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Cómo rezar las Laudes

Las Laudes, también llamadas oración de la mañana, constituyen una de las horas principales de la Liturgia de las Horas de la Iglesia católica. Esta celebración santifica el comienzo del día mediante salmos, cánticos bíblicos, una lectura breve, el cántico evangélico del Benedictus, intercesiones y una oración final. Su finalidad consiste en alabar a Dios, recordar la resurrección de Jesucristo y consagrarle el día, el trabajo y todas las actividades que van a comenzar.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo rezar las Laudes
CategoríaObra
DescripciónOración matutina de la Liturgia de las Horas que alaba a Dios, recuerda la resurrección de Cristo y consagra el día, el trabajo y las actividades. Las Laudes son una de las dos horas principales del Oficio divino. Constan de introducción, himno, salmodia (tres salmos o cantos), lectura breve, responsorio breve, cántico evangélico del Benedictus, intercesiones, Padrenuestro, oración conclusiva y conclusión. Santificar el inicio del día, orientar los primeros pensamientos a Dios y ofrecer el trabajo a Cristo resucitado
ContenidoIntroducción; himno; salmodia; lectura breve; responsorio breve; Benedictus; intercesiones; Padrenuestro; oración conclusiva; conclusión
ContextoParte de la Liturgia de las Horas, oración pública oficial de la Iglesia católica.
ImportanciaPermite al fiel comenzar el día con alabanza, acción de gracias y disposición para la misión; une al individuo con la oración de toda la Iglesia.
OrigenDel latín *laudare* ‘alabar’; originalmente designaba la parte final de la oración matutina y después toda la hora.
Tiempo litúrgicoMañana, primera hora del día litúrgico.
TipoOración
Uso LitúrgicoCelebrada al comienzo del día, individualmente o en comunidad, como parte de la Liturgia de las Horas.

Tabla de contenido

Qué son las Laudes

Las Laudes forman parte de la Liturgia de las Horas, la oración pública y oficial de la Iglesia. Junto con las Vísperas, constituyen las dos horas principales del Oficio divino. La Iglesia invita a sacerdotes, diáconos, miembros de institutos de vida consagrada y fieles laicos a participar en esta oración, tanto individualmente como en comunidad.2

El nombre Laudes procede del latín laudare, que significa alabar. La denominación está relacionada especialmente con los salmos 148, 149 y 150, que repiten con frecuencia la invitación Laudate Dominum, «Alabad al Señor». En la tradición antigua, el término designaba primero la parte final de la oración matutina y, con el tiempo, pasó a referirse al conjunto de la hora.3

Las Laudes no equivalen a una oración privada inventada para comenzar el día, aunque cualquier oración matutina puede acompañarlas. Constituyen una acción litúrgica, con textos, estructura y ritmo propios del calendario de la Iglesia.

El sentido espiritual de las Laudes

Santificar el comienzo del día

Las Laudes orientan hacia Dios los primeros pensamientos, deseos y decisiones de la jornada. La tradición litúrgica las concibe como una oración que debe preceder, en la medida de lo posible, a las ocupaciones ordinarias. San Basilio Magno relacionaba esta hora con la entrega a Dios de los primeros movimientos del corazón y con la disposición interior para afrontar el trabajo.1

La oración no pretende convertir la mañana en un momento aislado de la vida cotidiana. Al contrario, presenta ante Dios el día entero: el trabajo profesional, los estudios, las responsabilidades familiares, los encuentros, los sufrimientos y las decisiones.

Recordar la resurrección de Cristo

La luz del amanecer evoca a Jesucristo, luz verdadera y vencedor de la muerte. La Iglesia vincula la oración de la mañana con la resurrección del Señor y con su presencia salvadora en el mundo. El nacimiento de un nuevo día recuerda que la vida cristiana vive de la Pascua y que toda jornada puede comenzar de nuevo en Cristo.1

Por esta razón, las Laudes poseen un tono de alabanza, esperanza, acción de gracias y disponibilidad para la misión. No constituyen simplemente una petición de ayuda para afrontar las dificultades, sino una respuesta agradecida al don de la vida y de la redención.

Orar con las palabras de la Biblia

Los salmos y cánticos constituyen el núcleo de las Laudes. Con ellos, el cristiano reza con palabras inspiradas que Israel y la Iglesia han utilizado durante siglos. También son las palabras de oración que Jesucristo recibió en la tradición bíblica de su pueblo.2

Los salmos expresan múltiples experiencias humanas:

Por eso, el fiel no necesita experimentar personalmente cada sentimiento expresado en un salmo. La Iglesia presta su voz a quien reza y permite que cada situación personal quede integrada en la oración de todo el Pueblo de Dios.

