración a las tres no exige abandonar las obligaciones legítimas. Cuando las circunstancias lo permiten, una persona puede rezar la Coronilla completa, meditar el relato de la Pasión, hacer el vía crucis o permanecer brevemente en adoración ante el Santísimo Sacramento. Cuando no resulta posible acudir a una capilla o detenerse durante mucho tiempo, basta una breve oración interior allí donde uno se encuentre.3

La hora de la misericordia no funciona como una fórmula automática. Su valor espiritual procede de la unión con Cristo crucificado, de la fe, de la conversión y de la confianza. La devoción invita a contemplar el amor de Jesús y a llevar ese amor a las relaciones cotidianas.

Rezar la Coronilla por los moribundos

La Coronilla ocupa un lugar especial en la oración por quienes afrontan la muerte. Santa Faustina dejó testimonio de la recomendación de rezarla junto al lecho de una persona moribunda. La finalidad consiste en encomendar esa alma a la misericordia de Dios y pedir la gracia de la conversión, la paz y la confianza en Cristo.2

La oración por un moribundo debe acompañar, nunca sustituir, la atención pastoral y sacramental. Cuando la situación lo permite, conviene avisar a un sacerdote para que administre los sacramentos apropiados, especialmente la Penitencia, la Unción de los Enfermos y la Sagrada Comunión como viático.

La persona que acompaña puede rezar lentamente, en voz baja, junto al enfermo. Si el moribundo no puede responder, la oración conserva su carácter de intercesión. El propósito no consiste en garantizar mecánicamente un resultado, sino en confiar esa vida al amor misericordioso de Dios.

La novena de la Coronilla

La Coronilla también puede rezarse durante nueve días consecutivos con una intención concreta. Santa Faustina recibió la indicación de rezarla durante nueve días utilizando las cuentas del rosario.1

Una novena requiere perseverancia, pero no obliga a reclamar a Dios un resultado determinado. La perseverancia cristiana mantiene la petición, purifica los deseos y dispone el corazón para aceptar la voluntad divina.

La devoción de la Divina Misericordia incluye asimismo una novena específica vinculada a la preparación de la Fiesta de la Divina Misericordia. Esa práctica incorpora intenciones particulares para cada día. La Coronilla forma parte de la devoción, pero una novena de la Coronilla y la novena propia de la Fiesta no son exactamente la misma práctica.

Actitudes necesarias durante la oración

Confianza

La palabra confianza ocupa un lugar central en la espiritualidad de la Coronilla. Confiar no significa negar la gravedad del pecado ni presumir del perdón. Significa reconocer la propia necesidad, acudir a Cristo con humildad y creer que la misericordia de Dios supera la miseria humana.

El Diario presenta la misericordia divina como refugio para el alma afligida y como fuente de esperanza para quien se aproxima a Dios con un corazón contrito.4

Arrepentimiento

La Coronilla pide misericordia por los pecados, por lo que reclama un corazón dispuesto a convertirse. La persona que reconoce un pecado grave debe buscar el sacramento de la Reconciliación y no utilizar la repetición de oraciones como sustituto de la confesión sacramental.

La oración puede despertar el arrepentimiento, fortalecer el propósito de enmienda y preparar una confesión sincera. El perdón sacramental procede de Dios y llega a la Iglesia mediante el ministerio de los sacerdotes.

Perseverancia

La repetición de las decenas enseña a perseverar. La sequedad interior, las distracciones o la ausencia de consuelo sensible no invalidan la oración. El valor principal no depende de experimentar emociones intensas, sino de permanecer ante Dios con fidelidad.

La perseverancia también evita una concepción utilitaria de la Coronilla. El cristiano no la reza únicamente cuando necesita algo, sino como acto habitual de adoración, intercesión y entrega.

Misericordia hacia los demás

La oración debe prolongarse en la vida. Santa Faustina vinculó el culto a la misericordia con la obligación de practicarla mediante obras, palabras y oración, y exhortó a ejercerla siempre y en todas partes.3

Después de rezar la Coronilla, una persona puede preguntarse:

  • ¿A quién necesito perdonar?
  • ¿Qué sufrimiento ajeno puedo aliviar?
  • ¿Qué palabra de consuelo puedo ofrecer?
  • ¿Qué injusticia puedo afrontar con caridad y verdad?
  • ¿Por quién debo interceder aunque me resulte difícil?

La misericordia cristiana no equivale a aprobar el mal. Incluye la verdad, la justicia, la defensa de los vulnerables y el deseo de conversión para quien obra mal.

