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Cómo rezar las Letanías de los Santos

Las Letanías de los Santos constituyen una oración litúrgica y devocional de intercesión en la que la Iglesia invoca a Dios y solicita la ayuda de la Virgen María, de los ángeles y de los santos. Su forma dialogada facilita la oración comunitaria: una persona o un ministro proclama las invocaciones y los fieles responden, normalmente, «rogad por nosotros» o «líbranos, Señor». La plegaria puede rezarse en privado, aunque alcanza su expresión propia dentro de celebraciones, procesiones y ritos solemnes.

Rosenkranz im Freisinger Diözesanmuseum
Ver información de la imagenFiguras de santos y obras de arte sacras en el Museo Diocesano de Freising, c. 2023. Original, Burkhard Mücke, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo rezar las Letanías de los Santos
CategoríaObra
DescripciónOración litúrgica y devocional de intercesión que invoca a Dios, la Virgen María, ángeles y santos
Contexto HistóricoConocida desde los primeros siglos de la Edad Media; su uso en la Iglesia de Roma documentado desde el siglo VII.
Fecha de OrigenSiglo VII
Lugar de OrigenRoma, Italia
TipoOración, Letanía
Uso LitúrgicoVigilia pascual, celebración del Bautismo, ordenación de obispos, presbíteros y diáconos, consagración de vírgenes, profesión religiosa, dedicación de iglesias y altares, rogativas y procesiones penitenciales, misas estacionales, exorcismo, oraciones por los moribundos.

Tabla de contenido

Naturaleza de las Letanías de los Santos

La palabra letanía procede del griego y designa una súplica o petición insistente. La oración adopta una estructura de diálogo: quien preside formula las invocaciones y la asamblea responde con una fórmula breve y repetida. Esta forma aparece en la oración bíblica de alabanza y súplica, como el salmo que repite «porque es eterna su misericordia».1

Las Letanías de los Santos no constituyen una enumeración supersticiosa de nombres ni una fórmula mágica. La oración dirige primero la súplica a Dios y pide después la intercesión de los santos, que viven unidos a Cristo. La Iglesia reconoce en ellos miembros glorificados del Cuerpo de Cristo y testigos de la obra de la gracia.2

La invocación de los santos expresa la comunión de los santos, es decir, la unión espiritual entre la Iglesia que peregrina en la tierra y la Iglesia celestial. Los fieles no colocan a los santos al nivel de Dios: piden que intercedan ante Él, del mismo modo que un cristiano pide a otro que rece por una necesidad. La oración conserva siempre a Dios como fuente de toda gracia y como destinatario último de la súplica.3

Historia y tradición

La tradición romana conoce las Letanías de los Santos desde los primeros siglos de la Edad Media. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia sitúa su uso en la Iglesia de Roma desde el siglo VII. La oración posee una estructura sencilla, solemne y accesible, capaz de unir a toda la asamblea en una única súplica.3

La forma actual recoge elementos de diversas etapas de la tradición litúrgica. La antigua práctica cristiana de las procesiones penitenciales, las rogativas y las celebraciones estacionales contribuyó a consolidar este género de oración. La Letanía de los Santos llegó a convertirse en modelo de otras letanías por su antigüedad y por la amplitud de su contenido.2

El orden tradicional de las invocaciones posee también un significado teológico. Después de dirigirse a la Santísima Trinidad, la plegaria comienza con la Virgen María, continúa con los ángeles, san Juan Bautista, san José, los patriarcas y profetas, los apóstoles, los mártires, los pastores, los doctores, los religiosos y las santas. La sucesión presenta la historia de la salvación y la variedad de vocaciones mediante las cuales Dios ha santificado a su pueblo.4

Cuándo se rezan

La Iglesia emplea las Letanías de los Santos en momentos de especial solemnidad o de intensa petición. Entre sus usos litúrgicos destacan los siguientes:

