La tradición cristiana dividía las horas diurnas en períodos de aproximadamente tres horas:
- Tercia correspondía aproximadamente a la tercera hora del día, hacia las nueve de la mañana.
- Sexta correspondía aproximadamente a la sexta hora, hacia el mediodía.
- Nona correspondía aproximadamente a la novena hora, hacia las tres de la tarde.
Estos horarios tienen un valor tradicional y simbólico. La Liturgia de las Horas no pretende convertirlos en una obligación matemática desligada de la vida real, sino ayudar a que el trabajo, el descanso y las actividades cotidianas queden orientados hacia Dios.
La Iglesia conserva estas horas porque recuerdan acontecimientos decisivos de la vida de Cristo y de la primera comunidad cristiana. Tercia recuerda especialmente Pentecostés y la efusión del Espíritu Santo; Sexta evoca la oración apostólica y la pasión del Señor; Nona recuerda la muerte de Cristo y la predicación del Evangelio.3,2
