La Iglesia no prescribe una estructura única para el novenario de difuntos. La siguiente propuesta ofrece un esquema completo y flexible.
1. Acogida y silencio
La persona que dirige la oración puede invitar a todos a guardar un breve silencio y formular la intención:
«Nos reunimos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, para orar por [nombre del difunto], pedir a Dios que le conceda el descanso eterno y recibir consuelo y esperanza en Jesucristo».
Después, todos realizan la señal de la cruz.
2. Acto penitencial
La familia puede pedir perdón a Dios, no porque conozca el juicio sobre el fallecido, sino porque toda oración cristiana reconoce la necesidad de la misericordia divina:
«Señor Jesús, tú venciste la muerte y abriste a la humanidad el camino de la vida. Ten misericordia de nosotros y recibe en tu paz a nuestros difuntos».
Puede concluirse con el Señor, ten piedad.
3. Lectura de la Palabra de Dios
Cada día conviene proclamar un pasaje bíblico. Algunas lecturas apropiadas son:
- Juan 11, 17-27: Cristo, resurrección y vida.
- Juan 14, 1-6: la casa del Padre.
- Lucas 23, 33.39-43: la promesa del paraíso.
- Romanos 6, 3-9: morir y resucitar con Cristo.
- 1 Corintios 15, 12-20: la resurrección de los muertos.
- 1 Tesalonicenses 4, 13-18: la esperanza cristiana ante la muerte.
- Apocalipsis 21, 1-5: Dios enjuga las lágrimas.
Después de la lectura puede guardarse silencio, ofrecer una breve reflexión o compartir una enseñanza relacionada con la vida y la fe del difunto.
4. Acción de gracias y memoria
La familia puede recordar con sobriedad algunos rasgos buenos de la vida del fallecido: su fe, su servicio, su trabajo, su generosidad, sus vínculos familiares o las lecciones que dejó.
Este momento no sustituye la oración de sufragio. La memoria agradecida y la intercesión por el difunto forman juntas una actitud cristiana equilibrada: damos gracias por el bien recibido y confiamos a Dios aquello que necesita su misericordia.
5. Oración de los fieles
Pueden presentarse peticiones como estas:
- Por [nombre], para que Dios le conceda el descanso eterno.
- Por todos los familiares y amigos que lloran su muerte, para que encuentren consuelo en Cristo.
- Por quienes mueren solos, abandonados o sin ayuda.
- Por quienes trabajan al servicio de los enfermos y moribundos.
- Por todos los fieles difuntos, para que participen en la gloria de la resurrección.
- Por la Iglesia, para que anuncie con esperanza la victoria de Cristo sobre la muerte.
6. Rezo del padrenuestro
Todos rezan el Padrenuestro, confiando en la misericordia del Padre y en la comunión de los creyentes.
7. Salmo o oración tradicional
Puede recitarse el salmo De profundis-el Salmo 129 según la numeración litúrgica-:
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz.
Estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
También puede rezarse el Réquiem aeternam:
Concédele, Señor, el descanso eterno,
y brille para él la luz perpetua.
Descanse en paz. Amén.
La Iglesia recomienda, entre otras expresiones de piedad por los difuntos, el De profundis y la fórmula Réquiem aeternam.
8. Oración conclusiva
Una oración sencilla puede concluir cada jornada:
Padre misericordioso, recibe a tu hijo [nombre] en la luz de tu presencia. Perdona sus pecados, cumple en él tu obra de salvación y concédele participar en la resurrección de Jesucristo. Consuela a quienes le hemos amado y ayúdanos a vivir en la esperanza. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
La reunión puede terminar con el Ave María, el Gloria o una bendición. Si preside un ministro ordenado, corresponde a él realizar las acciones propias de su ministerio.