  • Vigilia pascual, antes de la bendición del agua bautismal.
  • Celebración del Bautismo.
  • Ordenación de obispos, presbíteros y diáconos.
  • Consagración de vírgenes.
  • Profesión religiosa.
  • Dedicación de una iglesia y consagración de un altar.
  • Rogativas y procesiones penitenciales.
  • Misas estacionales.
  • Determinadas súplicas vinculadas al ministerio del exorcismo.
  • Oraciones por los moribundos y entrega de los agonizantes a la misericordia de Dios.3

La participación de la asamblea varía según el rito. En ciertos días, especialmente los domingos y durante el tiempo pascual, los fieles permanecen de pie; en otros momentos pueden arrodillarse como signo de humildad y súplica. Los libros litúrgicos concretan la postura y las adaptaciones propias de cada celebración.5

Fuera de la liturgia, una persona o un grupo puede rezar las letanías en una iglesia, en una peregrinación, durante una novena, ante una necesidad familiar o comunitaria, o como preparación para una fiesta patronal. Conviene utilizar una versión aprobada por la autoridad eclesial o una fórmula reconocida en la tradición litúrgica.

Estructura de la oración

Las Letanías de los Santos presentan varias partes claramente diferenciadas.

Invocación inicial de la misericordia de Dios

La oración comienza con el Kyrie eleison, expresión griega que significa «Señor, ten piedad». La asamblea aclama sucesivamente al Señor, a Cristo y de nuevo al Señor:

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Esta repetición reconoce que toda oración cristiana nace de la misericordia divina. El fiel no inicia la plegaria confiando en sus propios méritos, sino en la bondad de Dios.

Invocación de la Santísima Trinidad

A continuación, la oración se dirige al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo:

Dios, Padre celestial,

ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,

ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo,

ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios,

ten misericordia de nosotros.

La fórmula manifiesta la fe cristiana en un solo Dios en tres Personas. La tradición de la letanía relaciona al Padre con la creación y la vida, al Hijo con la redención y al Espíritu Santo con la santificación, sin separar nunca la acción de las tres Personas divinas.2

Invocación de la Virgen María

La primera criatura invocada es la Virgen María:

Santa María,

ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios,

ruega por nosotros.

Santa Virgen de las vírgenes,

ruega por nosotros.

María ocupa este lugar por su relación singular con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La letanía la proclama Madre de Dios y modelo de la Iglesia, pero la oración dirigida a ella conserva siempre el carácter de petición de intercesión.2

Invocación de los ángeles

Después de María aparecen los ángeles y arcángeles:

San Miguel,

ruega por nosotros.

San Gabriel,

ruega por nosotros.

San Rafael,

ruega por nosotros.

Santos ángeles de Dios,

rogad por nosotros.

Los ángeles son criaturas espirituales al servicio de Dios y de su designio de salvación. Las letanías recuerdan, mediante sus nombres y su orden, que la Iglesia terrena participa en la alabanza de la Iglesia celestial.2

Invocación de san Juan Bautista, san José y los patriarcas

La secuencia tradicional continúa con san Juan Bautista y san José:

San Juan Bautista,

ruega por nosotros.

San José,

ruega por nosotros.

Santos patriarcas y profetas,

rogad por nosotros.

San Juan Bautista aparece como precursor de Cristo y vínculo entre la Antigua y la Nueva Alianza. San José recibe un lugar propio como esposo de la Virgen María y custodio de Jesús. Los patriarcas y profetas recuerdan la espera del pueblo de Israel y la preparación de la venida del Mesías.2

Invocación de los apóstoles y evangelistas

La letanía nombra después a los apóstoles y evangelistas:

San Pedro,

ruega por nosotros.

San Pablo,

ruega por nosotros.

San Andrés,

ruega por nosotros.

Santiago,

ruega por nosotros.

San Juan,

ruega por nosotros.

Santo Tomás,

ruega por nosotros.

Santos Felipe y Santiago,

rogad por nosotros.

San Bartolomé,

ruega por nosotros.

