San Miguel es uno de los arcángeles nombrados en la Sagrada Escritura. Su nombre significa «¿Quién como Dios?», una expresión que proclama la absoluta soberanía divina. La tradición cristiana lo presenta como defensor del pueblo de Dios y adversario de Satanás. El Apocalipsis describe a Miguel y a sus ángeles combatiendo contra el dragón, imagen de la lucha entre la fidelidad a Dios y la rebelión contra Él.1
La devoción a san Miguel no convierte al arcángel en una divinidad ni atribuye a sus poderes una autonomía propia. El cristiano pide su intercesión y su ayuda, pero deposita la confianza última únicamente en Dios. La oración misma expresa esta verdad al pedir: «Que Dios manifieste sobre él su poder» y al invocar la fuerza divina contra el Maligno.2


