La enciclopedia católica en español

Cómo rezar Tercia, Sexta y Nona

Tercia, Sexta y Nona son las tres horas menores de la Liturgia de las Horas dedicadas a santificar la jornada. La Iglesia las vincula tradicionalmente con la venida del Espíritu Santo, la pasión de Cristo y la predicación apostólica. Hoy también reciben el nombre conjunto de Oración durante el día y pueden rezarse las tres o escogerse una sola, según las circunstancias personales.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCómo rezar Tercia, Sexta y Nona
CategoríaObra
DescripciónHoras menores de la Liturgia de las Horas que santifican la jornada. Tres momentos de oración diaria (aprox. 9 h, 12 h y 15 h) vinculados a Pentecostés, la pasión y la predicación apostólica, con estructura de invocación, himno, salmodia, lectura breve, responsorio, oración final y despedida
Autoridad EclesiásticaCongregación para el Culto Divino, Instrucción General del Oficio Divino (1971).
ContenidoInvocación inicial, himno, salmodia, lectura breve, responsorio breve, oración conclusiva, despedida.
Contexto HistóricoPráctica cristiana desde los primeros siglos; preservada en la vida monástica y en la Iglesia universal.
ImportanciaRecuerda la efusión del Espíritu Santo, la pasión de Cristo y la predicación del Evangelio, orientando el trabajo cotidiano a Dios.
Tiempo litúrgicoOración durante el día: Tercia (mañana), Sexta (mediodía) y Nona (tarde).
TipoOración, Horas menores, Oración del día
Uso LitúrgicoParte de la Liturgia de las Horas; puede rezarse individualmente o en comunidad.

Tabla de contenido

Qué son Tercia, Sexta y Nona

La tradición cristiana dividía las horas diurnas en períodos de aproximadamente tres horas:

  • Tercia correspondía aproximadamente a la tercera hora del día, hacia las nueve de la mañana.
  • Sexta correspondía aproximadamente a la sexta hora, hacia el mediodía.
  • Nona correspondía aproximadamente a la novena hora, hacia las tres de la tarde.

Estos horarios tienen un valor tradicional y simbólico. La Liturgia de las Horas no pretende convertirlos en una obligación matemática desligada de la vida real, sino ayudar a que el trabajo, el descanso y las actividades cotidianas queden orientados hacia Dios.

La Iglesia conserva estas horas porque recuerdan acontecimientos decisivos de la vida de Cristo y de la primera comunidad cristiana. Tercia recuerda especialmente Pentecostés y la efusión del Espíritu Santo; Sexta evoca la oración apostólica y la pasión del Señor; Nona recuerda la muerte de Cristo y la predicación del Evangelio.3,2

El sentido espiritual de las horas menores

La Oración durante el día introduce pausas breves en medio de las ocupaciones. Su finalidad no consiste únicamente en recitar salmos, sino en consagrar el tiempo y el trabajo mediante la alabanza, la escucha de la Palabra y la súplica.

Tercia puede vivirse como una petición de luz y fortaleza para comenzar plenamente la jornada. Sexta ayuda a recuperar la presencia de Dios en el centro del día, cuando el cansancio o las preocupaciones pueden dispersar la atención. Nona invita a ofrecer a Dios el trabajo realizado y a contemplar la cruz de Cristo antes de concluir las tareas principales.

La tradición cristiana relaciona estas horas con momentos de la pasión del Señor y con el anuncio inicial del Evangelio. Por eso, rezarlas permite unir la jornada ordinaria al misterio pascual de Cristo.3,2

Cuándo rezar Tercia, Sexta y Nona

Tercia

La hora tradicional de Tercia ronda las nueve de la mañana. Conviene rezarla al comenzar el trabajo, los estudios o las obligaciones principales, aunque cada persona puede adaptarla a su horario.

Tercia resulta especialmente apropiada para pedir:

  • La asistencia del Espíritu Santo.
  • Claridad para tomar decisiones.
  • Fortaleza ante las dificultades.
  • Fidelidad a los deberes cotidianos.
  • Caridad en el trato con los demás.

Sexta

Sexta corresponde tradicionalmente al mediodía. Puede rezarse antes o después de la comida, durante una pausa laboral o en cualquier momento cercano al centro de la jornada.

Esta hora ayuda a:

  • Interrumpir la rutina y volver interiormente a Dios.
  • Ofrecer el trabajo y las preocupaciones del día.
  • Pedir paciencia y dominio propio.
  • Recordar la entrega de Cristo en la cruz.
  • Renovar la intención de vivir cristianamente durante la tarde.