San Mateo,

ruega por nosotros.

Santos Simón y Judas,

rogad por nosotros.

San Matías,

ruega por nosotros.

Santos apóstoles y evangelistas,

rogad por nosotros.

La enumeración manifiesta que la Iglesia recibe su misión de Cristo a través del testimonio apostólico. La tradición litúrgica conserva un orden antiguo en el que los apóstoles aparecen de forma semejante al orden que ocupan en la plegaria eucarística romana.2

Invocación de los mártires

La oración recuerda a los cristianos que dieron la vida por Cristo:

Santos discípulos del Señor,

rogad por nosotros.

Santos inocentes,

rogad por nosotros.

San Esteban,

ruega por nosotros.

San Lorenzo,

ruega por nosotros.

Santa Perpetua y santa Felicidad,

rogad por nosotros.

Santa Inés,

ruega por nosotros.

Santos mártires,

rogad por nosotros.

El martirio no constituye una búsqueda voluntaria del sufrimiento. Representa la fidelidad a Cristo cuando la confesión de la fe exige un sacrificio extremo. La invocación de los mártires pide su ayuda para vivir con fortaleza, perseverancia y caridad.

Invocación de pastores, doctores, religiosos y laicos santos

La letanía incorpora santos de estados de vida y épocas diferentes:

San Gregorio,

ruega por nosotros.

San Agustín,

ruega por nosotros.

San Atanasio,

ruega por nosotros.

San Benito,

ruega por nosotros.

San Francisco y santo Domingo,

rogad por nosotros.

Santa Catalina,

ruega por nosotros.

Santa Teresa de Jesús,

ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios,

rogad por nosotros.

La lista puede incluir pontífices, obispos, sacerdotes, diáconos, doctores de la Iglesia, monjes, ermitaños, fundadores, vírgenes, esposas, viudas y otros fieles. Así, la oración enseña que la santidad pertenece a toda la Iglesia y puede florecer en circunstancias muy diversas. Las celebraciones litúrgicas adaptan la lista según el misterio celebrado, la tradición local y el patronazgo de la comunidad.4

Cómo rezar las Letanías de los Santos en privado

Preparación

Conviene elegir un lugar tranquilo y disponer de un texto fiable. La oración puede hacerse de pie, sentado o de rodillas, según la costumbre personal y la salud de cada persona. La postura exterior ayuda a expresar la actitud interior, pero la atención del corazón constituye el elemento principal.

Antes de comenzar, el fiel puede formular una intención concreta:

  • pedir la conversión personal;
  • encomendar a una persona enferma;
  • pedir fortaleza ante una prueba;
  • suplicar protección para la familia;
  • agradecer una gracia recibida;
  • orar por la Iglesia, la paz o quienes sufren;
  • prepararse para un sacramento o una fiesta litúrgica.

La intención no debe reducir la oración a una petición interesada. Las letanías conducen a una disposición más amplia: pedir que la voluntad de Dios se cumpla y que la vida del cristiano llegue a reflejar la santidad de aquellos a quienes invoca.

Distribución de las funciones

Una persona puede rezar toda la letanía, alternando las partes de la siguiente manera:

  • Guía: proclama la invocación.
  • Asamblea o fiel: responde con la fórmula correspondiente.

Por ejemplo:

Guía: Santa María, Madre de Dios.

Todos: Ruega por nosotros.

Guía: San Miguel.

Todos: Ruega por nosotros.

Guía: Santos Pedro y Pablo.

Todos: Rogad por nosotros.

Cuando una sola persona reza la letanía, puede leer ambas partes en voz alta o alternarlas interiormente. La repetición no exige rapidez. Una pausa breve después de cada respuesta ayuda a interiorizar la súplica.