Cuándo rezar las Laudes

Las Laudes corresponden a la mañana. Conviene rezarlas al comenzar el día, preferentemente antes de iniciar las actividades principales. La estructura litúrgica no exige que siempre coincidan exactamente con la salida del sol, pero su significado está unido al amanecer y al inicio de la jornada.1

Una persona puede rezarlas:

  • al levantarse;
  • antes del desayuno;
  • antes de acudir al trabajo o al centro educativo;
  • en el trayecto, si las circunstancias permiten rezar con atención;
  • en una iglesia, capilla o comunidad;
  • en familia o con otros fieles.

La regularidad favorece la oración. Sin embargo, una dificultad concreta no debe llevar al abandono completo de esta práctica. Cuando no resulta posible rezar toda la hora, conviene mantener al menos una parte sustancial, especialmente el salmo, el Benedictus y la oración final, procurando recuperar después la celebración completa cuando sea posible.

Qué libro utilizar

Para rezar las Laudes hace falta un ejemplar de la Liturgia de las Horas correspondiente al calendario litúrgico de la Iglesia. También existen ediciones abreviadas de la oración de la mañana y aplicaciones o sitios digitales que presentan los textos del día.

El libro ordinario de la Liturgia de las Horas distribuye los salmos en un ciclo de cuatro semanas. Además, ofrece textos propios para:

Conviene consultar siempre el calendario litúrgico del día, porque las antífonas, los salmos, las lecturas, el himno, las intercesiones y la oración colecta pueden cambiar.

Estructura ordinaria de las Laudes

El orden habitual de las Laudes contiene los siguientes elementos:

  1. introducción;
  2. himno;
  3. salmodia;
  4. lectura breve;
  5. responsorio breve;
  6. cántico evangélico del Benedictus;
  7. intercesiones;
  8. Padrenuestro;
  9. oración conclusiva;
  10. conclusión.

La forma concreta puede presentar variaciones según el día litúrgico, la celebración comunitaria o la unión de las Laudes con la misa.

Cómo rezar las Laudes paso a paso

Preparación

Busca un lugar tranquilo y adopta una postura digna. No resulta necesario crear un ambiente extraordinario: basta con apartar durante unos minutos las distracciones y situarse conscientemente ante Dios.

Antes de abrir el libro, puedes hacer una breve pausa y reconocer:

«Señor, comienzo este día en tu presencia».

La preparación no añade un rito obligatorio, pero ayuda a comprender que las Laudes no consisten en leer deprisa varios textos. Constituyen una celebración de la Iglesia y requieren una atención proporcionada.

Introducción

Las Laudes comienzan normalmente con el versículo:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

A continuación se reza o canta:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Habitualmente se añade Aleluya. Durante la Cuaresma, el Aleluya se omite. Si las Laudes van precedidas inmediatamente del invitatorio, la forma introductoria ordinaria no aparece.4

Himno

Después de la introducción viene el himno, elegido según el día, el tiempo litúrgico o la celebración de un santo. El himno sitúa la oración en el misterio que la Iglesia celebra y prepara el corazón para la salmodia.

El fiel puede rezarlo lentamente, prestando atención a sus imágenes y afirmaciones. Cuando la celebración es comunitaria, el himno suele cantarse; en la oración individual, basta con recitarlo con devoción.

Salmodia

La salmodia comprende normalmente tres piezas:

  1. un salmo apropiado para la mañana;
  2. un cántico del Antiguo Testamento;
  3. un segundo salmo de alabanza.

Esta disposición diferencia la salmodia de las Laudes de la de las Vísperas. La oración vespertina utiliza dos salmos o dos secciones de un salmo largo y un cántico tomado de las cartas apostólicas o del Apocalipsis.5

Cada salmo aparece acompañado por una antífona. La antífona proporciona una clave de lectura y ayuda a interpretar el salmo dentro del tiempo litúrgico o de la fiesta. El procedimiento habitual consiste en:

  1. leer o cantar la antífona;
  2. rezar el salmo;
  3. repetir la antífona.

Al terminar cada salmo o cántico, la forma ordinaria incorpora el Gloria al Padre. En algunas celebraciones, las rúbricas pueden ordenar una disposición diferente.