Nona

Nona corresponde aproximadamente a las tres de la tarde. Puede rezarse al terminar la jornada laboral, antes de reanudar una actividad vespertina o en otro momento próximo.

Nona invita a:

  • Dar gracias por la ayuda recibida.
  • Examinar brevemente la manera de trabajar y servir.
  • Pedir perdón por las faltas cometidas.
  • Encomendar a quienes sufren.
  • Contemplar la muerte redentora de Cristo y esperar en la resurrección.

Los horarios tradicionales orientan la oración, pero la persona que no puede rezar exactamente a esas horas no pierde por ello el valor de la Liturgia de las Horas. La estructura permite escoger el momento que mejor corresponda a la realidad de cada día. La Iglesia contempla tanto a quienes rezan una sola hora como a quienes celebran las tres.1,4

Cómo preparar la oración

Antes de comenzar conviene disponer de un ejemplar de la Liturgia de las Horas, de una aplicación litúrgica autorizada o de un texto aprobado para la oración personal. También ayuda buscar un lugar tranquilo, apagar las notificaciones y adoptar una postura digna.

La preparación puede incluir:

  1. Hacer la señal de la cruz.
  2. Reconocer la presencia de Dios.
  3. Guardar unos instantes de silencio.
  4. Elegir Tercia, Sexta o Nona según la hora y la intención del momento.
  5. Localizar el día litúrgico correspondiente.

La oración no exige una duración prolongada. La fidelidad diaria vale más que la búsqueda de una recitación apresurada o excesivamente complicada.

Estructura de Tercia, Sexta y Nona

Las tres horas poseen prácticamente la misma estructura. Cambian los himnos, los salmos, la lectura breve, el versículo y la oración final según la hora, el día litúrgico, el tiempo del año o la fiesta celebrada.

El orden ordinario es el siguiente:

  1. Invocación inicial.
  2. Himno.
  3. Salmodia.
  4. Lectura breve.
  5. Responsorio breve.
  6. Oración conclusiva.
  7. Despedida.

La Instrucción general de la Liturgia de las Horas establece que la Oración durante el día comienza con la invocación «Dios mío, ven en mi auxilio», seguida de «Señor, date prisa en socorrerme» y del «Gloria al Padre». Fuera de la Cuaresma, también se añade el «Aleluya». Después vienen el himno, la salmodia, la lectura breve, el versículo y la oración final. En la recitación comunitaria, la celebración concluye con la aclamación «Bendigamos al Señor. -Demos gracias a Dios».5

Invocación inicial

La oración comienza con la fórmula:

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya.

Durante la Cuaresma se omite el «Aleluya». Esta invocación reconoce que la oración cristiana nace de la iniciativa de Dios y que la persona necesita su gracia para alabarle con fidelidad.

El himno

Después de la invocación se canta o recita el himno propio de Tercia, Sexta o Nona. El himno relaciona la hora del día con el misterio de Cristo y ofrece una primera orientación espiritual.

No conviene leerlo de manera distraída. El orante puede fijarse en la imagen central del himno:

  • Tercia suele orientarse hacia la acción del Espíritu Santo y la santificación del trabajo.
  • Sexta puede relacionar la jornada con la cruz y la perseverancia.
  • Nona suele presentar la entrega de Cristo y el descanso de las tareas bajo la mirada de Dios.

Los himnos y las oraciones finales están compuestos para corresponder al momento del día en que cada hora se celebra.4

La salmodia

La salmodia constituye el núcleo de la hora. La Oración durante el día utiliza normalmente tres salmos o fragmentos de salmos, cada uno acompañado por su antífona.6

Cómo rezar los salmos

El orante puede recitar cada salmo lentamente, respetando sus pausas naturales. En la oración comunitaria, dos coros pueden alternar los versículos; en la oración individual, basta con leerlos con atención.

Al terminar cada salmo, se repite la antífona indicada. Después del último salmo se reza el «Gloria al Padre», salvo que el libro litúrgico disponga otra cosa.

Los salmos contienen expresiones de alabanza, confianza, súplica, arrepentimiento y acción de gracias. Algunos versículos pueden describir directamente la situación personal del orante; otros requieren una lectura cristiana a la luz de Cristo. La persona no necesita sentir inmediatamente todo lo que expresa el salmo. Puede ofrecer a Dios también su cansancio, su sequedad y sus dificultades para orar.