Orden práctico

Una forma completa de rezar las letanías sigue este esquema:

  1. Señal de la cruz.
  2. Invocaciones iniciales: Señor, Cristo, Señor, ten piedad.
  3. Súplica a la Santísima Trinidad.
  4. Invocaciones a María.
  5. Invocaciones a los ángeles.
  6. Invocaciones a san Juan Bautista, san José, patriarcas y profetas.
  7. Invocaciones a los apóstoles y evangelistas.
  8. Invocaciones a los mártires.
  9. Invocaciones a obispos, sacerdotes, doctores, religiosos y otros santos.
  10. Invocación de todos los santos y santas de Dios.
  11. Peticiones de liberación del mal y del pecado.
  12. Peticiones por la Iglesia, el Papa, los obispos, las autoridades, los necesitados y la salvación del mundo.
  13. Conclusión con una oración dirigida a Dios.
  14. Señal de la cruz.

La versión concreta puede variar según el libro litúrgico o la tradición de la diócesis. La estructura oficial incluye peticiones como la liberación de todo mal, de todo pecado y de la muerte eterna.6

Las peticiones de liberación

Tras la invocación de los santos, la letanía vuelve a dirigir la oración directamente a Cristo:

Apiádate de nosotros, Señor.

Líbranos, Señor.

De todo mal,

líbranos, Señor.

De todo pecado,

líbranos, Señor.

De la muerte eterna,

líbranos, Señor.

Por tu encarnación,

líbranos, Señor.

Por tu muerte y resurrección,

líbranos, Señor.

Por el envío del Espíritu Santo,

líbranos, Señor.

Estas fórmulas recuerdan que Cristo libera al ser humano mediante el misterio de su encarnación, muerte, resurrección y don del Espíritu Santo. Las letanías no presentan a los santos como una protección autónoma frente a las desgracias, sino como intercesores que conducen hacia la acción salvadora de Jesucristo.6

En determinados ritos aparecen peticiones más específicas, como la liberación de las insidias del demonio. Tales fórmulas pertenecen al contexto litúrgico correspondiente y no deben utilizarse para realizar prácticas de exorcismo por iniciativa privada. El exorcismo litúrgico corresponde exclusivamente a la autoridad y al ministro establecidos por la Iglesia.7

Las súplicas por la Iglesia y por el mundo

La parte final presenta peticiones que amplían la oración a toda la humanidad. Una formulación tradicional pide:

Para que te dignes gobernar y conservar a tu santa Iglesia,

te rogamos, óyenos.

Para que te dignes asistir al Papa y a todos los miembros del clero en su ministerio,

te rogamos, óyenos.

Para que te dignes conceder la paz y la concordia a todos los pueblos,

te rogamos, óyenos.

Para que te dignes fortalecer y santificar a tu Iglesia,

te rogamos, óyenos.

Para que te dignes conceder el descanso eterno a los fieles difuntos,

te rogamos, óyenos.

Estas peticiones enseñan que la oración cristiana nunca queda encerrada en las necesidades individuales. Las letanías abrazan a la Iglesia, a las autoridades, a los enfermos, a los pobres, a los perseguidos, a quienes sufren tentaciones y a los difuntos. La tradición de la letanía incluye súplicas por la paz y por el bien de la Iglesia y del mundo.1

Cómo elegir una intención y meditar los nombres

La repetición de nombres puede convertirse en una auténtica meditación. Cada grupo de santos ayuda a contemplar un aspecto de la vida cristiana:

  • La Virgen María: disponibilidad para la voluntad de Dios.
  • Los ángeles: adoración, servicio y vigilancia espiritual.
  • Los patriarcas y profetas: esperanza y fidelidad a las promesas divinas.
  • Los apóstoles: anuncio del Evangelio y comunión con la Iglesia.
  • Los mártires: fortaleza ante la persecución y el sufrimiento.
  • Los obispos y doctores: amor a la verdad y enseñanza de la fe.
  • Los monjes y ermitaños: conversión, silencio y oración.
  • Las vírgenes: entrega indivisa a Cristo.
  • Los esposos, padres y madres de familia: santificación de la vida cotidiana.
  • Todos los santos: llamada universal a la santidad.