Cómo meditar los salmos

No conviene convertir la salmodia en una lectura acelerada. El fiel puede:

  • leer el título o la antífona con atención;
  • identificar la actitud espiritual dominante;
  • comprender el salmo como oración de Cristo y de la Iglesia;
  • presentar a Dios las personas y situaciones que el texto le sugiera;
  • respetar breves silencios entre las estrofas;
  • evitar detenerse de tal manera que la estructura litúrgica quede desfigurada.

Algunos salmos hablan directamente de enemigos, castigos o desgracias. La lectura cristiana no invita a desear el mal a nadie. Permite entregar a Dios el sufrimiento, pedir justicia, reconocer la gravedad del pecado y confiar el juicio definitivo al Señor.

Lectura breve

La lectura breve ofrece un pasaje de la Sagrada Escritura, generalmente relacionado con el día o con el tiempo litúrgico. Su extensión reducida no disminuye su importancia. La lectura recuerda que la oración cristiana nace de la escucha de la Palabra de Dios.

Conviene leerla con pausa y dejar que una frase permanezca en la memoria durante la jornada. La lectura breve no exige una meditación larga en medio del Oficio, pero sí una recepción atenta y reverente.

Responsorio breve

Después de la lectura aparece un responsorio breve, formado por una respuesta que prolonga o aplica el mensaje bíblico. El pueblo o la persona que reza responde a la Palabra con una breve fórmula de fe, alabanza o súplica.

En una celebración comunitaria, el ministro o el cantor puede entonar la primera parte y la asamblea responder. En la oración individual, el fiel recita las partes tal como aparecen en el libro.

El cántico del Benedictus

El momento culminante de las Laudes es el cántico de Zacarías, conocido por su primera palabra latina, Benedictus. El Evangelio de san Lucas pone este cántico en labios de Zacarías después del nacimiento de Juan el Bautista.

Las Laudes utilizan el Benedictus como cántico evangélico; las Vísperas utilizan el Magnificat. Ambos cánticos expresan alabanza, acción de gracias y reconocimiento de la obra salvadora de Dios.6

El Benedictus proclama que Dios visita y redime a su pueblo, recuerda la alianza con Israel y anuncia la misión de Juan como profeta del Altísimo. Su imagen final presenta a Cristo como la luz que ilumina a quienes viven en tinieblas y guía nuestros pasos por el camino de la paz.

La antífona propia del día se reza antes y después del cántico. Sus palabras pueden relacionarse con el santo celebrado, el Evangelio del día o el tiempo litúrgico.

Intercesiones

Después del Benedictus llegan las intercesiones. En las Laudes, estas peticiones consagran a Dios el día y el trabajo que comienza.7

Las intercesiones suelen abarcar:

  • la Iglesia;
  • el Papa, los obispos y los ministros sagrados;
  • los gobernantes y responsables de la sociedad;
  • las familias;
  • los enfermos y quienes sufren;
  • los pobres y necesitados;
  • quienes trabajan o buscan empleo;
  • quienes afrontan tentaciones o dificultades;
  • los difuntos;
  • las necesidades concretas del mundo.

La estructura presenta una invocación y una respuesta de la asamblea. En la oración privada, basta con recitar tanto la invocación como la respuesta.

El carácter litúrgico de estas peticiones impide reducirlas a una lista de necesidades personales. El cristiano intercede unido a toda la Iglesia y ofrece a Dios el mundo que empieza una nueva jornada.

El Padrenuestro

Las intercesiones conducen al Padrenuestro, la oración que Jesucristo enseñó a sus discípulos. El fiel lo reza con toda la Iglesia, no como una fórmula añadida arbitrariamente, sino como conclusión de la súplica comunitaria.

El Padrenuestro resume la orientación de las Laudes: glorificar el nombre de Dios, acoger su Reino, cumplir su voluntad, recibir el sustento necesario, pedir perdón y buscar la liberación del mal.

Oración conclusiva

La oración conclusiva recoge el sentido de la celebración. Normalmente presenta a Dios la jornada, pide su ayuda y orienta el trabajo hacia el cumplimiento de su voluntad.

Conviene escuchar o recitar esta oración atendiendo a sus verbos y peticiones. La fórmula final no funciona como una despedida decorativa: concentra la espiritualidad propia de las Laudes y ofrece a Dios la vida cotidiana.

Conclusión

La hora termina con una fórmula de despedida y bendición. En la celebración comunitaria, el ministro puede impartir la bendición. En la oración individual, el fiel recita la conclusión prevista en el libro.