La salmodia complementaria

La celebración puede utilizar la salmodia ordinaria o la salmodia complementaria, según el día litúrgico y el modo en que la persona distribuya las horas. En solemnidades y determinados tiempos litúrgicos aparecen indicaciones propias. Por este motivo conviene seguir el orden del libro litúrgico sin sustituir los salmos al azar.

Quien reza una sola hora debe escoger la forma prevista para esa hora. Quien reza las tres puede utilizar la distribución correspondiente a Tercia, Sexta y Nona.

La lectura breve

La lectura breve ofrece un pasaje conciso de la Sagrada Escritura. Su extensión permite escuchar la Palabra de Dios sin convertir la hora en un estudio bíblico prolongado.

Después de leerla, conviene guardar un momento de silencio y preguntarse:

  • ¿Qué revela este pasaje sobre Dios?
  • ¿Qué actitud me invita a adoptar?
  • ¿Cómo ilumina mi trabajo o mi situación actual?
  • ¿Qué respuesta concreta puedo ofrecer?

La lectura breve no exige elaborar una reflexión larga. Basta con acoger una frase, repetirla interiormente y dejar que oriente la jornada.

El responsorio breve

A continuación aparece el versículo responsorial, que responde a la lectura y prolonga su contenido en forma de diálogo. En la oración personal, el orante recita la respuesta indicada; en la oración comunitaria, una persona puede proclamar el versículo y la asamblea repetir la respuesta.

Este momento ayuda a pasar de la escucha a la respuesta. La Palabra recibida provoca una profesión de confianza, una petición o una alabanza.

La oración conclusiva

La oración final resume el sentido de la hora. Sus textos varían según el día litúrgico, la solemnidad, el tiempo del año o la memoria celebrada.4

El orante puede presentar a Dios una intención personal antes o después de la oración litúrgica, siempre sin alterar el texto oficial cuando participa en una celebración comunitaria. Resulta apropiado encomendar:

  • La Iglesia y el Papa.
  • La familia y los amigos.
  • Los enfermos y quienes sufren.
  • Las necesidades del mundo.
  • Las personas con las que se trabaja.
  • La propia conversión y perseverancia.

La despedida

La hora concluye con:

Bendigamos al Señor.

Demos gracias a Dios.

En la oración personal también puede hacerse la señal de la cruz y permanecer unos instantes en silencio. La despedida no termina la presencia de Dios en la jornada; envía al orante de nuevo a sus responsabilidades con una conciencia renovada.

Cómo rezar las tres horas en un mismo día

Quien desea rezar Tercia, Sexta y Nona puede seguir este ritmo:

Por la mañana: Tercia

La jornada comienza con la invocación del Espíritu Santo y la entrega del trabajo. El orante pide actuar con prudencia, justicia y caridad.

Al mediodía: Sexta

La persona interrumpe brevemente sus ocupaciones para recordar que Dios sostiene su vida. Puede ofrecer el cansancio y renovar el propósito de servir.

Por la tarde: Nona

La persona contempla el final de la jornada laboral, agradece el bien realizado y reconoce las faltas cometidas. La memoria de la cruz de Cristo transforma el cansancio en una ocasión de entrega.

La Instrucción general prevé expresamente esta doble posibilidad: rezar una sola hora o celebrar las tres horas.1

Cómo rezar una sola hora

Muchas personas no pueden incorporar las tres horas a su horario. En ese caso pueden elegir la que mejor encaje con sus obligaciones:

  • Tercia, para comenzar o santificar la mañana.
  • Sexta, para detenerse a mitad del día.
  • Nona, para ofrecer a Dios el trabajo realizado.

La persona que reza una sola hora debe utilizar las partes propias de la hora elegida. La Iglesia recomienda estas horas especialmente a quienes participan en retiros y encuentros pastorales, y mantiene su práctica de modo particular en la vida contemplativa.7

Tercia, Sexta y Nona en la vida de la Iglesia

Desde los primeros siglos, los cristianos reservaron momentos del día para la oración incluso en medio del trabajo. Esta costumbre hunde sus raíces en la vida apostólica y acabó vinculándose a celebraciones litúrgicas concretas.8

Los autores cristianos antiguos relacionaron Tercia, Sexta y Nona con horas especialmente apropiadas para rezar. Durante los primeros siglos, la práctica tuvo una dimensión privada, aunque ciertas comunidades cristianas también celebraron estas horas en común. Con el desarrollo de la vida monástica, la oración en esas horas adquirió una forma más estable.9,10

La tradición litúrgica conservó estas horas tanto en Oriente como en Occidente por su relación con la pasión del Señor y con la primera predicación del Evangelio.2

Diferencia entre la Liturgia de las Horas y una oración privada

Tercia, Sexta y Nona forman parte de la oración litúrgica de la Iglesia. La oración privada, en cambio, comprende devociones como el rosario, la lectura espiritual, la oración mental o la adoración personal.