La Iglesia contempla a los santos no sólo como ejemplos morales. Ellos viven en comunión con Cristo, participan de su gloria e interceden por la Iglesia peregrina. Por eso, la memoria de sus vidas une la doctrina cristiana con la existencia concreta y muestra que la gracia puede transformar a personas y situaciones reales.8

Incorporación de santos locales

Las letanías pueden incluir al patrón de una parroquia, de una diócesis, de una nación, de una familia religiosa o de una celebración concreta. En una dedicación de iglesia, por ejemplo, el rito permite añadir la invocación del titular del templo, del patrón del lugar y de los santos cuyas reliquias vayan a depositarse en el altar.5

También pueden incorporarse beatos inscritos en el calendario litúrgico de una diócesis o de un instituto religioso. La invocación pública de una persona cuya veneración no haya recibido reconocimiento eclesial no corresponde a la disciplina litúrgica.3

En la oración privada conviene mantener el texto tradicional y añadir, si resulta oportuno, una breve petición por el santo patrón o por un santo especialmente relacionado con la intención presentada. La inclusión de nombres no debe convertir la letanía en una lista improvisada ni desplazar su orientación cristocéntrica.

Actitudes espirituales para rezarlas bien

Humildad

La respuesta «ten misericordia de nosotros» reconoce la necesidad de la gracia. La persona que reza no pretende controlar a Dios, sino presentarse ante Él con confianza y humildad.

Confianza

La repetición de «ruega por nosotros» expresa la confianza en la intercesión de los santos. La Iglesia celestial no permanece distante de la Iglesia terrena: los santos acompañan a los fieles mediante su oración ante Dios.3

Atención

La oración pierde fuerza cuando las invocaciones se pronuncian de manera apresurada. Conviene vocalizar con claridad, escuchar cada nombre y recordar que detrás de cada invocación existe una vida entregada a Cristo.

Comunión

Cuando varias personas rezan juntas, la respuesta común manifiesta la unidad de la Iglesia. El ritmo dialogado permite que niños, adultos, religiosos y sacerdotes participen en la misma súplica.

Conversión

Invocar a los santos implica aceptar su testimonio. No basta con admirarlos: la oración invita a imitar su fe, su esperanza, su caridad y su perseverancia.

Diferencia entre rezar las letanías en privado y celebrarlas en la liturgia

La oración privada ayuda a la devoción personal y familiar. La celebración litúrgica, en cambio, pertenece al culto público de la Iglesia y posee un lugar determinado dentro de ritos como el Bautismo, la Vigilia pascual, las ordenaciones o la dedicación de una iglesia.

Durante una celebración litúrgica, los fieles deben seguir las indicaciones del celebrante y del libro correspondiente. El ministro puede establecer la postura corporal, el ritmo, las respuestas y las invocaciones adicionales. En las ordenaciones, por ejemplo, los candidatos permanecen postrados mientras la comunidad canta las letanías; los domingos y durante el tiempo pascual la asamblea permanece de pie, mientras que en otros días puede arrodillarse.9

La devoción privada no sustituye a los sacramentos ni a la participación en la santa misa. Las letanías pueden preparar el corazón para recibir la gracia, acompañar una celebración o prolongar en casa la oración de la Iglesia, pero no reemplazan el Bautismo, la Eucaristía, la Penitencia ni los demás sacramentos.

Errores que conviene evitar

Considerar la letanía una fórmula mágica

La eficacia de la oración no depende de repetir mecánicamente los nombres ni de pronunciar las palabras con una determinada velocidad. La oración cristiana descansa en la gracia de Dios y requiere fe, humildad y apertura a su voluntad.

Dirigir a los santos un culto reservado a Dios

La Iglesia adora únicamente a Dios. A los santos les tributa veneración y les pide intercesión. La letanía mantiene esta diferencia al comenzar y terminar con súplicas dirigidas al Señor.