Promesas y sentido de las promesas

El Diario atribuye a la Coronilla promesas relacionadas con la misericordia de Dios, la conversión y la asistencia a los moribundos. También recoge una promesa general de conceder lo que se pide mediante la Coronilla cuando la petición resulta conforme a la voluntad divina.2

Estas promesas requieren una interpretación cristiana correcta:

  • No son fórmulas mágicas. La repetición material de las palabras no obliga a Dios a conceder un deseo.
  • No eliminan la libertad humana. La oración pide la conversión, pero cada persona debe responder libremente a la gracia.
  • No garantizan una vida sin sufrimiento. La misericordia puede manifestarse mediante fortaleza, paz, perdón, conversión o perseverancia.
  • No reemplazan los sacramentos. La Coronilla acompaña la vida sacramental y no sustituye la confesión ni la Eucaristía.
  • No aseguran resultados temporales concretos. El cristiano confía en que Dios conoce el bien verdadero y eterno de cada persona.

El propio contenido de la devoción orienta toda petición hacia la voluntad de Dios, que constituye el criterio último del bien humano.2

Errores que conviene evitar

Rezar deprisa

La rapidez puede convertir la Coronilla en una recitación distraída. Conviene pronunciar las palabras con atención y dejar que la Pasión de Cristo ilumine la intención por la que se reza.

Buscar efectos automáticos

Ninguna oración católica actúa como un procedimiento mecánico. La Coronilla no garantiza la curación física, el éxito económico, la reconciliación inmediata ni ningún otro resultado temporal. La oración abre el corazón a la gracia y lo conforma con Dios.

Separar la oración de la caridad

La devoción pierde coherencia cuando permanece en los labios y no llega a las obras. La oración por la misericordia debe impulsar a la misericordia concreta.

Confundir confianza con presunción

La confianza cristiana reconoce el pecado y busca la conversión. La presunción, en cambio, espera el perdón sin arrepentimiento ni voluntad de cambiar.

Sustituir la atención médica o pastoral

La Coronilla puede acompañar a una persona enferma, pero no sustituye la medicina, los cuidados paliativos, la atención psicológica ni la asistencia de un sacerdote.

La Coronilla en la vida cristiana

La Coronilla puede integrarse en distintos momentos del día:

  • por la mañana, como ofrecimiento de la jornada;
  • al mediodía, como intercesión por las necesidades del mundo;
  • a las tres de la tarde, en memoria de la Pasión;
  • por la noche, como examen de conciencia y acción de gracias;
  • durante una enfermedad o una situación de angustia;
  • en familia, con una intención común;
  • junto a una persona moribunda;
  • durante una adoración eucarística o una visita al sagrario.

La oración adquiere mayor profundidad cuando permanece unida a la lectura del Evangelio, a la participación en la liturgia, a la confesión frecuente, a la comunión digna y a las obras de misericordia.

La espiritualidad de santa Faustina presenta la misericordia como una realidad que acompaña toda la existencia: desde la creación y la vida de la Iglesia hasta la conversión, la muerte y la esperanza de la vida eterna.4

Texto completo seguido

Para rezarla sin interrupciones, la fórmula puede presentarse así:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Padre nuestro.

Avemaría.

Credo.

En cada cuenta grande:

Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

En cada una de las diez cuentas pequeñas:

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Repetir esta secuencia durante las cinco decenas.

Al terminar:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Repetir tres veces.

Como conclusión:

Oh, Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de la compasión inagotable, vuelve a nosotros tu mirada bondadosa y aumenta tu misericordia en nosotros, para que nunca desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.

Conclusión

La Coronilla de la Divina Misericordia conduce al creyente hacia el centro del Evangelio: el amor misericordioso de Dios manifestado en Jesucristo. Su estructura es sencilla, pero su contenido exige fe, arrepentimiento, perseverancia y caridad. La persona que la reza ofrece a Dios la Pasión de Cristo, intercede por toda la humanidad y aprende a vivir con mayor confianza en la misericordia divina.

La oración alcanza su fruto más auténtico cuando transforma la vida: quien pide misericordia aprende también a concederla.

Citas y referencias

  1. María Faustina Kowalska. Diario de Santa María Faustina Kowalska: Divina Misericordia en mi Alma, 140 (2005). 2 3 4
  2. C. El rosario de la divina misericordia, María Faustina Kowalska. Diario de Santa María Faustina Kowalska: Divina Misericordia en mi Alma, 10 (2005). 2 3 4 5 6 7
  3. María Faustina Kowalska. Diario de Santa María Faustina Kowalska: Divina Misericordia en mi Alma, 11 (2005). 2 3 4
  4. María Faustina Kowalska. Diario de Santa María Faustina Kowalska: Divina Misericordia en mi Alma, 233 (2005). 2 3
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