Cuando las Laudes preceden inmediatamente a la misa, la Iglesia permite unir ambas celebraciones de acuerdo con las normas litúrgicas. La salmodia continúa hasta la lectura breve y algunos elementos de la misa pueden omitirse o integrarse según el modo de celebración.8

Cómo rezar las Laudes en comunidad

La Liturgia de las Horas alcanza una expresión particularmente visible cuando la comunidad se reúne. En una parroquia, monasterio, casa religiosa o grupo de fieles, la celebración puede incluir:

  • canto del himno;
  • salmodia alternada entre dos coros;
  • proclamación de la lectura;
  • respuesta común en el responsorio;
  • canto del Benedictus;
  • intercesiones dirigidas por un ministro o cantor.

La recitación alternada ayuda a escuchar los salmos como diálogo. Una parte de la asamblea proclama una estrofa y la otra responde con la siguiente. También puede utilizarse la recitación conjunta, especialmente cuando la comunidad carece de experiencia coral.

La celebración comunitaria requiere respetar los silencios, evitar la precipitación y mantener una voz suficientemente clara. El objetivo no consiste en producir una interpretación artística, sino en permitir que la Palabra de Dios llegue a todos.

Cómo rezarlas individualmente

La oración individual conserva la estructura litúrgica, aunque permite una mayor flexibilidad en el ritmo. Una forma adecuada consiste en:

  1. escoger el formulario propio del día;
  2. iniciar con el versículo introductorio;
  3. rezar el himno;
  4. recitar la salmodia con sus antífonas;
  5. leer lentamente la lectura breve;
  6. pronunciar el responsorio;
  7. rezar el Benedictus con su antífona;
  8. presentar las intercesiones;
  9. rezar el Padrenuestro;
  10. concluir con la oración final.

La persona que comienza puede utilizar una edición abreviada y rezar la hora completa sin preocuparse por comprender inmediatamente todas las rúbricas. La formación bíblica y litúrgica ayuda a saborear mejor los salmos y cánticos, pero la falta de conocimientos especializados no impide comenzar a orar. Juan Pablo II animó expresamente a los fieles laicos a descubrir la Liturgia de las Horas y recordó que los salmos permiten orar con palabras presentes durante milenios en la oración de Israel y de la Iglesia.2

Las antífonas y el calendario litúrgico

Las antífonas cambian según el día. Por este motivo, no basta con abrir siempre la misma página del libro. El calendario litúrgico determina el formulario que corresponde.

Los domingos y solemnidades suelen tener una celebración más festiva. Las memorias de los santos pueden utilizar los salmos del día o un formulario propio, según las normas litúrgicas. Durante Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y el tiempo ordinario aparecen textos que expresan la espiritualidad propia de cada periodo.

El Aleluya recibe un tratamiento especial: forma parte normalmente de la introducción, pero desaparece durante la Cuaresma.4

Las Laudes y la vida diaria

Ofrecer el trabajo

Las intercesiones de las Laudes consagran a Dios el día y sus actividades. La persona puede unir a la oración una intención concreta: trabajar con honradez, estudiar con responsabilidad, cuidar a la familia, atender a un enfermo o cumplir una obligación difícil con caridad cristiana.

El trabajo no aparece como una realidad separada de la fe. Las Laudes ayudan a reconocer que toda actividad legítima puede realizarse ante Dios y ponerse al servicio del prójimo.

Afrontar las dificultades

La oración matutina no garantiza una jornada sin problemas. Sí ofrece un marco espiritual para afrontarlos desde la esperanza cristiana. Los salmos permiten comenzar el día reconociendo tanto la fragilidad humana como la fidelidad de Dios.

La persona puede recordar durante el día una frase del salmo o de la lectura breve. Así, las Laudes no quedan encerradas en el momento de la recitación, sino que acompañan las decisiones y reacciones posteriores.

Rezar por otras personas

Las intercesiones amplían el horizonte de la oración. Quien reza no presenta solamente sus proyectos y preocupaciones, sino también las necesidades de la Iglesia y del mundo.

Esta dimensión ayuda a superar el individualismo espiritual. La persona que reza las Laudes participa en la oración de toda la Iglesia, incluso cuando se encuentra sola.

Errores frecuentes al rezar las Laudes

Confundir las Laudes con las Vísperas

Las Laudes corresponden a la mañana y utilizan el Benedictus. Las Vísperas corresponden a la tarde y utilizan el Magnificat. Ambas horas comparten una estructura semejante, pero poseen un sentido litúrgico diferente.6

Rezar únicamente el Benedictus

El Benedictus ocupa un lugar culminante, pero las Laudes no consisten sólo en ese cántico. La salmodia, la lectura, las intercesiones y la oración conclusiva forman parte de la celebración completa.

Leer sin atender al significado

La rapidez puede convertir la oración en una simple sucesión de palabras. Conviene pronunciar los textos con claridad, respetar las pausas y comprender progresivamente el sentido bíblico y litúrgico.

Utilizar siempre un formulario antiguo o inadecuado

La Liturgia de las Horas ha conocido distintas formas históricas. La oración actual del rito romano posee su propia organización y distribución. Una edición antigua puede no corresponder al calendario vigente ni ofrecer las rúbricas actuales.

Abandonar la oración por falta de tiempo

La disciplina litúrgica invita a rezar la hora completa, pero las circunstancias de la vida pueden impedirlo. La dificultad ocasional no debe desembocar en el abandono. Una celebración más breve, hecha con atención y deseo de perseverar, puede ayudar a recuperar el ritmo.

Breve guía práctica

Una persona que nunca ha rezado las Laudes puede comenzar con este esquema:

Introducción: «Dios mío, ven en mi auxilio».

Himno: el correspondiente al día.

Salmodia: un salmo, un cántico del Antiguo Testamento y otro salmo de alabanza.

Lectura breve: proclamada lentamente.

Responsorio: según el formulario.

Benedictus: con su antífona.

Intercesiones: por la Iglesia, el mundo y las necesidades personales.

Padrenuestro.

Oración final y conclusión.

La forma ordinaria de la hora permanece estable, aunque los textos cambian con el calendario litúrgico. Esta combinación de estabilidad y variedad permite conservar un ritmo diario sin convertir la oración en una repetición mecánica.

Importancia de la perseverancia

Las Laudes producen fruto espiritual mediante la perseverancia. Al principio, algunos salmos pueden resultar difíciles y ciertas fórmulas pueden parecer poco familiares. Con el tiempo, la repetición litúrgica permite descubrir nuevas resonancias en los mismos textos.

La oración de la mañana educa gradualmente la memoria, la inteligencia y los afectos. El fiel aprende a comenzar el día con Dios, a interpretar la vida a la luz de la Escritura y a reconocer la presencia de Cristo resucitado en medio de las tareas ordinarias.

La Liturgia de las Horas pertenece a todo el Pueblo de Dios. Aunque sacerdotes y religiosos reciben una responsabilidad específica respecto de su celebración, la Iglesia recomienda vivamente esta oración también a los laicos.2

Conclusión

Rezar las Laudes significa alabar a Dios al comenzar el día, escuchar su Palabra, recordar la resurrección de Jesucristo y ofrecerle la jornada entera. La hora sigue un orden preciso: introducción, himno, salmodia, lectura breve, responsorio, Benedictus, intercesiones, Padrenuestro y oración conclusiva.

La persona que incorpora las Laudes a su vida no añade simplemente una devoción privada, sino que participa en la oración litúrgica de la Iglesia. El amanecer se convierte así en una ocasión para recibir la luz de Cristo, consagrar el trabajo y caminar durante el día con esperanza, gratitud y espíritu de servicio.

Citas y referencias

  1. Capítulo dos. La santificación del día-las diversas horas litúrgicas - II. Laudes y vísperas, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 38 (1971). 2 3 4
  2. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 28 de marzo de 2001, 1 (2001). 2 3 4
  3. Laudes. Enciclopedia Católica, Laudes (1913).
  4. Capítulo dos. La santificación del día-las diversas horas litúrgicas - II. Laudes y vísperas, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 41 (1971). 2
  5. Capítulo dos. La santificación del día-las diversas horas litúrgicas - II. Laudes y vísperas, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 43 (1971).
  6. Capítulo dos. La santificación del día-las diversas horas litúrgicas - II. Laudes y vísperas, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 50 (1971). 2
  7. Capítulo dos. La santificación del día-las diversas horas litúrgicas - II. Laudes y vísperas, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 51 (1971).
  8. Capítulo dos. La santificación del día-las diversas horas litúrgicas - VII. El modo de unir las horas del oficio con la misa o entre sí, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. La Instrucción General sobre la Liturgia de las Horas, 94 (1971).
Modificado el 19 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.01Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/1wtmpkf15

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