Convertir la lista de santos en una competición

El número de invocaciones no garantiza una oración mejor. Una letanía breve, rezada con atención, puede alimentar más la vida espiritual que una recitación extensa y distraída.

Añadir nombres sin reconocimiento eclesial

La oración litúrgica utiliza nombres de santos canonizados y de beatos cuyo culto cuenta con reconocimiento eclesial en el ámbito correspondiente. La autoridad competente puede adaptar la lista, pero la devoción privada debe evitar presentar como santos a quienes no han recibido tal reconocimiento.3

Utilizar las letanías para prácticas reservadas al exorcismo

Las letanías aparecen dentro de determinados ritos de exorcismo, pero su presencia allí no autoriza a los fieles a realizar exorcismos ni a impartir órdenes al demonio. Ante una situación espiritual grave, corresponde acudir a un sacerdote y seguir las normas de la diócesis.

Modelo breve de oración

Una forma sencilla para una oración personal puede seguir este modelo:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.

San José, ruega por nosotros.

San Miguel, ruega por nosotros.

San Juan Bautista, ruega por nosotros.

Santos Pedro y Pablo, rogad por nosotros.

Santa María Magdalena, ruega por nosotros.

Santos mártires, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

De todo mal, líbranos, Señor.

De todo pecado, líbranos, Señor.

De la muerte eterna, líbranos, Señor.

Por tu encarnación, líbranos, Señor.

Por tu muerte y resurrección, líbranos, Señor.

Para que conserves y gobiernes a tu santa Iglesia, te rogamos, óyenos.

Para que concedas la paz al mundo, te rogamos, óyenos.

Para que nos conduzcas a la vida eterna, te rogamos, óyenos.

Oh Dios, que has querido santificar a tu Iglesia mediante el testimonio de tus santos, concede a quienes invocamos su intercesión avanzar fielmente por el camino de la santidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Este modelo puede ampliarse con los nombres de los santos vinculados a la familia, a la parroquia, a la diócesis o a la intención concreta. La versión utilizada en una celebración litúrgica debe corresponder al rito aprobado para aquella ocasión.

Sentido último de la oración

Las Letanías de los Santos conducen desde la conciencia de la fragilidad humana hasta la confianza en la misericordia de Dios. Comienzan con el clamor «Señor, ten piedad», recorren la inmensa variedad de la santidad cristiana y terminan con peticiones por la liberación del pecado, por la Iglesia, por el mundo y por la vida eterna.

Al rezarlas, la Iglesia confiesa que la santidad no pertenece a una élite inaccesible. Los santos proceden de épocas, pueblos, profesiones y estados de vida diferentes; todos alcanzaron la gloria por la gracia de Cristo. Su intercesión acompaña a los fieles y su ejemplo muestra el camino de la conversión, la caridad y la perseverancia.

Rezar las Letanías de los Santos consiste, por tanto, en invocar la misericordia de Dios, pedir la intercesión de quienes viven unidos a Él y renovar el deseo de caminar hacia la santidad en comunión con toda la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Litanía, Enciclopedia Católica, Litanía (1913). 2
  2. Litanía de los santos, Enciclopedia Católica, Litanía de los Santos (1913). 2 3 4 5 6 7
  3. Parte segunda: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo VI: Veneración de los santos y beatos - Culto a los santos y a los beatos - La litanía de los santos, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 235 (2002). 2 3 4 5 6
  4. Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo XX, 325 (1870). 2
  5. Pars tertia prex dedicationis et unctiones, Sagrada Congregación para el Culto Divino. Ordo Dedicationis Ecclesiae et Altaris (Orden de la Dedicación de una Iglesia y un Altar), 94 (1977). 2
  6. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum (Ordenación de obispos, presbíteros y diáconos), 124 (1990). 2
  7. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y otras súplicas), 22 (1999).
  8. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Tomo IV, 238 (1990).
  9. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum (Ordenación de obispos, presbíteros y diáconos), 75 (1990).
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