Ambas formas pueden complementarse:

  • La Liturgia de las Horas ofrece los salmos y la Escritura de la Iglesia.
  • La oración personal permite expresar con mayor libertad las circunstancias concretas de cada persona.
  • La primera une al orante a la oración eclesial.
  • La segunda favorece el diálogo interior y la meditación personal.

Una persona puede añadir una breve intención, un momento de silencio o una petición después de la oración litúrgica, sin confundir esa práctica con el texto propio de la hora.

Consejos para perseverar

Comenzar con una sola hora

Resulta prudente empezar con una hora diaria, especialmente Sexta o Nona, y añadir las demás cuando la práctica haya adquirido estabilidad.

Respetar el tiempo disponible

Una oración breve y atenta produce más fruto espiritual que una recitación apresurada. Conviene evitar tanto el abandono por falta de tiempo como el perfeccionismo que vuelve imposible la perseverancia.

Preparar el libro

Marcar previamente la página correspondiente al día litúrgico facilita la oración y evita interrupciones.

Rezar con atención

La atención puede fluctuar. Cuando aparezca una distracción, basta con regresar serenamente al salmo, a la lectura o a la antífona, sin convertir la distracción en motivo de desánimo.

Unir la oración al trabajo

Después de Tercia, Sexta o Nona, conviene conservar una frase de la salmodia o de la lectura breve como jaculatoria durante las horas siguientes.

Errores frecuentes

Confundir las horas con horarios rígidos

Las horas tradicionales orientan la oración, pero la vida laboral, familiar y pastoral puede exigir cierta adaptación. La fidelidad consiste en integrar la oración en la jornada, no en abandonar toda práctica porque resulte imposible cumplir un horario exacto.

Leer demasiado deprisa

La Liturgia de las Horas no busca únicamente completar páginas. La recitación pausada permite que los salmos y la Escritura formen la mente y el corazón.

Omitir el silencio

Aunque la estructura contiene textos vocales, unos instantes de silencio ayudan a recibir la Palabra y a presentar las intenciones personales.

Sustituir habitualmente la salmodia por devociones distintas

El rosario y otras prácticas poseen gran valor, pero no sustituyen la estructura propia de Tercia, Sexta o Nona cuando una persona desea rezar la Liturgia de las Horas.

Fórmula práctica resumida

Para rezar cualquiera de las tres horas:

  1. Elige Tercia, Sexta o Nona.
  2. Busca la celebración correspondiente en la Liturgia de las Horas.
  3. Haz la invocación inicial.
  4. Recita el himno propio.
  5. Reza los tres salmos con sus antífonas.
  6. Lee la lectura breve.
  7. Recita el responsorio.
  8. Reza la oración conclusiva.
  9. Termina con «Bendigamos al Señor. -Demos gracias a Dios».
  10. Guarda unos instantes de silencio y vuelve a tus ocupaciones.

Tercia, Sexta y Nona convierten la jornada ordinaria en una ofrenda continua. Mediante estas pausas, el cristiano recuerda que el trabajo, el cansancio, las decisiones y las relaciones humanas permanecen bajo la mirada de Dios y encuentran su plenitud en Cristo.

Citas y referencias

  1. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 78 (1971). 2 3
  2. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 75 (1971). 2 3 4
  3. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 106 (1999). 2
  4. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 80 (1971). 2 3
  5. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 79 (1971).
  6. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 82 (1971).
  7. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 76 (1971).
  8. Capítulo II. La santificación del día - las diversas horas litúrgicas - V. Tercia, sexta y nona, o la oración durante el día, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Oficio Divino, 74 (1971).
  9. Tercia, . Enciclopedia Católica, Tercia (1913).
  10. Ninguna, . Enciclopedia Católica, Nona (1913).
Modificado el 5 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.80Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/584v4nqrb

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →